¡Hola lectores! ¿Cómo están? (Espero que muy bien.)

Quería avisarles que me voy de vacaciones por dos semanas, así que no creo que vaya a poder actualizar porque al lugar que voy no tengo wifii. Así que si desaparezco de este medio por varios días ya saben el motivo.

¡Besos y disfruten del capítulo!


Cada momento que pasaba estaba más nervioso, caminaba de un lado a otro sin poder detenerse. Odiaba tener que esperar, odiaba tener que quedarse al margen de la situación y no poder hacer nada. Los agentes del FBI que estaban a cargo no estaban haciendo nada y eso lo hacía poner peor. Emma seguía dentro del colegio y con una bomba. ¡Esos agentes tenían que actuar rápido si querían salvarla! Pero Killian sabía que esas no iban a ser sus intenciones o prioridades. El FBI se iba a encargar de que la mayoría de las personas estén a salvo, y Emma lamentablemente no entraba dentro de esa mayoría ya que era quien estaba con la bomba.

- Amigos necesito que me cubran. – Dijo Killian dirigiéndose a sus compañeros.

- ¿A qué te referís? – Preguntó Robin sin entender.

- Este no es el momento para hacer locuras. – Advirtió David.

- No es una locura lo que voy a hacer, es salvar a Emma. – Discutió Killian. – Todos sabemos que el FBI no va a hacer nada al respecto. – Dijo frustrado.

- Si, al parecer por ahora no están muy activos. – Dijo August observando al equipo de agentes que seguía reunido en una ronda cerca de la entrada del colegio.

- Eso es porque son unos cagones, no como nosotros. – Bromeó Will.

- Necesito entrar al colegio e ir por Emma. – Dijo Killian con convicción.

- ¿Qué necesitas que hagamos? – Preguntó David aprobando su decisión.

- Que me cubran, y que si alguien está por descubrir mis intenciones lo distraigan. – Respondió Killian.

Y eso hicieron. Killian entró al colegio por una puerta de costado. David y August se quedaron en el frente del colegio donde estaba la mayoría de los agentes, Robin fue para el fondo, y Will lo acompañó para cubrirlo por si alguien aparecía. A Killian le llevó un par de minutos falsear la cerradura, pero finalmente lo logró. Cuando lo hizo, apareció un agente del FBI llamando la atención de ellos. Killian entró rápido, y no dio vuelta atrás por más que escuchó como Will y el agente discutían a los gritos. Killian agradeció haber decidido contar el plan a sus amigos y que ellos lo hayan ayudado.

Killian corrió y corrió por los pasillos gritando el nombre de Emma una y otra vez. No sabía si eso era muy inteligente, más cuando se suponía que Rumpelstiltskin estaba detrás de todo eso. Pero no podía evitarlo, no podía pensar como reaccionar, la situación era más fuerte que él. Necesitaba llegar a Emma y saber que estaba a salvo. Él no podía perderla. Corrió hasta que la encontró en las escaleras. Su primer instinto fue abrazarla. Pero ella reaccionó rechazándolo. Ella estaba enojada. Por supuesto que iba a estar enojada, la situación era como para estar totalmente alterado. Pero lo que más le sorprendió es que su enojo tenía que ver con que él estaba allí por ella, su enojo era porque quería que él este a salvo. Emma intentó de convencerlo para que se vaya y la deje sola, pero por supuesto no lo logró. Él no iba a dejarla. Él jamás iba a dejarla.

Juntos intentaron detener la bomba, pero fue imposible. Quedaban a penas segundos y no había nada para hacer. Emma intentó cortar todos los cables, pero el cronómetro siguió avanzando. Cuando quedaban unos segundos Killian comprendió que ese era el fin, que la bomba iba a explotar y no había nada que puedan hacer para detenerla. Así que agarró a Emma y la abrazó fuertemente. Si iban a morir, por lo menos iban a hacerlo estando juntos.

- ¿Y? – Preguntó ella después de varios segundos de completo silencio. – No entiendo, la bomba no tendría que haber… - Comenzó a decir.

- Explotado, si. – La interrumpió él abriendo los ojos. – Si estamos muertos, debo admitir que por ahora se siente muy bien. – Comentó para ponerle humor a la situación.

- No seas tonto. – Lo retó ella dándole un pequeño golpe en el brazo. - ¿Habremos podido desconectarla sin darnos cuenta? – Preguntó acercándose a ver la bomba.

- ¿Y entonces por qué el cronómetro sigue avanzando? – Preguntó él sin comprender.

