Como Killian había sospechado, Emma comenzó a ignorarlo nuevamente. Era algo realmente frustrante, pero él entendía el motivo. Ella estaba intentando cuidarse y protegerse para no salir lastimada, y para eso se escapaba y lo rechazaba. Pero él conocía esas estrategias, y él tenía sentimientos muy fuertes por ella, por eso no se iba a dar por vencido. Él era un hombre paciente. ¿Lo era? En realidad nunca lo había sido, pero por ella, por primera vez en su vida, se sentía capaz de serlo.
Cansado de que sus intentos no tengan el resultado que esperaba, decidió que era hora de tener una conversación sin dejarle la posibilidad de escapar. Esperó a que en la oficina quedaran ellos dos solos, y se unió al escritorio de ella para tener la charla que tanta falta les estaba haciendo. Él necesitaba demostrarle que él no iba a dejarla, ni darse por vencido tan fácilmente. Incluso necesitaba demostrárselo a él mismo. Desde la muerte de Millah que había decidido cerrar su corazón al amor, pero Emma lo cambió todo.
- ¿Podemos hablar? – Preguntó él parándose frente al escritorio de ella.
- No puedo, estoy ocupada. – Negó ella concentrada en los papeles que tenía desplegados en su escritorio.
- Los papeles no se van a ir a ningún lado, pueden esperar unos minutos. – Dijo él con cierto humor.
- Estos no. – Dijo ella agarrando un par de papeles y levantándose de su silla.
- Emma, por favor. – Rogó él rodeando el escritorio de ella para ubicarse a su lado y no dejarla avanzar. - ¿Por qué me estás ignorando? – Pidió saber.
- Yo no te estoy ignorando. – Respondió ella sacudiendo su cabeza.
- Lo estás haciendo, soy muy perceptivo en cuanto a eso. – Discutió él. - ¿Es por el beso? – Se animó a preguntar.
- Fue solo un beso, no fue la gran cosa, solamente la magia del momento. – Dijo ella dejando caer parte de su peso contra su escritorio.
- Para mi el beso significó mucho. – Confesó él invadiendo el espacio personal de ella.
- ¿Por qué un simple beso haría de significar algo? – Preguntó ella cruzándose de brazos defensivamente.
- Por lo que expuso. – Respondió él. – Emma yo jamás pensé que iba a ser capaz de volver a abrir mi corazón después de lo que sucedió con mi primer amor, con Millah, hasta que te conocí. – Explicó con calma y sinceridad.
- Killian yo no puedo… - Dijo ella dando un largo suspiro y acomodando su cabello atrás de sus orejas de los nervios.
- Lo sé. – Asistió él. – Pero Emma, algún día me voy a ganar tu confianza y tu corazón. Y cuando lo haga será sin trucos, será simplemente porque me queres. – Aseguró mirándola intensamente a los ojos.
- Esto no es una competencia. – Dijo ella negando con la cabeza.
- ¿No lo es? – Preguntó él de manera desafiante. – Somos dos cabezas duras y ninguno va a parar. Vos vas a seguir corriendo y yo voy a seguir buscándote, hasta que algún día decidas si confías o no en mí. – Dijo mostrándose convincente, pero por dentro lleno de miedo.
- Lo único que tengo que decidir es como atrapar a Rumpelstiltskin. – Dijo ella cambiando la temática de la conversación.
- Y lo vas a hacer. – Afirmó él apoyando sus manos contra el escritorio, una a cada costado del cuerpo de ella, como para que no tenga la posibilidad de escapar.
- ¿Eso crees? – Preguntó ella con la voz temblorosa y la mirada llena de dudas e inseguridades.
- Claro, vos nunca fallas en los casos. – Respondió él con confianza. – Y una ves que lo atrapes, ahí es cuando va a empezar la verdadera diversión. Simplemente los dos tratando de descifrar nuestra relación, sin asesinos en el medio. – Comentó pensativamente.
Estaban tan cerca que podían sentir sus respiraciones. No había nada que podría desear más que poder besarla en ese momento, besarla hasta sacarle todas las dudas y miedos de su cabeza. Pero no quería presionarla, ni hacerla sentir incómoda o asustarla. Así que solamente se atrevió a acariciar el cabello de ella suavemente, y darle la oportunidad de que sea ella quien tenga el poder de decidir como continuaba la situación. La vio cerrar los ojos por un instante y luego se acercó a él rozando sus narices. Sentirla tan cerca lo hacía explotar por dentro, así que cerró los ojos con gran ansiedad ante la anticipación del beso.
