Liam lo invitó a almorzar, así que al mediodía se encontraron en un restaurante de comida europea que había en el barrio en el que vivían. Cuando Killian entró al restaurante pensaba encontrarse solo con su hermano, pero aparte de su hermano también se encontró con Ana, Elsa y Kristoff.
- Si sabía que esto iba a ser una comida de parejas, le habría dicho a Emma que me acompañe. – Bromeó Killian.
- Fue un arreglo de último momento, nosotros fuimos de sorpresa a la casa de ellos y cuando Liam dijo que se juntaba con vos decidimos unirnos. – Dijo Ana aceleradamente.
Un mozo les trajo las cartas y después de tomarse un rato para elegir que comer, cada uno hizo su pedido. La comida no tardo mucho en llegar y por suerte era muy rica. Las conversaciones fluyeron naturalmente, como solía pasar en todas las familias, pero Killian estañaba a Emma. A él el habría gustado que ella esté ahí compartiendo ese momento con ellos.
- Bueno, creo que es hora de decir a todos el motivo por el que invadimos sus planes, ¿No? – Dijo Kristoff a Ana.
- Si, buena idea. – Asistió Ana algo entusiasmada. – Nos vamos a casar. – Informó.
Elsa, Liam y Killian se pararon a abrazar y felicitar a la pareja. Luego se volvieron a acomodar en sus lugares, y continuaron con la comida mientras conversaban. Kristoff relató como le pidió matrimonio a Ana, y Ana les comunicó los planes que ya tenían sobre la boda. Iba a ser una ceremonia intima en una pequeña iglesia que había a las afueras de la ciudad, e iba a ser el próximo mes.
- Parece que al único que le falta casarse es a vos hermanito. – Comentó Liam.
- Emma y yo no estamos en esa etapa de nuestra relación todavía. – Dijo Killian cuando se recuperó de haberse atragantado. – Recién acaba de aceptar que nos amamos, creo que pedirle matrimonio sería algo así como una misión suicida. – Explicó con un poco de humor.
- Cada pareja tiene sus tiempos y eso está bien. – Asistió Elsa comprensivamente.
- ¿Puedo invitarla como mi acompañante al casamiento? – Pidió saber Killian algo nervioso.
- Claro que si, eso es algo que ni es necesario que preguntes. – Aseguró Kristoff.
- Gracias. – Agradeció Killian.
Sus recuerdos se vieron invadidos por los momentos que había compartido con Emma durante el casamiento de August y Mérida. Haberla visto reír y bailar había sido mágico, había sido una de las primeras veces que se había dado cuenta de lo preciosa que era. Sonrió, ese iba a ser el segundo casamiento que iban a compartir juntos. Pero esa vez iba a ser distinto, esa vez iban a ir juntos como pareja, así que iba a poder besarla y sacarla a bailar todas las veces que tenga ganas. Así que cuando volvió a la comisaría para seguir con su turno de trabajo, lo primero que hizo fue ir a hablar con Emma.
- Tengo una propuesta para hacerte amor. – Dijo él sentándose en el escritorio de ella.
- ¿Y para esa propuesta es necesario que te sientes arriba de todos mis papeles? – Preguntó ella levantando las cejas expresivamente.
- Simplemente no quiero que tus papeles te distraigan. – Respondió él excusándose.
- Si ésto no sería una comisaría, se me ocurrirían unas cuantas cosas para hacerte en el escritorio. – Comentó ella con voz seductora.
- Ni se te ocurra llevar mi mente hacia lados que no voy a poder controlar. – Pidió él soltando un pequeño gruñido.
- Bien. – Aceptó ella después de soltar una pequeña risa. - ¿Me vas a decir la propuesta entonces? – Preguntó curiosa.
- Ana y Kristoff van a casarse y me gustaría que me acompañes. – Respondió él.
- ¿Cómo tu cita? – Preguntó ella mirándolo con gran intensidad.
- Si, como mi cita, mi novia, mi pareja, mi amor. – Enumeró él asistiendo. – Como sea que te guste llamarlo. – Dijo.
- De acuerdo, iré contigo con una condición. – Dijo ella pensativamente.
- ¿Qué condición? – Pidió saber él.
- Que vayamos a comprar la ropa juntos. – Contestó ella.
- ¿Hace falta ir de compras? ¿No podemos usar algo que ya tengamos? – Cuestionó él y ella negó con su cabeza riéndose. – Ir de compras es aburrido. – Protestó.
- Eso es porque nunca haz ido de compras conmigo. – Dijo ella guiñándole un ojo.
