Hola lectores! ¿Cómo están? Espero que bien.

Quería comentarles que al parecer hay varias páginas que están robando y copiando nuestras historias, por eso les pido que estén alertas y si encuentran alguna de esas páginas las reporten! Creo que entre todos, lectores y escritores, podemos ayudarnos a que las personas no se aprovechen de nuestra creatividad y nuestras creaciones que a cada uno le llevo su esfuerzo realizar.

Gracias.


Killian entró a su casa, se dirigió a la cocina, y vio que su hermano, su cuñada, y su mejor amiga ya estaban preparando el desayuno. Los ayudó a terminar todo, y se sentaron alrededor de la mesa para disfrutar lo que habían hecho. Estuvieron un rato en silencio, hasta que las conversaciones empezaron a fluir libremente. Aunque en realidad eran Elsa, Liam y Rose hablando más que nada, Killian tenía sus pensamientos muy perdidos en todo lo que había pasado. Finalmente le llamaron la atención, así que les contó todo lo que había sucedido y la verdad sobre quien era Rumpelstiltskin. También aprovecho que todos ellos debían ir al hotel para estar bajo la protección de la custodia del FBI. Todos estaban tan sorprendidos y shockeados como él con las nuevas noticias, así que por lo menos por un momento se sintió bien que haya personas que compartan sus sentimientos.

- No puedo creer que haya tantas cosas que no sabíamos de Millah. – Dijo Rose y tomó un sorbo de su café. – Siempre supe que había cosas de su pasado que ocultaba, pero nunca me imaginé algo tan grande y grave. – Agregó tristemente.

- Yo tampoco puedo creerlo, al descubrir todo esto siento que ella era una persona totalmente distinta a lo que creíamos. – Dijo Killian despeinando su cabello de la frustración que sentía.

- Entiendo a lo que te referís. – Coincidió Rose.

- Hay algo que todavía no entiendo. – Comentó Liam.

- ¿Qué? – Preguntó Killian.

- ¿Por qué dejaste ir a Emma después de todo lo que nos contaste? – Preguntó Liam.

- Ella y yo no estamos exactamente bien en este momento. – Respondió Killian dando un largo suspiro.

- ¿Por qué no? ¿Estás siendo un idiota? – Cuestionó Rose seriamente.

- ¿Por qué yo soy el culpable cuando fue ella la que no confió en mí y me estuvo ocultando todo ésto durante éste tiempo? – Preguntó Killian ofendido ante el ataque de su amiga.

- Ella no te lo dijo porque te estaba protegiendo, no porque no confía en vos Killian. – Aseguró Elsa con convicción.

- No me lo dijo porque no soy suficiente para ella. – Discutió Killian. - ¿Por qué voy a ser suficiente para Emma sino lo fui para Millah? – Preguntó con algo de ironía.

- Con tu razonamiento ¿Emma no se tendría que preguntar por qué es suficiente ella para vos cuando no lo fue para Neal? – Dijo Liam bruscamente para hacerlo reaccionar. – Todos somos suficientes para el amor. – Afirmó cuando obtuvo la absoluta atención del otro.

- ¿No escuchaste todo lo que acabo de decir? – Preguntó Killian sacudiendo su cabeza. - ¡Todo ésto es demasiado! ¡Millah tenía dos hijos de los que nunca supe nada! ¡Rumpelstiltskin es Robert Gold! ¡Rumpelstiltskin es quien mató a Millah e intento matarme a mí! – Exclamó dejando caer las lágrimas que tenía acumuladas en sus ojos.´

- Rumpelstiltskin mató a muchas personas inocentes Killian. – Le recordó Elsa.

- Mató a los padres de Emma, secuestró a Henry y a Emma, también estuvo ese intento con la bomba. – Sumó Rose. – Emma también está sufriendo y encima su vida está en peligro constantemente. – Dijo preocupada.

