Todo resulto difícil para Killian ese día, todo desde que escuchó a Emma decir que tenían pistas sobre Robert Gold. Desde que escuchó a Emma decir eso que se vio invadido de una gran variedad de sentimientos: enojo, ansiedad, confusión, desesperación. Era como si estaba en otro plano, tan perdido estaba que ni siquiera pudo registrar como habían llegado a la dirección. Pero tenía que concentrarse, tenía que encontrar a Robert Gold y hacer justicia por Millah. Y Emma tenía razón, si él quería estar ahí presente en ese momento necesitaba concentrarse, así que eso hizo. Por supuesto la dirección que les habían pasado estaba vacía y eso hizo que sus esperanzas de quiebren. Estaba a punto de darse por vencido cuando encontró una foto de Millah. Encontrar la foto de ella allí era una pista, era una señal, era un pequeño avance.

Cuando volvieron a la comisaría la impotencia y angustia que sentía por ese caso lo volvió a invadir. Killian todavía no entendía como había sobrevivido, pero ya que lo había hecho quería y necesitaba hacer justicia. Pero los años pasaban y él seguía sin poder hacer nada al respecto. Encontrar la foto quizás era uno de los mayores avances que había logrado, y todo gracias a Emma. Se puso a acomodar unas cosas en su escritorio, pero su mano (específicamente donde se unía su mano ortopédica a su brazo) se vio invadida por un gran dolor, y los papeles y el lapicero cayeron al piso.

- Acá tenes. – Dijo Emma alcanzándole un par de los papeles.

- Gracias. – Agradeció él. – No es necesario que me ayudes. – Dijo de manera cortante, su muñón dolía y eso lo estaba haciendo enojar.

- ¿Qué pasa? ¿Qué es lo que te tiene así? – Cuestionó ella mirándolo intensamente, como queriendo leerlo.

- Nada. – Respondió él demasiado rápido, señal de que estaba mintiendo.

- No me mientas. – Exigió ella. – Killian, si esto es porque me puse a investigar el caso sin preguntártelo, lo siento y entiendo si te sentís enojado o te sentís invadido, pero ya no hay nada que pueda hacer para cambiarlo. – Explicó ella, sintiéndose nerviosa ante la idea de haber tocado un punto límite en él.

- No, para nada. Yo no estoy enojado por eso. – Aseguró él.

- ¿Entonces qué es? – Pidió saber ella con preocupación.

- Es esto, me duele. – Respondió él levantando su mano ortopédica.

- Entonces deberías sacártela. – Dijo ella agarrando el brazo de él con sus manos e invadiendo su espacio personal.

Emma invadió su espacio personal, le tomó el brazo y le quito la mano ortopédica. Killian se quedó congelado en su lugar, sin saber como reaccionar ante lo que estaba sucediendo. De repente las manos de ella empezaron a acariciar suavemente el lugar donde debería estar su mano izquierda, generando que cierre los ojos ante el gesto. Killian nunca habría pensado que una persona iba a animarse a tocar esa parte de él, sin sentir repugnancia o decepción. Pero ahí estaba Emma sorprendiéndolo. Ella lo estaba acariciando como si eso estaría bien, lo estaba acariciando aceptando eso como parte de él y sin juzgarlo, ni creerlo menos al respecto.

- ¿Qué estás haciendo? – Preguntó él todavía sin abrir los ojos.

- Se llama dolor fantasma. Las personas que han tenido una amputación a veces sienten dolor en esa parte del cuerpo, lo mejor es tocar la zona o mirarla en un espejo para poder recordar y comprobar que esa parte ya no está. – Intentó explicar ella y continuó acariciándole su muñón.

- ¿Cómo sabes? – Preguntó él maravillado.

- Lo busqué en Internet. – Respondió ella con sinceridad. – No deberías usar la mano ortopédica, te lastima y seguro es incómoda. – Dijo ella observando su piel.

- No, no voy a hacer el hombre raro sin una mano. – Negó él. – Para vivir en esta sociedad sin ser juzgado o considerado menos cosa, es necesario tener todas las partes del cuerpo. – Dijo con cierta amargura.

- Yo jamás te juzgué, ni te consideré menos por esto. – Aseguró ella mirándolo con convicción. - ¿A alguien le molestaría que Killian deje de usar su mano ortopédica acá adentro? – Preguntó dirigiéndose hacia el resto de sus compañeros.

