Tenía el día libre, así que decidió invitar a Liam y Elsa a almorzar a su casa. Debía admitir que cuando su hermano y su cuñada se mudaron a Bostón se sorprendió mucho, y pensó que iban a estar controlándolo. Pero ahora que los tenía con él estaba feliz. Ellos eran su familia y se sentía bien tenerlos cerca. Cocinaron un guiso de cordero y verduras, comida típica irlandesa para hacerle honor a sus orígenes. Pasaron un rato muy agradable cocinando juntos. Cuando todo estuvo listo, se sentaron en la mesa del comedor a disfrutar lo que habían creado.
- Deberíamos obligar a Rose a que agregue este plato al menú de su restaurante. – Comentó Elsa disfrutando la comida.
- Si, deberíamos. – Asistió Killian. – Creo que tendría éxito, no hay muchos lugares con comida Irlandesa por aquí. – Dijo pensativamente.
- ¿Cómo va el trabajo? – Preguntó Liam a su hermano.
- Bien. – Respondió Killian. – Después de lo de la foto quedamos medio estancados nuevamente. – Agregó a modo de explicación. - ¿Ustedes? ¿Sus trabajos? – Cuestionó girando el centro de la conversación.
- Muy bien, la verdad que el trabajo en la escuela es maravilloso y Mary Margaret me ha ayudado mucho a integrarme. – Contestó Elsa con sinceridad.
- Sabía que te iba a ir bien, Mary Margaret es una gran persona. – Afirmó Killian.
- La marina es tranquila, me dedico más que nada a hacer trámites de aduana así que es sencillo. – Dijo Liam. - ¿Cómo están las cosas con Emma? – Pidió saber después de un largo silencio, donde cada uno se había concentrado en su comida.
- Mejor, de a poco vamos avanzando. – Respondió Killian. – Creo que finalmente está aceptando la idea de que alguien puede amarla, y ese alguien resulto ser yo. – Expresó lo que pensaba.
- Eso es bueno. – Asistió Elsa con una sonrisa. - ¿Podemos hacerte una pregunta sobre ella? – Preguntó después de tomar un sorbo de vino.
- Claro. – Asistió Killian.
- Bueno, la verdad es que hemos decidido que queremos intentar adoptar y… - Dijo Liam nervioso.
- ¿Crees que Emma podría darnos algún consejo sobre el sistema y su experiencia? – Preguntó Elsa interviniendo y uniendo su mano con la de Liam para calmarlo.
- Yo, no lo sé, ella no suele hablar mucho de su pasado porque fue difícil. – Respondió Killian honestamente. – Pero podemos preguntarle, yo no creo que tenga problema en hablarlo sino se siente juzgada o presionada al respecto. – Dio su opinión.
- Bien, supongo que podemos intentar hablarlo la próxima vez que la veamos. – Aceptó Elsa.
- Estoy muy feliz por ustedes y por la decisión que tomaron, van a ser grandes padres. – Dijo Killian sintiendo una gran felicidad.
El almuerzo continuó tranquilo. Recordaron un par de anécdotas de cuando eran chicos, y contaron viejos chistes. Killian se puso a lavar los platos y Elsa a hacer crema para las frutillas, mientras Liam tocaba la guitarra y les hacía cantar canciones. Killian no podía dejar de reír, había extrañado muchísimo esos momentos que se comparten en la vida cotidiana con la familia. Estaban sirviendo el postre, cuando sonó el timbre.
- ¿Esperas a alguien? – Preguntó Liam sorprendido al escuchar el timbre.
- No. – Negó Killiam. – Pero tranquilos, comiencen a comer, yo iré a ver quien es. – Indicó retirándose de la mesa.
A Killian le sorprendió que tocaran el timbre de su casa, porque no muchas personas solían visitarlo. Y las personas que lo hacían, generalmente le avisaban antes de hacerlo. Fue a la puerta, y cuando lo abrió se asombró al encontrarse con Henry. De todas las ideas que se habían pasado por su cabeza, jamás se habría imaginado que quien toque el timbre de su casa iba a ser él.
- Hola Killian. – Saludó Henry algo nervioso.
- Hola Henry. – Saludó Killian. - ¿Estás solo? – Preguntó mirando hacia los costados para ver si alguien lo estaba acompañando.
- Estoy solo. – Asistió Henry.
- ¿Queres pasar? – Ofreció Killian amablemente.