- Emma guardó la información para protegerte, porque Rumpelstiltskin la amenazó con matar a las personas que ama, y por eso tiene mi respeto. – Liam dejo saber su opinión. - ¿Me decís que vos no habrías hecho lo mismo en su situación? – Preguntó.

- Si, yo habría hecho lo mismo. – Admitió Killian.

- ¿Entonces por qué te estás comportando de está manera? ¿No crees que ya están sufriendo demasiado como para además sumar que vos le estás haciendo creer que no la perdonas y no la queres más? – Cuestionó Rose seriamente.

- No lo sé, ¿Simplemente no pueden darme un descanso? – Dijo Killian frustrado. – Estoy demasiado roto en éste momento como para pensar que es correcto o no hacer. – Agregó.

Ellos tenían razón, él lo sabía, pero todavía no podía terminar de asimilar lo que se había enterado sobre Millah y Rumpelstiltskin. Necesitaba tiempo. Así que se concentró en terminar su desayuno en silencio, y después se fue a preparar un bolso para llevar al hotel donde se estarían quedando por los próximos días. Elsa y Liam compartían una habitación, Rose compartía con Belle, y él con Will. El hotel estaba repleto de todos sus compañeros y personas cercanas que conocía, y no sabía si eso lo hacía sentir mejor o peor. En la cena vio a Emma, pero comieron separados. A pesar de la distancia y la falta de intercambio de palabras, pudo notar que estaba triste y cansada.

Al otro día, en la reunión de equipo, Emma informó a todos sobre la verdadera identidad de Rumpelstiltskin. Un agente de FBI fue bastante brusco y grosero con ella, lo que le generó ganas de pegarle una fuerte piña. Por suerte antes de que pueda reaccionar mal, Robin intervino y se lo llevo a un costado para calmarlo. Killian le agradeció mentalmente por eso, y también agradeció que Emma le haya contado la verdad el día anterior. Que Emma le haya querido contar la verdad a solas, y antes que a nadie, lo hizo sentir totalmente agradecido y comenzar a arrepentirse por como la había estado tratando. Emma no tenía la culpa de la verdad que contó, ella solamente era la mensajera. Y esa verdad de hecho era algo que los podía ayudar mucho, era una verdad que permitía avanzar en el caso mucho más de lo que lo habían hecho durante años, esa verdad podía ser un gran paso para atrapar a Rumpelstiltskin de una vez.

La semana continuó tranquila. Al estar todos conviviendo en el mismo hotel, se formó una especie de familiaridad que de alguna manera le transmitía paz y alegría. Una de las noches se encontró con Emma, ninguno de los dos pudiendo dormir. Así que aprovecharon para charlar y acomodar un poco los sentimientos que tenían. Al terminar la semana el FBI decidió que lo mejor iba a ser que todos vuelvan a sus hogares y rutinas normales, pero que iban a seguir estando custodiados. Y aunque irse del hotel le resultaba algo melancólico, sabía que los agentes del FBI tenían razón. Ellos tenían que retomar sus vidas, no podían dejar que Rumpelstiltskin los controle. Al salir del hotel se encontró con Emma y Henry, así que se ofreció a llevarlos a su departamento. Cuando llegaron los ayudó a bajar sus bolsos.

- Se va a extrañar la dinámica de estar todos juntos. – Comentó cuando Emma apareció en búsqueda la caja, que era lo último que quedaba.

- Si, la verdad que si. – Asistió ella.

- Mañana es el casamiento de Ana. – Le recordó él. - ¿Te pasó a buscar a las cinco de la tarde? – Preguntó.

- ¿Todavía queres que te acompañe al casamiento? – Preguntó ella sorprendida.

- Emma sé que estuve siendo difícil todos estos días, pero es solo que me costó asimilar todo lo de Millah y lo de Rumpelstiltskin. – Explicó él con calma. – Yo te amo. – Afirmó a modo de confesión.

- Yo también te amo. – Dijo ella con una pequeña sonrisa que iluminó todo su rostro.

