No pensaba actualizar hoy, pero después del capitulo que han dado hoy en AXN y de algun pequeño chantaje por Twitter, aquí teneis un nuevo capi
Como siempre muchas gracias a todos por seguir este fic y venga, animaros a dejar una Review aunque sea para decir WTF jajajajaja
A disfrutar!
Capitulo 13
Nos subimos al taxi, y Beckett indicó al conductor la dirección.
- A Meard Street, por favor.
- Si, señorita – respondió amablemente el taxista arrancando la marcha.
- ¿Vives cerca del Soho? – le pregunté sorprendida sin alzar mucho la voz para que la conversación quedara entre nosotras.
- Vivo en el Soho, la hamburguesería está a dos calles de mi casa.
- Vaya, no te imaginaba como una chica del Soho.
- Vine de pequeña con mis padres a Londres, y me enamoré de esa parte de la ciudad, así que he decidido vivir en ella – dijo algo melancólica.
Estuvimos el resto del trayecto hablando de banalidades, cuando llegamos, ya que Beckett pagaba la cena, pagué el taxi.
Me quedé parada antes de entrar, el lugar parecía muy acogedor. La decoración exterior era toda de color verde oscuro, el toldo, el borde de las pequeñas ventanas que formaban la cristalera y la puerta. Además debajo de la cristalera, había un pequeño muro donde un banco de madera, dos mesas y dos sillas, formaban una pequeña pero acogedora terraza.
Entramos por la puerta verde y lo que encontré dentro, aún me gustó más. Era un local muy pequeño, había cinco mesas para dos personas y dos para grupos algo más grandes. Todo era de madera, a excepción de la barra, que estaba formada por baldosas blancas.
En la pared de encima había varias estanterías también de madera, llenas de botellas de vino apiladas.
Nos sentamos en la única mesa de dos que quedaba libre. Justo a nuestro lado izquierdo, teníamos una pared recubierta por una pizarra, donde estaba escrito cada ingrediente que tenían, desde las hamburguesas de ternera y de pollo, hasta las vegetarianas.
- Este lugar es muy acogedor – dije alucinada con todo.
- ¿Te gusta? – preguntó Beckett ilusionada.
- Mucho, es todo como muy casero – volví la vista hacia ella después de mirar con cara de niña pequeña en Eurodisney todo el local.
- Es lo que más me gustó, aparte de la hamburguesa, además la dueña es la típica madre de familia encantadora y amable – dijo riéndose.
Se acercó a nuestra mesa una señora con el pelo canoso, las mejillas rosadas y un delantal verde.
- ¿Les tomo nota? – preguntó sin cesar su sonrisa.
- Sí, claro. Yo quiero la hamburguesa Honest y una coca-cola – dijo Beckett sin pensarlo ni un segundo.
- La especialidad de la casa, usted sí que sabe – dijo la amable señora con su enorme sonrisa – y la señorita que la acompaña ¿qué va a tomar?
- Lo mismo – respondió Beckett por mí antes de dejarme decir nada.
Me limité a sonreír a la adorable señora y cuando se marchó hacia la cocina, miré a Beckett apoyando mi codo izquierdo en la mesa.
- Se pedir por mi misma ¿sabes? – dije algo molesta.
- Castle, me lo agradecerás, no voy a arriesgarme a que pidas otra cosa, que esa no sea la hamburguesa más rica y perderme la oportunidad de ver como preparas la cita perfecta – dijo mientras hacia el mismo proceso que yo y se acercaba a mí por encima de la mesa poniendo su codo sobre ella.
- Un trato es un trato, pero creo que si no lo es, en vez de pagarme el taxi a casa, deberías ser tú quien prepare esa cita perfecta – dije acercándome un poco más.
- Hecho, pero te digo que si la preparase yo, no podrías aguantarte – esta vez se acercó ella.
Nuestros labios cada vez estaban más cerca.