Por supuesto todos respondieron que no les molestaba, y Killian no usó su mano ortopédica por el resto del tiempo que estuvo en la comisaría. Se sentía agradecido por eso, la verdad es que usar esa mano más de un día resultaba difícil y le hacía doler su muñón. Después de ese pequeño momento, no volvió a hablar con Emma. Ella se fue temprano, y aunque le habría gustado saber el motivo o que ella se quede para estar juntos, sabía que era mejor que se haya ido. Él necesitaba hablar con Rose y contarle el pequeño avance que habían hecho ese día, por eso cuando salió del a comisaría se fue para su restaurante. Mientras cenaban, le contó todo lo que había sucedido durante el día.

- ¿Así que Emma estuvo investigando el caso? – Preguntó Rose con cierta curiosidad.

- ¿Después de todo lo que te conté, eso es lo que te interesa saber? – Preguntó Killian asombrado.

- Si. – Asistió Rose.

- Rose te estoy diciendo que encontré una foto de Millah, lo cual significa que en algún momento Robert Gold o alguien que él mando estuvo en esa dirección. – Dijo Killian frustrado ante la idea de que haya estado tan cerca y no lo hayan podido atrapar.

- Lo sé, y sé que es un avance, y no hay nada que quiero más que resuelvas este caso para que podamos dejar ir en paz a Millah. – Dijo Rose dando un largo suspiro.

- ¿Pero? – Preguntó Killian presintiendo que su amiga tenía más para decir.

- Emma estuvo investigando el caso, te informó cuando encontró una pista, te dejo ir con ella en búsqueda de la pista, te cuido durante el operativo y después logro convencerte de no usar tu mano ortopédica. – Enumeró Rose. - ¿Sabes qué significa eso? – Pidió saber con una pequeña sonrisa.

- Que es muy buena haciendo su trabajo. – Dijo Killian pensativamente.

- No tonto. – Negó Rose. – Significa que le importas. Ella estuvo investigando el caso por vos, para ayudarte. Ella no estará lista para poner su amor en palabras, pero con sus gestos y acciones claramente lo demuestra. – Expresó lo que pensaba y sentía.

Lo que su amiga le dijo quedo resonando en su cabeza y no pudo borrárselo. Lo siguientes días intentó observar a Emma más detalladamente, para ver si Rose tenía razón, para ver si podía seguir teniendo esperanzas. Después del operativo sobre el caso de Millah, Emma dejo de ignorarlo, pero eso no quería decir que podían avanzar. No, ella estaba haciendo de cuenta que nada había pasado entre ellos. Ella estaba manejando su relación como había sido en un principio, como había sido antes de que él le confesara su amor.

- ¿Podemos hablar? – Preguntó él a Emma una vez que salieron de la reunión de trabajo.

- No creo que tengamos nada de que hablar. – Respondió ella con cautela.

- Si, si tenemos. – Asistió él invadiendo su espacio personal para detenerla. - ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Por qué queres hacer como si no pasó, ni pasará nada entre nosotros? ¿Tan terrible es la idea de que te ame? – Cuestionó sintiéndose dolido y decepcionado.

- Vos no me amas, no podes amarme. – Negó ella sacudiendo tu cabeza.

- Si puedo y si lo hago. – Insistió él. - ¿Por qué estás reaccionando así? ¿Es preferible creer que nadie puede amarte antes de que alguien te ame y pueda lastimarte? – Preguntó tratando de entenderla.

- Yo, no… No puedo hacer esto acá, ahora. – Dijo ella con la voz entrecortada y los ojos brillosos al contener las lágrimas que querían escapar. – Tengo que trabajar. – Dijo y se fue.

Se fue. Si, Emma era buena escapándose. Quizás lo mejor iba a ser dejar de presionarla y esperar a que ella decida venir por él. Realmente no quería darse por vencido, pero él también sabía lo que sufrir por amor, y en ese momento no tenía idea de cómo avanzar en lo respectivo a ella. Emma siempre lograba desconcertarlo. Quito a Emma de sus pensamientos y se fue a patrullar con Will, lo mejor iba a ser volcarse en el trabajo.

- Estoy enamorado. – Confesó Will después de relatar la larga historia de cómo había conocido a Belle.

- Eso mismo dijiste de Anastasia hace unos meses. – Le recordó Killian.

- Esto es distinto, sé que te va a costar creerme, pero con Belle es distinto. – Aseguró Will. – Es como lo tuyo con Emma. – Agregó.

- No hay nada entre Emma y yo. – Dijo Killian defensivamente.

- ¿Estás seguro? – Preguntó Will. – Todos podemos darnos cuenta que algo pasó, estás semanas han sido muy tensas cada vez que ambos están en un mismo espacio. Todos los que trabajamos con ustedes podemos darnos cuenta. – Explicó con calma.

- Le dije que la amo, pero al parecer ella no corresponde mis sentimientos. – Admitió Killian tristemente.

