Buenas gente, no iba a subir capitulo tan prontito pero mis planes han cambiado un poco y dudo que pueda subir nada más hasta el proximo lunes/martes así que no he podido evitarlo jajajajaja

Antes que nada y para que no se me olvide (si Lithet lo siento soy un despieste y se me olvidó en el anterior)

Quiero recomendaros por si no lo conocéis aún, uno de los fics que más enganchada me tiene, y no es otro que R Castle de Lithet! s/10188728/1/R-Castle

Como siempre hago daros las gracias a todos los que seguís este fic, sea anonimamente o sea dejandome esas preciosas Reviews que tanto agradezco, intento contestaros a cada uno, si no lo hago, pegadme un toque de atención porque soy puro despiste xD

A los anonimos deciros que una review es gratis, se tarda poquísimo en escribirla y es de muchisima ayuda

Seguid aportando ideas, criticas constructivas (que me ayudan a mejorar) e incluso negativas si os apetece

En fin...A DISFRUTAR DE OTRO CAPI MÁS DE ESTA LOCURA!


Capitulo 8

- Beckett, ¿ha pasado algo? – pregunté completamente confusa.

- La verdad es que sí.

- Te has tomado muy en serio lo de mi casa es tú casa – dije intentando mostrar tranquilidad con algo de humor.

Ella se rió.

- No es eso, he tenido un pequeño problemilla ¿puedo pasar?

De golpe mi cuerpo se tensó, me di cuenta de que no llevaba pantalones y que la prótesis estaba completamente a la vista.

- No quiero molestar, pero es que mi moto no arranca, he intentado llamar al seguro, pero la batería de mi móvil ha decidido morir, y Esposito y Ryan ya se han ido – dijo al ver que no reaccionaba.

- Sí, claro, pasa – me eché a un lado, dejándola entrar.

Cerré la puerta, mi cuerpo seguía completamente en tensión, no sabía cómo salir del paso. Si me iba sin decir nada a la habitación, Beckett podía pensar mal, y si lo decía, podía darse cuenta de que mi prótesis estaba visiblemente al aire, si no lo había hecho ya.

- ¿Podría usar tu teléfono para llamar al seguro? – preguntó.

- Claro, está encima de la mesa, cógelo tú misma – perfecto, mientras ella llamaba, podría escabullirme hacia la habitación y ponerme algo encima.

Y así lo hice, en cuanto Beckett se giró para ir a coger el teléfono, corrí hacia mi habitación disimuladamente, cogí los pantalones de chándal, y me los puse.

Salí de nuevo hacia el salón y la vi hablando por el teléfono bastante enfadada.

- ¿Qué no pueden hacer nada hasta mañana? – dijo resoplando - ¿y qué se supone que debo hacer?

Me quedé mirándola apoyada en la encimera de la cocina que era en plan barra americana y daba al salón. Incluso frunciendo el ceño era adorable.

- Muy bien señorita, gracias por nada – colgó hecha una furia después de soltarle varios improperios– menudos incompetentes tenéis en este país de verdad, que no puede hacer nada hasta mañana dice la tía, que deje la moto aquí y que mañana a primera hora se pasarán a por ella. ¿Y yo qué hago? ¿Quedarme ahí esperando hasta mañana? Estás cosas me sacan de quicio – dijo histérica acercándose a mí.

Mi cara era un poema, estaba entre alucinada y divertida, ver a Beckett enfadada de esa manera era bastante gracioso.

- No te rías de mí Castle, no es gracioso – dijo acercándose a mí volviendo a fruncir el ceño, y de nuevo pensé en lo adorable que se veía.

- Perdona, ha sido bastante divertido ver como la ponías a caldo.

- Lo más divertido de todo es que no sé cómo voy a volver a mi casa, el metro está cerrado, no hay autobuses, y no llevo suelto para un taxi – resopló pasándose la mano por el pelo – me veo durmiendo encima de la moto hasta que llegue la maldita grúa por la mañana.

- Podrías quedarte aquí – solté sin pensar.

Becket me miró sorprendida.

- No quisiera molestar, pero gracias.

- Beckett, ya te he dicho antes que no molestas, además, tengo un cuarto de invitados que apenas se usa – estaba alucinando conmigo misma y con la seguridad con la que estaba hablando. ¿De verdad le estaba ofreciendo que se quedara a dormir? Creo que no había pensando mucho en las consecuencias que podría tener ese ofrecimiento para mí.

