Los minutos que tardaron en llegar a la dirección donde Rumpelstiltskin tenía a Emma, fueron los minutos más largos de su vida. Podía sentir todos los sentimientos explotando dentro de él: preocupación, enojo, ansiedad, pánico… Tenía planeado ir por Rumpelstiltskin, ya que quería encerrarlo de una vez por todas. Pero cuando llegaron a la dirección, y vieron que era una casa abandonada y salía humo de ella, lo primero que hizo fue ir por Emma para asegurarse de que este bien. Dejó que otros de sus compañeros vayan por Rumpelstiltskin, ya que para él Emma era más importante. La encontró inconsciente en el comedor, tirada en el piso y atada a una silla. Intentó despertarla, pero a penas lo logró por un corto instante. Cortó las sogas que la tenían atada con una tijera que encontró en el piso, la agarró en sus brazos y la sacó de la casa.
- Emma, Emma por favor despertate. – Pidió él sacudiéndola, una vez que la acostó en un rincón de la vereda.
- ¿Killian? ¿Qué haces acá? ¿Qué pasó? – Preguntó ella suavemente, a penas logrando abrir los ojos.
- Vinimos por vos, estás a salvo. – Respondió él preocupado al ver un par de cortes y quemaduras en sus brazos.
- ¿Rumpelstiltskin…? – Preguntó ella interrumpiéndose a si misma con un ataque de tos.
- Tranquila, respira. – Indicó él acariciándole las mejillas. – A Rumpelstiltskin lo están buscando, no creo que logre escaparse ésta vez. – Informó.
- Bien. – Asistió ella. – Siento todo lo que pasó, tengo tanto que decirte. – Dijo dejando escapar un par de sollozos.
- Shh, todo va estar bien. – Dijo él abrazándola para intentar calmarla.
Pero todo no estaba bien. Jefferson estaba muerto, Emma volvió a perder la conciencia y Rumpelstiltskin logró escapar. Por lo menos habían logrado herirlo con una bala, así que probablemente no iba a poder ise muy lejos, ni mantenerse mucho tiempo escondido. Finalmente llegó la ambulancia, y Killian fue en ella junto con Emma. No iba a despegarse de ella ni por un segundo, necesitaba cuidarla y mantenerla a salvo. Emma fue atendida por un par de doctores, y una vez que la estabilizaron lo dejaron pasar a verla. Killian se sentó en una silla al lado de la cama de Emma y le agarró la mano, disfruto del placer de saber que estaba bien y estaba con él. Se quedo así unos minutos hasta que fue interrumpido por sus compañeros que solicitaban su presencia para una conversación. Por suerte, en ese mismo momento también aparecieron Mary Margaret, Regina y Ruby, con Henry, así que no tuvo que dejar a Emma sola. Se reunió con sus compañeros en el consultorio del Doctor Whale.
- ¿Cómo está Emma? – Preguntó Ariel a Killian, quien fue el último en unirse a la reunión.
- Bien, todavía no se despertó, pero bien. – Respondió Killian algo inseguro.
- Va a estar bien. Lo más importante era que se estabilice su respiración, y eso ya lo logró. – Aseguró Whale.
- Bien, gracias a Dios. – Dijo David dando un suspiro.
- ¿Hay nuevas pistas sobre Rumpelstiltskin? – Preguntó Killian con curiosidad.
- No. – Negó Eric. – Un par de agentes están tomando todas las muestras posibles de la casa y otros se están dedicando a seguir los rastros que dejó. – Intentó explicar.
- ¿Si no hay nuevas noticias por qué me hicieron separar de Emma? – Preguntó Killian confundido.
- Porque Whale dijo que tenía información importante para darnos. – Dijo Robin centrando su atención en el Doctor.
- Si, tengo. – Asistió Whale. – Pero creo que lo mejor va a ser esperar que Emma despierte y dejar que ella se los diga. – Dejó saber su decisión.
- No tenemos tiempo para esto, necesitamos saber que es lo que sabes. – Dijo David con seriedad.
- Lo lamento pero no puedo, Emma me hizo prometer que solamente lo diría si su vida estuviera en extremo peligro. – Justificó Whale.
- ¡¿No te parece que esto no es suficiente peligro?! ¡Podríamos haberla perdido! – Exclamó Killian enojado.
- Emma está estable y estoy seguro que ella preferiría ser quien revele lo que sabemos. – Dijo Whale.
- Whale tenes que decirnos, por favor. – Pidió David, mientras Robin intentaba calmar a Killian.
