Era Domingo y por suerte no tenía que ir a trabajar. Sin embargo, algo lo hizo tener que volver a la comisaría. Se había olvidado el cargador de su celular. Pensó en ir a buscar el cargador el próximo día, pero ir a la comisaría significaba la posibilidad de ver a Emma ya que ella si trabajaba ese día. Ante la posibilidad de poder verla, decidió ir por el cargador después de desayunar.
Entró a la comisaría, fue a su escritorio y recuperó su cargador. Al parecer debían estar haciendo patrulla, porque las oficinas estaban bastante vacías. Saludó a Leroy, un oficial que trabaja siempre en horarios contrarios a los suyos, y fue a la sala de reuniones para ver si encontraba a alguno de sus compañeros. Cuando entró a la sala de reuniones se encontró con alguien que no esperaba, Henry.
- Hola Killian. – Saludó Henry incorporándose en el sillón para poder sentarse.
- Hola Henry. – Saludó Killian y se acomodó en el espacio libre que Henry le dejo en el sillón. - ¿Tu mamá esta de patrulla? – Pidió saber.
- Si, con Robin. – Informó Henry.
- ¿Qué haces acá? – Preguntó con curiosidad.
- Estoy enfermo y mamá no quería que me quede solo en casa. – Respondió Henry.
- Eso apesta, estar acá puede ser muy aburrido. – Comentó Killian y Henry asistió con la cabeza.
- Si, encima por estar enfermo me pierdo el partido de béisbol al que me iba a llevar mi papá. – Dijo Henry con una mezcla de enojo y tristeza.
- ¿Qué te parece si te llevo a mi casa y si te sentís mejor podemos ver el partido y preparar algo para comer? – Propuso Killian.
- ¿De verdad no te molestaría hacer eso por mí? – Preguntó Henry asombrado.
- Para nada. – Respondió Killian, las reacciones de Henry haciéndolo recordar a Emma. – Es mi día libre y no tengo nada para hacer, la compañía me va a venir bien. – Argumentó para convencerlo.
- Bien, llamaré a mamá para ver que dice. – Dijo Henry con una pequeña sonrisa.
Henry llamó a Emma y ella accedió a su pedido, aunque necesitó hablar primero con él para asegurarse de que no tenía ningún problema al respecto. Killian llevó a Henry a su casa. Henry durmió un par de horas en el cuarto de huéspedes que él tenía. Se despertó para la hora del partido y lo miraron juntos.
- ¿Te gusta el béisbol? – Preguntó Henry a Killian.
- La verdad, no mucho, no lo entiendo. – Respondió Killian. – Prefiero el fútbol. – Agregó.
- Si, los europeos suelen preferir el fútbol. – Asistió Henry. – Pero, ¿Por qué queres ver el partido conmigo si no te gusta? – Pidió saber confundido.
- Porque me gusta pasar el rato con vos. – Contestó Killian con sinceridad.
- ¿Preferirías ir a la cancha? – Continuó Henry con el interrogatorio.
- No lo sé. – Respondió Killian haciendo hombros. – Para mí lo que importa es la compañía. Si estás con alguien con quien la pasas bien y queres, no importa lo que uno hace ni donde. – Explicó con calma.
- Bien. – Aceptó Henry después de mirarlo a los ojos por un largo instante, como queriendo leerlo.
Cuando estaban amasando unas pizzas para la cena, llegó Emma y los ayudó a terminar de cocinar. Una vez que estuvo todo listo se sentaron alrededor de la mesa del comedor a comer. Killian disfrutó de las conversaciones, las risas y el compartir. Era la primera vez que sentía que su casa estaba llena de vida y eso hacia que su corazón quede lleno de calidez. Henry se quedo dormido mientras lavaban los platos, así que lo volvió a acostar en la cama, y Emma y él se pusieron a ver una película.
- Nos quedamos dormidos. – Dijo ella con la voz ronca, reaccionando ya que su celular había sonado.
- Eso parece. – Asistió él. - ¿Qué hora es? – Pidió saber él.
- Las dos y cuarto de la mañana. – Respondió ella después de ver la hora.
- ¿Quién era en el celular? – Preguntó él recordando el motivo que los había despertado.
- Nadie, simplemente la alarma para el antibiótico de Henry. – Explicó ella con intenciones de levantarse del sillón, pero él se lo impidió abrazándola.
- Es tarde, podrían quedarse si quieren. – Ofreció él nervioso.