- Emma. – La llamó David haciendo que Killian y Emma se aparten bruscamente. - ¿Interrumpo? – Preguntó al notar la incomodidad de los otros.
- No, para nada. – Respondió Killian aclarándose la garganta.
- ¿Me buscabas? – Pidió saber Emma para desviar el tema de la conversación.
- Si, necesito hablar con vos. – Contestó David señalando su oficina.
- Ahí voy. – Asistió Emma.
David se fue a su oficina, y ambos volvieron a respirar en paz. Killian miró a Emma detalladamente y sonrió al notar lo sonrojada que estaba por los nervios. Killian sabía que el momento que acababan de tener se había perdido, pero le habría encantado que no fuera así. Cada pequeña cosa que Emma hacía lo estaba empezando a volver loco. Se decepcionó cuando ella se hizo camino hacia la oficina de David sin decir nada. ¿Qué había esperado? ¿Qué de un momento para el otro estén juntos? Tenía que dejar de ser tan tonto e ingenuo…
- ¿Killian? – Preguntó ella volviéndose hacia él.
- ¿Si? – Dijo él centrando su atención hacia ella, sorprendido de que todavía no se haya ido.
- ¿Es verdad todo lo que dijiste? – Pidió saber ella mordiéndose el labio.
- Es verdad. – Asistió él con sinceridad e ilusión.
- Bien. – Aceptó ella con una pequeña sonrisa. – Sé paciente. – Pidió y se fue.
El corazón de Killian saltó de alegría ante eso y lo invadió una sensación esperanzadora. Ella le pidió que fuera paciente, lo que quería decir que correspondía sus sentimientos. Ella le pidió que fuera paciente, y él iba a serlo, por ella iba a ser capaz de serlo.
El Domingo por la mañana se despertó ya que alguien estaba llamando al timbre de su casa sin parar. Frustrado de que interrumpan su día de descanso, se levantó de la cama y fue abrir la puerta. Cuando la abrió se sorprendió al encontrar a su hermano Liam y a su cuñada Elsa. Al parecer esa era la sorpresa que le tenían, habían ido a visitarlo. Prepararon un desayuno, y mientras lo disfrutaban descubrió que había más sorpresas. Liam y Elsa iban a mudarse a Bostón. Ana, la hermana de Elsa, estaba viviendo en Bostón desde hace dos meses ya que su novio Kristoff vivía y trabajaba allí. Como Liam y Elsa, ambos tenían a sus hermanos en Bostón, decidieron mudarse ellos también para poder estar cercas de sus familias.
- ¿Quién es ella? – Preguntó Liam mirando la foto del fondo de pantalla del celular de Killian.
- Nadie. – Respondió Killian intentando recuperar su celular sin éxitos.
- Es hermosa. – Admiró Elsa observando la foto. - ¿Es tu novia? – Preguntó.
- No lo sé, quizás, algo así. - Respondió Killian dudoso, sin saber bien que decir.
- ¿Cómo se llama? – Preguntó Liam con curiosidad.
- Emma. – Contestó Killian aliviado al recuperar su celular.
- Emma. – Repitió Elsa. – Lindo nombre. – Dijo con una sonrisa.
- ¿Emma, cómo Emma tu compañera de trabajo a la que odiabas? – Preguntó Liam reconociendo de donde había escuchado ese nombre.
- Es largo de explicar, pero yo no la odio. – Dijo Killian dando un largo suspiro.
Killian les contó todo lo que había estado sucediendo con Emma todo ese tiempo. Lo dejaron hablar libremente y sin interrupciones, por lo cual estuvo agradecido, ya que hace tiempo necesitaba poder expresar hacia afuera lo que sentía por esa mujer. Ambos estaban felices de que finalmente él haya aceptado que estar con muchas mujeres era la forma que había tenido de escapar de su vida, del amor y de los compromisos. Ambos estaban felices de que finalmente haya encontrado una mujer que lo haga salir de su soledad y abrir su corazón.
