Muy buenas gente!

Aquí os dejo con otro capitulo que espero que disfruteis!

Esta semana voy a estar un poco ocupada así que no voy a poder subir tanto como me gustaría!

Muchisimas gracias a todos los followers, favoritos y a los que os molestáis en dejarme una review, se agradecen mucho mucho, y con cada consejo, intento aplicarlo y mejorar poco a poco.

Sé que hay cosas que faltan, descripciones de los sentimientos de los demás por ejemplo, pero pensad en que está contando en primera persona, así que Rose no sabe lo que sienten exactamente los demás, pero puede que más adelante haga algo nuevo para poder explicarlo todo mejor =)

No voy a enrollarme más, disfrutad!


Capitulo 7

Las horas pasaban lentas, muy lentas, había entrado un caso nuevo, así que los chicos no llegaron ni a comisaría, y Beckett salió corriendo en cuanto la avisaron.

Acabé con el papeleo que quedaba, y sobre las 8 de la tarde, me acerqué al despacho de la capitán Gates. Llamé a la puerta y cuando me dio permiso, entré.

- Señor, ya he acabado el papeleo de hoy – dije.

Ella levantó la mirada de lo que estaba haciendo.

- Muy bien señorita Castle, puede usted irse a casa si lo desea.

- Gracias señor.

- ¿Cómo lo lleva? – preguntó cuando estaba a punto de salir.

- Bien, ya sabe, acostumbrándome a la rutina – dije con una sonrisa falsa volviendo a mirarla.

- Vino usted pronto hoy ¿no? – preguntó interesada.

- Sí señor, vine esta mañana al gimnasio, a entrenar un poco con Beckett.

- Vaya, que buena noticia.

- Gracias señor.

- Veo que la nueva detective está siendo una buena influencia para usted.

- La verdad es que sí, me está ayudando bastante a superar esto – no pude reprimir una sonrisa, esta vez, sincera.

- Me alegro Castle- dijo devolviéndome la sonrisa.

- ¿Cree usted que si me pusiera en forma de nuevo y aprendiera a dominar mi pierna podría volver a las calles? – me atreví a preguntar algo dubitativa.

- Sabe que eso no depende solo de mí, pero supongo que si en un tiempo, se recupera lo suficiente y sus compañeros de equipo están de acuerdo, puedo hacer un informe para los de arriba pidiendo su vuelta al equipo de calle.

- Gracias señor, permítame decirle que es usted una gran capitana – dije con mucho entusiasmo.

- Menos peloteo Castle, o me arrepentiré de lo dicho – puso un semblante serio.

- Está bien, está bien, ya me marcho – dije poniendo cara de pilla levantando las manos como acto de rendición.

Antes de salir, pude ver una pequeña sonrisa en la cara de Gates.

Salí de la comisaría y me dirigí a casa, decidí ir andando, me encontraba con fuerzas suficientes para hacerlo. Desde la llegada de Beckett, mis ánimos habían cambiado mucho, me sentía con ganas de todo, y oír de boca de la capitán que había una posibilidad de volver al equipo, me hacía tener más ganas de seguir con la recuperación.

Cuando llegué a casa, vi una nota de mi madre en la encimera de la cocina, no iba a llegar hasta tarde, tenía una cita, no pude evitar una carcajada, mi madre no podía evitarlo, le encantaba quedar con hombres con los que nunca llegaría a nada.

Dejé las cosas en mi habitación, me puse cómoda y me saqué la prótesis, cogí las muletas y fui al sofá a leer un rato. Sin mi madre en casa, podría disfrutar un rato de la tranquilidad y el silencio de la soledad.

De golpe, sonó el teléfono, lo cogí de la mesa de cristal que había delante de mí, vi la foto de Javi y descolgué.

- Ey Castle ¿dónde te metes? He llegado a comisaría y ya no estabas.

- Hola a ti también Javi, he acabado pronto con el papeleo y Gates ha dejado que me fuera.

- Vamos a ir al bar de aquí cerca a tomar unas cervezas, ¿te apuntas? – dijo animado mi mejor amigo.

- La verdad es que ahora mismo no me apetece mucho Javi.

- Vamos Rose, anímate – insistió.

- Javi de verdad, estoy en casa, con ropa cómoda y me he sacado la prótesis, no me apetece arreglarme de nuevo y salir para allá, otro día mejor.

