Bueno gente estoy un poquito triste porque el anterior capi solo ha tenido 3 reviews (aunque las agradezco muchisimo) así que no se si os está gustando como va la historia o no, y estoy algo bloqueada.

Podriais darme algunas ideas de como os gustaría que siguiera la cosa, o que es lo que no os gusta y esas cosas

Agradezco muchisimo cada review y cada DM, porque aunque no lo parezca, cuesta bastante escribir un fic como este y más sin saber bien si gusta o no como continua

Muchas gracias por leerme y espero que disfuteis de este capi, espero vuestras opiniones!

Enjoy!


Capitulo 17

Cuando llegué a la comisaria, me fijé que Ryan y Beckett no estaban allí, pero Esposito estaba delante del ordenador, concentrado, redactando algo.

Me acerqué a su mesa después de dejar las cosas en la mía.

- Buenos días Espo - dije con alegría.

- Buenos días Castle, vaya vaya, nos hemos despertado de buen humor – dijo al levantar la vista de su ordenador.

Amplié mi sonrisa, recordando el porqué de mi buen humor y suspiré.

- Se puede decir que sí – dije sin más.

- ¿Hablaste con Beckett? – preguntó interesado.

Me ruboricé al oír su nombre, y mis mejillas se tornaron rojizas. Afirmé con la cabeza.

- Creo que necesito un café, si sigo delante de este ordenador un minuto más, me va a estallar la cabeza, ¿me acompañas? – se levantó de su silla.

- Claro, aún me quedan unos minutos para empezar.

- Excelente, así me lo cuentas todo – sonrió.

Fuimos a la sala de descanso y preparamos dos cafés, nos sentamos en el sofá café en mano y me miró atentamente.

- ¿Qué le dijiste? – preguntó curioso para después darle un sorbo al café.

- Directamente al grano ¿no? – me reí.

- Sabes que siempre me ha gustado ir directo al asunto, Castle.

- Bueno, solo voy a decirte que estamos bien, muy bien en realidad – la sonrisa idiota volvió a mi cara.

- Vamos Castle, detalles, quiero detalles – soltó impaciente.

- Javi, no voy a contarte nada de lo que estás pensando, respeto a la detective y no creo que le gustara saber que voy aireando nuestras cosas por la comisaria.

- Espera, espera, ¿nuestras cosas? ¿es que ha pasado algo más? – Javi siempre había sido muy curioso y además creo que la idea de vernos a Beckett y a mí juntas, hacia que fantaseara un poco, aunque fuera mi mejor amigo, seguía siendo un tío.

- Hipotéticamente hablando, digamos que…nos hemos besado ¿te sirve?

Puso cara de sorprendido, después sonrió y se lanzó a darme un abrazo.

- ¿Qué haces Javi? – pregunté sorprendida por su reacción.

- Me alegro mucho por ti Rose, me alegra tanto verte feliz – dijo sin soltarme.

Me limité a sonreír y devolverle el abrazo, por muy tío que fuera, seguía siendo mi mejor amigo y me comprendía como nadie.

- Cómo se te ocurra contarle algo de esto a alguien te la corto Javi – dije seriamente al separarnos .

- Tranquila, mis labios están sellados – dijo haciendo como si cerrara una cremallera en su boca.

Nos acabamos el café entre risas, hablando de otras cosas y volvimos al trabajo.

Al cabo de pocas horas, el ascensor se abrió, y de él salieron Beckett, seguida por Ryan, que llevaba esposado a un sospechoso.

Miré a Beckett, la cual me sonrió y dijo un hola con la boca pero sin voz.

Se metieron los tres en la sala de interrogatorios, Espo y yo nos levantamos a la vez, y nos metimos en la sala adyacente.

En silencio, observaba a Beckett detrás del cristal, adoraba a la Beckett tierna, a la Beckett picante y juguetona, pero sin dudarlo, la Beckett detective, dura e impasible, era la que más provocaba que subiera mi temperatura corporal.