Así es como, a la semana siguiente, Killian se encontró yendo de compras con Emma. A Killian no le gustaba comprar ropa, menos con una mujer. Las únicas experiencias que tenía sobre eso habían sido con Millah, Rose, Elsa y Ana; y siempre habían sido aburridas. Ir de compras significaba ir a un millón de locales, donde las mujeres entraban y tardaban miles de horas, mientras él esperaba afuera sosteniendo las bolsas.
Pero con Emma fue distinto. Con Emma todo era distinto. Ya tendría que tener aprendido que ella siempre lograba sorprenderlo, hasta con las más pequeñas cosas. Ir de compras con Emma resultó ser una experiencia entretenida y divertida.
Emma lo hizo entrar a los locales con ella, lo hizo probarse cosas ridículas al igual que ella hacía, y hasta sacó fotos en algunas ocasiones. Las compras no parecían tan malas cuando los momentos estaban llenos de risas.
Killian estaba probándose por segunda vez el traje que más le había gustado y apreciando su imagen el espejo, cuando Emma entró al probador.
- ¿Estás segura que podes entrar al probador? – Preguntó él.
- Claro que si, soy tu novia. – Respondió ella con convicción. – Ésta corbata es perfecta, queda bien con el traje y tus ojos. – Dijo ella colocándole la corbata que había traído con ella del negocio.
- Si, me gusta, creo que ésta es la ropa adecuada para mí. – Dijo él después de mirarse en el espejo.
- Te hace ser más apuesto de lo que eres. – Lo halagó ella y le dio un pequeño beso en los labios.
Sentir los labios de Emma era algo que siempre le resultaba intoxicante, y más en esas situaciones donde ella dedicaba palabras que lo hacían sentir sexy, apreciado o amado. Sabía que Emma tenía intenciones de que eso sea un pequeño beso, pero él no se pudo controlar y la acorraló contra el espejo prolongando la unión de sus labios mientras abría su boca para saborear su lengua.
- Lo siento. – Se disculpó él cuando se separaron a recuperar el aire. – Eres irresistible. – Justificó sus acciones.
- Espera a verme con el vestido indicado. – Dijo ella juguetonamente y salió del probador.
A medida que la relación que tenían crecía, Emma era cada vez más libre y seductora, era más ella misma, y eso era algo que a Killian le encantaba. Emma lo hacía volver loco por ella. Loco por tenerla en sus brazos, loco por besar sus labios. Continuaron la recorrida de locales de ropa para que Emma pueda conseguir un vestido. Recorriendo un negocio, Killian encontró un vestido que le gustaba y pensaba que iba a ser perfecto para ella. El vestido era strapless con brillos dorados y plateados, y largo hasta por encima de la rodilla. Emma aceptó el vestido y entró a probárselo. Ir de compras con ella se sentía bien, porque tenía en cuenta sus opiniones y pedía que la vea cada vez que se probaba algo. Lo hacía sentir importante.
- Estás radiante. – Dijo él mirándola maravillado. – Sos hermosa. – La halagó.
- Si, la verdad creo que éste vestido es perfecto. – Asistió ella. – Gracias por encontrarlo. – Agradeció.
- Gracias a vos por haber aceptado probártelo. – Dijo él invadiendo el espacio personal de ella. – Y gracias por haberme hecho cambiar de idea en cuanto a comprar ropa. – Agregó acariciándole la mejilla.
- ¿Eso quiere decir que ahora comprar ropa te va a resultar entretenido? – Preguntó ella con cierta curiosidad.
- Cualquier cosa con vos me resulta entretenida. – Aseguró él con una sonrisa.
- Si, eso es porque somos un gran equipo. – Dijo ella con convicción.
Esa era la verdad, ellos dos juntos eran un gran equipo. Porque ellos se entendían, se respetaban, y se aceptaban tal cual eran. Killian nunca había sentido una conexión tan fuerte con alguien. Gracias a ella, las pequeñas partes rotas de su corazón habían vuelto a funcionar y a sanar. Gracias a ella había vuelto a vivir.
