Desde que pasó el suceso de las bombas que Killian notaba que Emma estaba actuando de manera extraña. Por un lado, su relación había avanzado y crecido, podía verla relajada y feliz de que finalmente hayan admitido lo que sentían. Pero por otro lado, la notaba tensa y preocupada, como si habría algo que la estaba atormentando por dentro. Él no quería presionarla, así que le dio el espacio que necesitaba para dejarla hablar a su debido tiempo. Además sabía que no era el único que lo había notado, todos sus compañeros y amigos estaban igual de preocupados, esperando atentamente a que ella revele lo que sea que la estaba haciendo actuar de esa manera.

- ¿Seguro que no encontraron nada? ¿No había ninguna pista en el colegio? – Cuestionó Emma.

- Seguro, como sabes Rumpelstiltskin es bueno en no dejar rastros. – Respondió Ariel.

- No puede ser, tiene que haber algo que nos estemos olvidando. – Dijo Emma pensativamente. – Ustedes son de FBI, tendrían que tener acceso a pistas que nosotros no tenemos. – Reprochó.

- Sabemos que ésto es frustrante Emma, pero éste caso es así de difícil por lo profesional que es Rumpelstiltskin en su actuar. – Le recordó David para calmarla.

- Todos estamos haciendo todo lo que podemos. – Aseguró Eric.

- ¿Y qué sugieren mientras tanto? ¿Qué esperemos a que Rumpelstiltskin vuelva a atacar? – Preguntó Emma enojada ante la impotencia que sentía.

- Emma… - Comenzó a decir Killian a la vez que agarraba su mano.

- No. – Negó Emma liberando su mano. – Lo siento, pero necesito un minuto. – Se disculpó haciéndose camino hacia fuera de la sala de reuniones.

La reacción de Emma lo lastimó, pero la entendía perfectamente. Ella estaba sufriendo con todo eso, y por eso se escapaba. Cuando sus sentimientos eran más intensos de lo que podía soportar, escapaba. Todos la miraron irse con una mezcla de preocupación y sorpresa, pero nadie se atrevió a ir tras de ella.

- Está escondiendo algo, hay algo que sabe que no nos está diciendo. – Dijo Robin rompiendo el silencio que se había formado.

- Si, coincido. Ella siempre hace eso, se calla cosas pensando que nos protege. – Expresó August.

- Entonces tendremos que estar atentos a todo lo que sucede cerca de ella, Rumpelstiltskin puede aparecer en cualquier momento. – Advirtió Killian.

- Eso haremos. – Aseguró Will.

- Deberías intentar hablar con ella, le hace bien tenerte. – Sugirió David a Killian.

Esa era la primera vez que David hacía un comentario a favor de su relación, y lo hizo sentir feliz. David era muy protector de Emma y eso era algo que Killian siempre había respetado, porque ella se merecía tener persona que la quieran y la cuiden de la forma en que su amigo lo hacía. Que David finalmente esté a favor de su relación lo hizo sentir feliz, porque eso significaba que él aceptaba y creía en el amor de ellos. Killian preparó dos chocolates y fue a la terraza en búsqueda de Emma.

- ¿Estás bien amor? ¿Qué es lo que sucede? – Cuestionó él después de un rato en silencio, donde solo se dedicaron a tomar los chocolates mientras miraban el mar.

- Yo no puedo hablar de eso Killian, por favor no me hagas hablar. – Rogó ella con la voz temblorosa.

- Emma nosotros solo queremos ayudarte, y si no nos decís… - Comenzó a decir él.

- Lo sé. – Lo interrumpió ella. – Pero tendrán que buscar otra forma, porque no decirles es lo que tengo que hacer para mantenerlos a salvo. – Intentó explicar ella.

- ¿Y quién te mantiene a salvo a vos? – Preguntó él preocupado, invadiendo su espacio personal.

- ¿Vos? – Preguntó ella enfocando su vista en el piso al sentirse tan vulnerable.

- Si, yo, y vos a mí. – Aseguró él agarrando suavemente el mentón de ella para hacer que sus miradas se unan. – Yo no voy a presionarte a decirme nada, podes tomarte todo el tiempo que necesites. Pero déjame estar con vos, déjame cuidarte. – Pidió acariciándole la mejilla con cariño.

- De acuerdo, creo que puedo intentarlo. – Aceptó ella.

Emma atravesó la pequeña distancia que los separaba y unió sus labios en un pequeño beso. Killian disfrutó de sentirla de esa manera, de verla finalmente tranquilizarse y confiar en su amor. Cuando se separaron la refugió en sus brazos por un largo rato, apreciando el hecho de tenerla y de que esté a salvo, hasta que terminaron sus chocolates y decidieron volver con sus compañeros.

