Killian estaba destruido. Se sentía más triste de lo que se había sentido en mucho tiempo. La noticia de que Rumpelstiltskin era Robert Gold, le cayó como un balde de agua helada. Agarró una botella de ron y se encerró en su habitación. No podía soportar estar cerca de Emma en ese momento, no cuando ella había sabido eso desde hace tiempo y se lo había escondido.

Entre trago y trago, se dedicó a pensar en todo lo que significaba esa cruda verdad. Millah había sido novia de Rumpelstiltskin. Millah había sido novia de Arthur y había tenido dos hijos con él, Ava y Nickolas. Millah había abandonado a su familia para protegerlos de Robert Gold. Y luego, en algún momento, lo conoció a él. ¿Lo habría amado de verdad o solo habría sido una distracción? ¿Por qué no le había confiado su complicado pasado? ¿Alguna vez se habría preocupado de que Rumpelstiltskin pueda encontrarlos y lastimarlos? De hecho eso era lo que había pasado, Rumpelstiltskin la había matado delante de sus ojos. También había intentado matarlo a él, pero no lo consiguió, él sobrevivió. Killian sentía que su corazón se partía a pedazos. La mujer que había sido tan importante en su vida, que había sido su primer amor, dejó de tener la perfección que siempre había creído. Sentía que al final nunca la había conocido bien y eso lo ponía triste. ¿Habría sido real el amor que tuvieron?

Siguió tomando y se repitió a si mismo una y otra vez que Robert Gold era Rumpelstiltskin, el asesino lunático serial. Rumpelstiltskin no solo había asesinado a Millah, sino que había asesinado a muchas personas inocentes. Rumpelstiltskin había asesinado a los padres de Emma. Rumpelstiltskin ponía la vida de Emma en peligro constantemente. Su cabeza se vio invadida con los recuerdos de la muerte de Millah, el suceso de la falsa bomba en el colegio, y el secuestro de Emma. ¿Cómo se suponía que iba a cuidar de Emma cuando no había podido hacerlo con Millah? ¿Cómo podía hacer para atrapar a Rumpelstiltskin y hacer justicia? Y así, entre trago y trago, se quedo dormido.

Se despertó cuando los rayos del sol empezaron a molestar en sus ojos. Lo primero que sintió fue un gran dolor de cabeza, por culpa de todo el alcohol que había tomado. Después de unos minutos de tomar fuerzas, se levantó y se metió en la ducha. Dejó que el agua lo calme y lo despeje de su resaca, mientras volvía a repensar lo que había pasado la noche anterior. Todo lo que se había enterado de Millah le dolía, y que Emma se lo haya ocultado también le dolía. ¿Por qué Emma se lo había ocultado? ¿No confiaba en él? Pensó y repensó una y mil veces la situación, y por más que estaba enojado y probablemente lo iba a seguir por un largo tiempo, entendió la decisión que ella había tomado. Emma había querido protegerlo. Quizás no lo había hecho de la mejor forma, pero esa había sido su intención. Y pensando todo, se dio cuenta que si él habría estado en su situación probablemente habría hecho lo mismo. Se vistió con ropa limpia, y salió de su habitación para desayunar y tomar una aspirina. Fue hacia el living y se sorprendió al ver que Emma no estaba en el sillón. Él había pensado que ella se había quedado. De repente todo lo que había pasado le cayó con más fuerzas, y sintió un poco de culpa al pensar en lo mal que la había tratado. Él sabía que a Emma le costaba confiar en las personas, que le costaba abrir su corazón. Y él, con su brusquedad, seguramente la había alejado. Pero él no podía soportar eso, no podía dejar que las cosas queden tensas sin hablarlas bien, y no podía dejar que ella ande libremente por ahí cuando su vida estaba en peligro por Rumpelstiltskin. Decidido a ir por ella, y recorrer toda la ciudad hasta encontrarla si era necesario, salió de su casa. Sin embargo, al salir, algo lo detuvo. Emma estaba allí, sentada en un banco en su deck de madera mirando el océano. Su cabello estaba despeinado, sus ojos rojos e hinchados por todo lo que había llorado, sus brazos estaban abrazando sus piernas en búsqueda de no sentir tanto frío, su postura lucía tensa y cansada como si estaría totalmente derrotada.

- Estás acá. – Comentó él uniéndose al banco junto a ella.

- ¿Dónde más iba a estar? – Preguntó ella confundida.

- Cuando me desperté y no te encontré en el sillón, pensé que te había ido. – Explicó él.

- Lo siento, no era mi intención hacerte preocupar. – Dijo ella enfocando su vista en el sol del amanecer.

- ¿Qué haces acá afuera? – Preguntó él después de un largo silencio donde se dedicaron a mirar el océano.

