"Gregory, necesito un favor".

"Claro amor, cualquier cosa" Greg balanceaba el teléfono entre su hombro y su oreja mientras escribía su firma en el informe de arresto.

"Necesito que hagas una redada antidrogas en el piso de Sherlock".

La mano de Greg se sacudió, dejando una mancha en la L de Lestrade.

"¿Qué fue eso?"

Mycroft suspiro. "Tengo razones para creer que ha estado consumiendo de nuevo. John Watson vino a mí el otro día expresando su preocupación, y yo siento que él lo sabe mejor que nadie".

Gregory se pellizcó el puente de la nariz entre el pulgar y el índice. Si John estuvo dispuesto a ir hasta Mycroft, era grave.

"Gregory, es nuestra única opción. Hemos intentado con centros de rehabilitación y similares, paro nada a funcionado. Al menos si tu encuentras drogas en su piso podemos encerrarlo un tiempo, mantenerlo a salvo y sobrio".

Greg vaciló. Por mucho que se quejara acerca de Sherlock, era muy aficionado al sociópata. Él casi lo consideraba un amigo. Arrestarlo por un cargo de drogas arruinaría por completo su relación con el detective consultor y, pensó, su posiblemente futuro cuñado.

Era el tono de voz de Mycroft el que lo hizo decidirse. Nunca había oído a su amante sonar tan pequeño, tan desesperado. El corazón de Greg dolía por el hombre.

"Está bien, voy a juntar al equipo y estaré allí en un par de horas".

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"Bueno chicos, esto no es una cosa de chantaje. Esto es real al cien por ciento".

Anderson y Donovan estaban como escolares vertiginosos.

Dio la orden y el equipo irrumpió en el piso.

Sherlock saltó en el sofá y comenzó a lanzarle obscenidades a Anderson. A mediados de un insulto, sus ojos se centraron en Lestrade y se detuvo en seco.

"Yo debería haberlo sabido", dijo con una sonrisa burlona. Con dos zancadas estaba casi nariz a nariz con Greg. "Ahora que has golpeado tu cráneo contra el cabecero de Mycroft unas cuantas veces te has convertido en el perrito faldero para el gobierno. Típico. Esa serpiente hipócrita de mierda que-"

Nunca llego a terminar ese pensamiento. El puño de Greg chocó contra la mandíbula de Sherlock con un golpe espectacular, enviando al detective al suelo.

"No vuelvas a insultar a Mycroft Holmes en mi presencia", Greg gruño. "Se ha pasando toda su vida arreglando tus errores y asegurándose de que no te maten. Muestra un poco de maldito respeto".

Miro a Anderson, quien miraba a Greg con partes iguales de admiración y temor.

"Anderson, tu quedas a cargo. Tengo mejores cosas que hacer que revisar el piso de un drogadicto patético".

Anderson asintió y salido a Greg. El sonrió y salió del apartamento.

No estaba seguro, pero la expresión de Sherlock parecía ser de respeto.