- Y si te digo que viene Beckett, ¿te lo pensarías? – dijo con voz interesante.

No sabía que decir, lo último que quería era admitirle a mi amigo que sabiendo que iba Beckett, mis ganas habían aumentado, pero eso, sería confesarle directamente que me gustaba.

- Te lo estás pensando ¿verdad? – dijo Javi divertido, impacientándose por mi silencio.

- Javi, que vaya Beckett no cambia nada, de verdad, no me apetece ahora mismo – mentí.

- Bueno vale, tú te lo pierdes, no insisto más, pero me debes una cerveza por esto.

- Lo que tú digas Javi, otro día te invito a una cerveza.

- Hasta luego Rose – pude notar cierta sonrisa en su voz, como si tramara algo.

- Hasta mañana Espo.

Colgamos la comunicación. ¿Qué era lo que le divertía tanto? ¿Por qué había dicho hasta luego y no hasta mañana? Mi mejor amigo era capaz de cualquier cosa y en esos momentos, hizo que me rayara la cabeza.

Decidí dejarlo estar y seguir con mi lectura. Al cabo de un rato, recibí un whatsapp. Cogí el móvil y lo miré, abrí los ojos como platos y me horroricé tanto que se me cayó al suelo.

Era de Javi y decía:

- Espero que te estés colocando la prótesis, porque en 5 minutos llegamos a tu casa con un paquete de cervezas, y por si te lo estás preguntando, si, viene Beckett.

En ese momento solo quería gritar, quería matar a mi mejor amigo. Cómo me hacía esto. Yo ahí, tumbada en el sofá, con una camiseta gigante y zarrapastrosa encima y sin la prótesis. Cogí las muletas lo más rápido que pude, me levanté nerviosa, cogí el móvil dejándolo en la mesa y corrí a mi habitación, no sin antes casi matarme por el camino. Me senté en la cama, cogí la prótesis y me la puse rápidamente, me puse unos pantalones de chándal que tenía tirados por ahí y al segundo, oí el timbre de la puerta.

Me dirigí a la puerta y miré por la mirilla, vi a Espo delante con una gran sonrisa levantando las cervezas, y a Ryan y Beckett detrás.

- Va Castle abre, que te hemos oído acercarte a la puerta – gritó Esposito.

Mis ganas de matarle iban en aumento, cómo se le ocurría venir de improviso a mi casa y encima con Beckett. Antes solía hacerme este tipo de visitas sorpresa, pero desde lo que pasó, no lo había vuelto a hacer, y mucho menos, traer a alguien que apenas conocemos y que seguramente intuía que me gustaba.

Respiré hondo, puse mi mejor sonrisa, y abrí la puerta.

- ¿Por qué has tardado tanto? – preguntó Javi al verme entrando en la casa casi empujándome.

- Te recuerdo que no voy tan rápido como antes, don impaciente – le dije con una mirada asesina, quería matarle con mis propias manos ahí mismo, pero me contuve las ganas por respeto a los demás.

- Pasad, no os quedéis ahí – les ofrecí a los demás echándome a un lado.

- Espero que no te hayamos molestado viniendo sin avisar, Javi dijo que te llevarías una grata sorpresa – dijo Beckett mirándome a los ojos mientras entraba.

- No, tranquila – dije poniendo una sonrisa de tonta que provoco la risa de Javi – Javi, ¿podemos hablar un segundo a solas? – le miré poniendo una sonrisa falsa aterradora.

- Oh dios, la mirada asesina de Castle, creo que se te va a caer el pelo amigo – dijo Ryan entre risas.

- No, para nada, solo quiero comentarle una cosita sin importancia – intenté fingiendo una sonrisa para disimular mi enfado.

Me acerqué a Espo, le cogí de la muñeca fuertemente, y lo llevé a mi habitación para tener algo de privacidad.

- Te voy a matar Javi – dije cerrando la puerta y pegándole un empujón que casi hace que se caiga de espaldas en la cama.

- ¿Por qué? ¿Qué he hecho mal? – preguntó sorprendido intentando incorporarse.

- ¿Qué qué has hecho mal? A ti te parece normal presentarte aquí sin avisar, sabiendo que llevo unas pintas horribles ¡y encima con Beckett! – esto último lo dije susurrando por si podían oírnos.

- Dijimos de ir a tomar unas cervezas, te negaste a venir, así que entre los tres decidimos venir a verte, no creo que sea algo malo Rose, quería ver a mi mejor amiga al finalizar mi jornada laboral, como hacíamos siempre.

