El teléfono en la mesita de noche comenzó a vibrar, y la pantalla emitió un resplandor misterioso a través de la habitación a oscuras.

Mycroft se irguió y respondió robóticamente.

"Habla Mycroft Holmes".

Greg bostezo y se puso boca arriba.

"Lo siento", murmuro Mycroft.

Greg giro los ojos.

"Voy para allá", dijo Mycroft antes de colgar el teléfono. Se paso una mano por el pelo antes de sacar las piernas por el borde de la cama.

Greg lo agarro del brazo. "No".

"Gregory, tengo que hacerlo".

"No. Son las tres de la mañana, no tienes que hacer nada. Por favor", le rogo. "Quédate aquí".

"No puedo".

"Si puedes".

"¡No puedo!", Mycroft gritó.

Greg se sorprendió. Mycroft nunca levantaba la voz.

"¿No lo ves?". Pregunto Mycroft. "No puedo. Hay personas que dependen de mi".

"¡Yo dependo de ti!". Greg grito. "Necesito que seamos capaces de pasar una noche juntos como una pareja normal".

"Gregory, no somos una pareja normal".

Greg soltó un bufido. "Vaya, ¿cómo has deducido eso?"

Mycroft se paso las manos por el pelo, exasperado.

En ese momento, lucia como un niño pequeño. Su cabello erizado y su rostro estaba rojo y sonrosado por la combinación del sueño y los gritos. Era un fastidio entrañable.

Greg dejo escapar un profundo suspiro.

"Está bien. Ve".

"Gregory por favor, no seas así".

"No, lo entiendo. Tienes que ir, así que ve. Otra noche solo no va a matarme".

La expresión de Mycroft era de dolor. "Lo siento mucho amor. Te prometo que te lo compensare". Se inclino y beso a Greg en la frente.

Greg frunció el ceño, pero no dijo nada.

Mycroft se bajo de la cama y comenzó a arreglarse.

Greg dejo caer la cabeza sobre la almohada mientras escuchada los sonidos de Mycroft al vestirse.

El político termino y camino hacia la puerta, pero se detuvo con la mano extendida sobre la perilla.

"Te amo Gregory".

Al principio solo se encontró con un doloroso silencio, pero Greg finalmente le respondió. "Si, yo también te amo".

Mycroft asintió y salió del apartamento.

Greg apretó los dientes mientras permitía que las lágrimas cayeran sobre la almohada bajo su cabeza.