Estaba releyendo mi poema favorito el otro día y decidí que era perfecto para Mycroft y Greg. Se llama La canción de Amor de J. Alfred Prufrock de TS Eliot, y si no lo has leído antes te lo recomiendo encarecidamente. No soy dueño del poema, o de Sherlock. Ni siquiera tengo mi propio auto para el caso.
~Brooke.
El par se encontraba envuelto en los brazos del otro, perfectamente contento.
Greg pasó el dedo por el pecho de Mycroft, trazando la clavícula a la ligera. Tenía algo en la cabeza, pero no estaba seguro de cómo preguntarlo, o por qué quería preguntarlo para el caso.
Finalmente decidió que valía la pena preguntar; si ofendía a Mycroft se podía remediar fácilmente, puesto que ya estaban acostados desnudos en la cama juntos.
"¿Qué hacia tu familia para divertirse?", pregunto Greg.
"¿Hmm?"
"Cuando eras niño, en una noche normal. Estoy teniendo dificultades para imaginar a tu familia reunida alrededor del televisor viendo Doctor Who".
Mycroft se rio un poco. "Nosotros ni siquiera teníamos un televisor cuando Sherlock y yo estábamos creciendo. Si por algún milagro lográbamos estar los cuatro juntos una noche se hablaba de política o recitábamos".
"¿Recitar qué?"
"Poesía, por supuesto".
"Oh, por supuesto", dijo Greg sarcásticamente.
Se quedaron en silencio por un momento.
Greg se incorporo con un codo para poder mirar a Mycroft a los ojos.
"Recita algo para mí".
"¿Disculpa?"
"Quiero que recites un poema para mí".
Mycroft se quedo en silencio por unos momentos; Greg tomo eso como que su petición fue negada. Suspiro y apoyo la cabeza en la almohada.
"Vamos, entonces, tú y yo, cuando la nochecita en el cielo se extendió como un paciente eterizado en una mesa. Vamos, por ciertas calles muy poco concurridas, murmurantes guaridas de malas noches en hoteles recubiertos de costras y restaurantes con serrín y conchas de ostras…" Mycroft hablaba despacio con esa rica voz profunda que Greg amaba tanto. El detective estaba encantado; sonrió y se deslizo hacia abajo para descansar su cabeza en el pecho de Mycroft. Escucho como se expulsaba el aire de los pulmones y salían las palabras de la garganta.
"En la sala las mujeres van y vienen, hablando de Miguel Ángel…" Greg nunca había sido aficionado a la poesía; siempre había temido tener que leerla en la escuela. Sin embargo, le encantaba viniendo de Mycroft. Bostezó y cerró los ojos, y después de unos versos estaba profundamente dormido.
"¿Me atrevo a perturbar el universo? En un minuto hay tiempo para decidir y revisar lo que un minuto cambiará en lo inverso…" Mycroft sentía los acompasados ronquidos de Greg, pero no dejo de recitar. Había pasado demasiado tiempo desde que había recitado el poema en voz alta, y se sentía absolutamente estupefacto por él. Siempre había sido un fan de TS Eliot, pero nunca había entendido por completo el poema hasta ahora. Nunca había corrido riesgos con sus asuntos personales; nunca había tenido nada por lo que valiera la pena vivir. Ahora que lo tenía, las agridulces palabras tenían un significado. Bajo la mirada hacia el hombre de cabellos plateados que dormía entre sus brazos. En ese momento, todo era perfecto. Cada decisión que había tomado con vacilación, cada comentario rápido y amargo lamento vale toda y absolutamente la pena por ese momento a solas. Mycroft termino las últimas inquietantes palabras de ese poema y beso la parte superior de la cabeza de Greg.
¿Y acaso habría valido al fin la pena, sí, después de todo,
Acaso habría valido al fin la pena,
Después de los ocasos y jardines y las calles rociadas,
Después de las novelas, de las tazas de té, las faldas arrastradas por detrás…
Y esto, y tanto más?…