- Mmm. – Murmuró ella pensativa y le dio un pequeño beso en los labios. – Si, creo que quedarnos es una buena idea. – Aceptó rozando sus narices.
Por unos minutos disfruto de tenerla en sus brazos y la besó lentamente. La besó con suavidad y dedicación, como tomándose todo el tiempo que quería para saborearla. Tenerla de esta manera le hacía sentir que había encontrado a la persona perfecta para él. Sería tonto porque su relación no había avanzado más allá que un par de besos, pero él lo sabía. Él lo supo desde el primer momento que la conoció, aunque lo negó por mucho tiempo. Ella era la mujer para él. Killian estaba enamorado.
- Te amo. – Confesó él.
Si, de repente había sentido una gran necesidad de confesarle su amor y lo hizo. Al ver la reacción confundida y de pánico que pareció invadirla a ella, supo que no había elegido el momento correcto para hacerlo. Pero ya no había marcha atrás. Él le acababa de confesar que la amaba, y esa era la verdad.
- Yo, no… - Negó ella sacudiendo su cabeza y levantándose del sillón. – Tengo que irme, es tarde. – Dijo buscando una excusa para escapar de la situación.
- Pensé que dijiste que iban a quedarse. – Discutió él, también levantándose del sillón.
- Pero tengo que despertarlo para darle el antibiótico, aparte tiene clases mañana, y nosotros tenemos que trabajar. – Justificó ella. – Lo mejor es que nos vayamos. – Dijo decidida dirigiéndose hacia la habitación de huéspedes.
- Como desees. – Aceptó él dando un suspiro.
Hablar con ella en ese estado no tenía ningún sentido, él no iba a presionarla a nada que no quiera, así que la dejo ir. Pero dejarla ir era cada vez más difícil. Lo peor es que los siguientes días ella volvió a su costumbre de ignorarlo. Siempre buscaba una excusa para cancelar sus salidas y se encargaba de que nunca estén completamente solos para que no puedan hablar bien del tema. ¿Por qué tenía que hacerle las cosas tan complicadas? ¿Tan difícil era de aceptar que él la amaba? ¿Tan terrible era la idea de que la relación que tenían crezca?
- ¿Qué te tiene de este humor de perros? – Preguntó Liam.
- Nada. – Respondió Killian bufando.
- Killian, te conocemos y sabemos que algo te está molestando. – Le recordó Rose mirándolo seriamente. - ¿Qué es la nada que está sucediendo? – Pidió saber.
- Le dije a Emma que la amo. – Contestó Killian rascándose detrás de una de sus orejas.
- Eso es maravilloso. – Dijo Elsa entusiasmada. - ¿No lo es? – Preguntó confundida al ver lo miserable que parecía Killian al respecto.
- Ella no comparte mis sentimientos. – Dijo Killian dando un largo suspiro.
- Eso es imposible. – Protestó Rose. – Ella realmente parece estar muy enamorada de vos. – Dijo con convicción.
- Si, la manera en que te mira es la manera en la que uno mira a alguien que ama. – Agregó Liam coincidiendo con Rose.
- ¿Entonces por qué me esta ignorando desde que le dije que la amo? – Preguntó Killian frustrado. – No entiendo. – Negó él con su cabeza.
- Por lo poco que nos haz dicho sobre Emma, ella ha sufrido mucho. – Dijo Elsa y él asistió. – Seguro esta asustada y no sabe como reaccionar. – Expresó su opinión.
- Si en verdad la amas, sé paciente y pelea por ella. – Aconsejó Liam.
- Eso haré. – Asistió Killian.
Y en verdad, eso es lo que iba a ser. Porque por más que le dolía que ella lo ignore, y haya reaccionado mal, la amaba. Él no iba a darse por vencido, él iba a pelear por ella. No sabría si Emma correspondía sus sentimientos, pero que ella coincidía en que había una conexión entre ellos era seguro. Él no se iba a rendir, porque uno no se rinde cuando se trata de las personas a las que ama.
Hace dos semanas que se escapaba de Killian y lo ignoraba, y hace dos semanas que se sentía pésimo al respecto. Sabía que era su culpa y su decisión, pero eso no significaba que no le doliera. Lo peor de todo es que lo estaba lastimando a él. Pero ella no podía borrar las palabras que él le había dicho de su cabeza… Le había dicho que la amaba. ¿Sería cierto? ¿Tendría que importarle si era cierto o no? Emma no se llevaba bien con el amor. Todas las personas que amaba, se morían o la abandonaban. Esa era la razón por la que no hacía eso de tener relaciones, y ella se lo había advertido a él en un principio. Pero se dejo llevar y ahora todo estaba arruinado, porque ella arruinaba las cosas. Era mucho más fácil correr de lo que sentía que aceptarlo, así que corrió.
