"¿En serio My? ¿No podías llegar a tiempo a nuestra cena de aniversario que tú mismo planeaste?" Greg se cruzo de brazos y miro por la ventana las farolas que pasaban.

Mycroft suspiro. "El presidente de Estados Unidos estaba en la línea, no podía colgarle en medio de la conversación". Cruzó las piernas. "Tony, ¿Cuánto falta?".

"Cinco minutos señor", dijo el conductor con frialdad.

"¿Ves?, solo vamos a llegar unos quince minutos tarde a nuestra reservación. No ha pasado nada". Miró a Greg, que seguía haciendo pucheros. "Está bien, el daño está hecho. Supongo que podemos cancelar y podría llevarte a casa", dijo en voz baja.

"No. Estuve parado en el vestíbulo de mi edificio por media hora, como si fuera una cita para un baile. Lo menos que puedes hacer es invitarme a cenar". Había querido decir la última parte con humor, pero salió de manera amarga y mordaz.

Miro a Mycroft, que se parecía a un cachorro herido. Greg suspiro. "Está bien", dijo, acercándose y apretando la mano de Mycroft. "Estúpido tonto", añadió cariñosamente. Mycroft se rio entre dientes.

Llegaron al restaurante con solo catorce minutos de retraso, y Mycroft corrió alrededor para abrir la puerta de Greg. Eso hiso a Greg sonreír ampliamente; se bajó del coche y cogió el brazo de Mycroft. Caminaron hacia la puerta, y la mano de Mycroft conecto con la manilla derecha de la puerta de bronce bruñido cuando el reloj marco las 08:15.

El pequeño dispositivo atado a la parte inferior de su mesa reservada hizo un chasquido antes de rasgar el restaurante con una explosión espectacular seguida por una intensa ola de llamas.

La fuerza de la explosión arrojo a la pareja hacia atrás en el abismo negro de la noche de noviembre.

Continuará…