- ¿Entonces me acompañas al casamiento? – Volvió a preguntar él.

- Si, te acompaño a donde quieras. – Asistió ella guiñándole un ojo.

Al otro día, Killian pasó a buscarla a las cinco de la tarde como habían quedado. Cuando la vio con el vestido quedo totalmente maravillado, y eso que ya lo había visto porque lo habían elegido y comprado juntos. Pero verla a Emma siempre era un espectáculo maravilloso para sus ojos, él siempre la encontraba hermosa y radiante.

La ceremonia del casamiento fue al atardecer, en una pequeña iglesia a las afueras de la ciudad. Ana estaba preciosa con su vestido blanco, pero para él Emma era la más preciosa de todas las mujeres presentes, él solo tenía ojos para ella. Escuchando los votos de los novios se imaginó a él y a Emma en esa situación. ¿Aceptaría ella casarse algún día con él? No pudo evitar sonreír ante la idea. Él quería un para siempre con Emma, él quería pasar toda su vida con ella.

La cena y la fiesta, fue en una casa quinta que había cerca de la iglesia. En el momento de los lentos, recordó cuando había sacado a bailar a Emma en el casamiento de August y Mérida. Pensar en eso le hizo ver lo mucho que había avanzado y crecido la relación que tenían, y eso lo hizo sentir agradecido y orgulloso de los dos. Emma estaba conversando con Rose, pero él los interrumpió, tomó a su mujer de la mano y la llevo a la pista de baile. Se fundieron en un ritmo armonioso al compás de la música, bailando en perfecta sintonía. Killian adoraba la sensación de bailar con ella porque lo hacía sentir que eran perfectos el uno para el otro.

- Al parecer somos la única pareja que resta casarse. – Comentó él haciéndola dar un giro.

- ¿Esa es tu manera de proponerme casamiento Jones? – Preguntó ella a modo de broma, pero sintiendo un poco de pánico.

- No te preocupes, sé que nuestra relación todavía no está para eso. – Aseguró él para tranquilizarla. - ¿Pero que dirías si lo hago en un futuro? – Preguntó.

- ¿En un futuro? – Repitió ella la pregunta y él asistió. – Diría que si. – Respondió con una sonrisa.

El corazón de Killian saltó de alegría al comprobar que ella también quería tener un futuro juntos. En un futuro Killian iba a proponerle matrimonio, y Emma iba a aceptar.


Emma se despertó agitada y transpirada después de haber sufrido una pesadilla. Emma solía tener pesadillas de vez en cuando. Pero desde que había visto como Rumpelstiltskin asesinó a Jefferson, sus pesadillas volvieron a resurgir e invadirla cada noche con recuerdos de la muerte de sus padres y de la muerte de Jefferson. Una vez que logró tranquilizarse supo que no quería volver a dormirse porque le daba miedo tener otra pesadilla. Así que agarró un libro, y salió de la habitación del hotel que compartía con su hijo, para no molestarlo. Fue a la sala de juegos, se acomodó en uno de los sillones y se puso a leer. Al rato, el ruido de alguien entrando a la sala llamó su atención, era Killian.

- Lo siento, no sabia que la sala estaba ocupada. – Se disculpó él sintiéndose algo incomodo ya que hace varios días que no estaban a solas. - ¿Qué estás haciendo? – Preguntó con curiosidad.

- No podía dormir, y como no quería despertar a Henry, decidí venir a leer acá. – Respondió ella señalando el libro que tenía en sus manos.

- ¿Por qué no podías dormir? – Preguntó él algo inseguro, porque no sabía si tenía el derecho de hacer esa clase de pregunta.

- Pesadillas. – Contestó ella.

- Lo siento. – Dijo él apenado. - Bueno, creo que lo mejor es que me vaya. – Informó pensativamente y se dio vuelta para dirigirse a la salida.

- Killian. – Lo llamó ella.

- ¿Qué pasa? – Preguntó él volviendo a enfrentarla.