- Gracias por haber cuidado a Henry. – Agradeció Emma a Regina.
- De nada, sabes que me encanta cuidarlo. Aparte él y Roland se llevan muy bien. – Dijo Regina con una sonrisa.
- ¿Se portaron bien? – Preguntó Emma algo curiosa.
- Por suerte si. – Respondió Regina. – Aunque Henry está medio preocupado por vos. – Agregó.
- ¿Preocupado por mí? ¿Por qué? – Cuestionó Emma sorprendida.
- De hecho todos lo estamos. – Dijo Regina sin responder sus preguntas. - ¿Qué anda sucediendo entre Killian y vos? – Preguntó mirándola con seriedad.
- Nada. – Contestó Emma.
- ¿Nada? ¿Entonces por qué todos estos días se los vio miserables y separados a los dos? – Cuestionó Regina. – Y no intentes negarlo, las personas que trabajan con vos pueden dar cuenta de eso fácilmente. – Advirtió.
- Es solo que, no creo que vayamos a funcionar. – Admitió Emma tristemente.
- ¿Por qué no? – Preguntó Regina preocupada.
- Porque me dijo que me ama. – Respondió Emma. - Y eso no puede pasar, eso es imposible. – Agregó con la voz rota.
- Yo creo que si él te lo dijo, debe ser porque en verdad lo siente. – Dijo Regina cautelosamente, no quería hacer sentir mal a su amiga.
- No lo sé, yo… Simplemente no puedo lidiar con esto ahora. – Dijo Emma secándose las lágrimas que caían de sus ojos. – La novia de Neal está embarazada. – Dijo después de un largo silencio.
- Si, Henry me contó. – Asistió Regina, dándole tiempo para expresar lo que sentía.
- Estoy triste y enojada. – Confesó Emma. – No es celos, yo jamás sentiría celos de algo así porque nunca quisiera volver a estar con Neal. – Aclaró. – Pero por culpa de Neal yo estuve embarazada en prisión, tuve a Henry en prisión. Y que ahora él vaya a hacerlo bien con otra persona me duele. – Explicó.
- Killian no es Neal. – Le recordó Regina. – Algún día vas a tener que aceptar que las personas podemos quererte bien. – Dijo con cariño.
Esa era la realidad, ella no podía lidiar con sus sentimientos. No después de todo lo que le había pasado. Ella no podía dejar entrar a alguien en su vida y arriesgar su corazón de esa manera. No solo por sus temores y su corazón, sino porque tenía que cuidar a los demás. Y ahí quizás estaba el otro punto que rebalsaba el vaso. Por más que no quería, su corazón ya estaba demasiado sumergido y ella no podía dejarse llevar por eso, ella no podía arriesgar la vida de Killian de esa manera. Ella tenía que resolver el caso de Rumpelstiltskin. Sumando eso a su lista de inseguridades, se convenció que lo mejor era mantenerse lejos de Killian.
Pero había un pequeño gran problema, trabajaban juntos. Y como a veces pasaba, ese día les tocó patrullar juntos. Fue raro e incómodo, se mantuvieron la mayor parte del tiempo en silencio. Dolía el silencio, era sofocante. Pero tenía que enfrentarlo, ese era el efecto de sus acciones. Después de detener a un criminal que intento robar una tienda de ropa, volvieron a la comisaría. Emma se encargó de llenarse de trabajo, para poder continuar evitándolo. Al rato, recibió un llamado de Ariel y sonrió. Ariel era una amiga que tenía que trabajaba en el FBI y a veces le pasaba información que pedía o necesitaba. Al ver que la estaba llamando atendió esperando que sean noticias sobre Rumpelstiltskin.
- ¿Qué tenes para mi hoy? – Preguntó Emma.
- Información sobre un caso que me preguntaste hace unas semanas, sobre Robert Gold. – Respondió Ariel.
- Te escucho. – Dijo Emma dando a entender que quería más información.
- Al parecer fue visto en una dirección, una persona dijo que lo reconoció. – Explicó Ariel. – Te envío todo lo que sé por mail, ¿Te parece? – Ofreció.