- ¿Aguantarme? ¿Aguantarme el qué? – pregunté insinuante casi en un susurro sin separarme ni un milímetro de ella.
- Las ganas locas que tienes de besarme, Castle – se mordió el labio haciendo que mi vista bajara a contemplar ese gesto desde tan cerca.
- Ejem – carraspeó la camarera.
Las dos nos giramos de repente enderezándonos sorprendidas por su presencia, estábamos metidas de lleno en ese intenso momento como si estuviéramos solas en el local, pero no lo estábamos.
- Les traigo sus hamburguesas – sonrió forzadamente la camarera canosa, poniendo sobre la mesa los platos y las bebidas.
- Gracias – dijimos las dos a la vez con cara de circunstancia, el momento se nos había ido un poquito de las manos.
Miré el plato, y además de una hamburguesa con una pinta deliciosa, también llevaba unas patatas fritas que olían a romero.
Cogí la hamburguesa y miré a Beckett, me estaba mirando atenta para ver que reacción tenía al darle un bocado.
Así que no esperé más y me dispuse a degustar la hamburguesa. Cuando le hinqué el diente, mis papilas gustativas iniciaron una danza provocada por el delicioso sabor que estaban experimentando. La combinación de queso cheddar, bacon, pepinillo, lechuga, cebolla roja y la ternera perfectamente cocinada cubierta por un pan de brioche bien tostado, hizo que mis ojos se dilataran por el placer que esa comida me estaba produciendo. Efectivamente era la mejor hamburguesa que había probado en mi vida.
- ¿Y bien? – preguntó muy interesada Beckett.
- Creo que voy a llorar – dije tragando esa exquisita porción de comida.
- Te lo dije – contestó satisfecha y orgullosa.
- Creo que te debo todas las citas perfectas que quieras, esta hamburguesa es como un sueño hecho realidad – dije dándole otro bocado.
Beckett se rió por mi reacción y mis palabras.
- Crees que si le pido matrimonio ¿aceptará? – dije sin soltar la hamburguesa, dándole un bocado tras otro.
Beckett no dejaba de reírse, mientras intentaba comerse su hamburguesa. Cuando le dio el primer bocado, suspiro con tal placer, que mis ojos se abrieron como platos ante tal sonido.
Con la hamburguesa entre los dientes y la imagen de Beckett muriéndose de placer, lo único en lo que podía pensar era en que me moría de ganas de ser el motivo por el que Beckett suspirara de esa manera.
Seguimos comiendo, y por primera vez en mucho tiempo, el hambre volvió a mí, así que pedimos otra hamburguesa más.
- Hacía tiempo que no comía tan bien, gracias Beckett – dije cuando acabamos de cenar.
- Me alegro de haber acertado – dijo sonriendo.
- Pero creo que deberíamos pagar a medias, hemos pedido más de la cuenta y no me parece justo que lo pagues todo tú.
- No, esta vez me toca a mí, recuerda que me debes la cita perfecta.
- Está bien, pero cada vez me lo pones más difícil – dije riendo.
Beckett pagó la cuenta y salimos del restaurante.
Nos pusimos a andar en lo que imaginé era dirección a su casa, ya que parecía que ninguna de las dos estaba dispuesta a despedirse tan pronto.
- ¿Algún día me contarás que te trajo a Londres? – pregunté rompiendo el silencio sin dejar de andar.
- No creo que sea algo que importe, pero cuando me vea capaz, te lo contaré ¿vale? – preguntó intentando evitar el tema - ¿Cuándo va a ser esa cita perfecta? – sí, definitivamente quería cambiar de tema.
- Pues no lo sé, aquí la ocupada es usted, detective.
- Si no surge ningún caso complicado, imagino que el fin de semana, al menos por la noche, lo tendré libre – dijo parándose y poniéndose frente a mí.
- ¿El sábado entonces?
- Perfecto, tienes 3 días para preparar la cita perfecta – dijo acompañándolo de una de sus preciosas sonrisas.