Los siguientes días transcurrieron más tranquilos. Emma estaba más calmada, y eso hacía que todos puedan volver a respirar en paz, por lo menos hasta que haya nuevas noticias sobre el caso. Al terminar la semana decidieron reunirse a cenar. El difícil momento que estaban atravesando hacía que se unan más, que necesiten verse más seguido. Esa vez se juntaron en lo de David y Mary Margaret, y decidieron pedir comida ya que nadie tenía ganas de cocinar.

- ¿Y Henry? – Preguntaron Roland.

- No vino, él está con Neal. – Respondió Emma.

- Ufa, no podemos jugar a los piratas, él es nuestro capitán. – Protestó Leo.

- Si quieren puedo jugar con ustedes, apuesto que sin una mano podría hacer de un genial Capitán Garfio. – Propuso Killian a los niños y Emma se tensó ante la mención del personaje que Rumpelstiltskin había elegido para él.

- Si, eso es genial, Killian es muy bueno peleando con las espadas. – Dijo Roland entusiasmado.

Killian jugó con los niños un largo rato, pelearon con unas espadas de juguete y dibujaron mapas de tesoros escondidos. Jugó con ellos hasta que llegaron las pizzas, y se unieron al resto para comer. Durante la cena Ruby les contó que estaba empezando a salir con el Doctor Victor Whale. Todos se sorprendieron, bromearon y la feliciaron. Después de cenar se pusieron a jugar a las cartas, mientras los niños miraban una película de Disney.

- ¿Crees qué estoy haciendo bien en dejar que Henry pase tanto tiempo con Neal? – Preguntó Emma, cuando estaban regresando a su casa, sin quitar su mirada de la ventanilla del auto.

- Claro que está bien, él es su padre. – Asistió él, sin estar del todo seguro de que era lo que a ella le estaba haciendo preguntar eso.

- Neal considera que está mejor con él, que estando cerca de mí está en peligro por Rumpelstiltskin. – Explicó ella acurrucando sus piernas contra su pecho.

- Si va a usar de excusa a Rumpelstiltskin, entonces debería saber que nunca nadie va a estar a salvo en ningún lugar. – Expresó él lo que pensaba.

- Eso es lo que yo pienso. – Coincidió ella y se sumergieron en un largo silencio. - ¿Crees qué fui egoísta al elegir quedarme con Henry? – Preguntó ella con la voz repleta de melancolía.

- ¿A qué te referís? – Preguntó él confundido, dedicándole una pequeña mirada a través del espejo.

- A que yo sabía que quedarme con Henry, significaba que él siempre iba a estar en peligro. – Respondió ella mordiéndose el labio. - ¿No te parece egoísta? ¿No te parece de mala madre? – Cuestionó con la voz rota. – Tal vez lo mejor habría sido que piense en su bienestar, tal vez si habría aceptado que lo den en adopción como me recomendaron en la cárcel, él estaría a salvo. – Dijo dejando escapar las lágrimas que tenía acumuladas en sus ojos.

Killian no soportó más la situación. No soportó que ella se sintiera de esa manera, ya que para su entender no se lo merecía. Emma era una gran madre, y no se merecía sentirse así por culpa de Rumpelstiltskin y Neal. Así que estacionó el auto, y se volvió en su asiento hacia ella para poder hablar tranquilos. Agarró sus manos con la suya y la miró intensamente a los ojos para demostrarle que iba a hablar seriamente, para demostrarle que sus palabras eran sinceras y sentidas.

- Emma vos sos una gran madre, y que te hayas quedado con Henry es lo mejor que le pudo haber pasado. – Aseguró él. – La manera en que se aman es única y especial, cualquiera puede notarlo. – Argumentó mientras le acariciaba las manos para contenerla. – Aparte si Rumpelstiltskin quiere lastimarlo va a hacerlo sin importar si te quedaste con él o lo diste en adopción. – Le recordó.

- ¿Cómo Ava y Nickolas (las víctimas Hansel y Gretel)? – Preguntó ella sintiendo un escalofrío en todo su cuerpo.

- Exacto. – Asistió él. – El amor que Henry y vos tienen es lo más importante, no dejes que nadie te convenza de lo contrario. – Dijo secándole las lágrimas.