Cuando Killian se apareció en su escritorio suplicándole de hablar, Emma sabía que no tenía escapatoria. Hace días y días que lo estaba evitando, aún cuando deseaba poder tener la capacidad y valentía de no hacerlo. Pero Emma había estado escapando toda su vida, y pensaba que era lo mejor. Tarde o temprano, él se iba a cansar de ella. Así que era mejor cansarlo ahora, cansarlo antes de que sus sentimientos estén más comprometidos de lo que ya lo estaban. Porque Emma era negadora, pero ese beso que habían compartido no había podido borrarlo de su memoria.
Pero Killian se paró frente a ella siendo él mismo. No el Killian canchero y ganador con las mujeres, sino el Killian vulnerable y con sentimientos. Killian le dijo que iba a ganar su corazón y eso la desestabilizó por completo, porque nunca nadie antes había querido eso de ella, nunca nadie antes había querido su amor. Cuando David los interrumpió, aprovechó la situación y se escapó, porque no sabía cuanto tiempo podría aguantar mirando esos ojos azules que parecían poder leerle la mente y el alma. Pero mientras se alejaba sintió culpa, porque él también era humano, él también había sufrido mucho en su vida y él también tenía sentimientos. Así que le pidió que sea paciente. Si en verdad la quería iba a tener que ser demasiado paciente, porque ella no era buena con los sentimientos. Pero si él era paciente, y si ella podía descifrar como poder abrir su corazón, entonces tal vez podrían intentar ser algo.
- Acá estoy. – Dijo Emma entrando a la oficina de David.
- ¿Qué fue eso? – Preguntó David.
- ¿Qué fue qué? – Preguntó Emma confundida.
- ¿Está pasando algo entre Killian y vos? – Reformuló David seriamente.
- Si, no, no sé… - Respondió Emma insegura e indecisa.
- Emma, Killian es un hombre mujeriego y… - Comenzó a decir David.
- Es distinto, lo que pasa entre nosotros es distinto. – Lo interrumpió Emma. No sabía porque estaba defendiendo a Killian, pero había tenido la necesidad de hacerlo.
- No quiero que sufras. – Dijo David con cierta preocupación.
- Yo tampoco quiero sufrir. – Coincidió Emma.
- Entonces quizás Killian no sea la opción más convincente para eso. – Comentó David cautelosamente, porque no quería hacerla enojar.
- Soy una adulta y soy libre de elegir. – Dijo Emma con convicción. – Aparte estoy segura que Killian es mejor persona que las citas que tu esposa, Regina y Ruby se encargan de arreglarme. – Agregó a modo de explicación y queja.
- De acuerdo. – Aceptó David. - ¿Vamos al motivo por el cual quería hablar con vos? – Preguntó y Emma asistió con la cabeza. – Llegaron las pruebas de adn que pediste sobre las últimas víctimas de Rumpelstiltskin. – Informó entregándole los papeles.
Emma leyó los resultados y sintió cierto alivio al descubrir que había estado en lo cierto, había cierta relación entre los hermanos Ava y Nickolas con el hombre Arthur, ese hombre era el padre de los niños. Pero a pesar del pequeño avance, se sentía más confundida que antes. ¿Por qué Arthur los había abandonado? ¿Cuál era la relación que todos ellos tenían con el asesino? Tanto Arthur, como los niños estaban limpios, no había nada que los relacione con Rumpelstiltskin. En la cabeza de Emma había una sola posibilidad, la relación de las victimas tenía que estar en la madre de esos niños. Tenían que encontrar a la madre. ¿Estaría viva? ¿Estaría muerta? ¿Sería una próxima víctima?