- Si, por favor. – Pidió Emma.
- De acuerdo, ahí te envío. – Asistió Ariel.
- Gracias. – Agradeció Emma.
- Tenemos que juntarnos a cenar, hace mucho que no te vemos. – Dijo Ariel.
- Si, estaría bueno, arreglemos para la semana que viene. – Dijo Emma. – Envía saludos a Eric. – Agregó.
- Y vos a Henry. – Dijo Ariel.
Una vez que terminaron la llamada, abrió su correo electrónico y leyó toda la información. Antes de decidir que hacer decidió hablarlo con David. Juntos coincidieron que lo mejor era armar un operativo para ir a revisar la dirección. Cuando terminaron de planificar la estrategia, fue a hablar con Killian. Ella no sabía como él iba a reaccionar, pero tenía que decírselo. Él se merecía saberlo, se merecía tener la posibilidad de elegir que hacer con eso. Así que tomó coraje y fue a enfrentarlo.
- ¿Podemos hablar? – Preguntó ella apoyándose contra el escritorio de él.
- Emma, si esto es para hablar de nosotros… - Comenzó a decir él.
- No es sobre nosotros. – Lo interrumpió ella.
- ¿Entonces sobre qué es? – Preguntó él algo confundido y desilusionado.
- Sobre Robert Gold. – Respondió ella.
- ¿Qué hay sobre él? – Preguntó él poniéndose tenso ante la mención de ese hombre.
- Tengo información sobre una posible dirección en la que estuvo, o podría estar. Un contacto me llamó y me dijo que al parecer una persona lo reconoció. – Explicó ella nerviosa.
- ¿Cómo? – Preguntó él confundido.
- Perdón si te invadí, o me metí en algo en lo que no debía. – Se disculpó ella mordiéndose el labio. – Pero después de ese día que me contaste sobre el caso, me puse a investigar distintos puntos y contactarme con algunas personas. Y surgió esto. – Expresó como se habían dado las cosas.
- Gracias. – Agradeció él con los ojos llorosos.
Emma se sorprendió de que él le agradezca lo que había hecho. Ella pensó que él se iba a enojar, porque ella había estado trabajando e investigando el caso sin su permiso. Emma sintió algo de alivio. Quizás todavía no podía aceptar el amor que había entre ellos, pero quizás con esto podía demostrarle que le importaba. Tenían que ir al operativo y ella tenía que darle la posibilidad de elegir si ser parte o no. Ella quería ser egoísta y no darle la posibilidad de elegir, obligarlo a quedarse. Pero no podía hacerlo, porque sabía que si era al revés, si era la posibilidad de ir por Rumpelstiltskin ella también querría ir. Ella lo iba a cuidar. Aunque con cuidarlo no alcanzaba, él tenía que estar concentrado y en control, así que necesito recordárselo.
- Killian, podes ser parte del operativo si queres. Pero necesito que me prometas que no vas a hacer nada tonto. Si en algún momento no podes seguir adelante, necesito que me avises a mí o alguien. – Pidió ella mirándolo intensamente.
- De acuerdo, eso haremos. – Prometió él.
- Un paso en falso y te saco yo misma del operativo. – Advirtió ella.
- Desesperaría si no lo hicieras. – Dijo él.
La dirección era un departamento en un edificio viejo, que quedaba en uno de los barrios más lejanos al centro de la ciudad. Entraron al departamento, pero como era de esperar estaba vacío. También revisaron el resto de los departamentos, pero no había pistas, ni rastros. Emma se sentía frustrada, pero sabía que eso era lo normal en esas situaciones. Cuando una persona estaba escapando de la ley, generalmente sabía cuando venían a buscarla y se escapaban. Lo que más lamentaba era haberle dado falsas ilusiones a Killian.
- Perdón. – Se disculpó ella.
- ¿Por qué? – Preguntó él.
- Por esto, porque Gold no este acá, por no tener pistas, y por haberte hecho ilusionar. – Enumeró ella tímidamente, agregando en su cabeza: y por no estar lista para aceptar nuestro amor.
- No tenes que disculparte, con tu intención de ayudar ya hiciste demasiado. – Aseguró él. – Aparte si tenemos pistas. – Dijo entregándole una foto.
Una foto de Millah, esa era la pista. Emma miró la foto y sintió cierta familiaridad hacia la mujer que una vez Killian había amado. Millah le hacía acordar a alguien, pero en ese momento no podía darse cuenta a quién.