- No podía dormir, así que salí a despejarme. El océano siempre me calma. – Respondió ella con sinceridad.

- Si, a mi también me calma. – Coincidió él.

- Perdón. – Dijo ella después de otro rato de silencio.

- Emma… - Comenzó a decir él.

- Perdón por todo Killian. – Lo interrumpió ella. – Perdón por no habértelo dicho antes. Sé que estás enojado y dolido por todo lo que te enteraste y porque sentís no confié en vos, y entiendo si no queres que pase nada más entre nosotros. – Se disculpó ella con la voz temblorosa. – Pero yo si confió en vos, y no puedo pedirte perdón por protegerte. Yo siempre te voy a proteger a vos, a Henry, a nuestros amigos. – Agregó agarrando sus piernas con más fuerzas y descansando su cara contra uno de sus brazos.

Killian la miró sorprendido por un largo instante porque no podía creer que le haya pedido perdón. Él no se había esperado que ella le pida perdón. Se sentía bien escucharla decir que confiaba en él y que siempre lo iba a proteger. Quería decirle que la perdonaba, que la entendía, que él habría hecho lo mismo. Pero nada parecía salir de su boca, por lo que solo se limitó a mirarla. La luz del amanecer la hacía parecer hermosa y radiante, aún en el estado en el que estaba. Pudo ver como varias lágrimas silenciosas caían de sus ojos, y como dio varios suspiros mirando hacia al océano, como buscando fuerzas. Quería consolarla, y quería que ella también lo consolé a él. Pero no sabía como hacerlo, no después de todo lo que se había enterado. ¿Cómo podía hacer para seguir amando cuando su corazón estaba roto?

- Bien, entiendo. – Aceptó ella luego de secarse las lágrimas. – Creo que lo mejor va a ser que me vaya. – Dijo levantándose del banco.

Emma se quería ir. Él le había dado a entender que no la quería con él, que no quería que sigan adelante con la relación que tenían. Su corazón se rompió en más pedazos que antes, cuando vio la mirada de ella llena de tristeza. La miro caminar alejándose de él y finalmente reaccionó. Él no quería que ella se vaya, él no quería perderla.

- Emma, espera por favor. – Pidió él agarrándola del brazo.

- ¿Qué? – Preguntó ella volviéndose hacia él.

- No quiero que te vayas, quiero que te quedes. – Respondió él con sinceridad.

- ¿Estás seguro? – Preguntó ella mostrándose vulnerable.

- Si. – Contestó él.

- Entonces me quedo. – Asistió ella y lo abrazó.

- ¿Qué te parece si desayunamos? – Propuso él mientras se relajaba completamente en el abrazo.

- Me parece una gran idea. – Aceptó ella.

Si, lo mejor iba a ser que se tomen un rato para acomodar sus pensamientos. Killian quería desayunar para recuperar las fuerzas, luego hablar con ella para poder aclarar todo lo que había estado pasando en esas últimas horas. Antes que puedan volver a entrar a su casa, aparecieron Elsa, Liam y Rose. Los tres los saludaron, y agradecieron que Emma estuviera bien. Las cosas todavía seguían tensas, y Killian no tenía la menor idea de cómo iban a resolver todo con su hermano y sus amigas presentes.

- Estábamos por desayunar, ¿Se unen? – Los invitó Killian.

- Claro. – Asistió Elsa con una sonrisa.

- Yo mejor me voy a ir yendo. – Dijo Emma sin entrar a la casa.

- Emma… - Empezó a decir Killian.

- Henry me está esperando. – Lo interrumpió ella. – Lo mejor es que me vaya. Después, hablaremos, ¿Está bien? – Dijo ella algo insegura.

- Si, está bien. – Asistió Killian. – Llévate a uno de los oficiales de custodia. – Pidió algo preocupado.

- Eso haré. – Aseguró ella. – Y Killian, todos ellos deberían venir a las ubicaciones que nos dieron para estar seguros. – Le recordó.

- Si, ahora les informaré todo lo que pasó y luego los llevaré. – Dijo él. – También habrá que decirles a los demás todo lo de Rumpelstiltskin. – Agregó seriamente.

- Lo sé. – Aceptó ella. – Podemos hacerlo mañana, en la reunión de equipo. – Sugirió.

-Bien, nos vemos mañana entonces. – Dijo él.

- Chau. – Saludó ella.

Se miraron intensamente por unos segundos, hasta que ella rompió el contacto. Emma se acercó para darle un beso en la mejilla, pero finalmente no lo hizo, y se fue sin despedirse por medio de un contacto físico. Killian sintió sus inseguridades y percibió lo triste que estaba, lo cual hizo que su corazón doliera. Le dolió verla irse en ese estado, pero esa vez no la detuvo. Lo mejor iba a ser enfocarse en el caso, y el primer paso por ahora era entrar a su casa a contarles todo a su hermano y sus amigas para después llevarlos al hotel donde todos se estarían quedando para ser custodiados.


