Killian se levantó antes de lo que solía levantarse normalmente, ya que antes de ir a la comisaría quería pasar por el banco a hacer unos trámites. Cuando llegó al banco se sorprendió al ver que había gran cantidad de personas. Los turnos y la atención fueron más lento de lo que pensaba que iban a ser. Al salir de banco se dio cuenta que iba a llegar tarde a la reunión de equipo que tenían esa mañana, por lo que decidió pasar por Starbucks y comprar cafés para todos. La lluvia también lo hizo retrasarse, ya que hacía que haya más transito de lo normal, al parecer cuando llovía a las personas les gustaba salir a la calle en auto.
Llegó a la comisaría cuarenta minutos tarde. Se extrañó al no encontrar a nadie no bien entró, la oficina general estaba vacía. Eso era raro, por más que era día de reunión siempre solía haber alguien que se quedaba en la oficina por si recibían algún llamado o visita. Fue a la sala de reuniones, y se extrañó aún más al ver que allí nada más estaba David.
- Siento llegar tarde, el banco y el transito fueron un caos. – Se disculpó dejando la bandeja de cafés en el escritorio.
- Está bien. – Asistió David. – Gracias por el café, lo necesitaba. – Agradeció agarrando uno de los cafés.
- ¿Dónde están los demás? – Preguntó Killian con cierta confusión y curiosidad.
- ¿A qué te referís? – Preguntó David sin entender.
- A que hoy es Miércoles. – Dijo Killian. – Se supone que tenemos reunión de equipo. – Agregó a modo de explicación.
- Todavía no sabes lo que pasó. – Dijo David comprendiendo la confusión del otro.
- ¿Qué pasó? – Preguntó Killian empezando a preocuparse.
- El operativo de poner a salvo a Jefferson falló, Rumpelstiltskin volvió a secuestrarlo. – Informó David dando un largo suspiro.
- ¿Qué? ¿Cómo? – Preguntó Killian horrorizado al enterarse las noticias.
- No sabemos bien todavía, dos de los oficiales de custodia que iban con él murieron, otro todavía sigue en el hospital. – David lo puso un poco al tanto de la situación. – August, Robin y Will fueron a la escena en búsqueda de pistas. – Añadió después de tomar un sorbo de café.
- ¿Y Emma? – Pidió saber Killian.
- En la terraza. – Respondió David.
- ¿Con está lluvia? – Preguntó Killian mirando hacia la ventana para comprobar si seguía lloviendo.
- Intenté de convencerla de lo contrario, pero en estás situaciones hacerla entrar en razón es más complicado que lo normal. – Explicó David sacudiendo su cabeza, luciendo tenso y estresado.
Al escuchar que Emma estaba en la terraza, no supo hacer otra cosa que no fuera ir por ella. Subió las escaleras prácticamente corriendo de la preocupación que sentía hacia esa mujer. Sabía que Emma probablemente debía estar destruida por lo de Jefferson. Ella había querido ser parte del operativo, ella había estado insegura en que lo trasladen a otra ciudad. Y ahora, con las nuevas noticias, se debía sentir culpable. Porque ella había presentido que algo iba a salir mal, y sin embargo no pudo hacer nada para evitarlo. Salió a la terraza y la vio en un rincón, apoyada contra la pared con los ojos cerrados y la ropa totalmente empapada. A medida que se fue acercando a ella, pudo notar como a penas temblaba y su piel estaba pálida del frió. Antes de alcanzarla, ella abrió los ojos y los enfocó con los de él, como si habría sabido de su presencia.
- Emma. – Llamó él su nombre con delicadeza.
- Killian. – Imitó ella, llamando su nombre en un pequeño susurro.
La mirada verde de ella y la mirada azul de él se fundieron una con la otra. Ver los ojos de Emma era como ver un espejo de su propia alma, todo el dolor que podía ver en ella era tan real y conocido por él. Las gotas de lluvia se mezclaban con las lágrimas en su cara, y él deseaba poder tener la valentía de secárselas. Pero algo le decía que ella iba a preferir que pasen desapercibidas en la lluvia, y no que queden expuestas. Verla en ese estado hizo que algo dentro de él se partiera, porque para él ella no se merecía sufrir, él no quería que ella sufra. Antes que pueda decidir que podía decirle para consolarla, Emma atravesó el pequeño espacio que los separaba y se refugió en sus brazos. Killian la abrazó con fuerzas, sosteniendo todo el peso de ella para que no cayera. Le acarició el cabello y la espalda para intentar darle algo de contención. Después de unos largos minutos Emma se apartó un poco de él, y unió sus frentes suavemente. Al tener su cara tan próxima a la suya, aprovechó y esa vez si se animó a secarle las lágrimas. De repente Emma lo agarró del cuello y lo sorprendió uniendo sus labios en un pasional beso. Killian se asombró, pero cuando dio cuenta de lo que estaba sucediendo correspondió el beso con gran intensidad. Besar a Emma era mucho más fascinante de lo que había imaginado. Sentir sus labios, su lengua, su calor, su sabor… Killian se perdió absolutamente en el beso. O mejor dicho se encontró, ya que fue como un volver a respirar vida.