- No, no tengo que decirles, ni voy a hacerlo. – Negó Whale. – Emma quería protegerlos a todos ustedes, y mientras ella esté bien yo voy a dejar que lo haga. – Dijo convencido de su decisión.
Killian sabía que había algo que Emma había estado escondiendo, pero confirmarlo lo hizo desesperarse. Tenía el presentimiento que lo que sea que Emma haya descubierto, era algo sumamente importante. Lamentablemente no podían hacer que el Doctor Whale hable, y aunque lo respetaba por respetar los deseos de Emma, a la vez le deba bronca, porque al guardarse lo que sabía la vida de Emma seguía en peligro. La vida de Emma siempre estaba en peligro, al menos mientras Rumpelstiltskin siguiera libre. Todavía no podía creer que el maldito había logrado escaparse de ellos y el FBI. Habían estado tan cerca de agarrarlo, y el fracaso lo hizo sentir una tremenda furia. Fue al baño y se tomó unos minutos para calmarse, luego regresó a la habitación de Emma.
Cuando entró a la habitación, sonrió al comprobar que ella ya había despertado. Henry estaba acostado a su lado y la tenía abrazada. Killian se acercó y le dio un beso en la mejilla cariñosamente, luego dejo que siga conversando con sus amigas.
- ¿Vos también vas a tener custodia? – Preguntó Henry, una vez que Emma explicó a él y sus amigas que todos iban a ir a vivir a un hotel con custodia hasta que Rumpelstiltskin sea agarrado.
- Por supuesto. – Asistió Emma. – Ahora lo mejor va a ser que vayan al hotel, se pongan cómodos y a salvo. – Dijo pensativamente.
- Pero yo quiero quedarme con vos. – Protestó Henry.
- Henry, yo voy a tener que ir a un montón de interrogatorios y no quiero que estés presentes en ellos. – Explicó ella con sinceridad. – Por eso necesito saber que vas a ir con ellas, y que estás a salvo. – Dijo señalando a sus amigas.
- Todavía estás acá y… - Comenzó a decir Henry.
- No por mucho. – Lo interrumpió Emma. – Me conoces y sabes que no voy a dejar que me tengan acá más tiempo. – Dijo haciendo que su hijo se ría.
- Vamos, tu mamá tiene razón, lo mejor va a ser ir para el hotel. – Dijo Regina interviniendo.
- Podemos dedicarnos a decorarlo y cocinar cosas ricas. – Sugirió Mary Margaret.
- Bien. – Aceptó Henry. – Pero, ¿Me prometes que no bien termines con todo lo que tenes que hacer vas a venir por mí? – Pidió a su madre.
- Te lo prometo, yo siempre voy a ir por vos Henry. – Juró Emma. – Tenemos que hablar. – Dijo a Killian una vez que estuvieron solos.
- Ya vamos a poder hacer eso más tarde, ahora necesitas descansar. – Dijo él notando el agotamiento de ella.
- Jefferson murió. – Dijo ella, su voz quebrándose.
Emma comenzó a llorar desconsoladamente, y lo único que él supo hacer para contenerla fue abrazarla hasta que se quedo dormida. Killian se mantuvo con ella todo el tiempo, observándola, agarrándole alguna de sus manos, o acariciándole el cabello. A media noche el Doctor Whale vino a la habitación y le dio el alta. Killian la llevó a la comisaría, donde Emma tuvo que separarse de su lado para poder ser interrogada por los agentes del FBI. Killian no sabía que esperar con todo lo que estaba sucediendo. Él no quería que Emma sea expuesta a interrogaciones después de todo lo que había pasado, y cuando recién había salido del Hospital. Pero no podía hacer nada para evitarlo, así que no le quedaba otra que esperar.
- Ella no va a decir nada sobre lo que se refería el Doctor Whale. – Dijo David sentándose a su lado.
- ¿Por qué no? – Preguntó Killian sorprendido. – El FBI la está interrogando, tendría que decirles todo lo que sabe. – Dijo algo frustrado.
- Me dijo que no iba a decir nada hasta no hablar con vos, ella quiere que seas el primero que lo sepa. – Explicó David.
- Eso es ridículo, ella tendría que decirles lo que sea que sabe si es tan importante, sino su vida sigue en peligro. – Dijo Killian dando un largo suspiro.
- Ambos sabemos que Emma es cabeza dura y hace las cosas a su manera. – Dijo David con una sonrisa al pesar en su amiga. – Ella te ama y quiere hablarlo con vos antes de con el resto, así que eso va a hacer. – Dejó saber su opinión.