- Si pensas que ella no corresponde tus sentimientos déjame decirte que sos un idiota. – Dijo Will soltando una risa.

Y así es como se encontró teniendo una charla amorosa con Will. Según su compañero Emma tenía una conexión con él que no tenía con nadie. Will le recordó el proceso por el que habían pasado, hasta que Emma finalmente empezó a confiar en él. También le recordó que uno tiene que pelear por lo que quiere, y por lo que vale la pena. Y para Killian no había nada que quisiera, ni valiera tanto, como estar con Emma.


Acompañar a Killian durante el operativo de Millah fue todo un desafío. Ella lo mantuvo siempre en su campo visual, necesitando verlo y asegurándose de que este a salvo, de que si pasaba algo no haya posibilidades de que actué impulsivamente. Ver sus reacciones y su frustración ante el caso, le hizo recordar el de ella misma. Ver la foto de Millah y ver a Killian dolorido por su mano ortopédica, la hizo dar cuenta de que Killian estaba en peligro constantemente al igual que ella. Ella estaba en peligro por Rumpelstiltskin y él estaba en peligro por Robert Gold. En ese momento sintió mucho miedo de perderlo, aún cuando no lo tenía, aún cuando probablemente ella misma se estaba encargando de perderlo gracias a su tendencia a escaparse. Pero verlo sufrir por su mano la hizo interferir. Sabía que no estaba siendo justa con él, sabía que con ese gran gesto después de ignorarlo por un largo tiempo lo estaba confundiendo. Pero no podía evitarlo, ella necesito estar con él de esa forma. Y él la dejo.

Pero ella no podía perderse en Killian, así que volvió a concentrarse en el trabajo. Necesitaba saber porqué le había resultado tan familiar la cara de Millah. Había estado dispuesta a hablar con Killian sobre eso, pero después del momento que compartieron no se animó a hacerlo. Tal vez era solo su imaginación, tal vez eran sus ganas de querer ayudarlo. Pero cuando abrió una carpeta que había en su escritorio, supo enseguida que no había sido su imaginación. Estaba viendo con sus propios ojos que era lo que le había resultado familiar en Millah. Ava y Nickolas (las víctimas Hansel y Gretel) eran muy parecidos a Millah, de hecho Emma consideraba que eran perfectamente la mezcla entre Arthur (la víctima Arturo) y Millah. ¿Podría ser cierto eso? ¿Podría Millah haber estado en una relación con Arthur y haber tenido dos hijos antes de haber conocido a Killian? La cabeza de Emma avanzaba a mil por hora y no podía hacer nada para detenerla. De repente las cosas empezaban a cobrar sentido. Si ella estaba en lo cierto en lo que estaba concluyendo, eso significaría que Robert Gold era Rumpelstiltskin. Volvió a observar la información del caso de Millah, la información sobre su muerte… Millah había sido apuñalada con unas alas de alambre, su vestido había sido pintado con pintura color verde y su piel color dorado. Rumpelstiltskin había querido representar a Tinkerbell en Millah. Y ahora, de repente tenía sentido porque Killian no tenía una mano, él era como el Capitán Garfio. Solo que algo le salió mal a Rumpelstiltskin en eso, Killian sobrevivió igual que ella y eso lo ponía en extremo peligro.

Sintiéndose exaltada y en estado de alerta, decidió que lo mejor era comprobar si lo que estaba suponiendo y tenía sentido en su cabeza era real. Se fue temprano de la comisaría y se encontró con el Doctor Whale. Emma le pidió que haga las pruebas de adn para comprobar si Millah era la madre de Ava y Nickolas. Después de eso decidió ir con sus amigas a cenar, después de un día tan intenso prefería no volver a la comisaría.

- Pensé que ibas a quedarte con Killian en vez de venir a cenar con nosotras. – Comentó Ruby.

- ¿Por qué habría de quedarme con él? – Preguntó Emma sin entender el comentario.

- Por todo lo que pasó hoy, por el avance del caso de Millah. – Respondió Ruby como si fuera lo más obvio del universo.

- No, él necesita estar solo. Necesita tener tiempo y espacio para acomodar sus pensamientos y sentimientos. – Explicó Emma con confianza.

- ¿Cómo sabes eso? – Preguntó Regina sin estar del todo convencida.

- Porque eso es lo que yo querría si habría sido algo relacionado al caso de Rumpelstiltskin. – Contestó Emma.

- Si, yo también creo que a Killian le va a hacer bien estar solo. – Asistió Mary Margaret. - Killian y vos son más parecidos de lo que pensas. – Agregó a modo de explicación después de que Emma le dedicara una mirada acusadora.

- No empieces. – Pidió Emma.

