(Rated M)
Escuchar que Emma lo amaba fue lo más fantástico que escuchó en toda tu vida. Por supuesto que ya lo sabía, porque ella se lo había estado demostrando con cada una de las acciones que hacía. Pero escucharla finalmente confesarle que lo amaba lo hizo explotar de felicidad. Así que la besó, la besó con pasión. La besó y se perdió completamente en ella. De a poco se fueron moviendo, y la acorraló contra la pared para poder hacer que sus cuerpos queden lo más juntos posibles. Le besó el cuello y pasó su mano por debajo de su remera para poder sentir su piel.
En cierto momento necesitaron recuperar el aire, así que dejaron de besarse y disfrutaron de sentir sus respiraciones agitadas manteniendo sus frentes juntas. Killian la tenía totalmente atrapada contra la pared, pero a pesar de eso ella parecía estar relajada y cómoda, como si eso fuera algo que vendrían haciendo desde hace mucho tiempo. Killian se moría de ganas de estar con ella, de avanzar en su relación en ese sentido. Pero antes de poder hacerlo necesitaba asegurarse de que ella quería lo mismo, de que ella estaba lista para eso.
- Killian. – Llamó ella su nombre agarrando la camisa de él para evitar que se separe de ella.
- Emma. – Lo imitó ella dejando que sus cuerpos vuelvan a unirse. – Estoy intentando ser un caballero, pero si seguimos así no voy a poder controlarme. – Explicó con calma.
- No quiero que te controles. – Admitió ella sonrojándose.
- ¿Estás segura? – Preguntó él dándole la oportunidad de repensarlo.
- Nunca estuve más segura de nada en mi vida. – Respondió ella. – Te amo. – Volvió a confesar.
- Yo también te amo. – Dijo él con una gran sonrisa.
- Entonces, hazme el amor Killian. – Pidió ella.
Eso fue todo lo que Killian necesitó escuchar para poder seguir haciendo lo que quería y deseaba. La agarró en sus brazos, la llevó a su habitación, y la acostó en su cama. Le quito la ropa y descubrió cada parte de su cuerpo. Acarició cada centímetro de su piel y besó cada lugar que estuvo al alcance de su boca. Emma correspondió con la misma efusividad, recorriendo también cada parte del cuerpo de él. Se tomaron el tiempo que quisieron para conocerse, probarse, sentirse, y saborearse. Lo hicieron hasta que la tensión fue demasiada, y necesitaron unir sus cuerpos en uno solo. Estar dentro de Emma fue la sensación más perfecta del mundo. Nunca nadie lo había hecho sentir tan completo, pero allí uniendo su cuerpo con el de ella finalmente sintió que había encontrado su lugar ideal.
Emma se quedó dormida con la cabeza en su pecho, y él aprovecho para observarla. La miró absolutamente maravillado, porque esa mujer le había hecho experimentar cosas que jamás pensó posibles. Esa era la primera vez que se había enamorado de alguien antes de tener relaciones sexuales. Con Millah, se enamoró tiempo después de que se conocieran de esa manera. Y con las demás mujeres, solo había tenido relaciones sexuales. Pero con Emma todo fue distinto, todo tuvo otro significado y otro sentido. Porque Emma había logrado desnudar su alma primero, y Killian también lo había logrado con ella. Primero habían desnudado sus almas, se habían conectado, se habían elegido, y finalmente se habían amado. Y ahora, todo eso acababan de transmitirlo con sus cuerpos. ¿Había algo más mágico que eso? ¿Había algo más significativo que dos personas que se amaban intentaran unirse en una sola? Killian se durmió con una gran sonrisa, sintiendo la calidez del cuerpo de Emma, y respirando su exquisito perfume.
A la mañana, cuando se despertó, Emma seguía dormida. Disfrutó nuevamente de tenerla y poder verla en ese estado de calma. Miró su pecho levantarse y hundirse, al ritmo de su respiración. Miró su cabello dorado todo despeinado, pero aún así luciendo perfecto. Contempló las pequeñas pecas que tenía en sus mejillas y sus brazos. Después de varios minutos no se pudo contener más, y empezó a acariciar su cuerpo.
- ¿Qué estás haciendo? – Preguntó ella con la voz ronca.
- Te estoy dando el saludo de buen día. – Respondió él acariciándole el estómago.
- Es demasiado temprano todavía. – Se quejó ella.
- No eres una persona muy de mañana, ¿No? – Dijo él llevando su mano hacia los perfectos pechos de ella.
