Buenas gente, no debería subir un capitulo como este tan pronto, pero como prometí hacerlo antes de que acabara el fin de semana y aquí es fiesta, me va a ser imposible, y como yo cumplo mi palabra, prefiero subirlo ahora =)

Espero que este capitulo compensé la frustración que algunos me habeis dicho que sentisteis al final del otro jajajajaja

Muchas gracias a todos los que os molestais en dejar Review, espero que después de este capi, algunos más lo hagais, creo que la ocasión lo merece no?:P

No me enroyo más, ENJOY IT!


Capitulo 15

Después de un domingo de relax en casa con mi madre contándole como había ido todo, y sin noticias de nadie más, ya que suponía que estaban completamente metidos en el nuevo caso, llegó el lunes.

Llegué a la comisaria algo pronto, así que decidí irme a la sala de descanso a tomarme un café antes de empezar la jornada.

No sabía si Beckett aparecería por allí esa mañana, pero quise preparar dos cafés por si acaso. Mientras estaba en ello, oí la puerta de la sala cerrarse lentamente, así que me giré para ver quien había entrado.

Esbocé una enorme sonrisa al verla, a lo que ella respondió de la misma manera.

- Buenos días Castle – dijo acercándose a mí.

- Buenos días Beckett, no sabía si vendrías, pero por si las moscas, te estaba preparando un café de esos que tanto te gustan.

- Gracias Castle, así da gusto empezar el día.

- ¿Cómo va el caso? – pregunté interesada ofreciéndole el café que acababa de preparar.

- Pues algo complicado, ayer estuvimos todo el día por ahí averiguando cosas, ya sabes, los delincuentes no descansan nunca – cogió el café.

- Lo sé, y les gusta mucho interrumpir citas – dije riendo.

- En cuanto a eso Castle, de verdad que me lo pasé muy bien, aunque nos cortaran.

- Yo también Beckett, aunque me quedé con ganas de más.

- Hablando de eso… – dijo Beckett dejando la taza sobre el mueble donde estaba la cafetera y acercándose a mí – hay algo que me quedé con muchas ganas de hacer ¿sabes? – pegó su cuerpo contra el mío cogiéndome por la cintura.

- ¿A sí? ¿El qué? – dije sin apenas aire por la cercanía de Beckett.

- Esto - susurró sensualmente acercando rápidamente sus labios a los míos.

Atrapó mis labios vorazmente, besándome como nunca antes me habían besado. Enredó su mano en mi nuca y profundizó el beso, adentrando su lengua en mi boca, recorriendo cada rincón como si no quisiera perderse ni un milímetro de ella. Me dejé hacer, mi cuerpo había perdido toda capacidad, estaba en una nube, sentía esa corriente eléctrica que solo Beckett me hacía sentir, pero esta vez era más intensa, haciendo que el cosquilleo que sentía a su paso fundiera cada parte de mi ser.

Seguía besándome apasionadamente, sin querer separarse de mí, y yo la respondía, jugaba con mi lengua en su boca como ella había hecho en la mía, queriendo demostrarle todo lo que sentía por ella.

- ¡Se puede saber que está pasando aquí!

Mi cuerpo se heló, nos separamos de golpe con la respiración agitada mirando hacia la puerta, donde la capitán Gates nos observaba con los brazos cruzados y una expresión dura de enfado. Ni siquiera oímos abrirse la puerta de la sala, y ahora, era demasiado tarde para disimular.

- Capitán yo… - intenté hablar pero no era capaz de articular palabra.

- ¡A mi despacho! ¡Las dos! – gritó señalando con el brazo en dirección hacia su despacho.

Beckett y yo salimos una detrás de la otra, cabizbajas, hacia el despacho de Gates, de los nervios, casi pierdo el equilibrio, cuando andaba tenía la prótesis controlada del todo, pero en un momento como ese, mi muslo decidió hacerme una mala pasada, pero por suerte, solo fue un tropiezo tonto y nadie se dio cuenta aparte de mí.

