Basado en la sugerencia de Greenleaf's Daughter: inseguridad, miedo, abrazo.


Mycroft se despertó para encontrarse con que sólo llevaba sus calzoncillos y una pila se sábanas retorcidas. Escuchó con atención y apenas pudo distinguir el sonido de Greg tarareando para sí mismo en la ducha. Se desperezó, disfrutando de la sensación de estar adolorido en todos los lugares correctos.

Al cabo de unos momentos se quitó las sábanas y se dirigió al armario. Adormilado revolvió el perchero donde guardaba sus camisas (ordenadas por color), pero se detuvo en seco frente al espejo de cuerpo entero.

Mycroft miró con horror su imagen. Su estómago era redondo y feo, y todo lo demás parecía caer con el peso innecesario.

Recordó vívidamente la primera vez que su peso fue señalado. En realidad, había coincidido con el momento en el que Sherlock comenzó a odiarlo.

Sherlock y Mycroft tenían alrededor de siete y diez, respectivamente. Llegaron a la escuela en el sedan negro habitual, y Sherlock llevaba con orgullo su representación a escala del sistema solar, con las lunas de cada planeta y sus cometas. Se había pasado horas trabajando en su proyecto, y estaba charlando sobre las inexactitudes que habia encontrado en su libro de texto cuando un grupo de niños mayores se acercaron a ellos. Mycroft se movió para evitarlos pero Sherlock continuó, ajeno.

"Oye monstruo ¿qué tienes ahí?" uno de los niños preguntó con una sonrisa burlona.

"Una representación a escala del universo, aunque tuve que hacer algunos cambios pequeños en las estimaciones de Plutón para que el aparato de òrbita pudiera funcionar", explicó, mostrándoles como los planetas giraban alrededor del sol de poliestireno.

Mycroft sabía que era la respuesta equivocada, pero en lugar de defender a su hermano como hacía habitualmente, se encontró a si mismo alejándose del grupo para esconderse en las sombras del edificio.

"¡Dios, es un empollón!", gritó uno.

"¡Es un nerd!", otro de ellos exclamó.

El primer chico casualmente tomó el modelo de las manos de Sherlock y lo tiró al suelo. Uno de sus compañeros decidió apoyar el gesto y empezó a pisotearlo.

Los labios de Sherlock temblaron mientras veía su trabajo en ruinas.

Los puños de Mycroft estaban apretados a sus costados, pero sus pies se encontraban firmemente anclados al hormigón.

"Aw, ¿el bicho raro quiere llorar? Se un maldito hombre por una vez", dijo uno de ellos empujándolo hacia atrás.

No queriendo ser eclipsados, los otros chicos rodearon a Sherlock y comenzaron a golpearlo y patearlo. Mycroft se puso una mano en la boca, mordiendo sus nudillos con fuerza para no hacer ruido, no va a ser que atrajera la atención de los matones hacia él.

Un profesor corrió hacia el grupo, gritando. Los matones fueron arrastrados a la oficina del director, y Sherlock negó cualquier tipo de asistencia por los cortes y rasguños que había sufrido.

Mycroft salió de su escondite, y puso una mano en el hombro de Sherlock. "Voy a llamar a mamá, ella puede venir a recogerte".

Sherlock se giró hacia Mycroft, el fuego construyéndose detrás de sus ojos. "¡Gran cantidad de bien que va a hacer!", las lágrimas amenazaba con caer por su delgado rostro. "¡Eres una basura como hermano Mycroft!¡Eres gordo e inútil!", le gritó con fuerza antes de dar la vuelta e irse corriendo.

Mycroft se había sentido como si hubiese recibido una bofetada. Silenciosamente juró que nunca permitiría que su hermano cayera otra vez, que durante el tiempo que el viviera protegería a su hermano pequeño. Después de hacer esa promesa en silencio, deslizó sus ojos a su sección media. En realidad, nunca había pensado en su peso antes. Sí, el era más grande que Sherlock, pero Sherlock era piel y ó su jersey hacia abajo, tratando de desviar la atención de su estómago protuberante.

Cuando llegaron a casa después de la escuela ese día, Sherlock no había dicho ni una palabra a su hermano. Cuando mami le había preguntado a Sherlock como le había ido con su proyecto, él se burlo dijo: "Madre, la astronomía es una ciencia completamente inútil. La distancia de los planetas apenas vale la pena de aprender".

Mycroft salió de su ensoñación silenciosa cuando un par de manos serpentearon su camino a través de su sección media. Comenzó un ligero toque.

"Buenos días amor",dijo Greg, plantando un beso húmedo en el hombro pálido de Mycroft. Apoyó la mejilla en la curva de su cuello. Miró su aspecto en el espejo.

"Querido Dios, eres hermoso", dijo con la voz entrecortada.

Mycroft hizo contacto visual con él en el espejo y vio la honestidad en la cara de Greg.

"Tu...¿realmente piensas eso?", le preguntó con timidez.

"Absolutamente", dijo Greg, apretando su abrazo alrededor de Mycroft. Mycroft miró a su reflejo, y tuvo dificultades para encontrar algún defecto con las manos de Greg plantadas ahí.