Feliz Navidad queridos lectores! :)
Killian no era bueno para pasar mucho tiempo dentro de la comisaría haciendo papeleo. Era algo que consideraba aburrido y sentía que lo hacía perder su tiempo. Pero era parte del trabajo, era necesario y tenía que hacerlo. Después de pasar toda la mañana haciendo el papeleo que debía, decidió salir a tomar aire, así que aprovechó y compró el almuerzo para todos sus compañeros.
- Hamburguesa con papas fritas. – Dijo Killian entregando un paquete a Robin.
- Gracias. – Agradeció Robin agarrando el paquete entusiasmado.
- Empanadas de jamón y queso. – Informó Killian sacando otro paquete de la bolsa.
- Buenísimo, me estoy muriendo de hambre. – Dijo David agradecido de que alguien haya ido a comprar comida.
- ¿Mi sándwich completo con huevo? – Preguntó Will impaciente.
- Acá esta. – Dijo Killian después de revolver la bolsa y encontrar lo que su amigo pedía.
- Gracias. – Agradeció Will.
- Tostado con papas fritas. – Dijo Killian sacando el pedido de August.
- Eso es mío. – Dijo August agarrando su pedido.
- Y queso a la parrilla. – Dijo Killian entregándole un paquete a Emma y guiñándole un ojo.
- ¿Con papas fritas? – Preguntó Emma.
- Con aros de cebolla. – Respondió Killian.
- Bien, solamente te estaba probando. – Dijo Emma con una sonrisa.
Almorzaron todos juntos, compartiendo un par de anécdotas y muchas risas. Luego se fueron a hacer las patrullas de la tarde. August fue con David, Emma fue con Robin, y Killian fue con Will. Generalmente esas eran las parejas que usaban para hacer las patrullas. Killian y Will empezaron a recorrer el lado este de la ciudad. Al parecer la tarde era tranquila, así que se relajaron y conversaron de sus relaciones mientras tanto.
- ¿Todo solucionado con Emma? – Preguntó Will ya durante esos días había notado que Killian y Emma habían vuelto a retomar su relación.
- Si, se puede decir que si. – Asistió Killian. – Nos entendemos y avanzamos, así que vamos bien. – Agregó con confianza.
- ¿Finalmente admitió que te ama? – Preguntó Will con curiosidad.
- No. – Negó Killian.
- ¿Y eso no te molesta? – Preguntó Will sorprendido.
- No, no me molesta. – Contestó Killian. - Ella me ama, pero todavía no está lista para eso. No está lista para afrontarlo y admitirlo, y yo respeto sus tiempos. – Explicó.
- Woow, desearía tener tu paciencia. – Comentó Will admirado.
- ¿Por qué? ¿Tus cosas con Belle como están? – Cuestionó Killian.
- No muy bien. – Admitió Will frustrado. – Le prepuse conocer a mi familia o a ustedes, pero se negó. Dice que no quiere avanzar tan rápido. – Dijo dolorido.
- Dale tiempo. Si la queres y vale la pena, nunca dejes de luchar por ella. – Aconsejó Killian.
- Eso estoy intentando. – Asistió Will. – Pero a veces es difícil y duele. – Aclaró lo que sentía.
La conversación quedo interrumpida cuando recibieron un llamado por la radio que iba a dirigido a todas las unidades policiales, diciendo que había una amenaza de bomba en la escuela número quince y debían ir. Una persona estaba dentro de la escuela con una bomba, y estaba amenazando con hacerla detonar, y matar a todos los alumnos y docentes que estaban allí. Cuando llegaron a la escuela ya había muchísimas patrullas presentes, y por lo que podían ver varias personas estaban saliendo del edificio de la escuela. Buscaron a sus compañeros y se unieron a ellos para recibir la información necesaria.
- ¿Ya están liberando a los rehenes? – Preguntó Killian uniéndose a sus compañeros.
- Si. – Asistió August.
- Por suerte estamos fuera del horario escolar obligatorio, así que no son muchas las personas que estaban en la escuela. – Comentó Robin aportando un poco de información.
- ¿Y Emma? – Preguntó Will, poniendo en palabras la preocupación que Killian tuvo desde que llegó y no encontró a Emma con su vista.
- Se está encargando de hacer el intercambio de rehenes. – Respondió David.
- ¿Y la dejaron ir sola? – Preguntó Killian shockeado ante lo que acababa de enterarse.