Emma no pudo dormir en casi toda la noche. Giró y giró en el sillón, pero no logró encontrar una pose cómoda. Sus sueños se vieron interrumpidos por pesadillas, donde Rumpelstiltskin asesinaba a Henry o a Killian. Cuando finalmente aceptó que no iba a poder dormir, decidió salir al deck a mirar el mar. Mirar las olas romper una y otra vez, era algo que siempre la tranquilizaba. Consiguió desconectar su mente, por un rato no pensó en todo lo que había pasado. A pesar de eso, había algo que no podía dejar de pensar ni siquiera con su mente desconectada. Killian. Le dolía pensar en lo triste que era para él haberse enterado todo eso sobre Millah, le dolía pensar que ella lo había herido al guardar esa información por tanto tiempo, le dolía que él sienta que ella no confiaba en él, le dolía no poder consolarlo. Y también le dolía el hecho, de que estaba casi segura, de que él no iba a perdonarla y no iba a quererla más en su vida. Y Jefferson, también le dolía que Jefferson haya muerto, que ella no haya podido salvarlo. Emma lloró hasta que no le quedaron más lágrimas, lloró porque sus corazones estaban rotos, y lloró porque ese era el motivo por el cual ella nunca había querido enamorarse.

Recién cuando el sol empezó a asomarse por el horizonte se tranquilizó un poco, los amaneceres siempre le daban cierta sensación de esperanza. Al rato Killian se unió a ella. Se sintió mal cuando él dijo que creyó que ella se había ido, y se sintió pésimo que él no aceptará sus disculpas. Su corazón se estaba partiendo en más pedazos que antes, así que decidió que lo mejor era irse. Si se iba a derrumbar por él, no le iba a dar el gusto de que la vea hacerlo. Pero él la detuvo y le pidió que se quede, y eso significo todo en ese momento. Quizás él pueda perdonarla, quizás puedan solucionar juntos los problemas que toda la situación había causado. Sin embargo, cuando Elsa, Liam y Rose los interrumpieron, Emma retomó su decisión de irse. Ella se sentía invadida, ellos solamente iban a poder hablar estando solos, y no creía poder poder soportar la tensión que iba a haber en el aire con ellos en estado tan frágil.

Emma caminó un rato por la costanera para calmarse, seguida por su oficial de custodia. Luego se fue al hotel donde tendrían que pasar los siguientes días para estar protegidos. Fue a la habitación que compartía con su hijo, y lo encontró durmiendo. Se acostó junto a él y dejo que el agotamiento que sentía la invada.

- Hola ma. – Saludó Henry una vez que se despertó.

- Hola peque. – Saludó Emma parpadeando un par de veces para acostumbrarse a la luz,

- ¿Cuándo llegaste? – Preguntó Henry curiosamente.

- Hace un par de horas. – Respondió ella mirando su celular para comprobar la hora. – Perdón por haberme quedado dormida invadiendo tu cama, no era mi intención. – Se disculpó.

- Está bien, no importa, yo también lo necesitaba. – Dijo Henry comprendiendo la necesidad que a veces tenían de dormir juntos para asegurarse que el otro estaba bien. - ¿Podemos ir a desayunar? – Preguntó sintiendo hambre.

- Más que desayunar, creo que vamos a tener que almorzar. – Contestó ella sonriendo ante lo bien que había dormido gracias a estar con su hijo.

Fueron al comedor del hotel y almorzaron. Cuando terminaron, Henry se fue a la sala de juegos y Emma se fue a su departamento. Si iban a pasar varios días en el hotel, necesitaba toda la información del caso de Rumpelstiltskin con ella. Primero fue a la comisaría para ver si había avances con encontrar a Rumpelstiltskin, si habían encontrado alguna pista en la casa donde la había tenido secuestrada con Jefferson. Como en la comisaría no había avances, fue a su departamento, y buscó las cajas que tenía con todo lo que había investigado durante toda su vida. Trabajó un rato repasando los datos, y agregando en su diario de información lo que había pasado el día anterior. Una vez que estuvo satisfecha con todo lo que había hecho, se fue de nuevo al hotel.

- ¡Emma! – Exclamó Regina corriendo a ella al verla. - ¿Dónde estabas? – Preguntó.

- Fui a la comisaría y mi departamento en busca de la información sobre el caso. – Respondió ella llamando el ascensor.

- No podes irte así como si nada, estábamos preocupados. – Reprochó Regina dando un suspiro aliviador.

- No me fui así como si nada, me fui con un oficial de custodia. – Retrucó Emma. – Aparte le deje dicho a Megara, la portera, que me iba y que si alguien preguntaba por mí les avise. – Agregó defensivamente.