- Eso fue… - Comenzó a decir él descansado su frente contra la de ella para recuperar el aire.
- Un error. – Lo interrumpió ella apartándose bruscamente de él. – Lo siento Killian, pero no puedo hacer esto. – Se disculpó con la voz ronca de tanto llorar. – No me sigas, espera unos minutos antes de volver a entrar. – Indicó ella haciéndose camino hacia la salida de la terraza.
¿El beso había sido un error? Killian sintió un gran dolor al escuchar eso, sintió que su corazón se partía en millones de pedazos, como si estaría hecho de vidrio. El beso para él había significado esperanza, había significado una nueva oportunidad, había significado que aceptaba la idea de que se estaba enamorando de ella. ¿Por qué para él había significado algo tan fuerte y para ella algo tan poco? Killian se sentía frustrado y traicionado por el hecho de que ella no correspondiera sus sentimientos. Sabía que la situación en la que se habían besado no era la adecuada, pero no esperaba que haya sido algo tan terrible como para que ella se escapará de esa forma. Se sintió incluso más dolido y decepcionado cuando volvió a entrar a la comisaría y Emma se había ido. Sintiéndose más derrotado de lo que se sentía hace mucho tiempo, se sumergió en el trabajo.
Killian se despertó sintiendo como la voz de Rose taladraba su cabeza. Se despertó sintiendo un gran dolor de cabeza y cansancio en todo su cuerpo, efecto de la cantidad de alcohol que había ingerido la noche anterior. Rose echó a las dos mujeres que estaban en la casa de él y luego le ordenó que se fuera a dar una ducha. Mientras se duchaba, Killian recordó lo que había pasado la noche anterior. Después del dolor que le había generado el rechazo de Emma, fue a un bar y se emborrachó. En el bar conoció a dos mujeres que le propusieron ir a un lugar más privado, y él aceptó. Se sentía algo avergonzado ante sus acciones, pero él no clamaba ser perfecto. Y cuando el dolor era demasiado, prefería coquetear y tener relaciones sin sentido, porque por lo menos eso no hacía que su corazón se siga rompiendo en pedazos.
- Pensé que ya habías terminado con está etapa. – Le reprochó Rose ofreciéndole un café.
- ¿De qué hablas? – Preguntó Killian haciéndose el desentendido.
- No te hagas el tonto, de las noches de alcohol y las relaciones sin sentido. – Respondió Rose frustrada.
- Soy un hombre y los hombres tenemos necesidades. –Justificó Killian.
- No me vengas con ese cuento, eso podía funcionar cuando murió Millah, pero ya no. No cuando vi estos meses como cambiaste y recuperaste el curso de tu vida. – Dijo Rose con seriedad para que su amigo comprenda que le hablaba en serio. - ¿Qué pasó con Emma? – Preguntó.
- Ella me besó. – Contestó Killian con sinceridad.
- ¡¿Te besó y tu respuesta es acostarte con otras mujeres?! ¡¿Cuál es tu problema?! – Cuestionó Rose enojada.
- ¡El problema es ella! – Exclamó Killian defensivamente. – Me besó, pero después me dijo que era un error y no podía pasar nada entre nosotros. Ella no quiere nada conmigo. – Explicó dolido al recordar el momento que había compartido en la terraza.
- Por lo poco que me haz contado de ella, es una persona que ha sufrido mucho y que no confía fácilmente en los demás. – Dijo Rose y Killian asistió. - ¿No pensaste la posibilidad de qué escapar es lo más fácil para ella? ¿No pensaste la posibilidad de que haya sentido algo con el beso y eso la haya asustado? – Preguntó Rose con calma.
Killian se tomó un rato para pensar lo que su amiga le había dicho, y pensándolo se dio cuenta que tenía razón. Recordando el momento del beso en su cabeza, se dio cuenta que Emma se había apartado de su lado y lo había observado con su mirada perdida porque estaba aterrada. Emma tenía miedo al amor, y él sabía eso desde que la había conocido. Ella tenía miedo, y por eso se escondía tras sus murrallas y carácter fuerte. Había sido un tonto en recurrir a sus viejas rutinas para calmar su dolor. Había sido un tonto en pensar nada más en lo feo que se había sentido el rechazo, y no el motivo de ese rechazo. Si lo habría pensado antes, se habría dado cuenta que Emma lo había rechazado porque tenía miedo, y no porque no lo quería. O al menos, eso es lo que esperaba. Killian era un hombre paciente y estaba dispuesto a esperar. Él iba a hacer todo lo que esté a su alcance para poder atravesar sus murallas. Porque Killian se estaba enamorando de Emma, y ella valía la pena cada intento.