- La persona que tiene la bomba pidió que ella sea la única que se encargue del intercambio. – Contestó David. – Ninguno se sentía a gusto con la situación, pero Emma se quiso hacer cargo de todas maneras y nadie pudo detenerla. - Agregó a modo de explicación.
- Prestemos atención y estemos atentos, seguro debe haber un motivo por el cual la criminal pidió por Emma. – Dijo Robin seriamente y todos asistieron.
Killian intentó no preocuparse. Emma era una excelente profesional y podía manejar perfectamente un intercambio de rehenes. Pero no pudo evitarlo. Se preocupó, se preocupó mucho. No le gustaba la idea de que alguien pida algo de ella, algo tan personal, algo que ponga su vida en peligro.
Intentó no preocuparse, y se concentró en hacer su trabajo. La directiva que estaba a cargo del horario extracurricular se acercó a ellos y se encargó de pasar las listas con los nombres de los presentes, asegurándose de que todas las personas que estaban antes en la escuela ahora estén afuera. Cuando terminaron de identificar a cada una de las personas y comprobar que estaban todas presentes, una mujer de cabello castaño salió de la escuela. No bien la mujer salió de la escuela, algunas de las personas empezaron a gritar que ella era la que tenía la bomba. Para evitar problemas; David, Killian y Robin se encargaron de ir por la mujer desconocida y acusada de culpable; mientras August y Will intentaban calmar a las personas.
- ¿Eres quién tenía la bomba? – Preguntó Robin a la mujer.
- Si, pero yo no quería. – Respondió la mujer dejando escapar un sollozó. – Él me obligó, sino lo hacía iba a matarme. – Explicó mirando hacia sus alrededores con temor.
- ¿Qué hay de la oficial Swan? ¿Dónde esta y por qué pediste por ella? – Cuestionó David preocupado de que su amiga todavía no haya salido.
- Él la quería a ella. – Contestó la mujer sin poder controlar su llanto.
- ¿Quién la quería? – Preguntó Killian con miedo al presentir cuál iba a ser la respuesta.
- Rumpelstiltskin. – Dijo la mujer y se desmayó.
Todo fue en cámara lenta desde que escuchó eso. Se vio aturdido por el pánico que sentía. Emma seguía dentro de la escuela y Rumpelstiltskin estaba implicado de algún modo en todo eso, lo que significaba que su vida estaba en extremo peligro. Él no podía perder a Emma. Él no podía volver a perder a alguien que amaba. Él no lo sobreviviría.
- Tranquilo, vamos que hay que pensar un plan. – Indicó David agarrándolo del brazo para hacerlo reaccionar.
Robin llevó a la mujer desconocida hacia las ambulancias para que sea asistida. David y Killian se unieron al resto de los oficiales para preparar un operativo de intervención. Una vez que tuvieron la estrategia armada, los oficiales que se ofrecieron se dirigieron la escuela. Pero hubo un pequeño problema, no pudieron entrar porque las puertas estaban cerradas con llave. La siguiente opción fue probar las ventanas, pero todas tenían rejas. Así que eligieron una puerta y empezaron a encargarse de buscar una manera de abrirla. Cuando lograron abrirla, el operativo fue cancelado ya que llegó el FBI. Ellos ordenaron que se iban a hacer cargo de la situación, y que los oficiales de la policía debían hacerse a un lado y dejarles hacer su trabajo. Esas discusiones con el FBI no tenían sentido, ya que por el poder que ellos tenían siempre terminaban ganado. Así que los oficiales se hicieron a un lado, pero se quedaron para asesorar en lo que podían y les dejaran. A Killian no le gustaba eso, no le gustaba que los dejaran fuera y no le gustaba que el FBI se haga cargo de eso. Porque los agentes del FBI serían especialistas en muchas cosas, pero les faltaba mucho aspecto humano y trato con las personas. Ellos seguramente dejarían morir a Emma si la bomba implicaba un peligro para otros. Y él no podía permitir eso, él tenía que hacer algo para salvar a Emma.
Emma intentó calmar los latidos de su corazón, los cuestionamientos de sus pensamientos, y su ritmo respiratorio. Suspiró unas cuantas veces, y luego de tomar fuerzas, inició la video-llamada. Lo primero que pudo ver fue una habitación oscura, con un pequeño foco de luz blanca. De repente una silueta se acercó a la luz para dejarse ver, Rumpelstiltskin. Él hombre era tal cual ella lo recordaba. Estaba vestido todo de negro y tenía la mascara de cocodrilo. Al verlo comprobó que eso era real y estaba sucediendo. Ella estaba viendo a Rumpelstiltskin. Emma estaba a punto de entablar una conversación con el hombre que había matado a sus padres, con el hombre que estuvo persiguiendo todos sus años de vida en búsqueda de justicia. Emma estaba encerrada en un colegio y con una bomba en ella. Todo por Rumpelstiltskin.