- ¿Lo dices en serio?

- Claro, por qué no.

- Pues me salvas la vida Castle – dijo dándome un abrazo.

Me quedé paralizada unos segundos, no, realmente no había pensado bien en lo que suponía tener a Beckett durmiendo en la habitación de al lado. Reaccioné y le devolví el abrazo.

- Y tranquila, a mi no me importa verte la prótesis, te encuentro muy sexy solo con esa camiseta – susurró en mi oído sin soltarme.

Se me puso la piel de gallina solo con oírla susurrar eso. Cuando menos lo esperaba, me descolocaba totalmente. Nos separamos y seguía sin ser capaz de decir nada, apenas era capaz de mover un músculo. Ella se limitó a mirarme sonriendo satisfecha por lo que había provocado su comentario en mí.

- ¿Me enseñas la habitación donde dormiré? – dijo cambiando de tema.

- Si…claro – dije sin reaccionar del todo – sígueme, es por aquí.

Nos dirigimos a la habitación de invitados, que cómo he dicho, estaba justo al lado de la mía.

- Guau, que chula – dijo Beckett al entrar - ¿la de ese póster es tu madre? – dijo señalando el poster de una película que había en la pared.

- Si, cuando era más joven hizo varias películas y le encanta tener algo que le recuerde a los viejos tiempos – dije riendo.

- ¿Tu madre es actriz? – preguntó con expresión de sorpresa.

- Bueno, lo era, ahora solo consigue alguna que otra prueba, pero ella no deja de intentar seguir adelante con su sueño.

- Realmente os parecéis mucho – dijo acercándose al poster – tenéis los mismos ojos azules y el pelo del mismo color.

- Ahora ella es rubia, dice que si se tiñe de rubio se le nota menos el crecimiento de las canas.

- Tu madre es todo un personaje – dijo riéndose – me encantaría conocerla.

- Creo que hoy va a ser difícil, por la hora que es, dudo hasta que vuelva a casa esta noche.

- ¿No le importará que me quede?

- No, tranquila, a ella le encantan las visitas.

- Con que fuera la mitad de agradable que tú, seguro que me caería genial – dijo mirándome a los ojos acercándose a mí.

- ¿Necesitas algo más? ¿Quieres algo más cómodo para dormir? – dije intentando no mostrar mi nerviosismo.

- Si tuvieras otra camiseta como la que llevas sería perfecto.

- Sí, tengo más – me giré para ir hacia mi cuarto.

- ¿Puedo acompañarte? Me encantaría ver tu habitación.

- Claro – dije mirándola – sígueme.

Fuimos hasta mi habitación, la verdad es que estaba algo nerviosa, no había imaginado esta situación ni en mis mejores sueños, al menos no tan pronto.

- Pues esta es mi habitación – dije al entrar – no es nada del otro mundo, pero por el momento me conformo.

Mi habitación no era pequeña, pero tenía un armario gris bastante grande que contrastaba con las paredes azules y ocupaba mucho sitio, haciendo que la habitación pareciera más pequeña de lo que era. Tenía un espejo de cuerpo entero justo al lado, una reliquia que mi madre había comprado años atrás en un mercadillo. La cama era de matrimonio, ya que siempre me había gustado dormir ancha, justo al lado tenía una mesita de noche llena de cosas, y una silla donde había dejado la ropa mal puesta que había usado ese día.

- Me gusta, es muy acogedora – dijo Beckett mirando toda la habitación.

- Voy a mirar en el armario a ver si encuentro alguna camiseta.

- No hace falta que busques mucho, cualquiera me sirve.

Abrí el armario en busca de la camiseta, cogí una del montón de camisetas viejas que ya no usaba porque estaban muy dadas de si, pero para dormir, eran perfectas. Cuando me giré para dársela a Beckett, la encontré con un marco de fotos en la mano, en esa foto, salíamos mi padre y yo abrazados.

- ¿El que está contigo es tu padre? – dijo al levantar la vista y ver que la miraba sin saber que decir.

- Si, es él.

- Era muy guapo, se os veía muy felices.

