Os traigo un nuevo capitulo!

Como siempre, muchas gracias a todos, a los que siguen esta historia, a los que le dan a favorito, a los que me dedican unos minutos escribiendo una review, muchas gracias a todos de verdad!

Espero no decepcionaros, y me encantaria que me escribierais en alguna review o si preferís me enviaís un mensaje privado, comentandome cosas que os gustaría que pasara, ideas, o incluso comentarios o criticas sobre los capitulos

No os molesto más y os dejo con un nuevo capitulo de esta locura de fic

ENJOY!


Capitulo 5

Recogí todo lo más rápido que pude y nos fuimos las dos juntas hacia el ascensor, antes de que se cerraran las puertas pude ver a Espo haciendo una seña con las mano en plan victoria y no pude evitar reírme.

- ¿Dónde quieres ir? – preguntó Beckett.

- Hay un bar aquí al lado, es bastante tranquilo, solíamos ir allí muchas veces para celebrar el cierre de algún caso.

- Es decir, qué podríamos encontrarnos a media comisaría allí ¿no?

- Si, supongo ¿por qué?

- No sé, había pensado en algo más íntimo.

Beckett se rió porque de golpe mi expresión facial cambió, mis ojos casi saltan de sus orbitas, imagino que puse una cara bastante cómica.

El ascensor llegó a su destino sin darme tiempo a reaccionar. Ella salió por delante de mí y yo me quedé mirándola. Reaccioné a los pocos segundos y la seguí.

- Entonces, ¿qué quieres hacer? – pregunté muy bien sin saber porqué.

- ¿No conoces ningún sitio un poco más alejado de aquí? Tengo la moto aparcada ahí, podemos ir donde me digas.

- ¿Moto? Llevas una moto.

- Sí, me gustan las motos, te sientes libre al conducirlas.

- Es que… - dije algo nerviosa – no he subido a ninguna moto desde que…

- Castle, tranquila, no dejes que tu pierna tome decisiones por ti, si quieres seguir con tu vida, el primer paso es actuar normal, como si no estuviera y no dejar que te impida hacer cosas cotidianas como subirte a una moto, además, estaré yo para protegerte – dijo sonriendo y guiñándome un ojo.

Sus palabras produjeron en mí una sonrisa, esa mujer definitivamente, sabía cómo animarme.

- Está bien, conozco un bar bastante moderno que hay cerca de mi casa, ¿te apetece?

- Claro, solo indícame el camino – dijo subiéndose a su moto y pasándome un casco.

Me quedé mirándola en silencio, ofreciéndome ese caso, entre la chaqueta de cuero que llevaba y viéndola subida a su impresionante moto, se veía terriblemente sexy. Me acerqué y me puse el casco. Cuando levanté la pierna para pasarla por encima de la moto, perdí el equilibrio, y cuando creí que haría el ridículo más grande de mi vida cayéndome al suelo, noté su mano cogiéndome por el brazo, impidiendo que eso pasara. La miré a los ojos avergonzada, ella me miraba con complicidad, no mostraba ni un signo de pena hacia mí, al contrario. Hizo que me sintiera segura.

- Gracias – dije.

- No me las des, espera, te ayudaré a subir – dijo bajándose de la moto – te daré la mano para ayudarte a mantener el equilibrio, es la primera vez que lo haces, así que entiendo tus nervios, pero respira hondo, estate tranquila, no lo pienses más, y sube – definitivamente, esa mujer sabía cómo hacerme sentir segura.

Me ofreció la mano, se la agarré sin pensármelo, saqué fuerzas de donde pude y subí.

- Ves, lo hemos conseguido, formamos un gran equipo – dijo sonriéndome justo antes de subirse a la moto delante de mi – puedes agarrarte todo lo que quieras a mí, solo quiero que te sientas segura.

- Gracias Beckett.

- Este ha sido el primer paso de tu entrenamiento, confiar en los demás y no avergonzarte cuando necesites ayuda – dijo justo antes de arrancar.

Le indiqué el camino, me pasé el viaje cogida a su cintura, a esa perfecta cintura marcada por el cuero. No se la cara que estaría poniendo ella ante esa situación, ya que no la veía, pero la mía sin duda, era de lo más cómica. Sonreía como una idiota a la vez que mostraba un atisbo de nervios por estar agarrada a ella encima de una moto a toda velocidad. Cuando llegamos, ella bajó primero, se quitó el casco ante mi atenta mirada, movió la cabeza arreglándose el pelo de una manera tan sensual, que parecía un anuncio de champú. Sonrió al ver mi cara de boba y me ofreció su mano, yo la miré, y sin vergüenza alguna, me cogí a ella y bajé de la moto. Guardamos los cascos y entramos al bar.

No había mucha gente, ya que era un bar bastante tranquilo, nos acercamos a una mesa y nos sentamos. Pedimos dos cervezas y unas patatas de aperitivo.

- Bueno, ¿qué tal la experiencia de ir en moto? – preguntó interesada Beckett.

- Ha sido…genial, supongo.

- ¿Supones?