¿Qué es lo que Emma sabía? ¿Por qué quería hablarlo primero con él? ¿Qué tan grave era? ¿Tendría alguna relación con él? Miles de preguntas se pasaron por su cabeza y solo se tranquilizó cuando Emma salió de la sala de interrogaciones. Lucía cansada y triste, pero decidida. Se acercó a él y le pidió que la lleve a su casa, a lo cual en no pudo, ni quiso negarse. Era hora de enterarse ese misterio que ella había estado escondiendo.
Cuando Emma despertó en el Hospital sabía que era hora de enfrentarse a la verdad. Después de todo lo que había pasado con Rumpelstiltskin en las últimas horas, sabía que ninguna de las personas que quería iba a poder estar a salvo. Ella ya no podía guardarse la información que sabía, no después de que Jefferson haya muerto delante de sus ojos, no después de haber comprobado lo loco que estaba ese asesino. Tenía que confesar esa información que había estado guardando porque era lo único que tenían para poder avanzar con el caso, y hasta quizás finalmente atraparlo. Emma sentía que había hecho bien en haber guardado la información en un principio, porque proteger a las personas que quería siempre era su meta principal. Pero ahora que Rumpelstiltskin había roto el trato y puesto a su hijo en peligro, sabía que no podía continuar cumpliéndolo.
Una vez que le dieron el alta, Killian la llevó a la comisaría. Emma fue expuesta a reiteradas interrogaciones sobre lo que había pasado. Emma había decidido que era hora de decir toda la verdad, pero no podía hacerlo hasta hablarlo con Killian. Él se merecía ser la primera persona en enterarse todo, porque la información lo incluía. Emma sabía lo difícil que iba a ser para Killian verse más implicado en el caso de Rumpelstiltskin y sumar a Millah a todo eso. Sabía el dolor que le iba a causar, por eso quería ser ella quien se lo cuente y no que se enteré por las interrogaciones. Ella quería que él sea el primero que lo sepa, así que decidió guardarse esa información extra para después. Total unas horas más, unas horas menos… A estas alturas ya no hacían muchos cambios, ¿Cierto?
Después de terminar la sesión de interrogaciones, fue en búsqueda de Killian y le pidió que la lleve a su casa. El viaje en auto hacia la casa de él fue silencioso, cada uno demasiado sumergido en sus pensamientos. Emma estaba nerviosa por todo lo que se le venía por delante, y podía notar que él se estaba preparando y anticipando ante lo que sea que tenía para decir. Llegaron a la casa de él, prepararon chocolates y se sentaron en el living para poder conversar tranquilos. Lo miró por unos instantes, miró sus ojos azules y agradeció el cariño con el que siempre la miraban. Killian la amaba, y eso era algo que nunca iba a dar por sentado.
- Perdón por haberme ido. – Se disculpó ella, haciendo referencia al trato que ella había hecho con Rumpelstiltskin para poner a salvo a su hijo.
- Está bien, entiendo, querías proteger a Henry. – Dijo él suspirando, a la vez que despeinaba su cabello de los nervios.
- No, no está bien. – Negó ella. – Te tendría que haber dicho y tendríamos que haberlo resuelto juntos como un equipo. – Se reprochó a ella misma.
- Espero que la próxima vez que estemos en una situación del estilo, tengas en cuenta todo esto. – Dijo él aceptando sus disculpas.
- Gracias por haber venido por mí, por salvarme. – Agradeció ella con una pequeña sonrisa, porque nunca nadie la había hecho sentir tan protegida y especial como lograba él.
- Siempre. – Aseguró él acariciándole una de sus mejillas. – El colgante que me regalaste te salvó. – Aclaró después de un silencio.
- Lo sé, es un rastreador. – Asistió ella.
- Fuiste inteligente por lo menos en esa parte del plan. – La halagó él. – No puedo creer que haya tenido un rastreador conmigo desde mi cumpleaños, nuestra relación recién empezaba... – Dijo pensando en voz alta.
- Nuestra relación recién empezaba, pero ya eras demasiado importante en mi vida, aunque me costó asimilarlo y admitirlo. Si íbamos a intentar tener algo juntos, lo mínimo que podía hacer era protegerte de alguna manera. – Explicó ella rozando sus narices.
- Te amo. – Dijo él mirándola intensamente.
- Y yo te amo a vos. – Dijo ella uniendo sus labios en un beso.
Emma necesitaba sentirlo, y necesitaba demostrarle todo el amor que sentía por él. Así que unió sus labios en un beso. Un beso intenso, lleno de sentimientos. También se permitió tomar coraje y fuerzas en el beso, para poder continuar la conversación y revelarle lo que quería hacer desde hace tiempo. Tenía miedo de perderlo una vez que le cuente todo, pero tenía que contárselo. Él se merecía saberlo. Y si quería dejarla después de enterarse toda la verdad, tendría que afrontarlo y dejarlo ir. Así que lo besó con algo de desesperación, como si su vida dependiera de eso, hasta que necesitaron respirar y tuvieron que separarse.