Cuando entramos, Gates cerró la puerta de un portazo.

- Señor, puedo explicarlo… - intentó decir Beckett.

- No creo que sea necesario que me explique nada, ya he visto suficiente por mí misma – la cortó – siéntense.

Le hicimos caso y nos sentamos en las sillas que estaban delante de su mesa, Gates se apoyó en la mesa mirándonos.

- Podría despedirlas a las dos ahora mismo ¿saben? La normativa es muy estricta en cuanto a las relaciones entre compañeros.

- Señor, le pido disculpas, nuestro comportamiento no ha sido el adecuado – intentó excusarse Beckett.

- Miren, se que usted señorita Castle, no ha pasado por su mejor momento y me alegra mucho verla feliz, pero esto no puede volver a repetirse.

- No señor, no volverá a ocurrir – dije arrepentida sin atreverme siquiera a mirarla a la cara.

- Por esta vez lo dejaré pasar, pero si vuelvo a enterarme de un comportamiento inadecuado entre ustedes en horario laboral, sepan que no solo las despediré, si no que informaré a los de arriba y la detective Beckett deberá volver a Nueva York inmediatamente – su voz seria, me produjo un escalofrío – y ahora, pueden volver a sus puestos de trabajo.

- Sí, señor – dijimos las dos a la vez.

Nos levantamos y salimos avergonzadas del despacho de Gates, o al menos yo lo estaba, cuando miré de reojo a Beckett pude ver una sonrisa divertida en su cara, como si lo que había pasado le hiciera gracia.

Me fui al lavabo directa a mojarme un poco la cara, la tensión por la bronca de Gates me había dejado descolocada.

Me miré en el espejo y pude ver como mis labios aún estaban algo hinchados y rojos por los besos de Beckett, los acaricié cerrando los ojos, como si aún pudiera sentir los labios de Beckett devorándome.

Sin darme tiempo a reaccionar, alguien me cogió del brazo metiéndome bruscamente en uno de los baños, por poco vuelvo a perder el equilibrio.

- ¡Beckett qué haces! – exclamé al verla mientras ella cerraba el pestillo.

- Shhhhh – puso su dedo índice sobre mis labios para que me callara – no querrás que nos vuelvan a pillar – dijo divertida.

Me empujó arrinconándome contra la pared del pequeño cubículo y volvió a besarme apasionadamente.

- Beckett espera – dije apartándola de mí.

Sus pupilas estaban completamente dilatadas y me miraba fijamente.

- No sabes lo caliente que estoy Castle – dijo con una voz sexy atacando de nuevo mis labios haciendo que casi perdiera la razón.

- Espera, ¡espera! – dije separándola de nuevo con la poca fuerza de voluntad que me quedaba - ¿Tú...tú has oído a Gates? – mi respiración entrecortada mostraba totalmente mis nervios.

- Sí, la he oído, pero la situación, sin saber porqué, me ha excitado muchísimo Castle, no puedo evitarlo – intentó besarme de nuevo pero esta vez la aparté a tiempo.

- Beckett, si nos pillan otra vez nos van a echar, y a ti te van a mandar a Nueva York de nuevo, ¿quieres eso? – me sorprendí a mi misma de poder controlarme en esa situación, cuando en realidad solo podía pensar en arrinconarla y arrancarle la ropa ahí mismo.

Su respiración se calmó mientras me miraba a los ojos fijamente.

- Tienes razón, perdona, no sé qué me pasa contigo, pero desde que me fui el sábado corriendo, no he dejado de pensar en esto y…

No pudo acabar la frase, mi autocontrol se desvaneció al oírla hablar, la empotré contra la pared y empecé a devorar su cuello sin miramientos. Ella soltó un gemido de placer que me hizo perder la cabeza del todo, haciendo que subiera a sus labios y los besara salvajemente. Nunca había actuado así, pero lo que Beckett me hacía sentir, sacaba lo más salvaje de mí.