- Hola Emma, un placer volver a vernos. – Saludó Rumpelstiltskin.
- Diría lo mismo, pero estaría mintiendo. – Comentó Emma cortante.
- No seas tan amarga, el trato fue tu idea. – Le recordó Rumpelstiltskin.
- Por supuesto, no iba a dejar que mates a inocentes simplemente para llamar mi atención. – Retrucó Emma justificando su elección. - ¿Qué estabas pensando cuando decidiste hacer todo esto? – Preguntó frustrada.
- Mmm, diversión. – Respondió Rumpelstiltskin pensativamente.
- No es tu estilo. – Negó Emma sin creerle.
- Tenes razón. – Admitió Rumpelstiltskin. – Estaba pensando en castigarte y hacerte sufrir porque sabes demasiado. – Dijo con sinceridad.
Emma intentó asimilar lo que escuchó, sin dejar que sus emociones la traicionen. Emma sabía que Rumpelstiltskin era un monstruo, sabía que era cruel y maníaco. Lo había comprobado cuando fue testigo de la muerte de sus padres. Pero volver a verlo y entablar una conversación tan real con él, la estaba desestabilizando por completo. ¿Ella sabía demasiado? Estaba exagerando. Tenía que estar exagerando. Ella solo sabía lo que él dejaba saber, lo que él dejaba que encuentren. Al menos que eso tenga que ver con las hipótesis que había hecho varios días atrás y todavía no había podido comprobar porque los resultados de las pruebas no habían llegado.
- ¿Esto tiene que ver con Millah? – Preguntó Emma.
- Bien, sabía que eres inteligente y no te ibas a hacer la tonta. – Aprobó Rumpelstiltskin.
- Entonces es verdad, vos sos Robert Gold. – Dijo Emma confirmando lo que había estado sospechando y no quería que sea cierto.
- Lo soy, pero prefiero que me llames Rumpelstiltskin. – Aclaró Rumpelstiltskin. – No era mi idea que lo sepas, ni que nadie lo sepa, así que deberás mantenerte callada al respecto de mi identidad. – Dejo saber sus intenciones sobre la situación.
- ¿Por qué crees que voy a acordar hacer lo que me pedís y guardar la información para mí? – Pidió saber Emma.
- Porque sino Capitán Garfio va a perder su vida, como debería haberlo hecho años atrás. – Respondió Rumpelstiltskin soltando una pequeña risa.
- Ni se te ocurra acercarte a él. – Advirtió Emma.
- Me alegra que nos entendamos, yo me mantendré lejos del Capitán y vos no revelarás mi información. – Dijo Rumpelstiltskin aplaudiendo. – Ahora que pudimos aclarar esto, es hora de que me vaya… – Comenzó a despedirse.
- ¿Qué hay de la bomba? – Lo interrumpió Emma intuyendo que había algo más.
- No te preocupes por la que tenes puesta, es falsa. – Dijo Rumpelstilskin. – Sin embargo, la verdadera bomba está dentro del colegio y cuando se detone va a destruir toda la escuela, y las manzanas del alrededor. – Informó con una sonrisa satisfactoria. - Suerte. – Le deseó y cortó la llamada.
No sabía si era verdad lo que Rumpelstiltskin le había dicho, pero tenía que hacer algo al respecto, tenía que reaccionar. Guardó el celular en su bolsillo, se sacó la bomba de encima y empezó a recorrer el colegio desesperadamente en búsqueda de la nueva bomba. Si era verdad lo que ese maldito hombre le había dicho, entonces estaba en serios problemas porque la vida de muchísimas personas estarían en peligro. Una cosa era estar ella sola en peligro con una bomba encima, otra cosa era que haya una bomba capaz de matar a cientos de personas. Emma se sentía responsable y culpable de todo eso. En el fondo sabía que no era cierto, pero Rumpelstiltskin lograba hacerla sentir así. Rumpelstiltskin era su problema. Un problema que esperaba poder resolver pronto, porque mientras él siguiera siendo una amenaza ella no iba a poder vivir en paz.