Emma se dejo caer en sus brazos, y Killian la refugió en ellos con toda la dulzura del universo. Se quedaron largo rato abrazados en el auto, complacidos de sentirse tan cerca y darse fuerzas mutuamente. Killian sentía que cada vez había menos paredes entre ellos, y eso lo hacía sentir pleno. Le gustaba que ella tenga la suficiente confianza con él como para expresar sus sentimientos y permitirse ser vulnerable. Cada pequeña parte que descubría de Emma, lo hacía enamorarse más de ella.


Emma seguía en estado de alerta, pero había empezado a calmarse un poco. Gracias a la ayuda de Killian, sus amigas y sus amigos; y gracias al no tener nuevas noticias sobre Rumpelstiltskin, su vida había vuelto casi a la normalidad. A veces se preguntaba si realmente era bueno no tener noticias sobre ese monstruo. A veces el silencio y las pocas apariciones, se sentían como la calma antes de la tormenta. Rumpelstiltskin debía estar planeando su próximo plan, y Emma no tenía idea de que iba a hacer con todo eso cuando ni siquiera todavía sabía que hacer con todo lo de Millah.

Era martes y todo marchaba bien. Emma fue a trabajar a la comisaría, y fue de patrulla con Robin. El recorrido de las calles estuvo tranquilo. Para lo único que tuvieron que detenerse fue para evitar un par de peleas, causadas por el tránsito y los malos conductores. Sin embargo, cuando volvieron a la comisaría y Neal estaba en ella, Emma supo que algo malo había pasado incluso antes de escucharlo.

- Rumpelstiltskin se llevó a Henry. – Informó Neal luciendo miserable.

Al escuchar eso su mundo se detuvo completamente. Se sentía aturdida y traicionada. Emma no podía creer lo que acababa de escuchar. Emma no podía dejar de pensar en su hijo estando en manos de ese loco asesino. Tantas ideas se cruzaron en su cabeza de lo que ese hombre le podía hacer a su hijo, que se sintió mareada y enferma. Todo le daba vueltas y lo único que quería hacer era gritar. ¿Por qué el mundo tenía que ser tan jodidamente injusto? La mano de Killian acariciando su espalda la hizo volver a la realidad, y de repente se encontró escuchando a sus amigos haciendo planes para recuperar a Henry.

- Podemos rastrearlo, él siempre lleva una cadenita que yo le regalé que tiene un chip rastreador. – Dijo Emma dirigiéndose a la computadora, para abrir el programa que le permita rastrear el chip que llevaba su hijo.

- Él no la tiene. – Negó Neal.

- ¿Cómo que no la tiene? – Preguntó Emma volviéndose hacia Neal.

- Tenía clase de deportes hoy, así que hice que se la saque. – Explicó Neal.

- No puedo creerlo. – Dijo Emma sacudiendo su cabeza. - ¿Cómo pudiste hacer eso? – Preguntó enojada.

- Emma yo no sabía… - Comenzó a decir Neal.

- ¡Todo éste tiempo me estuviste haciendo sentir culpable! ¡Me hiciste sentir que soy mala madre y que él no está a salvo conmigo! – Exclamó ella dolida. - ¿Te das cuenta que yo tenía razón? ¿Qué él tampoco está a salvo contigo? ¡Nadie va a estar a salvo mientras Rumpelstiltskin esté libre y vivo! – Expresó sus frustraciones.

- Ey, tranquila, no vale la pena, éste no es momento para pelear. – Dijo Killian interviniendo y haciendo que ella vuelva a respirar.

- Killian tiene razón, ahora lo importante es enfocarnos en encontrar a Henry. – Dijo Will.

- Dividámonos y empecemos con el recorrido. – Indicó David.

August fue con Will, David fue con Robin, y Killian con Emma. Ella se sentía aliviada de que Killian fuera quien la acompaña. Killian era el único que tenía la capacidad de tranquilizarla y hacerla pensar, aún cuando se estaba volviendo loca. Recorrieron las calles cercanas al colegio, al departamento de ella, a la casa de Neal. Fueron a cada uno de los lugares que Henry solía concurrir, pero no había ningún rastro de él. Emma estaba extremadamente cansada, tanto corporalmente como emocionalmente. Miles de posibilidades se pasaban por su cabeza y ninguna era buena. Henry estaba en peligro, y ella no iba a estar bien hasta saber que su hijo estaba a salvo.

- Si algo llega a pasarle me muero. – Dijo ella sintiéndose agotada.

- Nada va a pasarle, vamos a encontrarlo. – Aseguró él.

- ¿Cómo podes estar tan seguro? – Preguntó ella insegura. – No tenemos rastros sobre él, nada. – Agregó frustrada.