Nuestras lenguas luchaban por no separarse, mis manos se perdieron por su cuerpo, tocando y acariciando su espalda, su culo, su abdomen.

Como si hubiera cobrado vida propia, mi mano empezó a introducirse por la cinturilla de sus vaqueros, como si supiera lo que debía hacer aún sin haberlo hecho antes.

- ¿Beckett? – preguntó alguien en tono alto desde la puerta - ¿Beckett estás ahí? ¡Tenemos que irnos! – reconocí la voz de Espósito.

Separamos nuestras bocas de repente, jadeantes, casi sin aliento.

- Sí, estoy aquí, ¡ahora mismo salgo! – gritó Beckett tapándome la boca con la mano ya que a punto estuvo de escapárseme la risa.

Oímos como se cerraba de nuevo la puerta del lavabo.

- Dios, casi me da un ataque al corazón – dije entre risas con nuestras bocas unidas de nuevo.

- Creo que tendremos que dejar esto para otro momento – dijo Beckett entre besos.

- Y yo creo que necesito una ducha fría – no podíamos dejar de besarnos mientras hablábamos.

- Castle, tengo que salir, no podré hacerlo si no paras de besarme – dijo mientras mi boca se perdía nuevamente en su cuello – Rose, para – me separó de ella poniendo sus manos a los lados de mi cara, intentando que recobrara el sentido – en cuanto resuelva este maldito caso, tú y yo vamos a continuar con esto fuera de aquí, sin que nadie nos interrumpa – su respiración seguía agitada.

- Te tomo la palabra detective – la mía también.

- Hasta luego Castle – dijo con voz sensual dándome un último beso, abrió el pestillo y salió del baño.

Se miró un segundo en el espejo para acomodarse la ropa y arreglarse la coleta mientras yo no podía sacar mis ojos de ella. Abrió la puerta del lavabo, se giró para guiñarme un ojo, divertida, mordiéndose la lengua a la vez, y salió.

Me senté en la tapa del wáter pasándome las manos por el pelo, tirando la cabeza hacia atrás mientras suspiraba profundamente. Lo que acababa de pasar no podría siquiera haberlo soñado.

Llevé mi mano derecha hasta mis labios, completamente hinchados, estaba excitada, muy excitada, después de eso, la deseaba aún más.

Pero entonces me di un baño de realidad, dándome cuenta de que estaba pasando todo demasiado rápido. Beckett quería ir a más, lo había dejado claro, y la verdad es que con mis actos, yo tampoco le había demostrado lo contrario.

Y entonces me toqué la pierna izquierda, recordando que ya no estaba, que en su lugar estaba un muñón tapado por una prótesis y me puse nerviosa.

No lo había pensando fríamente, una cosa era hacerlo así, salvajemente en un baño, de pie, sin necesidad de desnudarnos, y otra muy diferente era en una cama, desnudas, con mi muñón al aire sin poder taparlo con nada. Mi cuerpo se tensó de golpe, por mucho que en el entrenamiento Beckett hubiera tocado esa parte, no estaba preparada para que la viera, mi mente no me lo iba a permitir.

Me levanté yendo hacia la pica, mojé mi cara con las dos manos, intentando rebajar el calor que emanaba de mi cuerpo y a la vez aclarar un poco los malos pensamientos que habían aparecido de repente. Respiré hondo y volví a mi puesto de trabajo.

Beckett y los chicos ya se habían marchado, así que empecé con el papeleo sin poder alejar de mi mente los recuerdos de lo que había pasado y el cómo iba a enfrentarme al problema de mi pierna.

Durante el resto del día no aparecieron por comisaria, cuando acabé el trabajo que me habían dejado sobre la mesa, regresé a casa andando, el ejercicio me iría bien para despejarme un poco.