- Reto aceptado – dije moviendo las cejas haciendo que ella se riera.
- Y qué sepas, que no me gustan los sitios caros.
- Me alegra saberlo, aunque el que ha dado un bote de alegría ha sido mi bolsillo.
Beckett soltó una carcajada de esas que hacen que mi corazón lata a mil por hora por lo adorable que suenan.
- Bueno, nos hemos parado porque como ya supondrás, vivo aquí – dijo señalando el edificio.
- Entonces debo decir…Buenas noches y hasta mañana detective.
- Buenas noches Castle – dijo dándome dos besos.
Nos quedamos mirando como muchas otras veces, queriendo decir y hacer mil cosas. Suspiré hondo, le hice un gesto con la cabeza afirmando que me iba y me giré comenzando mi paso hacia la calle principal para buscar un taxi. Pero entonces se me ocurrió algo.
- Beckett espera – dije girándome de nuevo hacia donde estaba ella.
Beckett ya estaba subiendo las escaleras que daban al portal de su casa, aceleré mi paso hacia ella, me planté delante y sin dejarla reaccionar, le di un rápido beso en los labios.
- Te lo debía – dije al separarme sonriendo y caminando de nuevo hacia mi destino.
Ella se quedó plantada ahí, paralizada por lo que acababa de hacer, mientras yo seguía mi camino con una sonrisa de satisfacción en la cara.
Sentí la necesidad de hacerlo, aunque fuera rápido, era la excusa perfecta para volver a besarla, sus labios se habían convertido en ese fuego ardiente que no debes tocar, pero yo estaba decidida a quemarme.
A la mañana siguiente, entró un nuevo caso que tuvo a Beckett y a los chicos entretenidos durante el resto de la semana. Yo solo deseaba que el sábado el caso estuviera resuelto para poder disfrutar de la cita perfecta que tenía pensada.
Hice unas cuantas llamadas para tenerlo todo preparado, aún sabiendo que a lo mejor tenía que cancelarlo, pero si no era así, tenía que ser perfecto.
Entre papeleos, charlas en la sala de descanso, miradas furtivas entre nosotras, frases insinuantes y café, los días pasaron volando. No había visto a Beckett todo lo que hubiera querido, ya que el caso les llevaba de cabeza, y pasaron pocas horas en la comisaria.
El sábado por la mañana, como si el asesino supiera que Beckett y yo teníamos una cita, confesó después de un intenso interrogatorio que disfruté desde detrás del cristal, haciendo que el caso quedara totalmente cerrado esa misma tarde.
Cuando quedaban pocos minutos para las seis, nuestra hora de salida ese día, Beckett estaba sentada en su mesa y yo en la mía.
Nos miramos desde lejos, y las dos a la vez, levantamos la vista hacia el reloj de la pared contando los minutos que faltaban para salir. Volvimos la mirada hacia cada una y sonreímos.
Estaba algo nerviosa por como iría todo, esperaba que a Beckett le gustara el plan que tenía preparado.
Beckett se levantó a dejar unas carpetas y aproveché para dejarle una nota encima de la mesa antes de irme.
'Te recojo a las ocho, ponte más guapa, si es que en ti eso es posible =)'
Me dirigí al ascensor, una vez dentro y antes de que se cerraran las puertas, vi a Beckett mirándome con la nota en la mano y mordiéndose el labio sonriendo.
Cuando llegué a casa, saludé a mi madre, nos sentamos en el sofá y le expliqué por encima el plan que tenía para esa noche.
- Le va a encantar hija, eres toda una romántica – dijo mi madre dándome un abrazo.
- Me pidió la cita perfecta, así que espero cumplir sus expectativas.
- A mí me preparan algo así, y caigo rendida en sus brazos – dijo riéndose.
- Nunca había hecho algo así mamá, estoy muy nerviosa.
- Y yo nunca te había visto tan ilusionada por alguien ¿estás enamorada de ella? – preguntó sin vacilar.