- Podes quedarte, la sala es lo suficiente grande como para que estemos los dos. – Dijo ella, acomodando su cabello detrás de sus orejas.

- Bien. – Aceptó él.

Emma miró a Killian ir hacia la biblioteca y ver la gran cantidad de libros que había. Lo vio elegir uno, y luego unirse a ella en el sillón para leer. Cada uno se concentró en su lectura, pero Emma sentía que había gran tensión en el aire. Ella quería hablar con él, necesitaba que acomoden todo lo que había pasado, y que juntos decidan si querían o no seguir con su relación. El silencio y la espera la estaba matando, pero ella quería darle todo el tiempo que necesitaba. Él siempre la había puesto a ella primero, y ahora le tocaba a ella hacerlo. Así que se aguantó las ganas de refugiarse en sus brazos, que tanto adoraba y extrañaba, y se concentró en su lectura. Le llevo un largo rato poder enfocarse en lo que estaba leyendo, porque tener a Killian tan cerca y tan lejos a la vez la hacía poner nerviosa.

- Emma. – La llamó él sacándola de su lectura.

- ¿Si? – Preguntó ella apartando la vista de su libro y enfocándola en él.

- ¿Podemos hablar? – Pidió él.

Él le pidió de hablar, y ella se sorprendió porque no se lo había esperado. Cerró su libro y centralizó toda su atención en él. Lucía cansado y en estado de conflicto. Igual que ella, aunque en ella probablemente se veía peor. Era bueno hablar, ellos lo estaban necesitando desde hace unos días. Que él quiera y este listo para hablar, le dio un poquito de esperanza. Así que dio un suspiro e intento relajarse, para poder enfrentar lo que sea que venga.

- Claro. – Acordó ella.

- Ésto no es sencillo para mí, nada de lo que estuvo pasando estos días y de lo que me enteré lo es. – Dijo él mientras se acomodaba en el sillón para poder enfrentarla.

- Lo sé. – Asistió y se sumergieron en un largo silencio. – Sé que ya te pedí perdón antes, pero necesito volver a hacerlo. Perdón Killian, perdón por haberte ocultado algo tan importante y haberte hecho sentir que no confío en vos. – Explotó ella. – Pero por lo que no puedo pedirte perdón es por protegerte, eso no puedo. – Aclaró sintiéndose algo derrotada.

- ¿Harías lo mismo en otra situación o cambiarías lo que pasó? – Preguntó él después de otro largo silencio

- Haría lo mismo y no cambiaría lo que pasó, porque están todos a salvo y eso es lo que importa. – Contestó ella con honestidad.

- Jefferson no está a salvo. – Comentó él presionándola.

- Ni se te ocurra usar eso. – Advirtió ella seriamente, gritando de furia por dentro. – Entiendo que estás enojado y entiendo si necesitas tiempo o espacio, o lo que sea. Incluso entiendo si queres romper la relación que tenemos, pero no sigas con está indiferencia por favor, me está matando. – Dijo tristemente apretando sus uñas contra las palmas de sus manos.

Y así se sumergieron en un gran silencio, donde ella tenía que esperar una decisión de él sobre como seguir. El silencio le dolía en el alma. Los minutos pasaban, y él no decía nada, y eso la rompía en pedazos. Ni siquiera la estaba mirando, y eso hacia que la esperanza y paciencia se vayan perdiendo poco a poco. Al no recibir respuesta, comprendió que Killian no quería estar más con ella. Se levantó del sillón dispuesta a irse y dejó que las lágrimas que había estado conteniendo caigan libremente por sus mejillas.

- Perdón. – Dijo él con sinceridad, sorprendiéndola y agarrándole la mano para que no pueda irse. – Perdón por haberte hecho sentir culpable de todo, perdón por haber reaccionado tan impulsivamente y haber estado evitándote. – Explicó.

- Está bien… - Comenzó a decir ella, volviéndose a sentar en el sillón.