- Si, antes, cuando éramos un equipo Javi, ahora trabajamos separados.

- Pero eso no quiere decir que tengas que separarte de nosotros, o de mí – dijo poniéndose serio.

Mi mejor amigo tenía toda la razón.

- Ya lo sé Javi, pero traer a Beckett a mi casa, sin previo aviso, ha sido una puñalada trapera.

- No entiendo el porqué – dijo con una sonrisa pícara en la cara mientras se cruzaba de brazos.

- Javi, no me hagas decirlo, sabes que no lo haré – dije negando con la cabeza.

- Hermanita – dijo cariñosamente rodeándome con el brazo – siempre he sabido cuando te ha gustado alguien, tus ojos te delatan, y por mucho que me sorprenda que a estas alturas de la vida hayas ido a fijarte en una mujer, no puedo culparte, Beckett está muy buena y además es una tía de puta madre.

- Javi – dije sacando su brazo y apartándome de él – me alegra de que te creas capaz de leerme la mente, pero no lo haces, simplemente, apenas nos conocemos, e invitarla a mi casa no entraba en mis planes.

- ¿Y por eso te fuiste ayer a tomar unas cervezas a solas con ella?

- ¿Qué? ¿Cómo sabes tú eso? – pregunté demasiado sorprendida.

- Os vi salir juntas ¿recuerdas?

- Pudimos coger el ascensor juntas y separarnos abajo ¿no crees?

- Vale, está bien, me lo ha dicho ella. Y también me ha contado lo del entrenamiento.

- ¡Qué! – grité impactada por lo que acababa de decir.

- ¿Era un secreto?

- ¡Sí! Ósea ¡no! – dije llevándome las manos a la cabeza.

- Sí, pero ¿no? Castle me confundes a veces.

- Javi no me líes más. Vamos a salir porque al final pensará que estamos aquí dándonos el lote.

- Así que te preocupa que piense que estamos liados – dijo riéndose – realmente te gusta mucho ¿eh?

- Cállate ya Esposito – dije pegándole un empujón, abriendo la puerta y saliendo de la habitación.

Fuimos al salón, donde Beckett y Ryan se habían sentado en el sofá y estaban hablando entre risas y cerveza.

- Perdonad chicos por la espera, tenía que comentarle algo importante a Javi – dije excusándome.

- No pasa nada, estábamos aquí hablando de nuestras vidas, perdonad, hemos empezado sin vosotros – dijo Beckett enseñándome la cerveza y riendo.

Javi se acercó al sofá rápidamente, y se sentó al lado de Ryan, el único hueco que quedaba para mí, era al lado de Beckett. Me acerqué tímidamente y Beckett me miró, vio mi cara de indecisión.

- Siéntate aquí Castle – dijo dando unas palmaditas en el sofá, por su sonrisa pícara, parecía que la situación le hacía mucha gracia.

Le hice caso y me senté. Ella me miró complacida y yo intenté remediar mi cara de situación con una tímida sonrisa.

No sabía muy bien cómo actuar, el sofá no era lo que se dice enorme, y para cuatro personas, conllevaba estar casi uno encima del otro. Podía notar el roce de la pierna de Beckett en la mía, como si atravesara nuestros pantalones, haciéndome sentir un cosquilleo solo con imaginar el roce de su piel contra la mía. Tragué saliva sonoramente, ya que de los nervios, mi garganta había decidido secarse. Espo y Ryan hablaban animadamente, Beckett escuchaba atenta lo que los dos contaban, y de vez en cuando, me miraba de reojo.

Me moví un poco para llegar bien a la mesa, y cogí una cerveza. Beckett me ofreció el abridor.

- Gracias – dije casi en un suspiro.

- ¿Ocurre algo Castle? – me preguntó igualmente en voz baja como si quisiera que Ryan y Espo no nos escucharan – estás poco habladora.

- No, no pasa nada, solo que antes de que llegarais, estaba leyendo, creo que me había entrado un poco de sueño y ahora estoy un poco adormilada – mentí.

- Bueno, lo siento mucho entonces, no quería molestarte.

- No molestas Beckett, todo lo contrario, me alegro de que estés aquí.

- Tienes una casa muy bonita.

- En realidad la casa es de mi madre, pero después del accidente, tuve que dejar mi casa y trasladarme aquí, por si pasaba algo, ya sabes.