Después de pasar dos semanas en la casa de David y Mary Margaret, Emma y Henry volvieron a su departamento. Era hora de volver a la vida normal. Emma sabía que Rumpelstiltskin la estaba vigilando, y siempre la iba a vigilar hasta que ella lo atrape. Era hora de resolver ese caso, ella necesitaba resolver y cerrar ese caso. Pero lo que ella deseaba y quería, no significaba que podía hacerlo suceder. Y por ahora Rumpelstiltskin estaba ganado, y eso la frustraba y la enojaba. Cada día que Rumpelstiltskin pasaba libre, con posibilidades de lastimar a otros, era un día más en el que ella fracasaba. Así que se sentó en su escritorio, como más de una vez, decidida a encontrar algo que le ayude a resolver ese misterioso acertijo. De repente unas risas llamaron su atención, Killian estaba en su escritorio con otras dos personas, un hombre y una mujer. Emma intentó no prestarles atención, pero cuando Killian fue llamado por David a su oficina, sintió nervios de quedarse a solas con esas dos personas que parecían tan cercanas al hombre que quería ganarse su corazón. Se sintió aún más nerviosa cuando ambos invadieron su escritorio.
- ¿Queres un café? – Ofreció la mujer rubia.
- Gracias. – Aceptó Emma agarrando una de las tazas con café.
- ¿Sos Emma? – Preguntó el hombre morocho de ojos tan azules como los de Killian.
- Si, soy Emma. – Asistió Emma. - ¿Los conozco? – Preguntó sintiendo cierta familiaridad hacia ese hombre desconocido.
- Soy Liam, el hermano de Killian. – Se presentó Liam. – Y ella es mi mujer, Elsa. – Dijo señalando a la otra rubia.
- Un placer conocerlos. – Dijo Emma con una sonrisa tímida, sin saber bien que decir.
- El placer es nuestro. – Dijo Elsa devolviéndole la sonrisa.
- Así que, ¿Sos la novia de mi hermano? – Pidió saber Liam.
- ¿Qué te hace pensar eso? – Preguntó Emma sorprendida, casi escupiendo el café que se había llevado a la boca.
- ¿Aparte de qué tiene una foto tuya de fondo de pantalla en su celular? – Preguntó Liam divertido ante la reacción de Emma. – Él cambió mucho este tiempo, volvió a ser la persona que era, y estoy seguro de que eso tiene mucho que ver con vos. – Explicó con calma.
- ¿Cambió? – Preguntó Emma confundida.
- Dejo de ser el tonto, arrogante, creído con las mujeres, que se emborracha todas las noches y hacía de cuenta que nada del mundo puede afectarle. – Respondió Elsa.
- Ahh, eso, pensé que era su estado natural. – Comentó Emma a modo de broma y suspiró aliviada al escuchar la risa de los otros dos.
- Lo es, o mejor dicho lo fue por un largo tiempo. – Asistió Elsa.
- Pero ahora está volviendo a ser quien es en verdad es gracias a vos. – Aseguró Liam.
- Yo no hice nada. – Negó Emma.
- Hiciste y haces más de lo que crees. – Discutió Liam.
- Emma te necesitamos en la sala de reuniones. – Dijo Will llamándola desde lejos.
- Lo siento, tengo que… - Se disculpó Emma levantándose de su asiento.
- Anda tranquila, es tu trabajo. – Dijo Liam.
- ¿Tenes planes el sábado? – Preguntó Elsa antes de que Emma se vaya.
- No. – Respondió Emma con sinceridad.
- Es el cumpleaños de Killian, deberías venir al festejo. – Informó Elsa con una sonrisa.
- Yo no sé si es una buena idea, aparte tengo a Hernry conmigo… - Dijo Emma algo insegura, tratando de buscar una excusa.
- No te preocupes, tu hijo también esta invitado. – Aseguró Liam.
- ¿Cómo sabes que es mi hijo? – Preguntó Emma asombrada de que haya reconocido quien era Henry.
- Mi hermano habla mucho de vos. – Respondió Liam.
- Yo… - Comenzó a decir Emma.
- ¡Emma te necesitamos! – La interrumpió la voz de Will insistiendo en llamarla.
Así que Emma se fue a la sala de reuniones. Pero la cabeza de Emma estuvo en cualquier lugar, menos en la reunión. La cabeza de Emma estuvo perdida en la conversación que había tenido con Liam y Elsa. ¿Cómo podía ser que hayan creído que ella y Killian eran novios? ¿Cómo era que la consideraban una persona tan maravillosa cuando ni la conocían? ¿Por qué Killian tenía una foto de ella como fondo de pantalla en su celular? En cierto momento su mirada se encontró con la de Killian, y supo que él había podido leer en ella que era lo que le estaba sucediendo. Ellos necesitaban tener una seria conversación.