Escuchar que Jefferson había sido secuestrado nuevamente por Rumpelstiltskin hizo que su día empiece de la peor manera posible. Emma se sentía culpable. Ella no había querido que trasladen a Jefferson, y si lo trasladaban había querido acompañarlo. Pero por supuesto sus superiores no se lo permitieron. Emma se sentía furiosa y enojada. Rumpelstiltskin sacaba lo peor de ella. Ella quería hacer justicia y atraparlo para que pague por todos sus crímenes. Pero no podía hacerlo, ya que él nunca se equivocaba. Emma se sentía un completo fracaso. En la reunión con sus compañeros comprendió en el gran peligro al que todos estaban expuestos, y al que siempre iban a estar mientras ella este presente. Sintiendo gran desesperación e impotencia salió a la terraza para calmarse, sin importarle la lluvia. De hecho la lluvia la reconfortaba. Respiró el aire fresco y dejó que la lluvia limpie su dolor.
Emma no sabía cuanto tiempo había pasado en la terraza, pero cuando sintió pasos cerca suyo supo que Killian debía estar allí. Killian era el único que se animaría a ir por ella en una situación así, el resto de sus amigos en cambio respetaría su espacio. Emma quería sentirse enojada, pero cuando escuchó la voz preocupada de él y vio la sinceridad en sus ojos, sintió alivio. Impulsivamente se refugió en sus brazos, y allí encontró el lugar perfecto donde estar contenida. Estar en los brazos de Killian se sentía como un volver a casa. Sintió su perfume y la calidez que su cuerpo irradiaba, y lo besó. Lo besó apasionadamente, lo besó como había querido hacer desde el primer día que lo había conocido. Emma había pensado que besarlo haría que la tensión y atracción que sentía hacia Killian iba a desaparecer, pero se equivocó, resultó todo lo contrario. Besarlo resultó ser lo más mágico que le había pasado en su vida, nunca se había sentido tan completa besando a una persona. Cuando se separaron para poder respirar, Emma vio la mirada intensa de Killian y supo que él había sentido la conexión en el beso, y eso le dio miedo. Y cuando Emma tenía miedo corría, así que se escapó dejándolo solo en la terraza.
Incluso se fue también de la comisaría. Se fue a lo de David, ya que siempre que pasaba algún tipo de situación peligrosa se quedaba en su casa. Rumpeltiltskin la había llamado a su celular y eso significaba que de alguna manera la estaba vigilando. Emma siempre había sido conciente de que su vida estaba constantemente en peligro, pero cuando sucedían estas pequeñas cosas que se lo recordaban, era como un cachetazo diciéndole que no podía olvidarlo. Emma no podía olvidar que su pasado con Rumpeltiltskin hacía que la vida de su hijo, de sus amigos y de sus compañeros estuvieran en peligro. Emma fue a la habitación donde solía dormir cuando se quedaba en la casa de David y Mary Margaret, y se acostó en una de las camas. Se acostó y lloró hasta quedarse dormida. Lloró por los padres que había perdido, lloró por el miedo de perder a las personas que amaba, lloró por la impotencia que le daba no poder hacer nada, lloró por Jefferson. También lloró por Killian. Lloró porque su corazón estaba roto y eso la hacía creer que nadie se merecía amarla. Lloró porque tenía miedo de perderlo, aún cuando ni siquiera lo tenía. Lloró porque el amor solo le causaba dolor en su vida. Las personas que la amaban la abandonaban. ¿Y por qué siquiera pensaba en amor cuando se trataba de Killian Jones? Killian era un hombre sexy y con gran fama de mujeriego. Él podía tener a la mujer que quisiera. ¿Por qué habría de elegirla a ella? Ella no era ni tan hermosa, ni tan inteligente, ni tenía una buena personalidad. Ella no era nadie… Y si lo fuera, lo pondría en peligro por su caso con Rumpelstiltskin, así que era mejor ni pensarlo.
- Emma. – La llamó Mary Margaret sacudiéndola para despertarla. - ¿Estás bien? – Preguntó preocupada cuando la vio abrir los ojos.
- Si, solo me quede dormida. – Dijo Emma incorporándose y viendo que ahora en su cama se encontraba rodeada de sus amigas Mary Margaret, Regina y Ruby.
- Estás mojada. – Dijo Regina dando cuenta del estado de su ropa.
- Y tenes el maquillaje corrido, lo que indica que estuviste llorando. – Agregó Ruby a las observaciones del estado de Emma.
