Sherlock miró sombríamente a Greg sobre la mesa. No lo había perdonado por lo del puñetazo en la cara durante la redada anti drogas, y había actuado como un niño testarudo toda la noche.
Como si Greg no estuviera bastante incómodo. La mansión Holmes en sí misma era intimidante, pero conocer al señor y la señora Holmes era exasperante.
La señora Holmes era una mujer agradable y muy bien vestida que amaba a sus hijos más que a nada. El señor Holmes era frío y distante, con un apretón de manos que casi le había roto a Greg la muñeca. Él no había dicho más de tres palabras desde que había comenzado la cena, mientras que su esposa no había hecho una pausa para tomar aliento desde que Greg había llegado. Greg inquietantemente recordó su entrenamiento de policía cuando los instructores les habían enseñado la técnica del "poli bueno-poli malo".
"Oh, es tan agradable conocer a los amigos de mi hijo", la señora Holmes expresó un poco demasiado fuerte después de una pausa incómoda en la conversación. Greg hizo una mueca, esa era la otra cosa. Seguía refiriéndose a Greg como el "amigo" de Mycroft, como si fueran compañeros de escuela o algo así.
Greg sonrío y asintió con la cabeza lo mas educadamente que pudo.
"Y Gregory, querido", dijo ella, cogiendo la mano de Greg. Él la dejó, tratando de ignorar una pequeña mirada de pánico de Mycroft, que estaba tan perplejo como él. "No puedo agradecerte lo suficiente por darle a mi Sherlock un trabajo en Scotland Yard. Él tiene estos…talentos únicos, estoy tan contenta de que les dé un buen uso". Ella le sonrío cálidamente a Greg. Él lo tomó como una buena señal.
El señor Holmes hizo un sonido irritado. "Sí, corriendo a través de callejones oscuros con un médico discapacitado. Un gran uso de su intelecto".
Sherlock parecía dolido por esas palabras, bajó la mirada a su regazo y no dijo nada en respuesta. Greg sintió piedad por el sociópata. Sin duda, su trabajo no era el tipo del que a los padres les gustaba alardear, pero no había nada más que pudiera hacer que lo mantuviera cuerdo.
"Bueno, con el debido respeto señor, pero creo que eso es bastante duro".
Todos los ojos se volvieron hacia Greg. La señora Holmes dejó caer la mano como si le hubiera quemado. La cabeza de Sherlock se disparó hacia arriba.
Miró a su alrededor y se aclaro la garganta. "Bueno, sí, es inusual. Pero quiero decir, él usa sus poderes de deducción o lo que sean para salvar vidas. ¿Le dijo acerca de la semana pasada, cuando salvo un autobús lleno de escolares de un terrorista internacional? No puedo siquiera inventar esas cosas. Londres sería mucho peor si no fuera por su hijo Sherlock".
La habitación estaba en silencio. Todos los ojos pasaban de Greg al señor Holmes, que miraba duramente a Greg. Greg tragó saliva. Lo había echado a perder totalmente.
El señor Holmes frunció el ceño. "¿Autobús lleno de niños?".
Greg asintió sin decir nada.
El señor Holmes reflexiono por un momento. Miro a Sherlock. "Eso no es malo hijo. No está mal en absoluto".
Sherlock se abrió un poco. "Gracias", le dijo a su padre con timidez.
Echó un vistazo a Greg y arqueó las comisuras de los labios hacia arriba en señal de agradecimiento.
"Bueno", dijo la señora Holmes, expulsando el aliento que había estado conteniendo. "¿Qué tal si vamos a la sala a tomar un café o brandy?".
"Sí querida", contestó el señor Holmes. "Entonces Sherlock puede hablarnos de algunos de esos casos en los que ha trabajado. Nunca nos dice nada acerca de ellos. Al menos Mycroft tiene la excusa de que si nos hablara de su trabajo tendría que matarnos, pero tú por otro lado no tienes ese lujo". Él le dio una palmada en la espalda a Sherlock mientras caminaban a la sala de estar.
Greg se levanto de su silla, atónito. Mycroft dio la vuelta a su lado de la mesa y espero a que los demás se hubieran marchado antes de darle un rápido beso en los labios.
"Eso fue increíble", dijo Mycroft. "Nunca en mi vida había visto a Stavrik Holmes darle la razón a alguien".
"No fue mi intención-¿Stavrik? Jesucristo, ¿de dónde sacan todos esos nombres?".
