Killian se sintió nervioso al dejar a su hermano y su cuñada con Emma, tenía la sensación de que alguno de los dos iba a ir hablarle y temía que hagan sentirla incomoda. Pero su jefe lo llamó y no podía evitar hacerle caso. Cuando Emma se unió a la reunión minutos más tarde, supo que había estado bien en estar nervioso al encontrarse con su mirada llena de intensidad pidiendo explicaciones a los gritos. Así cuando terminó la reunión y Emma le pidió de hablar, no se sorprendió en lo más mínimo. La siguió a la terraza, llevando dos tazas con chocolate para ver si podía calmarla un poco con eso.
- Tenemos que hablar. – Dijo ella luego de aceptar la taza.
- Lo sé. – Asistió él nervioso. – Lo siento, mi hermano y Elsa pueden ser personas muy entrometidas e intensas, no quería que te hagan sentir incómoda. – Se disculpó mientras se rascaba detrás de una de sus orejas.
- Lo entiendo, ellos te quieren y te cuidan, es lindo que tengas personas como ellos en tu vida. – Comentó ella con sinceridad.
- Supongo que tenes razón, al menos mientras no te hayan espantado. – Dijo él sonriendo ante el hecho de que ella no lucía tan horrorizada, quizás su hermano y su cuñada habían causado una buena impresión.
- Ellos piensan que soy tu novia. – Informó ella después de un largo silencio, donde solamente se dedicaron a tomar sus chocolates.
- Créeme que intenté convencerlos de que no lo somos, pero ellos son muy cabezas duras. – Aseguró él, una vez que se recuperó de haberse atragantado con su chocolate.
- Me invitaron a tu cumpleaños. – Dijo ella soltando más información.
- No tenes que venir si no queres, no es necesario… - Comenzó a decir él.
- Quiero ir. – Lo interrumpió ella.
- Bien. – Asistió con una sonrisa.
- Pero Killian, si voy a ir a tu cumpleaños y voy a estar frente a personas que creen que somos novios, mínimamente creo que tendríamos que tener una cita antes. – Dijo ella en un ritmo bastante acelerado, por los nervios, temor y ansiedad que sentía.
- ¿Queres que tengamos una cita? ¿Estás segura? – Preguntó él sorprendido.
- Si. – Respondió ella sonrojada.
- De acuerdo, pero debes dejar que yo la planee. – Pidió él y ella asistió con la cabeza. - ¿Qué te parece mañana a la noche? – Propuso.
- Me parece perfecto. – Contestó ella mordiéndose el labio.
Todo lo que había pasado había sucedido tan rápido, que Killian no sabía como reaccionar. Tenía ganas de reír y besarla, porque realmente esa mujer era maravillosa y no podía creer que finalmente haya aceptado tener una cita con él. Al final parecía que tendría que agradecerle a Liam y a Elsa por lo que sea que hayan hablado con ella. Se miraron un largo rato intensamente a los ojos, hasta que ella rompió la conexión y se hizo camino hacia las escaleras para volver a la comisaría.
- ¿Por qué tenes una foto mía de fondo de pantalla en tu celular? – Preguntó ella volviéndose hacia él, antes de bajar las escaleras.
- Porque me gusta verte sonreír. – Respondió él con sinceridad. – El día que te saque la foto estabas tan hermosa y tu sonrisa era capaz de contagiar a cualquiera. Me gusta cuando te relajas, sos natural y te permitís ser feliz. – Confesó con devoción.
- De acuerdo. – Dijo ella sintiéndose abrumada y sin saber bien que responder.
Al ver una pequeña sonrisa formada en los labios de ella se sintió aliviado, porque sinceramente había tenido miedo de asustarla con la confesión que acababa de hacerle. Pero al parecer ella agradeció su sinceridad. La miró irse y luego se quedo un rato en la terraza planeando que hacer para la cita. Cuando llegó a su casa, agradeció a Liam y a Elsa por la pequeña ayuda.