- No si puedo evitarlo. – Dijo ella intentando controlar los gemidos.
- ¿No crees que hay actividades más interesantes que podemos hacer en una cama? – Preguntó él pícaramente.
- ¡Dios mío! ¡Eres incorregible! – Protestó ella riendo.
Si, él era incorregible e insaciable porque era adicto a ella. Pero ella también era adicta a él. Sin darle tiempo a reaccionar, ella se colocó encima de él. Verla a Emma tomando control de la situación con tanta pasión era un fascinante espectáculo. Ella unió sus cuerpos en un solo movimiento y ambos gruñeron por la brusquedad. Una vez que se acostumbraron a estar dentro del otro, se hundieron en un vaivén desesperado donde sus cuerpos se unían y desunían para volverse a unir con más fuerza, hasta que ambos llegaron al clímax.
- Buen día. – Dijo él con una sonrisa, una vez que se recuperaron de la apasionada sesión.
- Buen día. – Dijo ella y dejó un beso en el corazón de él. - ¿Satisfecho con las actividades que realizamos en tu cama? – Preguntó seductoramente.
- Más que satisfecho. – Asistió él jugando con el cabello de ella. – Me encantaría seguir con la sesión, pero ¿Qué te parece si desayunamos? – Propuso después de comprobar como su estómago se estaba quejando del hambre.
- Me parece una gran idea. – Concordó ella.
Killian se puso un pantalón, y Emma se puso un bóxer y una remera de él. Verla así de sexy, vistiendo sus ropas, le dio ganas de volver a hacerle el amor apasionadamente hasta que grite su nombre. Pero se aguantó las ganas, ya que de verdad tenía hambre. La agarró de la mano y la guió hacia la cocina. Encendieron la radio y empezaron a preparar el desayuno, cuando de repente sonó el timbre llamando su atención. Killian dejó a Emma continuar con los preparativos del desayuno y fue a abrir la puerta.
Al abrir la puerta encontró a su hermano y a su cuñada. Los miró sorprendido por un largo instante. ¿Qué hacían allí? Ellos solían caerle de visita en su casa sin previo aviso, pero ese definitivamente no era el momento adecuado para dejar que eso ocurra. Era la primera vez que había tenido intimidad con Emma, y no quería dejar que nada los interrumpa, ni lo arruine.
- ¿Qué hacen acá? – Preguntó Killian sorprendido.
- Vinimos a a verte. – Respondió Liam.
- Trajimos el desayuno. – Agregó Elsa entrando a la casa con una bolsa en la mano. – Tus panqueques favoritos. – Informó con una sonrisa.
- Ehhh, no sé si es una buena idea. – Dijo Killian despeinando su cabello para calmar sus nervios.
- ¿Por qué no? – Preguntó Liam sintiéndose molesto. – Ya estamos acá y con comida, así que no tenes excusas. – Justificó su postura.
- ¿Y? ¿Quién era? – Cuestionó Emma entrando al comedor.
- Hola Emma. – Saludaron Liam y Elsa al mismo tiempo, ambos sonriendo al comprobar cuál había sido el motivo por el que Killian había estado tan inseguro en dejarlos pasar.
- Hola. – Saludó Emma tímidamente, sonrojándose de que la vean en ese estado.
- ¿Ya está el desayuno? – Preguntó Killian.
- Si. – Asistió Emma.
- Bien, como verán tengo compañía, así que… - Dijo él volviéndose hacia su hermano y su cuñada.
- Ni se te ocurra echarnos. – Lo interrumpió Elsa. – Desayunaremos todos juntos, lo que ustedes hicieron más los panqueques. – Dijo decidida.
- De acuerdo. – Aceptó Killian al ver que Emma asistía a modo de aprobación. – Entonces, si nos disculpan, lo mejor es que nos pongamos presentables. – Dijo agarrando la mano de Emma.
Killian agarró la mano de Emma y la llevó nuevamente a su habitación. Se disculpó por la interrupción, pero ella calló sus disculpas con un beso. Después de compartir un par de besos, ambos se cambiaron con la ropa que llevaban el día anterior, y fueron a la cocina a desayunar con Liam y Elsa.