- Al principio estaba algo nerviosa, insegura imagino, pero poco a poco se me ha ido pasando, creo que me has dado seguridad, y he disfrutado del viaje – dije riéndome.

- Me alegra oír eso. Sabes, el entrenamiento no es solo físico. También debes aprender a confiar, en los demás y en ti, a nunca tener miedo a pedir ayuda.

- Siempre he sido una persona independiente, y es algo que cuesta.

- Lo sé, yo era como tú, era una cabezota, que prefería romperse la crisma antes que pedir ayuda a alguien. Pero con el tiempo aprendí que lo único que consigues haciendo eso, es quedarte sola con tu cabezonería.

- Así que además de entrenadora, también eres una gurú del autoestima – Beckett rió ante mi comentario.

- Me gusta ese eslogan, detective Beckett, gurú del autoestima – dijo riendo a carcajadas – creo que voy a cambiar mi tarjeta.

Seguimos bebiendo de nuestras cervezas, hablando de cosas banales entre risas.

- Cambiando de tema, cuéntame algo de tu vida – soltó sin más.

- ¿De mi vida? ¿Y qué quieres saber?

- Pues no sé, qué te llevo a ser policía, por ejemplo.

- La pregunta del millón – dije riéndome a lo que Beckett respondió con lo que se había convertido en mi nueva música favorita, su risa – Pues desde pequeñita me interesé por ello, mi padre era policía, el mejor policía de la historia para mí, y siempre quise parecerme a él. Cuando fui creciendo, el me ayudó, entrenábamos juntos, me enseñaba sus mejores trucos, incluso me llevaba al campo de tiro para practicar.

- Suena a un gran hombre, ¿por qué hablas de él en pasado?

- Mientras yo estaba en la academia, él murió, bueno, lo asesinaron a sangre fría mientras trabajaba en un caso.

- Vaya, siento mucho oír eso – dijo Beckett poniendo su mano encima de la mía. Miré nuestras manos y me puse algo nerviosa.

- Al principio fue muy duro, para que mentir, pero me dio más fuerzas para seguir estudiando y formándome, él era mi héroe, y yo quería que donde estuviera, viera que me convertía en la mejor policía y se sintiera orgulloso de mí.

- Seguro que lo está Castle.

- Dudo que le guste ver que encima de no atrapar a su asesino, me haya vuelto una poli de oficina.

- No digas eso, tú no eres una simple poli de oficina Castle, has estado durante años jugándote la vida en las calles.

- Hasta que caí en la trampa de un hijo de puta como si se tratara de una mosca en una telaraña.

- Todos cometemos errores.

- Y el mío lo estoy pagando caro.

- Mira, no quiero sonar dura ni pedante, pero deja de compadecerte Castle, así no vas a conseguir nada, solo hundirte en la mierda. Has perdido una pierna ¿y qué? La vida sigue, tú sigues, y debes luchar por ser la persona que eras.

- Vaya, eres directa.

- Así soy yo, ya me irás conociendo – dijo guiñándome un ojo.

- Sé que tienes razón, Kate, pero cuesta.

- Claro que cuesta Rose – cuando oí mi nombre en sus labios sentí como si flotara en una nube – pero como te dije, estoy aquí para ayudarte, y también tienes a Esposito, a Ryan, incluso a la capitán Gates.

- ¿Por qué quieres ayudarme?

- ¿La verdad? No lo sé, pero desde que te vi, y conocí tu historia, sentí como una conexión especial contigo, no me malinterpretes, no es pena ni nada de eso, pero antes de venir, leí tu expediente, y me pareciste una detective increíble. Así que quiero tenerte cuanto antes en mi equipo, y si lo que necesitas es mi ayuda, no voy a ser quien te la niegue.

- Y tú ¿Por qué te hiciste policía? – al decir eso, ella retiró su mano de encima de la mía y su expresión cambió, eliminó su sonrisa y pasó a tener una expresión de tristeza.

- Bueno, mi historia es algo parecida a la tuya, aunque yo en realidad nunca había pensado en ser policía.

- ¿No? ¿Y qué querías ser?

- Mis padres eran dos de los mejores abogados de Nueva York, y desde bien pequeña, me instruyeron en el mundo de las leyes y la justicia. Así que cuando empecé en la universidad, la carrera que escogí fue derecho.

- Interesante, ¿y cómo una estudiante de derecho acaba en una academia de policía?

- Una noche, mientras mi padre y yo esperábamos a mi madre en un restaurante para cenar, la apuñalaron en un oscuro callejón, dejándola tirada como si de basura se tratara, murió desangrada y yo no pude hacer nada – dijo con rabia y los ojos llorosos.

- Lo siento mucho Kate, a mi padre también lo apuñalaron – dije esta vez poniendo yo mi mano sobre la de ella.

Ella no dijo nada más, se quedó mirándome a los ojos, sin pronunciar palabra, una lágrima cayó por su mejilla, y sin pensármelo dos veces, acaricié su rostro, recogiendo con mi pulgar esa gota de agua salada y permitiéndome disfrutar del contacto con su piel. Nuestras miradas seguían fijas la una en la otra. Ella mostró una pequeña sonrisa. De golpe separé mi mano de su preciosa cara y carraspeé.

