"¿Estás seguro de que quieres ir?"
"Si, si. Por supuesto", respondió Mycroft, aunque sus ojos no se apartaban de su móvil.
Greg rodo los ojos y cerró la puerta detrás de él.
Trato de hacer conversación en el ascensor, pero Mycroft solo respondió con ruidos evasivos mientras trabajaba en su teléfono. Greg rodo los ojos de nuevo y dejo de intentarlo.
Cuando se abrió la puerta principal del edificio, una ráfaga de aire frio le golpeo en la cara. Cerró los ojos y respiro hondo, disfrutando del frio invierno. Inspecciono el césped cubierto de nieve delante de él y sonrió. Cuando era niño siempre le había gustado el invierno, era su época favorita del año.
Le dio un codazo a Mycroft. "¿No es hermoso?"
"Mmm, bastante".
Greg apretó la mandíbula. "Muy bien, sigamos".
Permitió a Mycroft caminar delante de él, y de pronto fue golpeado por una idea.
Rápidamente se agacho y recogió un puñado de nieve. Dejo que Mycroft avanzara varios pasos por delante suyo antes de lanzar la bola de nieve. Golpeo a Mycroft en la espalda.
El político se congeló y Greg contuvo la respiración, esperando una reacción.
"Realmente Gregory, puedes ser tan infantil a veces", respondió Mycroft, sin voltearse o levantar la vista de su teléfono.
Greg maldijo en voz alta y pateó una farola cercana. Estaba tan distraído que no vio la bola blanca lanzada hacia él hasta que chocó con su rostro.
Miro hacia arriba, completamente sorprendido, para ver a su amante frente a él con una sonrisa diabólica en su rostro y una segunda bola de nieve en la mano que no sostenía el paraguas. El blackberry no estaba a la vista.
"Nunca inicies una guerra con el gobierno británico", dijo Mycroft alegremente, arrojando la segunda bola en la cara atónita de Greg. Logro esquivar esta.
"¡Ya verás!", grito Greg, corriendo detrás de Mycroft.
La pareja se paso la siguiente hora corriendo por los jardines, completamente absorta en su guerra. Finalmente tuvieron que volver a sus respectivos deberes de resolver horribles asesinatos y dirigir un gobierno, pero por una hora fueron capaces de olvidar todo eso. Durante una hora el político y el Detective Inspector fueron capaces de dejar sus títulos y revivir su infancia.