- Si, empiezo, alguien tiene que hacerlo. – Protestó Mary Margaret.

- Que hayas estado investigando el caso de Millah para ayudarlo es tierno. – Dijo Regina.

- Y para que vos hagas algo así, significa que te importa. – Sumó Ruby.

- Killian me importa mucho. – Afirmó Emma después de un largo silencio. - ¿Felices? – Preguntó algo frustrada.

- Si. – Asistió Regina. – Aunque eso deberías decírselo a él. – Aconsejó.

- Emma está bien que dejes caer tus paredes con Killian, está bien que él te haga feliz. – Aseguró Mary Margaret.

Emma sabía que sus amigas tenían razón. Killian se había convertido en alguien muy importante en su vida. Quizás era loco hablar de amor porque para ella era poco el tiempo que llevaban conociéndose, y era poco el tiempo en el que habían estado en una especie de relación. Por Dios, ni siquiera habían avanzado al paso de tener relaciones sexuales. Probablemente no habían avanzado en eso todavía por ella, porque todavía no estaba lista. Y eso le daba miedo, que alguien pueda amarla aún cuando todavía no la conocía en ese sentido la aterraba. ¿Qué pasaba si después de probarla no la quería más? ¿Qué pasaba si se cansaba o se aburría de ella? ¿Qué pasaba si no podía esperarla a que este lista? Y aunque quería creer que era imposible que él pueda amarla, sabía que era cierto porque podía verlo en sus gestos para tratarla y su manera de mirarla. Porque la conexión y los sentimientos que había entre ellos eran reales, ella también podía sentirlos.

Emma estaba de patrulla con Robin cuando recibieron el llamado de que había una banda de ladrones intentando robar un supermercado. Cuando llegaron allí, Killian y Will ya se estaban haciendo cargo de la situación. Emma se unió a la situación e intentó convencer a uno de los ladrones para que deje su arma. En medio de la conversación el ladrón se puso violento e intento pegarle, pero Killian se metió en el medio para recibir el golpe por ella. La situación finalmente quedo controlada y los ladrones fueron arrestados. Emma debía admitir que se había sentido bien que Killian la defienda, y que la había llenado de orgullo verlo hacer su trabajo. Mientras le ponía hielo en su mejilla pensó en lo difícil que había estado siendo con él, y en lo mucho que lo estaba lastimando al escaparse. Killian también había sufrido por amor y no se merecía sufrir por ella, no se merecía la forma en que lo estaba tratando. Emma finalmente aceptó en ese momento que estaba bien dejar que Killian la ame, ya que eso no era algo que ella podía decidir o manejar.

- Lo siento. – Se disculpó ella acariciándole suavemente la mejilla.

- Emma, está bien, yo decidí intervenir y recibir el golpe. – Aseguró él.

- No, no por esto. – Negó ella. – Por estás semanas, por haber estado ignorándote. Estuve siendo egoísta y estuve solamente pensando en lo difícil que es para mí el amor, nunca me detuve a pensar lo difícil que es también para vos. – Explicó ella con calma y mirándolo intensamente a los ojos.

- No le he dicho a nadie eso desde hace años. – Confesó él dando un largo suspiro, y sintiéndose aliviado ante que ella finalmente quiera hablar de eso.

- ¿Lo dijiste en serio? ¿Realmente lo sentís? – Pidió saber ella con la voz temblorosa, sintiéndose vulnerable ante la posibilidad de que la rechace.

- No es algo que diga sino lo siento. – Respondió él con sinceridad y agarró la mano de ella para contenerla.

Él la amaba. Killian la amaba y eso estaba bien. En ese momento le habría gustado ser valiente y poder decirle que ella también lo amaba. Pero Emma no era buena con las palabras, ni tampoco se sentía lista para decir algo como eso en voz alta. Así que acarició sus mejillas con ternura y unió sus labios en un pequeño beso. Un beso que expresaba todo eso que no podía decir con palabras, un beso confortador y aliviador, un beso sanador que demostraba que correspondía sus sentimientos.

- ¿Podes volverlo a decir? – Preguntó ella mordiéndose el labio.

- Te amo. – Dijo él con convicción, mirándola a los ojos.

- Bien. – Aceptó ella rozando sus narices con delicadeza.

"Bien". Esa no sería la respuesta perfecta, ni lo que a la mayoría de las personas les gustaría escuchar en una situación como esa. Pero él la conocía y sabía que ella no podía decirlo, al menos no por ahora. Por lo menos esta vez no se escapó, por lo menos esta vez estaba lista para quedarse con él y aceptar su relación. Así que se refugió en sus brazos en un cálido abrazo, que se sintió como un volver hacia donde pertenecía.