- Es del primer día que me llevó al campo a enseñarme a disparar, casi mato a un pobre pájaro, por aquel entonces mi puntería era nula – dije melancólica al recordar a mi padre – pero él me dijo que no me rindiera nunca, que de mil fallos, con que hubiera un acierto, con ese era con el que me tenía que quedar.

- Seguro que era un gran hombre.

- Lo era - dije con una sonrisa de orgullo.

- Aunque aún no te conozca mucho, me atrevo a decir que crió a una gran hija.

- Bueno, al menos hizo lo que pudo – dije riéndome a lo que Beckett soltó una de sus risas – toma, tu camiseta.

- Huele a ti – dijo acercándose la camiseta a la nariz.

- ¿Eso es bueno o malo?

- Bueno, la colonia de vainilla que usas hace que me acuerde de tus cafés mañaneros.

- ¿Cómo sabes que uso una colonia de vainilla? – pregunté sorprendida.

- Mi olfato nunca falla Castle – dijo mordiéndose el labio y señalándose la nariz con el dedo índice.

Como siempre que hacía ese gesto, mis ojos se perdieron en sus labios, dios como la deseaba, ni siquiera sabía si ella sentía lo mismo por mí, pero en ese momento me daba igual, lo único en lo que pensaba era en arrancarle la ropa y tirarla a mi cama.

- Bueno Castle, aunque me encante tu habitación, la cama de aquí al lado me está llamando, mañana toca madrugar – dijo rompiendo el silencio – buenas noches.

- Buenas noches, cualquiera cosa que necesites, ya sabes dónde estoy.

- No tientes a la suerte Castle, puede que te tome la palabra – dijo girándose y saliendo de la habitación.

Sacudí mi cabeza acompañándola de un suspiro, necesitaba una ducha fría, muy fría, sentía como si mi cuerpo estuviera a 40 grados y fuera a estallar en cualquier momento. Me senté en la cama, no podía evitar pensar en que tenía a Beckett a pocos metros, tumbada en la cama con sólo una camiseta encima, mi camiseta. Cerré los ojos y me tumbé, ni siquiera me acordé de la prótesis, no podía pensar en nada más que no fuera salir corriendo hacia la habitación de Beckett, meterme en su cama, y perderme recorriendo cada milímetro de su perfecta y bronceada piel.

Suspiré profundamente y volví a coger el libro para intentar despejar la mente de pensamientos impuros. Cuando llevaba varios capítulos leídos oí un ruido, levanté la vista y me incorporé de golpe soltando el libro. Mis ojos estuvieron a punto de salirse de sus orbitas por la visión que tenía ante mí.

Beckett estaba delante de mí, solo llevaba el sujetador de encaje negro que le había visto esa mañana, y unas minúsculas braguitas a juego. Su posición era muy sensual, estaba apoyada con la mano en el marco de la puerta, con el brazo estirado, dejando así que viera completamente su perfecto y estilizado cuerpo. Su mirada era intensa. Cuando vio como la miraba de arriba a abajo, se mordió el labio.

Sin darme tiempo a reaccionar, se acercó a la cama y empezó a escalar por ella como si fuera una leona apunto de atacar, sin dejar ni un segundo de mirarme a los ojos con esa mirada tan intensa.

Estaba paralizada, mi cerebro intentaba mandar señales a mi cuerpo para que reaccionara, pero no hubo manera.

Beckett seguía subiendo, poniéndose encima de mí. Podía notar cómo el roce de su piel sobre la mía me quemaba, haciendo que cada poro de mi piel se sintiera como un volcán a punto de estallar.

Cuando la tuve cara a cara, sus labios dibujaron una traviesa sonrisa, justo antes de humedecérselos con la lengua mientras bajaba la mirada a los míos. Se acercó lentamente a ellos, y yo seguía sin reaccionar. Finalmente, juntó su boca con la mía, depositando un suave y dulce beso, provocando en mí sensaciones desconocidas hasta ese momento.

Por fin mi cuerpo reaccionó, y abrí un poco los labios. Pude notar encima de mi boca su sonrisa, y poco a poco, introdujo su lengua. Mi cuerpo reaccionó del todo, la cogí por la nuca salvajemente y profundicé el beso. Nuestras lenguas entraron en una batalla sin final, como si intentaran impedir que nuestras bocas se separaran. Podía notar como subía la temperatura de mi cuerpo con cada beso.