Killian sabía que Emma era fanática de banda "The National", así que decidió llevarla a un festival que había donde ellos tocaban. La pasó a buscar con su auto y juntos fueron al estadio. Emma estaba más hermosa y radiante que nunca, como si eso fuera posible. Estaba vistiendo una hermosa solera larga, color azul con dibujos rojos y marrones. El viaje fue algo incómodo, ambos en silencio y pensativos por los nervios que sentían. Una vez que llegaron al estadio, compraron unas gaseosas y se acomodaron en sus lugares. Killian intentó empezar pequeñas conversaciones, hablando de temas seguros, como el trabajo o Henry, pero Emma estaba de pocas palabras. El festival empezó y se concentraron en la música por un rato. Cuando la tercera banda comenzó a tocar, Killian no pudo tolerar más lo perdida, tensa y incómoda que Emma lucía. Quizás llevarla al festival había sido mala idea, quizás a ella no le gustaba ir a festivales o no lo consideraba apropiado para una cita.
- ¿Queres que nos vayamos de acá? – Sugirió él, sorprendiéndola al agarrarle el brazo.
- Si, vamos. – Respondió ella levantándose de su asiento.
- Tenía pensado llevarte a cenar, pero no se si es buena idea. – Dijo él camino al auto. – Estás incómoda, ¿No? ¿Queres que te lleve a tu casa? – Preguntó él decepcionado de que lo que había planeado le estaba saliendo mal.
- No creo estar con ánimos de cenar. – Admitió ella. – Pero creo que esto es incómodo porque necesitamos hablar, ¿Podríamos a ir a algún lugar tranquilo? – Dijo peinando su cabello con sus manos.
- Conozco el lugar perfecto. – Aseguró él abriendo la puerta del auto para dejarla entrar.
La noche no estaría saliendo como lo había planeado, imaginado o pensado. Pero por lo menos no todo estaba perdido, al menos ella quería hablar. Eso podía ser tanto bueno como malo, pero al menos tendría explicaciones. Cuando ella le pidió de ir a un lugar tranquilo lo primero que se le ocurrió fue la costanera, así que manejó hasta a allí. Una vez que llegaron, bajaron del auto y caminaron un par de cuadras observando el mar hasta que decidieron acomodarse en un banco.
- ¿Querías hablar? – Preguntó él algo inseguro.
- Si. – Asistió ella, y dio un largo suspiro para tomar coraje y fuerzas. – Es solo que no sé, ni entiendo que es lo que está pasando entre nosotros. Era más fácil saber como manejarme con vos cuando me odiabas, aún cuando nunca supe el motivo. – Explicó con calma. – Pensé que tener una cita iba a hacer que todo tenga sentido, pero me siento más confundida que antes, y tengo miedo de que te estés burlando de mí. – Admitió tímidamente.
- No entiendo. – Dijo él con sinceridad. - ¿Por qué creerías que yo quiero burlarme de vos? – Preguntó confundido.
- Es solo que… ¿Es real lo que está sucediendo entre nosotros? – Dijo ella con la voz temblorosa. – No quiero mal interpretar las cosas, no quiero hacerme la cabeza con cosas que no van a funcionar, no quiero hacerme ilusiones y que después me eches la culpa diciendo que yo percibí otras cosas porque estoy desesperada porque alguien me ame. – Dijo ella con la voz temblorosa.
Ahí estaba Emma Swan dejando caer todas sus paredes, y mostrándose totalmente vulnerable y transparente ante sus ojos. En ese momento habría querido refugiarla en sus brazos y besarla hasta poder sacarle todas las inseguridades que tenía. Pero sabía que eso no era lo correcto, ella necesitaba explicaciones primero. Ella necesitaba que él también sea transparente con lo que le pasaba.
- Sé que cuando nos conocimos fui duro y rudo con vos, y sé que debía parecerte raro porque no tenía motivos para hacerlo. Podrías haber conseguido el trabajo que yo quería, pero odiarte solamente por eso era infantil. – Admitió él avergonzado de su propia manera de actuar. – La verdad es que verte a vos fue como verme a un espejo. – Agregó pensativamente.
- ¿Un espejo? – Preguntó ella. – Me habías dicho algo así una vez en la comisaría. – Dijo ella recordando una conversación que habían tenido tiempo atrás.
- Si, es que esa es la verdad. – Asistió él. – Cuando murió Millah, cree esta personalidad dura en mí, un hombre seguro, con confianza, que siempre esta con una mujer distinta. Pero verte a vos fue como caer a la realidad, ver tu soledad y dolor, me hizo dar cuenta del mío. – Explicó él lo mejor que pudo.