Desde la situación con la bomba que Emma se sentía atrapada en un laberinto sin salida. Tenía que encontrar una forma de solucionar todo lo que estaba sucediendo con Rumpelstiltskin, pero no sabía como hacerlo. Tener que ocultar algo tan importante a todos le estaba costando más de lo que había pensado. Pero sabía que esa era la única manera de mantenerlos a salvo, por eso estaba resistiendo. Lo que más le dolía era tener que ocultárselo a Killian. Porque Killian se merecía saber todo eso, se merecía saber que Millah había tenido dos hijos antes de conocerlo a él, y se merecía saber que la persona que la asesinó e intento asesinarlo a él era Rumpelstiltskin. Tenía que encontrar la manera de decirle la verdad, de confesarle todo. Sólo esperaba que cuando logre hacerlo no sea demasiado tarde, y él pueda perdonarla por habérselo ocultado. Así que se aferró como pudo a todo el amor que tenía, que era lo único que la ayudaba a continuar. Se aferró al amor de Killian, al amor de Henry, al amor de sus amigos y amigas.
Emma fue a buscar a Henry a lo de Neal. Como Henry todavía no estaba listo, Neal la hizo pasar a su casa y se acomodaron en el comedor. Entrar en esa casa y ver la vida que Neal había logrado formar con otra persona que no era ella le hizo sentir melancolía y dolor. Ella lo había amado una vez hace mucho tiempo, y si habría sido por su decisión habrían tenido un hogar juntos. A veces le era difícil ver como Neal había seguido con su vida, no porque lo quisiera devuelta, sino porque le recordaba todo el dolor que había tenido que pasar por su culpa.
- No sé si es buena idea que Henry vaya contigo. – Comentó Neal sacándola de sus pensamientos.
- ¿A qué te referís? – Preguntó Emma confundida, sin entender lo que Neal le decía.
- Después de lo que pasó con la bomba y Rumpelstiltskin, creo que lo mejor es que Henry se quede conmigo. – Respondió Neal.
- No, no necesito que me des otro sermón al respecto. – Negó Emma, recordando la pelea que ya habían tenido unos días atrás al respecto.
- Emma todo lo que está pasando es peligroso y sus vidas están en peligro. – Dijo Neal seriamente.
- ¿Crees qué no lo sé? – Preguntó Emma ofendida.
- Entonces sé razonable y acepta que es un peligro que Henry esté con vos. – Dijo Neal acusadoramente.
- ¿Qué sea razonable? ¿Cuándo fuiste vos razonable Neal? – Cuestionó Emma soltando una pequeña risa amarga. – Fuiste la primera persona a la que le conté toda la verdad sobre mi pasado, supiste desde el peligro desde un principio, sin embargo no te importó. – Dijo expresando sus frustraciones.
- No seas rencorosa. – Dijo Neal bufando.
- No soy rencorosa, simplemente estoy diciendo la verdad. – Se defendió Emma. – ¡No pensaste en el peligro cuando tuviste relaciones conmigo sin protección, aún cuando yo no tenía la menor idea al respecto! ¡Me prometiste que todo iba a estar bien, y sin embargo bum quedé embarazada! ¡No pensaste en el peligro cuando me dejaste en la cárcel pagando tus crímenes! ¡Así que no me vengas ahora con el discurso del peligro y ser razonable! – Exclamó ella enojada y dejando escapar un par de lágrimas de sus ojos.
- Esto es distinto, esto se trata de proteger a Henry. – Insistió Neal.
- Yo amo a mi hijo, siempre lo cuido y lo protejo, incluso daría mi vida por él si es necesario. – Aseguró Emma.
- Pero… - Comenzó a protestar Neal.
- Pero nada, si vamos a ser razonables, seámoslo. Henry no va a estar a salvo en ningún lado, ni conmigo, ni con vos; no hasta que Rumpelstiltskin esté detrás de las rejas. – Lo interrumpió Emma.
- No me hagas tener que ir a la corte por ésto. – Advirtió Neal.
- No te atreverías. – Dijo Emma sintiéndose traicionada.
- ¡Pruébame y lo verás! – La desafió Neal.
- ¡No vas a separarme de mi hijo, no podes hacer eso! – Dijo Emma dolida.
- ¿Mamá, papá? ¿Está todo bien? – Cuestionó Henry interrumpiendo la situación.
- Si, está todo bien. – Respondió Neal.
- ¿Por qué estás llorando? – Preguntó Henry a Emma.
- Por nada, no importa. – Contestó Emma. – Despedite de tu padre así nos vamos. – Indicó mientras se secaba las lágrimas con una de sus manos.