- Si, ella nos dijo que te habías ido, el problema es que no sabíamos a donde. – Dijo Regina.

Subieron al ascensor y subieron en silencio. Se bajaron en el tercer piso y fueron a la habitación de ella. Emma acomodó la caja que llevaba con ella, mientras Regina se acostaba en una de las camas a relajarse. Una vez que terminó de acomodar todo, se acostó en la otra cama imitando a su amiga.

- ¿Cómo estas? – Preguntó Regina.

- ¿Sinceramente? – Preguntó Emma y la otra asistió. – Cansada, preocupada, triste… - Enumeró melancólicamente.

- Me imagino. – Asistió Regina. – Me alegra que estés bien y estés a salvo, estábamos realmente todos tan preocupados. Te quiero y no sé que haría sin vos. – Dijo con la voz ronca de aguantar las lágrimas.

- Yo también te quiero. – Dijo Emma estirando su brazo para unir sus manos de manera contenedora. – Estoy bien, todos vamos a estar bien. – Intentó convencer a su amiga y convencerse ella misma

Lo poco que quedaba del día fue tranquilo. Killian ya estaba en el hotel, junto con su hermano y sus amigas, y eso la hizo tranquilizarse un poco. Aunque dolía que todavía sigan en estado de ignorarse. El hotel estaba cerrado nada más para todas las personas que se encontraban bajo custodia, así que cenaron todos juntos en el comedor. Los niños estaban contentos de estar todos juntos, y decían que parecían unas vacaciones. Emma debía admitir que era lindo que estén todos juntos, pero ella estaba demasiado preocupada por el motivo que los hacía estar a todos allí y eso no le permitía relajarse.

Al otro día Emma y sus compañeros fueron a la comisaría. Se reunieron con Airel y Eric, y un par de agentes del FBI. Emma estaba nerviosa porque finalmente era el momento de revelar toda la verdad, pero a la vez se sentía en calma. Quizás todos juntos puedan resolver el caso y encontrar a Rumpelstiltskin de una vez.

- ¿Rumpelstiltskin es Robert Gold? – Preguntó David sorprendido, una vez que Emma terminó de confesar todo.

- Si. – Asistió Emma.

- ¿Hay manera de comprobar que todo lo que estás diciendo es verdad? – Preguntó Eric.

- El Doctor Whale hizo las pruebas de adn y salieron positivas, Millah es la madre de Ava y Nickolas. – Respondió Emma notando como Killian evitaba mirar a todos y centraba su vista en el piso tristemente,

- ¿Por qué no dijiste nada de esto cuando ayer te interrogamos? – Preguntó uno de los agentes de FBI.

- Problemas personales. – Contestó Emma.

- ¿Cómo sabemos que lo que decís es verdad y no una mentira? ¿Dónde están las pruebas de adn? – Cuestionó el agente seriamente.

- Yo destruí el resultado de las pruebas porque eso fue lo que Rumpelstiltskin usó para amenazarme, sino lo hacía iba a matar a alguna de las personas que amo. – Explicó ella trenzado su cabello de los nervios que sentía al estar tan expuesta.

- ¿Por qué decirlo ahora entonces? – Preguntó el agente insistentemente.

- ¡Porque él no cumplió el trato, entonces yo tampoco voy a hacerlo! ¡Él secuestró a mi hijo y eso es algo que no voy a tolerar, ni permitir! – Explotó Emma.

Robin intervino y se llevó al agente a un costado de la sala para calmarlo. Usando la base de datos del FBI, Ariel pudo encontrar toda la información sobre Robert Gold y al traspasarla con la de Rumpelstiltskin coincidían perfectamente. Igualmente todos coincidieron que iba a ser necesario volver a hacer las pruebas de adn.

- ¿Estuviste todo éste tiempo soportando todo ésto vos sola? – Preguntó David a Emma, mirándola con una mezcla de tristeza y admiración.

- Si. – Asistió Emma.

- Debe haber sido difícil. – Comentó David invadiendo su espacio personal

- Muy difícil. – Dijo Emma en un susurro casi imperceptible.

- No te preocupes, ya no estás sola. – Dijo David abrazándola. – Vamos a resolver esto juntos, te prometo que no vamos a darnos por vencidos hasta conseguirlo. – Le prometió.

Emma dejo que su amigo la abracé y la contenga. Ella siempre había tenido una relación especial con David, siempre lo había sentido como un hermano mayor que la protegía. Le habría costado y llevado tiempo decir la verdad, pero ahora que lo había hecho se sentía liberada. Finalmente se sentía capaz de dejar que otras personas la ayuden a resolver el caso. Ya no era ella sola contra Rumpelstiltskin. Eran todos ellos juntos contra Rumpelstiltskin.