Emma nunca había sido tan feliz, ni se había sentido tan amada como se había sentido estando con Killian. No sabía que era lo que los había hecho esperar tanto para avanzar en su relación, pero estaba agradecida de que finalmente lo hayan hecho. Killian la había hecho sentir amada. Cada movimiento y gesto, había sido hecho con ternura. La había hecho sentir segura, protegida, y completa. Pero lo más importante de todo es que la había hecho sentir amada. Emma ya sabía que él la amaba, porque él se lo había dicho más de una vez y se lo demostraba con todo lo que hacía por ella. Pero la manera en que le había hecho el amor, la manera en que había recorrido y acariciado cada centímetro de su piel como si sería la persona más importante del universo, hizo que el sentido del amor cobrará mayor sentido. La conexión que sus almas y corazones tenían, se hizo aún más fuerte al conectarse corporalmente. Y Emma era feliz con eso, porque nunca tuvo eso, y había pensado que jamás iba tenerlo. Pero finalmente lo tenía, tenía a alguien que la amaba en todo sentido.
Durmieron y se despertaron juntos. O mejor dicho, él la despertó. En un principio había querido hacerse la enojada, porque a ella no le gustaba despertarse temprano. Pero cuando él comenzó a acariciarla, no se pudo contener y necesitó volver a sentir la unión de sus cuerpos. Empezar el día de esa manera fue perfecto, más después de toda la tensión que habían pasado durante la situación con la bomba. Emma no quería pensar en la bomba, no quería pensar en su descubrimiento sobre Rumpelstiltskin, así que agradeció que a Killian se le ocurrió ir a preparar el desayuno. Ella se dedicó preparar panceta con huevos, mientras él preparó jugo y tostadas. Los preparativos fueron interrumpidos por Liam y Elsa, y Emma aceptó que ellos se unieran al desayuno, admirando lo hermoso que lucía Killian estando tan nervioso.
- Mmm que rico. – Dijo Emma probando uno de los panqueques. - ¿De dónde son? – Preguntó con curiosidad.
- Mi hermana Anna y su novio Kristoff tienen un negocio, allí hacen helados y panqueques. – Informó Elsa.
- Son increíbles. – Dijo Emma a modo de halago.
- Lo son. – Asistió Killian.
- Tendré que hacer que Henry los pruebe, estoy segura que le van a encantar. – Dijo Emma con una sonrisa al pensar en su hijo.
- Hablando de hijos. – Dijo Elsa aclarándose la garganta, algo nerviosa. – La semana que viene tenemos una entrevista con una trabajadora social. – Les hizo saber.
- ¿Así que van a ir adelante con la adopción? – Preguntó Killian y Liam asistió. – Me alegro por ustedes. – Dijo con sinceridad.
- Gracias hermanito. – Agradeció Liam.
- Emma, ¿Podrías darnos un par de consejos al respecto? – Pidió Elsa tímidamente.
- Claro, aunque no estoy segura si puedo ayudarlos. No sé las regularidades, ni las logísticas de las adopciones en si, solo sé como es ser parte del sistema. – Asistió Emma sorprendida ante el pedido. - ¿Qué quieren saber? – Preguntó.
- ¿Qué pensas que es mejor, que adoptemos a un bebé o a un niño? – Preguntó Elsa.
Emma se tomó un largo instante para pensar la pregunta, porque era una pregunta difícil y complicada. Cuando vio a Liam y Elsa estar tan tensos y nerviosos, se dio cuenta que probablemente hace tiempo querían hablar sobre eso con ella, y confiaban en su opinión. Emma quería ser lo más sincera posible. Ella no sabía como funcionaba el tema de las adopciones, porque nunca ninguna familia había querido adoptarla. Lo único que sabía eran pequeñas cosas sobre el funcionamiento el sistema, desde lo que había experimentado y desde lo que otros chicos en su situación le habían contado. Emma sabía que decidir adoptar era una decisión difícil. Cada pareja y cada familia eran distintas. Ellos eran solamente quienes sabían que era mejor para ellos.
- Solo ustedes pueden saber que es lo mejor. Ustedes tienen que decidir que es lo mejor para su familia, si adoptar a un bebé o a un niño que ya esté crecido. – Respondió Emma con sinceridad. – No hay una manera correcta de hacer esto. Lo único que tienen que ofrecer es una familia y amor, y ustedes ya tienen eso. – Expresó lo que sentía respecto a la pareja.
- ¿Recordas tu primera familia adoptiva? – Preguntó Liam.
- Si. – Asistió Emma.
- No es necesario que hables de ello si no te sentís cómoda. – Dijo Killian agarrándole la mano.