Noté como una gota de sudor resbalaba por mi nuca, volvía a estar realmente excitada, mientras Beckett usaba su estrategia para sacarle toda la información al sospechoso, mi mente volaba imaginando como sería tenerla entre mis brazos, desnuda sobre mí, acariciando cada milímetro de su cuerpo, besando su suave y perfecta piel.

A la vez me maldecía, tenía una lucha interior entre mi cuerpo y mi mente, esa que conseguía torturarme con el miedo de dejar que viera mi muñón por muchas ganas que tuviera de hacerlo.

Me mordí el labio mientras apretaba mi puño derecho con tanta fuerza que mis dedos empezaban a ponerse blancos.

- ¿Pasa algo Castle? – preguntó Espo mirándome la mano extrañado.

Levanté la vista saliendo de mi ensoñación y le miré.

- ¿Qué?

- Que qué te pasa Castle, como sigas apretando así tu mano te va a explotar – dijo señalándola.

- No es nada, es solo que odio a los tíos como este – mentí señalando al sospechoso al que apenas había mirado.

- Tranquila, Beckett le está dando un buen rapapolvo, este va directo entre rejas – dijo riéndose.

- Eso espero – suspiré volviendo a mirar a Beckett – tengo que salir Javi, necesito…bueno da igual, que voy al baño – dije nerviosa saliendo de la sala y dejando a mi amigo boquiabierto.

Fui directamente al baño, abrí la pica y me mojé la cara y la nuca, mirándome al espejo, viendo como mis mejillas volvían a estar rojas por el acaloramiento que sentía.

Debía empezar a controlarme, tenía que enseñar a mi cuerpo a no sentirse así cuando Beckett estuviera cerca, al menos en el trabajo. Mi cuerpo estaba preparado para todo, pero mi mente no, mi mente no me daba ni un respiro, y hasta que estuviera preparada para entregarme del todo a Beckett, necesitaba dejar de excitarme por cada movimiento que hiciera, me sentía como una adolescente hormonada.

Volví a mojarme una vez más la cara con agua fría, la sequé con una toalla y salí dirigiéndome de nuevo a mi mesa.

Al poco rato salieron de la sala de interrogaciones y se llevaron al detenido a los calabozos.

Beckett se acercó a mi mesa con una sonrisa en la cara.

- Caso cerrado – dijo haciendo que levantara la vista de los informes que estaba intentando leer – por fin le hemos pillado.

- Me alegro mucho detective – le devolví la sonrisa.

- ¿Te apetece que cuando salgamos de aquí vayamos a Hyde Park a seguir con el entrenamiento? – preguntó.

- ¿A Hyde Park? ¿Qué pasa con el gimnasio? – me extrañó ese cambio de localización repentino.

- Bueno, es algo pequeño y para lo que tengo pensado, necesitamos un sitio más grande.

- Vale, me parece estupendo detective.

- Y luego puedes venir a mi casa a ducharte – susurró sensual acercándose a mi oído consiguiendo que mi bello se erizara.

- Beckett aquí no, no hagas eso, no quiero perder mi trabajo – le contesté bajando el tono de mi voz – además ya sabes que no estoy preparada para una ducha como la que estás pensando.

- Que sería te has vuelto de repente Castle – dijo incorporándose poniendo morritos de enfado.

La miré sin poder decirle nada más, ya que se fue hacia el baño sin dejarme responder. Miré a los lados y vi que Gates aún no había llegado, así que decidida, me levanté y me dirigí al baño.

Cuando entré, Beckett estaba lavándose las manos, sin pensármelo dos veces, la cogí del brazo y nos metimos en uno de los cubículos.

- Beckett no te enfades – ella me miraba seria sin decir nada – es solo que me está costando más de lo que pensaba verte aquí y tener que actuar como si no pasara nada entre nosotras, me siento como una adolescente que no sabe controlar sus impulsos ¿sabes?

Sonrió, me cogió de la camiseta empujándome contra ella y me besó apasionadamente.