- No, no está bien. – La interrumpió él. – Porque vos también estás mal y estás sufriendo, y evitándote como estuve haciendo seguro te hice sentir que soy alguien más que te abandonó. – Expresó lo que lo hacía sentir culpable.

- ¿Qué me estás queriendo decir con ésto? – Preguntó ella insegura.

- Que a pesar de lo que pasó, te amo y te perdono. – Respondió él secándole las lágrimas suavemente.

- ¿Por qué? – Preguntó ella, todavía sin creer lo que había escuchado.

- Porque te amo, y la verdad es que si habría estado en tu situación, yo habría hecho lo mismo. – Admitió él algo avergonzado.

- ¿Entonces por qué me estuviste ignorando y evitando? – Cuestionó ella sin comprender.

- Porque todo lo que me enteré de Millah me hizo replantearme quien soy. – Respondió él. – La primera mujer que amé nunca fue sincera conmigo, nunca confió en mí, y tengo miedo de que lo que hayamos tenido haya sido una mentira. – Explicó sintiéndose vulnerable. - ¿Si yo no fui suficiente para ella por qué haría de serlo para vos? – Preguntó, su voz quebrándose.

- ¿Y si yo no fui suficiente para las familias adoptivas y para Neal, por qué haría de serlo para vos? – Retrucó ella usando su razonamiento, y haciéndole recordar a él lo que Liam le había dicho.

- Vos sos más que suficiente para mí Emma, yo te amo. – Dijo él con convicción.

- Y yo te amo a vos. – Dijo ella acariciándole la mejillas tiernamente. – Somos suficiente porque nos amamos, y el amor siempre es suficiente. – Agregó secándole una de las lágrimas que caía de sus ojos.

Como si las fuerzas del universo los unieran, juntaron sus labios en un pequeño beso que sabía a sal y permitía sacar afuera el dolor. Después se refugiaron en un cálido abrazo, un abrazo que para Emma significó todo. Ella había extrañado tanto estar en sus brazos, porque estando en ellos era en el único lugar que se sentía segura y protegida. Él la amaba y eso le permitió volver a respirar. Él la había estado ignorando, pero no por lo que ella había creído, no porque no quería estar más con ella, sino porque lo que se había enterado de Millah habían generado muchas inseguridades en su persona. Y eso Emma podía entenderlo porque ella siempre había tenido esas inseguridades, ella siempre había creído que no iba a ser suficiente. Pero lo que ambos tenían que aprender era que si eran suficientes, al menos el uno para el otro lo eran. Allí, en sus brazos, recuperó la paz y pudo fundirse en un sueño agradable y tranquilo, sin pesadillas.

A pesar de esa hermosa conversación que tuvieron, los siguientes días él siguió estando algo distante y eso le dolió un poco. Pero por lo menos ya no la ignoraba, y los momentos a solas habían dejado de ser incómodos. Él la amaba y ella lo amaba, entonces había que tener paciencia a que las cosas vuelvan a acomodarse. Cuando los dejaron irse del hotel y volver a sus rutinas diarias, él le pidió nuevamente que lo acompañe al casamiento de Ana y eso la hizo feliz. El casamiento fue hermoso y Killian estaba precioso con el traje que ella le había hecho comprar. En algún momento de la noche se encontró preguntándose si alguna vez Killian y ella se casarían, y como si él pudiera leerle la mente se lo insinuó mientras bailaban. Emma jamás había deseado casarse, jamás lo había imaginado como una posibilidad para ella. Pero bailando en sintonía junto con el hombre que se había ganado su corazón, se dio cuenta que la idea no era para nada terrible. Ella había cambiado gracias a él. Al permitir entrar el amor en su vida y arreglar los pedazos rotos de su corazón, las ideas románticas y de estilo "felices para siempre" ya no le daban miedo. Si, Emma definitivamente estaba dispuesta a casarse con él en un futuro. Hasta quizás incluso si se lo habría propuesto esa noche, habría dicho que si.