La pelea con Neal la dejo más nerviosa y paralizada de lo que estaba. Sin importar lo que hacía para distraerse, las palabras de él y de Rumpelstiltskin la seguían a todos lados repitiéndose continuamente en su cabeza. Emma sabía que todos se daban cuenta de que algo estaba sucediendo con ella, que podían notar el cambio en su humor y lo tensa que siempre estaba. Ni siquiera el amor de Killian lograba calmarla, y eso ponía todos en estado de alerta. Por eso cuando llegó el fin de semana y se juntaron con todos sus amigos a cenar, Emma intentó relajarse sabiendo que eso era para ella, para hacerla sentir mejor. Prepararon un asado y comieron en el jardín de la casa de Robin y Regina. Emma hizo todo lo posible por relajarse, pero no podía. Al verse tan atormentada por sus pensamientos, siempre terminaba quedado fuera de las conversaciones. Cuando no pudo soportar más las circunstancias, se levantó de la mesa y se dejo caer en una de las hamacas para intentar despejar su mente.
- ¿Qué es lo que está sucediendo? – Preguntó Regina sentándose en la hamaca de al lado.
- Nada. – Respondió ella.
- Emma no seas negadora, no conmigo. – Pidió Regina. – Todos estamos preocupados por vos, podemos notar que algo te tiene mal y preocupada. No haz estado siendo vos misma desde hace varios días. – Explicó con calma. - ¿Qué es lo que te tiene así? – Preguntó.
- Yo no puedo decírtelo, no puedo decírselo a nadie, es la única manera de protegerlos. – Dijo Emma justificándose.
- Entonces tiene que ver con Rumpelstiltskin. – Adivinó Regina.
- No puedo. – Negó Emma dando un largo suspiro. – Tienen que confiar en mí, por ahora lo mejor es que no sepan. – Dijo con la voz temblorosa.
- Claro que confiamos en vos. – Aseguró Regina. – Pero el punto de que seamos una gran familia, es que no tengamos que soportar las cosas que nos duelen y lastiman solos. – Le recordó.
- Lo sé. – Asistió Emma. – Solo necesito tiempo para poder descifrar como lidiar con todo esto. – Aclaró.
Emma jugó un rato en las hamacas con Henry y Roland. Después se unió a la mesa devuelta con sus amigos para comer el postre, logrando finalmente relajarse. Le costó, pero pudo hacerlo. Sus amigos, su familia, lograron eso. No podría decirles la verdad todavía, pero podía aferrarse a la fuerza que le daban y dejarse contener. Ella no iba a darse por vencida hasta conseguir una manera de poner a todos a salvo. Así que tenía que tener paciencia hasta lograrlo.
Una vez que terminó la noche, Killian se ofreció a llevarla a ella y Henry a su departamento. En algún momento del camino Killian y Henry se pusieron a hablar de "Los piratas del caribe" y decidieron que era una gran idea verla. Así que cuando llegaron al departamento, Killian entró con ellos y se pusieron a ver la película. Cuando iba aproximadamente por la mitad Henry se quedo dormido, así que lo pasaron a su cama. Killian estaba dispuesto a irse a su casa, pero Emma le pidió que se quede. Necesitaba estar con él. Por el momento no podría decirle la verdad, pero podía refugiarse en sus brazos y disfrutar de la sensación que le generaba ser amada por él.
- Emma sé que estos días fueron difíciles, pero quiero que sepas que podes confiar en mí. – Dijo él mientras le acariciaba el cabello.
- Yo confío en vos Killian. – Aseguró ella aferrándose fuertemente a él.
- ¿Entonces por qué siento que a pesar de que avanzamos con nuestra relación sigue habiendo algo que nos separa, que nos aleja? – Preguntó él sintiendo un nudo en su estómago ante el miedo de que ella haya cambiado de idea respecto a su relación.
- Lo siento, no es mi intención alejarte. – Se disculpó ella con sinceridad. – Lo que pasa es que yo no puedo perderte, la idea de perderte es más de lo que puedo soportar. – Explicó emotivamente.
- Yo también tengo miedo. – Dijo él agarrando el mentón de ella para hacer que sus miradas se unan. – Pero no vamos a perdernos, nosotros somos sobrevivientes. – Aseguró con confianza.
Eso era verdad, ellos eran sobrevivientes. Escuchar esa confianza de su parte la hizo tranquilizarse. Sus labios se unieron en un beso reconfortante y lleno de dulzura. Emma necesitaba confianza de que todo iba a salir bien de alguna manera, y él logro dársela. La confianza de él, hizo que ella también confíe. Ellos eran sobrevivientes e iban a sobrevivir. Iban a atrapar a Rumpelstiltskin e iban a hacer que pague por todos los crímenes que cometió, iban a hacer justicia. Y Killian iba a perdonar el secreto que ella tuvo que guardar, la iba a perdonar porque el amor era más fuerte.