Después de seguir los cables que estaban fuera de lugar y recorrían el colegio por lugares no apropiados, encontró la bomba. Estaba en una de las escaleras. El minutero del tiempo restante estaba corriendo y su corazón se paralizó por un instante al verlo. Quedaban diez minutos. En esos diez minutos tendría que encontrar la manera de detener esa bomba, porque sino lo hacía todas las personas que estaban alrededor de la escuela y ella iban a morir. Ella no quería que inocentes mueran. Ella no quería que August, David, Killian, Robin y Will mueran. Y ella tampoco quería morir. No cuando eso significaba dejar a Henry solo. No cuando eso significaba que no había podido tener tiempo para confesarle a Killian que lo amaba. No cuando eso significaba no haber podido atrapar a Rumpelstiltskin y hacer justicia por todo el mal que había causado. Definitivamente tenía que encontrar una forma de detener esa bomba.
Emma se concentró y observó la bomba en búsqueda de pistas, en búsqueda de poder resolver como apagarla. Intentó recordar una clase a la que había ido una vez sobre explosivos porque David la había obligado, pero no podía recordar nada que la ayude en ese momento. De repente una voz muy conocida interrumpió sus pensamientos.
- ¡Emma! – Gritó Killian corriendo hacia ella.
Al escuchar su voz se levantó del piso. Killian corrió hacia ella y la abrazó con fuerzas, a pesar de que ella protestaba para liberarse. Ver que Killian estaba allí hizo que el pánico en el que se encontraba empeore. Ella no podía dejar que nada malo le pase, y que él este ahí con ella no era seguro. Le habría encantado poder derrumbarse en sus brazos, y dejar que él la contenga y la haga sentir bien. Pero no había tiempo, tenía que detener la bomba antes que sea tarde.
- ¿Qué haces acá? – Preguntó ella saliendo del abrazo.
- Vine por vos. – Respondió él algo ofendido ante la frialdad de ella.
- No deberías haber venido. – Dijo ella negando con la cabeza.
- Vos no deberías haber venido. – Peleó él. - ¿Qué estabas pensando cuándo aceptaste quedarte con una bomba? – Preguntó enojado.
- En salvar a todos, en eso estaba pensando y sigo pensando. – Dijo ella como si fuera lo más obvio del mundo.
- Emma no es tu responsabilidad tener que salvar a todos… - Comenzó a decir él.
- ¡Si lo es! – Lo interrumpió ella. - ¡Rumpelstiltskin es mi problema! ¡Y esto que está sucediendo lo está haciendo por mí! ¡No deberías estar acá, es peligroso! – Exclamó furiosa.
- Emma… - Intentó él volver a hablar.
- No. – Negó ella volviéndolo a interrumpir. – No hay tiempo para más discusiones, hay que detener la bomba. – Dijo dirigiéndose nuevamente a la bomba.
Por suerte Killian le hizo caso. Dejaron las discusiones personales de lado, para ponerse a discutir sobre como detener la bomba. Ninguno tenía idea de cómo funcionaban las bombas, ni de cómo se suponía que se activaban o desactivaban. Killian maldijo unas cuantas veces, preguntando dónde estaban esos agentes del FBI cuando se los necesitaba. Pero no había tiempo, ya no había tiempo. Solo restaba un minuto.
- Killian tenes que irte. – Dijo ella.
- No me voy a ir. – Negó él.
- Tenes que irte, tenes que correr lo más rápido y lejos que puedas. – Rogó ella deseando que eso pueda salvarlo. - Cuando quede uno segundos cortaré los cables. – Informó esperando que eso funcione.
- No me voy a ir, no te voy a dejar sola. – Dijo él con convicción. – Así que cortamos los cables o corremos juntos. – Propuso.
- Odio que seas tan cabeza dura. – Dijo ella frustrada. – Bien, veremos que resulta de esto. – Comentó y cortó los cables.
Emma cortó los cables, pero el cronómetro de la bomba continuó avanzando. ¿Cómo era eso posible? Quedaban quince segundos y no quedaba nada más por hacer. Dio una piña a la pared para descargar el enojo que sentía. A los diez segundos se vio envuelta por los brazos de Killian. Esa vez si dejó que él la abracé, esa vez correspondió el gesto intensamente. Se aferró a él como si su vida dependiera de eso. Y es que si iban a morir, por lo menos quería hacerlo sintiendo los brazos de Killian alrededor de ella intentando protegerla y demostrándole su amor.