- Está bien, fue hace tiempo. – Dijo Emma. – Mis papás fueron asesinados y yo fui testigo de sus muertes, así que la primera familia en la que estuve fue terrible para mí. Yo no quería saber nada con ser parte de otra familia, no podía entender que mis papás ya no estaban, así que me devolvieron rápidamente al sistema. – Explicó con tristeza. – Estuve en un hogar para niños, hasta que el psicólogo decidió que ya estaba lista para volver a las casas de familias adoptivas. No todas las familias son malas, es la suerte que toca dicen. Mi suerte fue muy mala. – Agregó aferrándose a la mano de Killian con fuerzas y dejando que las lágrimas que estaba conteniendo finalmente caigan libres por sus mejillas.
- Emma… - Comenzó a decir Killian.
- Está bien. – Lo interrumpió Emma. – De chica solía molestarme haber pasado por tantas familias y nunca ser elegida. Pero ahora ya no me molesta, ahora tengo una familia que probablemente no tendría si alguna de las familias adoptivas se habría quedado conmigo. – Dijo dando a saber su postura.
- Me alegra que Killian te haya encontrado y elegido. – Dijo Elsa con una sonrisa.
Dejaron de lado el pasado de Emma en el sistema, y se pusieron a contar anécdotas de la infancia y del trabajo. Emma descubrió unas cuantas historias sobre Killian ese día. Historias que le encantaron, y le hicieron desear haberlo conocido antes, haber compartido con él toda su vida. Cuando terminaron de desayunar Emma decidió que era momento para irse, quería buscar a Henry y pasar el día con él.
- Gracias por haber hablado con ellos sobre tu experiencia. – Agradeció él mientras la acompañaba hasta la puerta.
- No es necesario que me agradezcas. – Dijo Emma.
- Si, lo es. Porque sé que tu pasado es difícil para vos, así que gracias. – Dijo él mirándola intensamente a los ojos.
- Vos logras eso, que me den ganas de confiar y que me sienta segura compartiendo cosas tan personales. – Dijo ella con sinceridad.
- Me alegra poder hacerlo. – Dijo él con una pequeña sonrisa. – Te amo. – Confesó abrazándola con cariño y dejando un beso en su cabeza.
- Y yo te amo a vos. – Dijo ella disfrutando de lo lindo que se sentía estar en los brazos de él y de que cada vez resulte más sencillo intercambiar las confesiones de lo que sentían.
Se despidieron con un largo y profundo beso. Era como si ninguno de los dos quisiera despegarse del otro, pero lamentablemente sabían que tenían que hacerlo. Emma fue a buscar a Henry a lo de Neal. El encuentro con Neal fue algo tenso, e incluso discutieron por el tema de la bomba. ¿Quién se creía que era Neal para hacerle planteos sobre su trabajo? Emma era una oficial de policía, y eso significaba que más de una vez iba a estar en situaciones donde su vida estaba en peligro. Más todo lo relacionado a Rumpelstiltskin, no que esa parte fuera a decírsela. Ni siquiera había recibido sermones de sus amigos todavía siquiera, así que Neal no tenía derecho de hacerlo. Pero Emma no dejo que eso la afectara, ella estaba de muy buen humor como para dejar que Neal le arruine el día. Emma se fue con Henry a su departamento. Ambos se ducharon y luego almorzaron.
- Mamá, está sonando tu celular. – Le avisó Henry.
- ¿Podes leerme el mensaje? – Preguntó Emma, quien estaba lavando los platos.
- Es Killian, dice si queremos ir a navegar con él. – Respondió Henry.
- Mmm, no sé. – Dijo Emma pensativa. - ¿A vos que te parece? ¿Queres ir a navegar? – Pidió saber lo que su hijo quería.
- ¡Claro que quiero! ¡Navegar es grandioso! – Dijo Henry entusiasmado.
- Bien, entonces dile que nos uniremos a él en un rato. – Dijo Emma con una sonrisa.
- Genial. – Asistió Henry.
A la tarde fueron a navegar. La tarde estaba soleada y el agua estaba serena. Killian enseñó a Henry varios trucos de navegación y tareas de marinero, mientras Emma disfrutaba del sol y la vista. Emma adoraba que Henry se llevara bien con Killian. Henry solía llevarse bien con todos los adultos que la rodeaban: August, David, Leroy, Robin, Will… Pero con Killian era distinto. Verlos juntos le transmitía una ternura especial. La hacía considerar el hecho de que los tres podían ser una familia. Y es que era eso, Killian se estaba convirtiendo en parte de la familia.