No sabría mucho de bombas, pero si de algo estaba seguro era que explotaban una vez que el tiempo del cronómetro terminaba. A su vez sabía que mientras el cronómetro funcionaba, eso significaba que la bomba también lo hacía. El cronómetro de la bomba había vuelto a funcionar. ¿Qué significaba eso? Lo que estaba sucediendo no tenía ningún sentido. De repente un celular empezó a sonar, haciendo que ambos se sobresalten por la sorpresa.

- Es Rumpelstiltskin. – Dijo ella sacando un celular (que no era suyo) de su bolsillo. – Tengo que atender, escóndete, no quiero que te vea. – Indicó mientras intentaba calmar sus nervios.

- Bien, me quedaré aquí. – Asistió él corriéndose a un costado.

No iba a discutir en esa situación, aparte por un lado quizás ella tenía razón y lo mejor era que Rumpelstiltskin siga pensando que ella estaba sola. Emma atendió la llamada y puso el celular de manera que él pueda también ver el vídeo, pero que la otra persona, solo pueda verla a ella. En la pantalla del celular apareció la figura de un hombre en medio de la oscuridad, la imagen era confusa y difusa por la falta de luz. A penas se podía notar que llevaba puesta una máscara de cocodrilo.

- Veo que sobreviviste a la bomba. – Dijo Rumpelstiltskin.

- Yo también, y no lo entiendo. – Dijo Emma.

- No hay mucho para entender querida, la bomba la controlo yo. Al parecer cortaste el cable correcto y hiciste que no explote. – Explicó Rumpelstiltskin.

- ¿La controlas vos? ¿Si logré detenerla por qué se reinició el cronómetro? – Preguntó Emma con la boca abierta del asombro. – Raro, este no suele ser tu estilo. – Comentó buscando molestarlo.

- A veces viene bien probar nuevos juegos. – Justificó Rumpelstiltskin.

- ¿Así que todo esto es un juego para vos? ¿La vida de las personas es un juego? – Cuestionó Emma con enojo.

- Sabes que lo es. – Asistió Rumpelstiltskin riendo.

- Entonces, ¿Por qué hiciste todo esto? – Insistió Emma, queriendo conseguir respuestas.

- No te mereces que te lo diga, pero esta vez voy a hacer una excepción. – Contestó Rumpelstiltskin. – Este era un simple recordatorio de que siempre vas a estar en peligro y puedo matarte cuando quiera, lo mismo va para las personas que amas. – Agregó con algo de misterio, como si estaría haciendo una gran confesión.

A Killian le dolió escuchar esas palabras, así que se imaginó que a Emma le debía haber dolido el triple. Después de dar su maldita explicación, Rumpelstiltskin cortó la llamada. Emma revoleó el celular de la furia que sentía, haciendo que este golpee contra la pared y se rompa en varios pedazos. Él se limitó a mirarla porque no sabía como reaccionar, no sabía que era lo que ella necesitaba o quería. De repente escuchó un sollozo y eso hizo que no se pueda contener más, fue hacia ella y la refugió en sus brazos nuevamente. Emma se dejo derrumbar totalmente en el abrazo, haciendo que quede en él sostenerla. Así que la sostuvo, la sostuvo con delicadeza y cariño. Le acarició el cabello y la espalda, y le murmuró un par de palabras reconfortantes en su oído. Killian no sabía cuanto tiempo pasaron abrazados, solo supo que volvieron a la realidad cuando se vieron rodeados de agentes del FBI.

Todos volvieron a la comisaría y se pusieron a trabajar sobre lo acontecido en el colegio, y sobre lo acontecido mientras estaban en el colegio. Killian esperó pacientemente a que Emma salga de todas las instancias de interrogaciones por las que el FBI le hizo pasar. De hecho todos esperaron, todos querían asegurarse de que Emma estuviera bien. Killian sonrió ante eso, le gustaba como habían formado esa maravillosa familia con todos sus compañeros y le gustaba que Emma sea parte de ella. Todos la recibieron con cálidos abrazos. De a poco fueron desapareciendo para darle paz y tranquilidad, hasta que solamente quedaron David, Emma y él.

- ¿Cómo estás? – Preguntó David cuando ella se unió a todos.

- Bien. – Respondió Emma con la mirada perdida en el piso.

- ¿Henry? – Preguntó David llamando su atención.

- Está con Neal, le pedí si podía quedarse con él por hoy y dijo que si. – Informó Emma.

- Bien, eso es bueno. – Asistió David. – Agarra tus cosas y ven conmigo, está noche la pasas en casa. – Dijo decidido.

- David, yo no puedo… - Negó Emma sacudiendo su cabeza.

- Sin excusas Emma, hoy fue un día difícil y todos estaríamos más tranquilos si sabemos que no estás sola. Si no quieres venir conmigo, ve a lo de Regina o a lo de Ruby. – Argumentó David intentando convencerla.