Cuando nos separamos, nos quedamos mirando a los ojos, con nuestra respiración completamente acelerada.

Por mi mente pasaban miles de cosas, pero sólo fui capaz de decir una.

- Ha sido increíble – dije entre jadeos intentando recuperar la respiración.

- Lo sé – dijo – y me muero por repetirlo – sus ojos estaban casi totalmente negros por la excitación.

- Entonces ¿a qué estás esperando? – dije provocativa.

Ella sonrió sensualmente y volvió a abalanzarse sobre mí. Esta vez, conseguí ponerme encima entre besos y caricias. Mis manos recorrieron lentamente su muslo, permitiéndome disfrutar del calor de su piel, sentía como una chispa de electricidad en la palma de mi mano a cada milímetro que recorría. Mi mano siguió poco a poco su recorrido, descubriendo y disfrutando cada sensación que ese roce provocaba en mí, acercándose cada vez más a esa zona que tanto deseaba descubrir.

De golpe, escuché un pitido en mi móvil y abrí los ojos. Miré de lado a lado buscando a Beckett, pero solo encontré el libro que estaba leyendo apoyado en mi mano.

- Mierda, ha sido un sueño – maldecí llena de frustración.

Cogí el móvil y vi que era un mensaje de mi madre, decía que se le había hecho tarde, y que esa noche no iba a volver. En ese momento quise matarla, estaba teniendo un sueño increíble que parecía muy real, tan real, que la temperatura de mi cuerpo había subido de verdad, estaba sudando. Decidí levantarme e ir a por un vaso bien frío de agua a la cocina.

Intenté no hacer mucho ruido para que Beckett no se despertara.

Cogí un vaso y lo llené con agua de la nevera, me senté en uno de los taburetes que había delante de la encimera y me lo bebí de golpe.

- ¿No puedes dormir? – me sorprendió diciendo Beckett a mi espalda.

Me giré de golpe, casi consiguiendo que me cayera.

- ¿Te he despertado? Lo siento, intentaba no hacer ruido pero esta pierna va a su bola.

- No, la verdad es que he tenido un sueño un poco intenso y me he despertado de golpe.

- Vaya, a mí me ha pasado algo parecido – dije sin poder evitar hacerle un repaso, iba descalza, y solo llevaba la camiseta ancha que le había dejado, le iba bastante grande, dejando al aire uno de sus hombros. Y encima llevaba un moño despeinado que le quedaba realmente sexy.

- ¿Ah sí? ¿Qué has soñado? – dijo acercándose y sentándose de lado en el taburete que había junto a mí.

- La verdad es que no me acuerdo muy bien – mentí.

- Qué lástima, hubiera sido divertido compartir nuestros sueños eróticos – dijo divertida mirándome.

- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Quién ha dicho que he tenido un sueño erótico? – grité con cara de circunstancia.

- Por el vaso de agua fría que te acabas de tomar de golpe, además diría que ha sido muy caliente – dijo picarona y sonriendo.

- No, no, de verdad no ha sido nada de eso – dije intentando salir del paso.

- ¿No decías que no te acordabas? – se mordió la mejilla por dentro mientras sonreía con cara de sospecha.

- ¿Y tú que has soñado? – intenté cambiar de tema.

- Eso, nunca lo sabrás Castle, pero era muy, muy, muy caliente – dijo acercándose a mi oído – y hasta puede que salieras tú – susurró sensualmente.

Acto seguido, se levantó, y se fue directa a la habitación cerrando la puerta tras de si.

¿Cómo no iba a tener un sueño como ese si me decía esas cosas? Esa mujer iba a conseguir volverme loca, no solo ocupaba mis pensamientos, si no que ahora también mis sueños, y menudo sueño.

¿Y ahora qué debía hacer? ¿Debía entender su comentario como una invitación? ¿O debía dejarlo pasar?

Miré el reloj de la estantería, eran las 5 y media de la mañana. Cogí otro vaso de agua fría, y mientras me lo bebía, no podía sacar la vista de la puerta de la habitación en la que estaba Beckett intentando decidir qué hacer.


¿Qué hará Rose? ¿Entrará? ¿Lo pensará bien y no lo hará?

Hasta el próximo capitulo =P