- Porque no vamos a darnos por vencidos hasta encontrarlo. – Dijo él con convicción. – Vamos a casa. – Dijo agarrándola de la mano.

- ¡No, dijiste que no nos íbamos a dar por vencidos! – Reprochó ella negándose a entrar nuevamente a la patrulla.

- No es darnos por vencidos, es recargar energías. Necesitamos comer algo y bañarnos para poder continuar con la búsqueda en buen estado. – Explicó él con calma.

Killian tenía razón, Emma sabía que lo lógico en esas situaciones era hacer una pausa para recargar energías. La idea no le gustaba en lo más mínimo, pero era necesario. Habían estado todo el día recorriendo las calles sin tener éxito. Un descanso les iba a hacer bien, les iba a ayudar a volver a pensar con claridad y recuperar fuerzas. Así que dejo que Killian la lleve a su casa. Él pidió comida china y se fue a duchar, mientras ella se recostó en la cama a descansar. Sus pensamientos estaban invadidos por Henry y por todo lo que le podía estar sucediendo. Su corazón se partía en mil pedazos, ante el terror que le generaba cada idea que se cruzaba por su cabeza. Estaba por quedarse dormida, cuando su celular sonó.

- Hola Emma. – Saludó Rumpelstiltskin.

- ¿Dónde está mi hijo? ¿Qué hiciste con él? – Cuestionó Emma levantándose de la cama.

- No te preocupes, él está bien y está conmigo. – Respondió Rumpelstiltskin.

- Le llegas a hacer algo y juro que te mato con mis propias manos. - Amenazó Emma.

- ¿No te parece que no estás en el lugar de hacer amenazas? – Preguntó Rumpelstiltskin soltando una pequeña risa. – De todas maneras no creo que siquiera llegarías a intentarlo. Tengo una propuesta para hacerte si queres que tu hijo esté a salvo. – Dijo con calma, recuperando la seriedad.

- Te escucho. – Informó Emma.

- Dejaré a Henry a salvo y libre, a cambio de que te quedes conmigo. – Propuso Rumpelstiltskin.

- Trato hecho. – Aceptó Emma sin siquiera dudarlo.

Emma agradeció que Killian se haya estado bañando en ese momento, así no tuvo la posibilidad de detenerla. Le dejó un papel pidiendo disculpas y se llevó el colgante que le había regalado con la brújula. Luego se fue a hacer lo que sea que Rumpelstiltskin le haga hacer. Fue recorriendo las calles con la patrulla, hasta que un mensaje de Rumpelstiltskin le indicó que se deshaga de su celular, se tomará el tren y luego un autobús hasta llegar a una dirección. Emma siguió las indicaciones a la perfección, y así después de dos horas se encontró en un descampado, en un barrio de las afueras de la ciudad. Allí estaba Rumpelstiltskin con su hijo. Emma sintió furia al ver a su hijo junto a ese asesino, y le habría gustado poder matarlo en ese preciso instante. Pero tenía que ser inteligente, y eso en ese momento significaba poner a su hijo a salvo.

- ¿Estás bien? – Preguntó Emma a su hijo abrazándolo con fuerzas.

- Si, estoy bien. – Respondió Henry correspondiendo el abrazo con la misma intensidad.

- Hora de que vengas conmigo Emma. – Exigió Rumpelstiltskin interrumpiéndolos.

- Mamá no quiero que vayas con él, es peligroso. – Dijo Henry sin soltarse de ella.

- Lo sé, pero tengo que hacerlo. Es por tu bien y el de todos. – Explicó Emma acariciándole el cabello y la espalda. – Dile a Killian que tengo su colgante. – Le susurró en el oído. – Acá tenes plata, mantente a salvo. – Dijo fuertemente para disimular y aprovechar la ocasión para darle plata para el viaje de regreso a casa.

- Lo haré mamá, pero vos también hazlo. – Pidió Henry agarrando el dinero.

- Te prometo que haré todo lo posible. – Aseguró Emma con sinceridad.

Henry emprendió camino, y una vez que estuvo fuera del alcance visual de ellos, Rumpelstiltskin la durmió con una droga. Su mundo estuvo negro por un largo rato. Cuando logró volver a la conciencia, se encontraba atada a una silla, en un comedor de una casa que parecía ser antigua y estar abandonada. Frente a ella estaba Jefferson, también atado a otra silla. Al rato Rumpelstiltskin se unió a ellos, con su máscara de cocodrilo, y sonrió. Era hora de que comenzaran los juegos.