- No puedo. – Dijo Emma. – Esto fue demasiado y necesito estar sola… - Quiso explicar, pero se quedo callada, sin saber como expresarse.

- No te preocupes David, ella no va a estar sola, va a venir a mi casa. – Dijo Killian sintiendo que debía intervenir.

- ¿Eso está bien para vos Emma? ¿Preferís ir a lo de Killian? – Preguntó David dejándola elegir.

- Si. – Aceptó Emma después de un largo silencio. – Voy con Killian. – Dijo.

Jamás habría imaginado que Emma iba a aceptar su propuesta así como si nada, y que iba a elegirla por sobre la de sus amigos. De alguna manera eso lo hizo sentir bien y especial. Él quería estar ahí para Emma. Quería acompañarla en ese momento difícil, quería contenerla. Así que agradeció que ella lo deje hacerlo, agradeció que ella confíe en él y le de lugar para cuidarla. Aunque se iba a asegurar de tener un largo discurso con ella sobre arriesgar su vida cuando lleguen a su casa y estén tranquilos. Él tenía que hacerle entender que su vida era importante. Él tenía que dejarle saber que no podía vivir sin ella.


La bomba no explotó y eso generó que pueda volver a respirar en paz. Agradeció que Killian haya estado con ella, aunque no le gustaba la idea de que él se exponga al peligro por su culpa. Ese tipo de acciones la hacían tener tantos sentimientos contradictorios que sentía que su cabeza iba a estallar. La conversación con Rumpelstiltskin hizo que vuelva a perder la calma, y partió el celular con el que habían estado hablando contra la pared. Necesitaba descargar su bronca, su impotencia, su temor, su angustia. Estaba cansada de los juegos de ese hombre loco. Se volvió a refugiar en los brazos de Killian, dejando que su cariño la contenga, hasta que fueron interrumpidos por los agentes del FBI.

Una vez que fueron revisados ellos, la escuela, y las "supuestas" bombas, volvieron a la comisaría. Emma fue interrogada muchas veces por distintos agentes. Eso fue totalmente desgastador. Tener que repetir la historia una y otra vez, más el estado emocional que todo eso le implicaba, la hizo quedarse sin fuerzas. Encima, como si fuera poco los agentes del FBI decidieron que a partir de ese entonces, el caso de Rumpelstiltskin pertenecería a ellos. Eso se sintió como una puñalada más. El FBI podría hacerse oficialmente del caso, pero eso no iba a significar que ella iba a dejar de investigar. Ella iba a continuar investigando, como lo había hecho todos esos años, hasta que Rumpelstiltskin sea atrapado. Lo peor de todo es que había confirmado una gran información sobre él, pero no podía compartirla con nadie porque sino la vida de las personas que amaba estarían en peligro, y ella no iba a permitir eso. Se iba a tener que guardar todo dentro de ella, hasta que pueda encontrar el momento adecuado para usarlo a su favor. Odiaba tener que esconder eso a Killian, porque sabía que él merecía saber todo eso, pero era la única manera de protegerlo.

- ¿Cómo estas? ¿Cómo te trataron? – Cuestionó David una vez que ella se unió a todos sus compañeros, quienes la habían estado esperando para saber como estaba.

- Agotador. – Respondió ella con sinceridad. – Van a tomar el caso. – Informó después de unos minutos de silencio.

- Eso es bueno, quizás puedan ayudar. – Asistió Robin, intentando ser positivo.

- Igualmente eso no significa que yo vaya a dejar de investigar. – Dijo Emma con convicción.

- Nadie esperaría lo contrario de vos. – Dijo Killian con sinceridad.

- Pero lo mejor ahora es que todos nos tomemos un tiempo y descarguemos las tensiones de este día. – Dijo August pensativamente.

De a poco la comisaría se fue vaciando. Los agentes del FBI se llevaron todos los expedientes y la información que ellos tenían sobre el caso. Emma agradeció tener copias de cada una de las cosas que se llevaron en su departamento. Ella siempre había sido precavida en ese sentido. Pensando en cual debería ser su próximo paso, decidió mandar un correo electrónico al doctor Whale diciendo que cuando tenga los resultados del adn de Millah los mande a su dirección y no a la comisaría.

David quería que Emma este acompañada ese día. Pero ella no quería eso, ella necesitaba y quería estar sola. Emma adoraba a cada uno de sus amigos, pero también los conocía demasiado y sabían como eran en ese tipo de situaciones. Estaba tan cansada mental y emocionalmente, que no se sentía con fuerzas como para lidiar con la preocupación de alguno de sus amigos. Sabía que la iban a llenar de preguntas y la iban a volver a hacer repensar todo lo que había pasado ese día. Los amaba. Pero ellos más de una vez no podían entender su necesidad de apartarse, porque ninguno había vivido todo lo que ella había vivido.