- Eres tan adorable cuando me miras con esos ojitos de arrepentimiento – dijo apoyando su frente contra la mía al separarse de mis labios – lo entiendo Castle, yo tampoco quiero perder mi trabajo por esto y menos aún que me alejen de ti – dio un toquecito suave con su dedo índice en mi nariz – es tan difícil tenerte delante y no morirme por estos labios – bajó su dedo suavemente acariciando mis labios.

- Beckett por favor, no hagas eso, me estás torturando.

- ¿El qué Castle? – se mordió el labio divertida sin sacar su dedo de mis labios.

- Por favor… – en mi voz se notaba perfectamente lo que cada roce de Beckett provocaba en mí, estaba excitada de nuevo.

- ¿Nos vemos esta tarde a las 7 en Hyde Park? – preguntó sin dejar su voz seductora, acercando tentadora sus labios a los míos.

- Si… - tragué saliva sonoramente, me estaba costando mucho concentrarme en hablar.

- Pues allí nos vemos cariño – sonrió divertida sin apartarse de mí.

Oírla decir ese 'cariño' me perdió del todo, la agarré bruscamente por la nuca y la empujé contra mis labios, besándola salvajemente, quedándonos sin respiración con cada beso desesperado, ¡Dios cómo la deseaba!

Cuando nos separamos, salimos del cubículo entre risas, nos adecentamos mirándonos al espejo para que nadie notara nada y salimos a seguir trabajando.

Definitivamente éramos como dos adolescentes que no eran capaces de sacarse las manos de encima, y en el fondo, por mucho que me preocupara, me encantaba.

Seguí con el papeleo, de vez en cuando se me escapaba alguna mirada furtiva hacia Beckett, que estaba en su mesa trabajando para dejar el caso totalmente cerrado, adoraba mirarla, ver como se le fruncía el ceño cuando algo no le cuadraba, o simplemente como recogía detrás de su oreja algún mechón suelto que caía de vez en cuando de su coleta.

Esa mujer igual que hacía salir a la luz mis instintos más salvajes, muchas veces me provocaba paz, tranquilidad, adoración e incluso amor. Sí, aunque era pronto, como todo entre nosotras, había pasado rápido, sin poder evitarlo, me había enamorado de ella.

Cuando acabé con todos los informes, arreglé un poco mi mesa, me despedí de mis compañeros, le guiñé un ojo a Beckett y fui a casa a ponerme ropa de deporte para ir a Hyde Park.

Cuando llegué, hacía algo de frío ya que el sol en Londres desaparecía pronto, agradecí a mi sentido común por haber cogido una chaqueta que abrigaba bastante. Mi móvil sonó, era una whatsapp de Beckett.

- Te espero al lado del lago, yo ya estoy aquí.

Por suerte había entrado por el sitio correcto y en menos de dos minutos, la vi esperándome.

- Hola de nuevo preciosa – dije a su espalda.

Se giró y al verme dibujó una de sus preciosas sonrisas, se acercó a mí y me dio un tierno y suave beso.

- ¿Cómo te ha ido el día? – preguntó colocando sus brazos en mis hombros rodeándome por la nuca.

- Bueno, hay una chica en el trabajo que no me permite concentrarme mucho la verdad – dije divertida.

- ¿A si? ¿Y cómo es ella? – preguntó interesada con una expresión divertida.

- Pues es alta, tiene el pelo castaño claro que suele recogerlo en una coleta alta dejando a la vista su tentador cuello – le di un beso en el cuello – y unos ojos verdes tan preciosos que cada vez que los miro me pierdo en ellos, pero es que además, tiene un cuerpo de infarto que hace que pierda todos mis sentidos.

- Vaya, suena muy sexy – dijo mordiéndose el labio sonriendo.

- Sí, lo es, pero creo que se lo tiene un poco creído – dije riéndome.

Beckett se separó de mí para pegarme un golpe en el hombro.

- Es broma, es broma – dije entre risas.

- Bueno, vamos a ponernos un poco serias si es que te ves capaz, y empezar con el entrenamiento.

- Yo si me veo capaz profesora, en cuanto a usted, no sé yo si podrá controlarse a mis encantos – solté sarcástica.