Henry asistió con su cabeza y entró a la casa. Killian cerró la puerta y lo guió hacia el living para poder conversar tranquilos. El niño parecía estar en un estado de conflicto, algo en sus ojos denotaba tristeza por todos lados. Killian tenía tantas preguntas para hacerle, pero sabía que atormentar al niño pidiendo explicaciones no iba a ayudar. Así que se sentó a su lado en el sillón, y esperó en silencio a que este dispuesto a hablar.
- ¿Mi mamá y vos van a tener hijos? – Preguntó Henry rompiendo el silencio.
- ¿Qué hace que me preguntes algo como esto? – Preguntó Killian confundido y sorprendido ante la pregunta del niño. – Henry, la relación que tu mamá y yo tenemos no esta en instancias de pensar en si queremos un hijo o no. – Dijo al ver que Henry no tenía intenciones de seguir la conversación hasta que él responda.
- ¿No te molesta que mi mamá ya tenga un hijo, que me tenga a mi? – Cuestionó Henry observándolo detalladamente, como queriendo leerle la mente y asegurarse de que diga la verdad.
- Claro que no. – Aseguró Killian. – Tu mamá te ama y eres su prioridad ante todo, y eso es algo que amo de ella. Cuando uno ama a alguien, ama todo lo que venga de esa persona. – Explicó con calma. – Aparte eres un gran chico, me caes bien. – Dijo con sinceridad.
- Vos también me caes bien. – Coincidió Henry intentando esconder la sonrisa que se formó en sus labios. – Pero a Tamara no le caigo bien. – Agregó tristemente, todo rastro de sonrisa borrado.
- ¿Tamara? ¿La novia de tu papá? – Cuestionó Killian.
- Si. – Asistió Henry. – Ellos van a tener un hijo, voy a tener un hermano o hermana. – Confesó dando un largo suspiro. – Siempre quise tener un hermano, pero Tamara no me quiere y papá se va a olvidar de mí. – Expresó sus miedos.
- Si hacen eso son dos tontos. – Dijo Killian con convicción. – Si Tamara no te quiere, es porque no te debe conocerte lo suficiente. Estoy seguro de cuando lo haga te va a querer, sos muy querible. Y los padres no olvidan a sus hijos, si lo hacen son tontos. – Le dejo saber lo que pensaba.
A medida que pasaba el tiempo y conocía más a Henry, podía ver muchas cosas de Emma en él. El niño tenía reacciones que lo hacían siempre acordar a Emma. Esa manera de mirar a las personas como queriendo leerlas, la valentía en el accionar, las complicaciones al expresar ciertos sentimientos. No sabía como Henry había llegado a su casa, pero sintió admiración de que teniendo solo once años haya recorrido la ciudad en su búsqueda. Una vez que Henry se calmó, lo convenció para que se una a comer el postre con él y su familia. Se unieron a la mesa y comieron frutillas. Tenía que pensar una manera de saber como Henry había llegado a su casa y si sus padres sabían donde se encontraba. Killian no quería que Emma y Neal estén preocupados, pero tampoco quería romper la pequeña confianza que estaba poniendo el niño en él. Que haya ido a buscarlo a su casa, que haya ido en búsqueda de su compañía y sus palabras lo hizo sentir feliz.
- ¿Podemos ir a navegar? – Pidió Henry una vez que terminaron el postre.
- Claro. – Asistió Killian. – Pero antes de que vayamos necesitaría saber si tu mamá estaría de acuerdo. – Dijo cautelosamente.
- Nadie sabe que estoy acá. Estaba en lo de papá, pero me escapé. – Admitió Henry tímidamente.
- Entonces tendremos que llamarla y hacérselo saber. – Decidió Killian. - ¿Está bien? – Pidió la aprobación del niño.
- Si. – Asistió Henry.
Killian llamó a Emma. Como era de esperar ella estaba desesperada y preocupada. Él le informó lo que había pasado y le aseguró que su hijo estaba bien. Luego le pasó el celular a Henry, para que ambos puedan hablar tranquilos. Henry no dio muchas explicaciones sobre lo que había pasado a su madre, nada más se había limitado a responder preguntas y demostrarle que estaba bien. También le pidió permiso para ir a navegar, lo cuál ella acepto. Así que la tarde se convirtió en un agradable viaje en velero, con Liam, Elsa y Henry.
Emma estaba trabajando, como hacía cada fin de semana que Henry se iba a lo de Neal. Todos suelen opinar que es aburrido trabajar durante el fin de semana, pero a Emma le gustaba porque eso significaba compartir las horas de trabajo con Leroy. Su compañero tenía un humor gruñón y negro, lo cual siempre era interesante de comprobar. La patrulla de la mañana fue tranquila y llena de risas. Al mediodía volvieron a la comisaría, para tomarse una pausa y almorzar.