- Sabemos que lo que pasó con Jefferson es difícil para vos. – Dijo Mary Margaret intentando animarla a hablar.
- Lo es. – Asistió Emma acomodando su cabello detrás de sus orejas. - ¿Henry? – Preguntó cambiando el tema.
- Dormido, no lo quisimos traer antes a la habitación para no preocuparlo. – Informó Regina.
- Gracias. – Agradeció Emma débilmente.
- ¿Por qué no vas a darte una ducha y ponerte ropa seca, y luego cenamos? – Propuso Mary Margaret.
Emma siguió las indicaciones de sus amigas, se fue a dar una ducha de agua caliente para recomponerse y después se puso un pijama seco. Cuando volvió a la habitación vio a Henry durmiendo en la otra cama. Se acostó junto a él, le acarició la cabeza suavemente y deseó con todas sus fuerzas poder protegerlo siempre. Después de unos minutos se levantó y fue al comedor a unirse con sus amigas para cenar. Se sirvió una porción de pizza y se sentó en un lugar vacío. Se perdió en las conversaciones sin participar de ellas, solo escuchando y comiendo su pizza.
- Bueno, basta, hora de hablar. – Dijo Regina seriamente a Emma y sonó los dedos frente a su cara para hacerla reaccionar.
- ¡Regina! ¡No seas así, ella esta sufriendo! – Protestó Mary Margaret ante la brusquedad de la otra.
- Justamente por eso, hablar le va a hacer bien. – Justificó Regina.
- Acá lo que importa es si ella quiere hablar. – Retrucó Ruby. – ¿Emma? – Preguntó volviéndose hacia su amiga.
- No lo sé, no hay nada de que hablar. – Dijo Emma dejando caer su cabeza sobre la mesa.
- Yo creo que hay mucho de que hablar. – Dijo Mary Margaret. - ¿Pasó algo más para que estés en este estado? – Pidió saber presintiendo que no estaba solamente mal por lo de Jefferson.
- Killian. – Dijo Emma, como si el nombre de una persona explicaría los estados de humor en lo que uno se encontraba.
- ¿Qué te hizo? – Preguntó Ruby sospechosamente. – Pensé que se estaban llevando mejor. – Agregó.
- No me importa que sea amigo de Robin y de David, si llega a lastimarte, juro que lo mataré. – Amenazó Regina protectivamente.
- Nos besamos. – Confesó Emma después de un largo silencio.
- ¿Se besaron? – Preguntó Mary Margaret sorprendida.
- Mejor dicho lo besé. – Aclaró Emma.
- ¿Por qué? – Preguntó Regina.
- ¿No era que lo odiabas? – Preguntó Ruby.
- Nunca dije que lo odiaba, solo que la mayor parte del tiempo no puedo soportarlo, saca lo peor de mi. – Contestó Emma a modo de explicación.
- ¿Y por qué lo besaste? – Insistió Regina en saber lo que había causado el beso.
- No lo sé. – Respondió Emma dando un largo suspiro. – Estaba mal, y él estuvo ahí para contenerme. Se sintió bien que alguien me contenga y entonces lo besé. – Explicó algo insegura.
- ¿Y qué significó? – Preguntó Mary Margaret.
- Nada. – Contestó Emma rápidamente. – Le dije que fue un error, y me fui, lo deje solo. – Admitió avergonzada.
- Quizás sea hora de dejar de correr Emma. – Sugirió Ruby.
- Date una oportunidad, sal de tus murallas y comprueba si hay conexión entre ustedes. – Aconsejó Mary Margaret, siempre le daba consejos sobre romper las murallas que separaban su corazón del resto del mundo.
- Killian es buena persona y ha sufrido tanto como vos, quizás pueda entenderte. – La animó Regina poniendo su fe en Killian.
- Yo no lo sé, no sé si puedo tomar ese riesgo… - Dijo Emma con sinceridad sacudiendo su cabeza.
Sus amigas tenían razón en lo que le decían, pero ellas no sabían lo que era ser Emma. Ellas no sabían todas las inseguridades que Emma tenía en cuanto al amor. Todo lo que había pasado en su vida la hacía ser quien era. Perder a sus padres, el sistema de adopciones, el abandono de Neal, tener a Henry en prisión, ser madre joven y soltera, ser cazarrecompenzas, ser oficial de policía… y Rumpelstiltskin. La vida de ella y a de todo el que la rodeaba siempre iba a estar en peligro por Rumpelstiltskin. Tal vez le venía bien de excusa para seguir escapando de sus miedos, pero ella no podía dejar entrar en su vida a alguien si eso significaba ponerlo en peligro. Ya tenía suficiente con su hijo, con sus amigos y amigas. Lo mejor era no agregar a otra persona a la lista.