La mirada verde de Emma tenía una intensidad y luz que nunca había visto. Killian no sabía que pensar, ni que hacer. Ese era el momento clave. Podrían avanzar o retroceder, podrían aceptarse o rechazarse, podrían entenderse o pelearse. Pero fuera la opción que fuera, lo único que Killian esperaba era no perderla. Ni siquiera la tenía, y aún así tenía miedo de perderla.
Emma no sabía porque había aceptado ir a una cita con Killian, es más, ni siquiera sabía como había podido ser ella quien lo había sugerido. Después da dar mil vueltas, finalmente decidió ponerse una solera que pensaba que era acorde para un recital. Ella se sorprendió de que él conociera sus gustos musicales, pero no lo cuestionó. En el auto aprovechó para verlo detalladamente. Killian era un hombre hermoso. Su cabello oscuro y desordenado le daba ganas de acariciarlo, sus ojos azules siempre tan intensos que le generaba la sensación de que podía ahogarse en ellos. Pensaba que en la cita iba a poder quitarse las dudas y miedos que tenía, pero solo lograron aumentar confundiéndola y poniéndola cada vez más nerviosa. Por suerte Killian lo notó y le propuso irse de allí. Por suerte no se enojó de los cambios de planes y aceptó que ella quiera hablar. La llevó a la costanera, y Emma se relajó porque el océano siempre le transmitía calma. Finalmente Emma decidió tomar coraje, y dejo salir hacia fuera todas sus preocupaciones. Killian fue sincero y eso le gustó, él le explicó con paciencia todo lo que ella pidió y necesitó.
- ¿Puedo ver la foto que tenes en tu celular? – Preguntó ella rompiendo el silencio.
- Claro. – Asistió él y le entregó su celular.
- Es… Increíble, nadie nunca había captado una foto así de mí. – Dijo ella sorprendida al verse tan feliz y natural en la foto.
- Me gustaría verte así de feliz más seguido. – Dijo él con sinceridad.
- A mi también. – Coincidió ella.
Estaba tan distraída mirando la foto, que no se dio cuenta de la cercanía de él hasta que unió sus labios con los de ella en un beso. El gesto la sorprendió, pero cuando reaccionó ante lo que estaba pasando correspondió él beso con gran intensidad. Este beso fue distinto al primero que habían tenido. El primero había sido apasionado y desesperado, lleno de descargas de dolor. Este, en cambio, era lento y cálido. Era una invitación, era un dejarse conocer. Era agradable y bienvenido, como un increíble descubrimiento. Besar a Killian era una magnifica experiencia, que estaba segura se podría convertir en uno de sus pasatiempos preferidos.
- Pensé tantas veces en besarte de está manera. – Dijo él descansando su frente contra la de ella, mientras recuperaba el aire.
- ¿Y cómo se compara con tu imaginación? – Preguntó ella saboreando el gusto que él había dejado en sus labios.
- La realidad no tiene comparación, la realidad es mejor. – Respondió él y se acercó para volver a besarla.
- Entonces… - Dijo ella deteniéndolo.
Cuando lo detuvo para que no pueda volver a besarla, sintió culpa al ver el dolor que lo invadió de repente. Emma pudo ver todas sus inseguridades y temores en ese momento. Emma tenía que recordar que Killian era una persona que también había sufrido mucho en su vida. Ambos tenían un pasado difícil, no solo ella. Emma no quería confundirlo, así que volvió a unir sus labios en otro beso para demostrarle que ella también quería seguir besándolo indefinidamente.
- ¿Ahora entendes que esto no es un juego para mí? – Preguntó él después de haber compartido varios besos.
- Si, entiendo. – Asistió ella. – Tampoco es un juego para mí. – Aseguró. – Pero, ¿Podemos ir de a poco? – Pidió con cierto temor todavía presente en ella.
- Podemos ir al ritmo que quieres, mientras estemos juntos. – Dijo él con convicción.
- Bien. – Dijo ella con una sonrisa.
Una vez que estuvieron satisfechos del momento compartido, decidieron ir a cenar. Se sentaron en una mesa frente al mar a comer pasta. Killian le prestó su campera para que no sintiera frío. Cenaron tranquilos y aliviados, ya que habían podido aclarar todo. Después de cenar Killian la llevó a su casa y despidieron con un largo beso. Emma entró a su departamento y dejo caer su peso contra la puerta mientras pensaba asombrada en lo fantástica que había resultado la cita con Killian.
