Greg siempre había asumido que llevar un anillo de bodas se sentiría ó que una vez que se deslizara por su dedo quedaría adherido a su piel y se convertiría en una parte de él.

Si Greg era perfectamente honesto consigo mismo, era un poco incómodo. Sus dedos medio y meñique se frotaban contra el de un modo extraño. Cuando tamborileaba sus dedos sobre la mesa a la espera de una llamada importante se vio a si mismo sorprendido por el extraño clic que hacía al llegar a la caoba. No era de ninguna manera desagradable, era solo...diferente.

Y la gente lo miraba de manera diferente ahora. No sólo Anderson, quien lo miró completamente atónito por un minuto completo antes de que Sally le diera un codazo en las costillas el primer día de Greg en el trabajo después de su luna de miel (unas tranquilas dos semanas en el sur de Francia). Todo el mundo parecía más cálido a su alrededor. Más amigable. Era como si fuera parte de algún club tácito ahora, un club que había esperado por el durante algún tiempo.

En la noche de su aniversario de un mes, Greg no podía dormir. Yacía de espaldas mirando al techo con la cabeza de Mycroft en su pecho.

Greg levantó su mano izquierda cerca de su cara, girando lentamente la banda de oro con su dedo índice y mirando con fascinación como el anillo cogía un puñado de los rayos de la luna que se asomaban en la oscura habitación. Él se lo quitó, girándolo entre el pulgar y el índice. Se preguntó como era posible que el fuera capaz de ver el "siempre" grabado en el interior, incluso cuando la habitación estaba tan oscura. Era como si la palabra tuviera una luz interior que brillaba solo para él.

Sonriendo para si mismo, se puso de nuevo el anillo, flexionando ligeramente la mano para ayudar a acomodarlo.

Mycroft movió su mano en ese momento, alcanzando la de Greg y llevándola a sus labios. Colocó un pequeño beso en la banda de oro, haciéndole cosquillas en los dedos. Luego entrelazó sus dedos de la mano izquierda con los de Greg, haciendo que sus anillos hicieran clic al juntarse. De repente, el peso del anillo en su dedo se sentía como la sensación más natural del mundo.