Por eso cuando Killian ofreció su compañía, lo eligió a él. Porque él siempre respetaba sus tiempos y espacios, porque la entendía como nadie lo hacía, y porque debía admitir que su contención se estaba volviendo algo totalmente necesario para su ser. Sin embargo, cuando estaban yendo a su casa las cosas se volvieron tensas y eso casi la hizo arrepentirse de su decisión de ir con él. Killian estaba callado, serio, y muy concentrado en manejar. Ella le preguntó un par de veces si todo estaba bien, pero él la ignoró. Cuando llegaron a su casa Emma no pudo tolerar más la situación y lo enfrentó.

- ¿Qué te pasa? – Preguntó ella.

- Nada. – Respondió él.

- ¡No me mientas! – Pidió ella ofendida.

- No tiene sentido. – Negó él.

- Lo tiene, sino no estarías tenso y no me ignorarías. – Insistió ella.

- Bien. – Asistió él frustrado. - ¿Queres que te diga qué es lo que me pasa? – Preguntó desafiante.

- Si, eso es lo que te vengo pidiendo desde que estamos en el auto. – Asistió ella.

- ¡Lo que me pasa es que estoy enojado por como arriesgaste tu vida! ¡Te podríamos haber perdido! – Exclamó él dejando salir hacia fuera sus preocupaciones. - ¡¿Qué estabas pensando cuando aceptaste jugar los malditos juegos de ese loco?! – Preguntó.

- ¡¿Realmente me vas a hacer un planteo sobre esto?! – Preguntó ella sorprendida. - ¡Estaba pensando en no dejar de morir a todos esos inocentes por mi culpa! ¡Estaba pensando en proteger a mi familia! – Gritó ella enojada, porque le dolía que él no la entienda.

- ¡No tenes que poner tu vida en peligro para proteger a los demás, no es así como funcionan las cosas! – Discutió Killian.

- ¡¿Y lo qué vos hiciste cómo cuenta entonces?! – Retrucó ella.

La difícil decisión de poner la vida de uno en peligro para proteger a otros, Emma estaba muy familiarizada con eso. Era algo que hizo durante toda su vida, y seguiría haciendo. Sabía que Killian era como ella en ese sentido, y sabía que si la situación habría sido al revés él habría actuado de la misma forma. Se quedaron en silencio un largo instante, recuperando el aliento e intercambiando miradas intensas en la que expresaban todo lo que les estaba pasando.

- Emma, nada de lo que tiene que ver con Rumpelstiltskin es tu culpa, y por más que él te ponga en el medio de más de una situación no significa que tengas que ser la salvadora. – Explicó él con calma.

- ¡Si, es mi culpa! ¡Cada vez que él me pone en el medio y me hace responsable, es mi culpa! – Exclamó ella con la voz temblorosa. – ¡No puedo hacerme a un costado cuando amenaza la vida de las personas que amo! – Justificó dejando caer las lágrimas que tenía acumuladas en sus ojos.

- ¡Las personas que amas también te aman, y te necesitan, no podes seguir arriesgando tu vida de esa manera! – Peleó él a modo de suplica.

- ¡Yo no voy a dejar que lastime a personas inocentes, no si tengo la posibilidad de protegerlos! – Insistió Emma. – ¡No voy a dejar que lastime a mis amigos, a mi familia, a vos! – Dijo con seguridad.

- ¿A mi? – Preguntó él confundido.

- ¡Si a vos, porque te amo y no puedo perderte! – Confesó ella. - ¡Él estaba amenazando con sus vidas! ¡No podes pelearme, cuando sé que vos habrías hecho lo mismo en mi situación! – Exclamó irritada.

- ¿Podes repetir lo que dijiste? – Preguntó él después de un largo silencio.

- Rumpelstiltskin estaba amenazándome con lastimar a alguno de ustedes… - Comenzó a decir ella.

- No, eso no. – La interrumpió él. – La parte donde dijiste lo que sentías por mí. – Indicó él mirándola intensamente.

- Te amo. – Volvió a confesar ella.

Había estado tan sumergida en la pelea que no se había dado cuenta que le había dicho que lo amaba. Cuando Killian le pidió que repita lo que dijo, quiso desentenderse de la situación, pero él no se lo permitió. Ella había sido más sincera de lo que había querido ser. Podía negarlo si quería, pero cuando vio la mirada de ilusión y amor de él no pudo hacerlo. Ella no podía guardar más sus sentimientos, así que le dijo la verdad, le dijo que lo amaba. Y cuando los labios de él se unieron con los de ella en un intenso beso cargado de emociones, supo que confesarle lo que sentía era lo mejor que podía haber hecho.