- Oh vamos Castle, ¿quién es la creída ahora?

- Está bien, está bien, ya me callo.

- Eso está mejor, hoy vamos a empezar a correr.

- ¿Correr? – pregunté alucinada a la vez que asustada – Es un poco pronto para eso ¿no? Apenas acabo de empezar a caminar más o menos normal.

- Tranquila Castle, empezaremos caminando un poco rápido, y luego durante varios días, iremos subiendo el ritmo ¿vale? – dijo tranquilizándome.

- Lo intentaré.

Y así lo hicimos, alrededor de un lateral del lago, empezamos a andar de un lado al otro, de manera rápida. Me sorprendí a mí misma, viendo que casi ni me molestaba la prótesis al emprender la marcha y podía hacerlo con bastante facilidad. No hablamos mucho, estaba concentrada en hacerlo bien, en recuperarme y ser capaz de volver a mi vida de antes, aunque ahora sería mejor, tenía a Beckett a mi lado.

Estuvimos una hora, descansando de vez en cuando, hasta que el cuerpo aguantó y ya no podía más, adelantamos mucho, ya que al ver que era capaz, empezamos a correr un poco, sin forzar del todo.

- ¿Quieres venir a casa a ducharte? – preguntó cuando salíamos del parque – Prometo no entrar, prepararé la cena mientras te duchas.

- Entonces no es solo para ducharme ¿no? – pregunté yo divertida.

- Bueno, puedes ducharte, cenamos y si quieres…puedes quedarte a dormir – sonrió esperando dubitativa mi respuesta.

- Suena a un buen plan – sonreí.

- ¡Genial! – dijo abrazándome.

Decidimos ir en metro para no gastar en un taxi y fuimos a su casa.

Subimos hasta el ático con el ascensor y cuando Beckett puso la llave en la cerradura para abrir, empecé a darle pequeños besos por el cuello mientras ella se reía.

Abrió la puerta y paré de golpe, observando el comedor de su piso alucinada.

- Aún no está todo colocado, no he tenido mucho tiempo – dijo entrando.

Cerré la puerta y me quedé plantada en medio del salón, observando cada rincón del mismo.

Al lado de la entrada, había una escalera de ladrillos blancos que supuse daba a una terraza o al tejado, en los escalones de esta, tenía varios libros amontonados dando un aspecto de estantería. Justo debajo había una especie de cocina pequeña con varios armaritos y una pequeña mesa en medio con dos fogones y dos taburetes.

En el otro lado del salón y delante de tres ventanales, se encontraba el sofá, era azul y tenía varios cojines, entre los cuales uno tenía la bandera inglesa, algo que me pareció adorable. Delante del sofá, una mesita de madera con tres velas y en la pared de al lado, un cuadro que me pareció algo extraño, salía una mujer con una capa y un sombrero granates, encima de un puente, con un eclipse y varios aviones en el cielo. Desde luego, Beckett no era una chica común, sus gustos eran muy personales, y el piso además de enorme, estaba muy bien decorado, con mil detalles que marcaban su personalidad.

- Estoy impresionada – dije después de pasar varios minutos en silencio observándolo todo.

- ¿Te gusta? – preguntó curiosa al ver que llevaba callada tanto rato.

- ¡Es enorme! Y veo que te encantan los detalles – dije sonriendo.

- Bueno, es mi casa, así que me gusta llenarla de cosas que me encantan.

- Es usted toda una bohemia detective Beckett – dije abrazándola por la cintura.

- Y aún no has visto lo mejor…- puso una sonrisa pícara para después morderse el labio y con el dedo me indicó que la siguiera.

Entró en lo que supuse que sería su habitación.

Estuve unos segundos quieta, pensando en que quizá, si entraba en su habitación, con una cama, tal y como sabía provocarme, iba a ser difícil no caer en la tentación.

Suspiré hondo y me dispuse a entrar con la mente fría de que no iba a pasar nada simplemente por ver su habitación…pero quizá me equivocaba…


Espero que no me matéis! y si quereis hacerlo...decidmelo con una review jajajajajajajajajaja=P