Esa pregunta me pilló por sorpresa, ¿enamorada?, esa palabra sonaba muy grande.
- No lo sé mamá, no me lo he planteado.
- Mañana me respondes – puso una mano en mi rodilla mostrándome una amplia sonrisa y se levantó del sofá para servirse una copa de vino en la cocina.
Fui hacia mi habitación para arreglarme mientras la pregunta de mi madre seguía rondando por mi cabeza.
Abrí el armario sacando de él unos pantalones de vestir negros, aún no estaba preparada para ponerme un vestido llevando la prótesis, una camisa blanca y una americana ceñida a juego con los pantalones. No era lo más elegante del mundo, pero me quedaba bien.
Antes de vestirme, me di una ducha rápida secando mi pelo largo y castaño después. Me hice una coleta alta que me hacía parecer algo sofisticada. Di unos toques de rímel a mis pestañas haciendo que resaltara el azul de mis ojos, algo de colorete y un rosa suave para mis labios.
Cuando por fin me vi perfecta, eran casi las siete y media.
Me despedí de mi madre con un suave beso en la mejilla para no estropear el aún húmedo pintalabios y me dispuse a ir a recoger a Beckett.
Como tenía previsto, el coche alquilado con el conductor, estaba esperando en la puerta de casa.
Abrió sonriente la puerta del coche y entré. Durante el trayecto a casa de Beckett, fuimos hablando del planning que tenía para esa noche, era un hombre de unos 50 años, con una barba perfectamente arreglada, muy sonriente y complaciente.
Llegamos a casa de Beckett cinco minutos antes de lo previsto, bajé del coche y decidí esperarla apoyada en la puerta de este.
A las ocho en punto, la puerta del edificio donde vivía Beckett se abrió.
No pude evitar que mis ojos salieran casi de sus órbitas y mi boca se abriera de par en par al verla.
Llevaba un vestido rojo ceñido, sin tirantes, con escote palabra de honor, que acababa por encima de sus rodillas haciendo que sus piernas me parecieran eternas, aunque acababan en unos altísimos tacones negros. El pelo suelto le ondeaba por encima de los hombros, sus labios iban a conjunto con el vestido, haciendo que me parecieran aún más irresistibles. Sus profundos y preciosos ojos verdes se clavaron en mí, provocando una tímida sonrisa en su cara al ver como la miraba.
Me acerqué a ella con paso lento pero firme.
- Buenas noches detective, estás preciosa – dije con una amplia sonrisa.
- Tú también estás muy guapa Castle – sonrió algo ruborizada.
Le ofrecí mi brazo para que se cogiera e iniciamos nuestro camino hacia el coche. Al llegar, abrí la puerta haciéndole una reverencia provocando que se riera.
- Adelante detective.
- Gracias – acto seguido se sentó dentro del coche.
Una vez dentro, el conductor se puso en marcha.
- ¿Un coche alquilado con chófer? No has escatimado en gastos – dijo mirándome.
- No se puede ir en taxi a la cita perfecta, se perdería la magia – dije interesante.
- Eres toda una caja de sorpresas Castle.
- Y esto solo acaba de empezar – dije sacando un tira negra de tela de mi bolsillo.
- Si lo que querías era secuestrarme, vendarme los ojos y hacer lo que quisieras conmigo, sólo tenías que pedirlo Castle – dijo insinuantemente al ver la tela.
- Eso lo dejaremos para más adelante Beckett, ahora te vendaré los ojos para que no veas a donde vamos, no puedes sacarte la venda hasta que te lo diga.
- ¿A dónde vamos? – dijo girándose hacia la ventanilla para darme más facilidad.
- Al cielo – susurré suavemente en su oído mientras pasaba la venda por delante de sus ojos.
Espero que os haya gustado! ¿A donde llevará Rose a Beckett? ¿Será la cita perfecta? os quedáis con las ganas de saberlo hasta el proximo capitulo!
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