- Hay algo muy importante que tengo que decirte. – Dijo ella con la voz temblorosa.
- Lo sé. – Asistió él. – El Doctor Whale nos dijo que había algo importante que sabías y que nos ibas a querer decir. Aparte todos venimos presintiendo que hay algo que estabas escondiendo. – Explicó al notar la sorpresa de ella de que él supiera que tenía algo que contar.
- Es sobre Rumpelstiltskin, por eso tuve que esconderlo, sino él iba a lastimar a alguno de ustedes y yo no podía dejar que eso pase. – Justificó ella.
- ¿Qué cambió para que ahora quieras decirlo? – Preguntó él con curiosidad.
- Él no cumplió el trato. Secuestró a Henry, mató a Jefferson. – Respondió ella sintiendo un escalofrío al recordar todo eso. – Igualmente a vos siempre te lo quise decir. – Agregó ella mordiéndose el labio de los nervios.
- ¿Por qué? – Cuestionó él mirándola como queriendo leerla.
- Porque… - Comenzó a decir ella, pero se calló y se acomodó en el sillón, para enfrentarlo y pensar como decirle todo. – Rumpelstiltskin es Robert Gold. – Confesó.
- ¿Qué? – Preguntó él sin poder creerlo. – No, eso no es posible. – Negó él.
- Es posible y es real. – Dijo ella. – Cuando encontramos la foto de Millah sentí algo familiar en ella, me resultó muy parecida a Ava y Nickolas (las víctimas Hansel y Gretel), así que mandé a hacer las pruebas de adn y dieron positivo. – Relató lo que había pasado un tiempo atrás.
- ¿Me estás queriendo decir que Ava y Nickolas eran hijos de Millah? ¿Ava y Nickolas eran hijos de Arthur y Millah? ¿Millah tenía hijos y yo nunca lo supe? ¿El ex novio de ella era Rumpelstiltskin un asesino loco y serial, y ella jamás me lo dijo, jamás le importó que mi vida corriera peligro? – Cuestionó él horrorizado, como en estado de shock.
- Si, ella debe haberlos abandonado para protegerlos de Rumpelstiltskin. – Asistió ella.
- No, no puede ser. – Negó él.
- Killian, si lo pensas le vas a encontrar sentido a todo, ella fue apuñalada con un alambre en forma de alas, y cubierta de pintura verde y dorada… - Comenzó a explicar ella.
- Ella era Tinkerbell y yo Capitán Garfio. – Terminó él por ella, siguiendo su razonamiento. - ¿Por qué no me lo dijiste antes? – Preguntó enojado.
- Ya te lo dije, yo solo estaba intentando protegerte, y proteger a todos los demás. – Le recordó ella.
- ¡No puedo creer que me hayas escondido algo así! ¡Yo me merecía saberlo! – Exclamó él.
- Sé que estuve mal en esconderlo, pero… - Comenzó a decir ella.
- ¡No, no quiero excusas! ¡Me lo tendrías que haber dicho! – La sobrepasó levantando el tono de voz. - ¿Todavía no confías en mí? ¿Es eso? – Preguntó dolido.
- Claro que confío en vos. – Respondió ella.
- No, no lo haces, sino me lo habrías contado antes. – Discutió él, y se levantó del sillón.
- Killian, yo… - Comenzó a decir ella, levantándose también del sillón para seguirlo.
- No, no quiero hablar más, ni verte. Esto es demasiado. – La interrumpió él bruscamente.
Su corazón se partió en mil pedazos mientras lo veía irse y alejarse de ella, pero tenía que dejarlo ir. Él necesitaba tiempo y espacio, y ella tenía que respetarlo y dárselo, como él siempre había hecho con ella. Sabía que la verdad le iba a causar dolor a Killian, pero haberlo afrontado y vivido había sido desgarrador. Emma pudo sentir el corazón de Killian romperse. No solo por lo que se había enterado que Millah le había escondido por tanto tiempo, sino porque consideraba que el hecho de que ella lo haya sabido por tanto tiempo y no le haya dicho era traición. Ella sabía que había estado mal en ocultarlo, pero lo había hecho para protegerlo. Finalmente había pasado lo que tanto había temido, lo había perdido; o al menos eso creía. Se acostó en el sillón sintiéndose derrotada, y lloró hasta quedarse dormida.