- Emma tenemos que hablar. – Dijo Neal entrando a la comisaría a paso firme.
- ¿Qué haces acá? – Preguntó Emma sorprendida al verlo, no le gustaba que Neal la invada en su lugar de trabajo.
- Henry se escapó. – Informó Neal.
- ¿Qué? – Preguntó ella shockeada, dejando caer el tenedor que tenía en la mano.
- Que se fue de casa, no sé donde ni como esta. – Dijo Neal de mala gana.
- ¡¿Cómo dejaste que pasara eso?! ¡¿Qué le hiciste?! – Cuestionó Emma furiosa.
- ¡Yo no hice nada, y claramente no lo deje irse sino no estaría diciendo que se escapó! – Exclamó Neal defensivamente.
- ¡No puedo creerlo! ¡Henry solo tiene once años, es peligroso que este solo! – Dijo Emma aceleradamente, agregando mentalmente que también era peligro que este solo por Rumpelstiltskin.
- Tranquila Emma, vamos a buscarlo y vamos a encontrarlo. – Aseguró Leroy agarrándole el brazo para contenerla.
- Salgamos con la patrulla. – Pidió Emma a su compañero.
- Por supuesto, vamos. – Dijo Leroy agarrando un par de cosas de su escritorio.
- ¿Qué hay de mí? – Preguntó Neal.
- No sé, haz lo que quieras, pero con nosotros no venís. – Dijo Emma seriamente.
- Bien, pero avisémonos si lo encontramos. – Aceptó Neal.
Empezaron a recorrer las calles con la patrulla, yendo a cada lugar que Henry le gustaba o solía presenciar. Henry no aparecía, y Emma podía sentir como el pánico la empezaba a invadir y consumir. Si a Henry le llegaba a pasar algo, Emma estaba segura de que no podría tolerarlo, no podría sobrevivirlo. Su hijo era todo para ella. No podía pensar, no podía respirar, lo único que la mantenía en el presente era la voz alentadora de Leroy y su mano tocando alguna parte de su cuerpo en algún momento para hacerla volver a la realidad.
Todo cambió cuando recibió una llamada de Killian. Henry estaba bien y a salvo, Henry estaba en lo de Killian, Henry estaba con Killian. Su hijo le tuvo que asegurar mínimo tres veces por el celular que estaba bien para poder convencerla. Emma finalmente se tranquilizó, sabiendo que su hijo estaba bien. Tendría que darle un largo discurso luego sobre no escaparse, pero estaba bien y eso la alivió. Hasta le dio permiso para ir a navegar. Cuando terminó su turno de trabajo fue a lo de Killian y lo primero que hizo al llegar fue abrazar fuertemente a su hijo. Cenaron los tres juntos a pedido de Henry. Luego mientras Killian limpiaba y acomodaba todo, su hijo le relató lo que había pasado. Henry había tenido una pelea con Neal y Tamara. Tamara había culpado a Henry de romper un jarrón y Neal le había creído a ella. Tamara estaba embarazada, eso Henry ya lo sabía desde hace unas semanas, pero finalmente estaba reaccionando en lo que eso significaba. Neal iba a tener otro hijo. Henry tenía miedo de que se su papá se olvide de él, que lo deje de querer. Emma lo abrazó con fuerzas y le aseguró que nunca nadie iba a reemplazarlo, que ella siempre lo iba a amar.
- ¿Se quedo dormido? – Preguntó Killian uniéndose al sillón.
- Si, al parecer fue un día agotador. – Respondió ella acariciando la cabeza de su hijo. – Gracias por cuidarlo. – Agradeció.
- Fue un placer, Henry es un gran chico. – Dijo él con sinceridad.
- Lo es. – Asistió ella con una pequeña sonrisa. - Me gustaría poder protegerlo de los males del mundo, me gustaría que nada lo haga sufrir. – Comentó ella después de un largo silencio.
- Eso es admirable. – Dijo él mirándola maravillado.
- Es amor. – Lo corrigió ella. – Pero es imposible, uno no puede proteger a las personas que ama sin importar cuanto quisiera. – Dijo algo derrotada.
- Pero podemos intentarlo, siempre hay que intentarlo. – Dijo él con confianza.
- ¿Eso estás haciendo conmigo? – Preguntó ella luciendo vulnerable y con temblor en su voz.
- Emma, yo jamás te lastimaría, al menos no intencionalmente. – Aseguró él mirándola intensamente a los ojos.
- Yo tampoco. – Coincidió ella uniendo sus manos.