- Gracias – soltó ella casi en un susurro.

Me limité a mostrarle una sonrisa de complicidad, cogí mi cerveza y tomé un largo trago.

- Cambiando de tema, ¿qué te ha traído a esta ciudad? – pregunté curiosa.

- Es algo complicado de explicar.

- Perdona, a veces soy demasiado curiosa, si no quieres contármelo lo entiendo.

- No es eso, Rose – de nuevo oír mi nombre en su boca, me provocó un cosquilleo en el bajo vientre – es una historia algo reciente, y recordarla seguramente provocaría alguna que otra lágrima de nuevo y no quiero estropear más esta cita con mis problemas - ¿cita? ¿Había dicho cita? – quizá en otro momento, tenemos muchos días por delante para conocernos mejor.

Aparte de volverme loca, esta mujer me intrigaba muchísimo, tenía una mirada terriblemente sexy, pero a la vez, se notaba que dentro llevaba una carga emocional enorme, y era un misterio que estaba dispuesta a resolver.

- De hecho, tu apellido no es nuevo en mi vida.

- ¿A no?

- No, conocí a alguien con tu mismo apellido.

- ¿Alguien importante?

- Si, bastante diría yo, bueno, al menos lo fue en su día. Pero como te he dicho, en otra ocasión quizá te lo cuente. ¿Pedimos otra? – dijo cambiando de tema al ver que mi vaso de cerveza estaba vacío.

- Claro – hice un gesto con la mano, y nos trajeron dos cervezas más.

- Aún tenemos que hablar de ese entrenamiento.

- Pensaba que ya no te acordabas.

- Cómo voy a olvidar algo que hará que pase más tiempo contigo – dijo levantando una ceja, un gesto tan simple pero que en ella era irremediablemente sexy – ¿Tenéis gimnasio en la comisaria?

- Si, ¿no te lo han enseñado? Está subiendo las escaleras que hay delante de la sala contigua a la sala de interrogatorios.

- No, no he tenido tiempo a hacer el tour completo, mañana puedes enseñármelo.

- ¿Mañana? ¿Quieres empezar mañana mismo?

- Claro, cuanto antes pueda contar contigo en mi equipo, mejor, si no entra ningún caso que conlleve urgencia, podemos empezar mañana a primera hora.

- Me parece una muy buena idea.

- Me gusta verte tan dispuesta Castle – mi nombre en sus labios sonaba sexy, pero la manera en la que pronunciaba mi apellido, era simplemente excitante.

- Hace unos días ni pensaba en ello, veía mi vida atada a esa mesa de la comisaría.

- ¿Y qué te ha hecho cambiar de idea?

Tú, quise pronunciar, pero mis labios no eran capaces de ser tan sinceros.

- La idea de poder recuperar mi vida tal y como era antes de todo esto.

- Es un buen comienzo – tal vez ella también esperaba ese "tú" ya que bajó la mirada hacia su vaso de cerveza como si estuviera decepcionada por mi respuesta – empezaremos trabajando tu equilibrio, ¿te parece bien?

- Si, perfecto.

- Bueno Castle, creo que después de 3 cervezas ya se me va un poquito la cabeza, y mañana tenemos que madrugar. Antes me has dicho que vivías cerca de aquí, ¿te acompaño dando un paseo a casa? Así se me pasará un poquito el efecto de la cerveza.

- Claro, Beckett, encantada de disfrutar un poquito más de tu compañía.

Nos levantamos, pagamos las cervezas y salimos a la calle. En el paseo, reinó el silencio entre nosotras. No sé si bien por algún tipo de tensión, o simplemente estábamos disfrutando de la brisa en nuestros rostros. No hacía mucho frío, pero tenía la piel de gallina, esa mujer provocaba un millón de sensaciones en mi cuerpo sin necesidad de pronunciar palabra alguna. Cuando llegamos a la puerta de mi casa, me paré.

- Aquí es – dije señalando la puerta.

- Vaya, realmente estaba cerca – dijo riendo.

- Si, solía ir a ese bar muchas veces con mi padre, él me lo enseñó.

- Me alegro de que lo hayas compartido conmigo.

Nos miramos a los ojos, podía pasarme la noche entera perdida en sus ojos, ¿qué debía hacer?, sentía la necesidad irrefrenable de besarla, pero no quería estropear lo que fuera que estaba pasando entre nosotras dos.

- Buenas noches Castle – dijo ella acercándose a mí – Nos vemos mañana a las 8 en comisaría.

Al momento acercó sus labios a mi mejilla depositando un suave beso en ella. Me quedé paralizada, incapaz de pronunciar palabra, mi mente gritaba 'bésala', pero mi cuerpo no respondía.

- Buenas noches Beckett – me limité a decir lo más pausadamente que pude.

Ella sonrió, se separó de mí, se giró y empezó a caminar hacia donde había aparcado la moto. Me quedé ahí, inmóvil, contemplando su perfecta silueta alejándose de mi posición.

Mañana sería un gran día.


Espero que os haya gustado! No olvidéis dejar vuestras reviews, privados, o lo que queraís! =)))))))