Ya en casa, me puse ropa cómoda, y me quité la prótesis para hacer los ejercicios que Beckett me enseñó en el entrenamiento como había hecho algunos días atrás. El dolor de mi muslo iba desapareciendo poco a poco, por eso tal vez, casi me había olvidado de que llevaba una prótesis para esconder lo que faltaba de mi cuerpo. La adaptación había sido rápida, y con algo más de entrenamiento, tenía la esperanza de volver pronto al equipo, aunque eso conllevaría pasar más horas con Beckett, que dada la situación actual, sería algo difícil de llevar.

Después de los ejercicios, me puse de nuevo la prótesis, me serví una copa de vino en la cocina y me dispuse a hacer la cena.

Puse la pizza al horno y mientras se hacía, me senté en el sofá a ver un rato la televisión. Cené tranquilamente en el sofá, mientras seguía viendo un programa de entretenimiento al que no presté mucha atención, ya que mi cabeza no dejaba de darle vueltas a todo.

Cuando me disponía a llevarme el tercer trozo de pizza a la boca, mi móvil sonó. Miré la pantalla iluminada y vi que era un whatsapp de mi madre diciendo que esa noche no regresaría a casa. Negué con la cabeza mientras sonreía, y el móvil volvió a sonar, era otro whatsapp que suponía sería de mi madre, pero al mirar la pantalla de nuevo, vi que salía el nombre de Beckett.

- No puedo dejar de pensar en ti.

Me enderecé de golpe, acercándome a la mesa, cogí el móvil dejando el trozo de pizza en el plato precipitadamente consiguiendo que la mitad del trozo se quedara colgando.

- Hola Beckett, a mi me pasa algo parecido – escribí nerviosa.

- Acabo de llegar a casa y me encantaría que estuvieras aquí Castle :P

- A mí también me gustaría estar ahí Kate.

- ¿Por qué no vienes y seguimos donde lo dejamos esta mañana?

Suspiré cerrando los ojos, pensando en que podía decirle, claro que me moría de ganas de estar con ella, pero de nuevo me atacaban mis miedos, mi vergüenza, y la simple idea de que me viera desnuda era algo que me tiraba para atrás.

- No puedo Beckett, tengo que acabar de arreglar unas cosas y he quedado con mi madre en que la esperaría aquí – mentí, no se me ocurría nada mejor.

- ¿Seguro que no puedes escaparte? Por favor Castle, necesito verte.

Volví a suspirar, mi corazón y mi cuerpo se morían por salir corriendo y pasarme la noche perdida en sus brazos, pero mi mente no quería obedecer a esos impulsos.

- Será mejor dejarlo para otro día Beckett – escribí sin estar convencida de mis palabras.

- Está bien, no voy a insistir más, buenas noches Castle, espero que esta noche sueñes con todo lo que pensaba hacerte.

- Buenas noches Beckett – me limité a escribir.

Me maldecí a mí misma, en esos momentos, no me soportaba. Volvieron mis inseguridades, esas que hacían que lo echara todo a perder.

Había mentido a Beckett, a la chica que me había sacado de ese pozo de oscuridad en el que estaba metida, la que consiguió que olvidara mis problemas, la que siempre me había ofrecido su ayuda en todo, la que desde el día en el que apareció en mi vida, me había hecho cambiar por completo.

Tiré el resto de la pizza a la basura, no podía dar un bocado más, mi estomago se había cerrado por culpa de mis estúpidas inseguridades.

Cogí la copa de vino que aún estaba casi llena, y me la bebí de golpe notando como el alcohol quemaba mi garganta. Quería castigarme, me odiaba tanto. Me serví otra copa apoyada en la encimera de la cocina, mientras algunas lágrimas empezaban a caer por mi rostro.

De repente el timbre sonó, me bebí de nuevo la copa entera, y sin poder dejar de llorar, dirigí mis pasos hacia la puerta.

Cuando la abrí, me quedé paralizada, con los ojos llorosos y sin palabras.

Beckett estaba delante de mí, vestida con una gabardina marrón atada por la cintura que marcaba sus perfectas curvas y por lo que se intuía debajo de ella, no llevaba mucha ropa.


Espero que vuestras ganas de matarme no hayan aumentado xDDDDDD