Ella pensaba que cada uno tenía que salvarse a si mismo, que nadie podía protegerlo a uno y que uno no podía proteger a nadie. Pero ahí, en ese momento, le creyó a Killian. Le creyó porque confiaba en él y sabía que estaba siendo sincero. Killian haría todo lo que esté a su alcance para cuidarla y hacerla feliz. Lo sabía, porque ella estaba dispuesta a hacer lo mismo por él. Y eso era amor, ¿O no? Emma lo amaba y por eso estaba dispuesta a todo eso por él, al igual que con Henry y que con sus amigos. Lo amaba, pero todavía no estaba lista para decírselo.
Emma estaba de patrulla con Robin. Los dos iban cantando las canciones que aparecían en la radio, cuando recibieron una comunicación diciendo que había una toma de rehenes en el colegio número quince y una amenaza de bomba. Al estar cerca del colegio, tomaron el llamado y fueron enseguida para ser parte del operativo. Cuando llegaron David ya estaba allí junto con otros oficiales de otras comisarías. Cuando llegaron todos la miraron a ella, lo cual resulto muy confuso e intimidante.
- ¿Qué sucede? – Pidió saber ella.
- La persona que tiene la bomba pidió hablar con vos. – Respondió David lleno de preocupación.
- ¿Conmigo? ¿Por qué? – Preguntó Emma sorprendida. – No entiendo. – Negó confundida.
- Lo único que dijo fue que nos comuniquemos con ella cuando Emma Swan este aquí. – Dijo David entregándole el intercomunicador.
No entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero había que actuar y rápido, había muchas vidas en juego. Tomó el intercomunicador en sus manos y llamó a quien sea que tenga la bomba en su poder. Había algo raro en la situación, pero a la vez tenía un presentimiento de lo que se podía llegar a tratar. Solo esperaba estar confundida y que su presentimiento sea erróneo, era mejor si estaba confundida.
- Hola. – Dijo Emma.
- Hola. – Respondió la voz de una mujer. - ¿Sos Emma Swan? – Preguntó.
- Si, soy yo. – Asistió Emma.
- Soy Aurora. – Se presentó la mujer. – Necesito que desconectes está llamada de la conexión con tus compañeros, sino no podré seguir hablando. – Indicó.
- Bien, ya esta todo desconectado. – Dijo Emma luego de desconectar todo y alejarse unos pasos de sus compañeros para que no puedan escucharla. - ¿Me vas a decir qué tenes planeado a hacer con una bomba en un colegio lleno de niños? – Exigió saber.
- No es mi decisión estar acá, estoy obligada. – Respondió Aurora.
- ¿Por quién? – Preguntó Emma.
- Rumpelstiltskin. – Respondió Aurora.
- ¿Podes comunicarme con él? – Pidió Emma.
- Eso creo. – Dijo Aurora, y se escuchó varios ruidos a movimientos, y luego a teclas como para desviar la llamada. – Hola Emma. – Saludó Rumpelstiltskin.
- Hola cocodrilo. – Saludó Emma.
- Parece que vamos a tener una tarde muy divertida. – Comentó Rumpelstiltskin.
- ¿Por qué estás haciendo esto? – Preguntó Emma frustrada.
- Porque según tengo entendido haz hecho un avance en mi investigación y ambos sabemos que no queres que Capitán Garfio vuelva a salir lastimado. – Respondió Rumpelstiltskin y soltó una pequeña risa.
- Bien, hagamos un trato. – Dijo Emma dando un largo suspiro.
- ¿Un trato? – Preguntó Rumpelstiltskin y Emma asistió. – Suena interesante, te escucho. – Confirmó.
- Vas a dejar ir a todas las personas que están en el colegio sin que salgan lastimadas. – Dijo Emma con convicción.
- ¿Y qué recibo a cambio? – Pidió saber Rumpelstiltskin.
- A mí, yo seré tu rehén, yo sostendré la bomba. – Respondió Emma.
- Trato hecho. – Aceptó Rumpelstiltskin.
Rumpelstiltskin cortó la llamada y ella se dirigió a hacer con seguridad lo que se había propuesto. Informó a sus compañeros sobre la liberación de rehenes, diciendo que solo ella tenía permitido ir, pero obviando que debería quedarse. Fue al colegio y dejo salir a todos los que estaban adentro. A los chicos y a los docentes. Una vez que todos estuvieron fuera, buscó a Aurora, le sacó la bomba y la dejo ir. Cerró la puerta del colegio quedando solamente ella del lado de adentro. Miró el celular que Aurora le había entregado y se puso la bomba, luego inició la video-llamada, era hora enfrentar a Rumpelstiltskin.