- ¿Y cómo les fue? – Preguntó Mary Margaret interrumpiendo sus pensamientos.
- ¿Estuvo bueno el festival? ¿Te llevó también a cenar? ¿Hubo beso? – Cuestionó Ruby.
- ¡Dios! ¡Son terribles! – Exclamó Emma riendo ante la insistencia de sus amigas. - ¿Saben que no hacía falta que las tres se queden a cuidar de Henry, no? Con una era más que suficiente. – Dijo dando un giro a la conversación.
- Tu estrategia de cambiar la centralidad del tema de la conversación no funciona con nosotras. – Advirtió Regina.
- Dale, contanos por favor. – Suplicó Ruby.
- Fue muy incómodo al principio, tanto que decidimos irnos del festival y fuimos a pasear por la costanera. – Dijo Emma uniéndose a sus amigas que estaban sentadas en los sillones.
- Por lo menos no te llevo a cenar desde un principio, eso si es incómodo. – Opinó Ruby.
- ¿Y cómo siguió todo? ¿Superaron la incomodidad? – Preguntó Mary Margaret con curiosidad.
- Hablamos y sorprendentemente eso fue bueno, pudimos conocernos mejor y romper la tensión que había. – Explicó Emma sin dar muchos detalles, pero recordando con una sonrisa todo lo que habían compartido.
- ¡Estás sonrojada! – Exclamó Regina.
- ¿Tuvieron sexo? – Preguntó Ruby.
- Nada de sexo, solamente nos besamos. – Respondió Emma.
- Debe haber sido realmente bueno para que te sonrojes de esa forma. – Dijo Regina divertida ante las reacciones de su amiga.
- Lo fue, creo que fue el mejor beso que he tenido en mucho tiempo. – Admitió Emma volviéndose a sonrojar.
- ¿Mejor que Walsh? – Preguntó Mary Margaret a modo de broma.
- Si ese tonto habría intentando siquiera besarme, lo habría lamentado. – Dijo Emma con seriedad, pero haciendo que sus amigas se rían.
Emma nunca había sido buena con las citas, ella no era de ese tipo de mujer que disfrutaba de conocer nuevas personas, de tener que exponerse. Pero con Killian había sido distinto. En un principio podría haber sido incómodo, pero esa incomodidad se debía a los miedos que ambos tenían acumulados. Una vez que soltaron sus preocupaciones, Emma pudo disfrutar de la cita. Emma pudo ser ella misma, y eso fue una de las cosas que más le gusto, Killian parecía aceptarla tal cual era. La cita fue casi perfecta. De hecho fue la mejor cita que había tenido en su vida, no que fuera a admitirlo.
- ¿Así que tu cita fue bien? – Preguntó Henry cuando Emma entró a saludarlo.
- Pensé que estabas dormido. – Dijo Emma sorprendida de que su hijo este despierto.
- Me alegra que te haya ido bien. – Dijo Henry con una gran sonrisa.
- Henry… - Comenzó a decir Emma.
- Mamá vos te mereces ser feliz. – La interrumpió Henry. – No todos los hombres van a ser como papá, no todos los hombres te van a abandonar. – Le recordó.
- Lo sé – Asistió Emma. - ¿Por qué sos tan inteligente? – Preguntó despeinándole el cabello afectuosamente.
- Porque soy tu hijo. – Respondió Henry.
- Henry aún si no tengo novio, ni soy buena cuando se trata de mi vida amorosa, quiero que sepas que soy feliz. Vos me haces feliz. – Dijo Emma con sinceridad.
- Y vos me haces feliz a mí mamá. – Dijo Henry.
Esa era la verdad, su hijo la hacía feliz desde el momento en que llegó a su vida. No había sido planeado, y había llegado en el momento menos esperado y más complicado. Pero Henry llenó su vida de luz. Su hijo era inteligente, y tenía razón. No todos los hombres eran como Neal. Y Killian no era para nada parecido a Neal. Killian sabía lo que era perder a alguien que amaba, y al conocer ese dolor no iba a exponer a alguien a eso, al menos no intencionalmente. Emma podía sentir como su corazón comenzaba a abrirse, queriendo dejar entrar a Killian en su vida. Iba a ser difícil y tenía miedo, pero quería intentarlo. Killian le había devuelto las ganas de querer volver a intentarlo.