- ¿Y dónde está tu madre ahora?

- Pues me ha dejado una nota diciendo que tenía una cita, así que imagino que llegará tarde.

- Vaya con tu madre – dijo riendo.

- Bueno, ha pasado mucho tiempo desde lo de mi padre, y su manera de superarlo es esa, saliendo esporádicamente con algún que otro hombre, creyendo que se ha enamorado de él, hasta que se da cuenta de que se ha aburrido y le deja.

- Por lo que veo en esas fotos de ahí, tu madre es muy guapa, ya sé a quién te pareces – dijo mordiéndose el labio.

No pude evitar bajar mi mirada a sus labios, ese simple gesto provocaba tantas sensaciones en mí, que no podría describirlo con palabras.

- ¿Verdad Castle? – dijo Esposito de golpe cortándonos el rollo totalmente y haciendo que las dos nos giráramos a mirarlo.

- Perdona ¿qué? – respondí.

- Nada, déjalo – dijo riéndose al ver nuestras caras, sabía perfectamente que no estábamos escuchándoles, estaba segura de que lo había hecho adrede.

Nos metimos en la conversación de los chicos, dejando de lado la nuestra propia, y estuvimos durante dos o tres horas, con cena incluida que pedimos por teléfono, hablando sobre el caso en el que estaban trabajando, sobre cosas de la comisaría, explicándole a Beckett viejas historias que nos habían pasado y ella contándonos algunas que le habían pasado en Nueva York. Fue una velada genial, llena de risas y complicidad entre los cuatro, la verdad es que Beckett se había unido rápido al grupo, y a mí me encantaba.

Decidimos ponerle fin a la noche sobre las 1 de la madrugada, y acompañé a los chicos a la puerta.

- Gracias por venir chicos, me lo he pasado muy bien – les dije.

- Yo también Castle, echaba de menos momentos así – dijo Esposito dándome un abrazo.

- Yo también Espo, gracias por la sorpresa – dije guiñándole el ojo.

- Bueno Castle, siempre es un placer disfrutar de tu compañía – dijo Ryan dándome dos besos.

- Sabes que el placer es mío Kevin.

Los dos salieron de casa, dejándonos solas. Beckett se plantó delante de mí, con su preciosa sonrisa y no sabía muy bien que decirle.

- Me lo he pasado muy bien, ha sido divertido compartir anécdotas con vosotros.

- Si, podemos repetirlo cuando quieras.

- Seguro que sí, me encanta conocer poco a poco más cosas sobre ti. Has hecho que me sintiera muy cómoda en tu casa.

- Mi casa es tú casa – dije riéndome.

- Gracias de nuevo Castle, nos vemos mañana por la comisaría, en cuanto acabemos con este caso, seguiremos con el entrenamiento ¿vale?

- Perfecto.

Se acercó a mí, puso su mano en mi cintura, y me dio dos besos. Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, como una corriente de electricidad que iba desde mis mejillas, justo dónde Beckett había puesto sus labios, hasta la punta de los dedos de mi pie.

- Buenas noches Castle – dijo separándose de mí.

- Buenas noches Beckett.

Cruzó el umbral de la puerta, la seguí con la mirada mientras cruzaba el pasillo para llegar hasta dónde mis compañeros estaban esperando el ascensor para bajar. Beckett se giró cuando el ascensor abrió sus puertas, diciéndome adiós con la mano. Le respondí el gesto y cerré la puerta.

Recogí la mesa, y tiré a la basura los restos que quedaban de nuestra feliz velada. Me dirigí a la habitación dispuesta a volver a coger el libro y leer un rato, tumbada en la cama hasta dormirme, como solía hacer. Me saqué los pantalones de nuevo, la prótesis y me tumbé.

Al cabo de unos 20 minutos, el timbré sonó. Imaginé que sería mi madre, que como de costumbre, al cambiar de bolso, se habría dejado las llaves.

- Un momento mamá, ahora te abro – grité hacia la puerta.

Las muletas estaban lejos, así que decidí colocarme de nuevo la prótesis pero no los pantalones, total, solo sería un momento. Me levanté y fui hasta la puerta.

- Mamá, te he dicho mil veces que… - dejé de hablar en el momento que vi quién era.

- Hola de nuevo Castle – dijo Beckett al ver mi cara de confusión.


Espero que no querais matarme jajajajaja hasta el proximo capitulo!