Holita gente!

Cómo os habéis portado muy bien con las reviews, he decidido subir este capitulo antes de lo previsto, por el momento es el capitulo que más me ha costado escribir así que espero con ansias las reviews con vuestras opiniones!

Muchas gracias de nuevo por seguir este fic, por vuestras palabras y vuestro cariño, ayudan muchisimo

Espero que os guste! ENJOY!


Capitulo 19

Kate soltó un gemido que resonó por las paredes de toda la casa al sentir mis labios de nuevo sobre su cuello. El agua seguía corriendo, haciendo que mis labios se separaran de su cuerpo más veces de las que quería, pero necesitaba coger aire porque el agua dificultaba más mi respiración.

Finalmente apoyé a Beckett contra la pared, haciendo que el agua cayera sobre mi cuerpo.

Seguí recorriendo su cuello con mi lengua y mis dientes, ella no dejaba de soltar pequeños gemidos de placer que me hacían perder la cabeza más y más. Llevé mi mano izquierda hasta su nuca, acercando su boca a la mía, permitiendo que mi lengua se perdiera recorriéndola.

Beckett se limitaba a disfrutar, me dejaba a hacer sin decir nada, disfrutando de cada beso y de cada caricia.

Sin dejar de besarla, coloqué mi mano derecha sobre su hombro, bajándola lenta y suavemente por su brazo, acariciando cada milímetro de él, disfrutando de la electricidad que sentía en la palma de mi mano al tocarla.

Cuando llegué a su mano, nuestros dedos se entrelazaron, soltándose poco después y permitiendo que mi mano siguiera su recorrido acariciando el brazo por la parte más pegada a su cuerpo.

Mi mano llegó hasta su pecho derecho, haciendo círculos alrededor de su aureola, acariciando después con mi dedo índice su pezón completamente erecto.

Beckett gimió dentro de mi boca, haciendo que separara mis labios de los suyos, y sin dejar de acariciarla, la miré intensamente a los ojos.

Sus pupilas estaban completamente dilatadas, igual que las mías, y sus ojos suplicaban que siguiera. Separé mi cuerpo ligeramente del de ella, arrastrando mi mano hasta su otro pecho, repitiendo las caricias que le había proporcionado al otro y provocando que gimiera una y otra vez. Beckett no dejaba de mirarme a los ojos intensamente, consiguiendo excitarme más.

Bajé mi mano lentamente por su vientre, permitiéndome disfrutar de la suavidad de su piel mojada. Seguí bajando hasta que mis dedos se encontraron con sus pliegues, húmedos, no solo por el agua, si no por el calor que emanaba de su parte más íntima, estaba completamente preparada para mí.

Aún no sé cómo, ni por qué, pero mis dedos empezaron a jugar sobre su piel completamente caliente y húmeda como si lo hubieran hecho toda la vida, expertos, sabiendo donde acariciar más para que Beckett volviera a gemir de placer.

Coloqué la punta de mi dedo índice sobre su entrada, la miré de nuevo a los ojos, estaba con la boca abierta, intentando coger más aire por ella ya que su respiración estaba completamente agitada.

- Hazlo Castle, por favor – susurró excitada mordiéndose el labio.

Introduje mi dedo hasta el fondo, sin vacilar, empujando de nuevo mi cuerpo contra el suyo, apoyándola de nuevo en la pared. Apoyó su barbilla entre mi cuello y mi hombro, besándome en el lado de la cara, restregando sus labios por ella completamente extasiada, mientras yo no dejaba de entrar y salir de ella, curvando el dedo para promocionarle más placer. Decidí meter otro dedo más, a lo que ella respondió mordiéndome el cuello ahogando un sonoro gemido que se adentró en cada poro de mi piel.

Seguí con mis movimientos, sin parar, acelerando el ritmo, hasta que empecé a notar que las paredes de su sexo aprisionaban mis dedos vaticinando el orgasmo que estaba a punto de llegar.

Ralenticé el ritmo, moviendo mis dedos dentro de ella, a la vez que con mi dedo pulgar acariciaba su hinchado clítoris, haciéndola disfrutar de cada roce. Ella seguía perdida en mi cuello, sujetándose a mí para no caerse mientras besaba y mordía mi piel entre gemidos.

Y entonces llegó, noté las convulsiones en su cuerpo, como se aferraba a mí con más fuerza soltando un fuerte gemido en mi oreja, casi aturdiéndome.

Cuando consiguió normalizar un poco su respiración, separó ligeramente su cuerpo del mío para mirarme a los ojos, sonriendo, mientras el agua caía sobre mi pelo empapándome la cara.

- Ha sido…increíble – dijo con la respiración aún agitada.

Nos besamos de nuevo debajo del grifo, con el agua cayendo. Alargó su mano hasta el interruptor del agua y lo cerró.

Será mejor que salgamos, pero debes sacarte la ropa aquí, no quiero que me dejes el suelo perdido – dijo riéndose.

Yo seguía incapaz de articular palabra, me limité a asentir con la cabeza.

- Voy a ponerme el albornoz, te espero en la habitación mientras te desvistes, ahí tienes más toallas – dijo corriendo la cortina y enseñándome el armarito – voy a buscarte algo de ropa, dudo que puedas dejarte la que llevas – volvió a reír y yo la miré sonriendo y asintiendo, sin articular palabra de nuevo.

Salió de la bañera, vistiéndose con el albornoz y colocándose una toalla en el pelo. Se giró de nuevo hacia mí, que seguía parada dentro de la bañera, completamente empapada e inmóvil. Me guiñó un ojo y se fue a la habitación.

Empecé a desvestirme, sacándome la camiseta y escurriéndola, mientras por mi cabeza seguían resonando los gemidos que Beckett me había regalado. No entendía como había sido capaz de hacerlo, perdí todo sentido sobre mi cuerpo en cuanto corrí la cortina, como si actuara solo y lo único que le empujara a hacer lo que había hecho, era el deseo que Beckett me hacía sentir.

Cuando me saqué todas las prendas, salí de la bañera y me senté en el borde para poder sacar la prótesis y secarla bien.

Una vez hecho, la coloqué de nuevo en su sitio, me envolví en una toalla, y entré en la habitación. Beckett no estaba, pero encima de la cama había dejado una camiseta, un pantalón de chándal y unas braguitas de encaje negro.

Me senté en la cama después de secar los pocos restos de agua que quedaban sobre mi piel y me vestí.

Cuando regresé al salón, vi a Beckett de espaldas en la pequeña cocina, en ropa interior, llenando dos copas de vino. Me acerqué sigilosa hacia ella, envolviendo su cintura con mis brazos y dándole un pequeño beso en el cuello.

Ella se giró entre mis brazos, mostrándome una enorme y deslumbrante sonrisa.

- ¿Quieres una copa? – preguntó.

Asentí de nuevo soltándola de mi agarre. Cogió las dos copas y la botella, y se dirigió hacia el sofá, dejándolas sobre la mesita que tenía delante. Se sentó mientras yo la observaba desde la cocina, llenó las copas y palmeando con la mano en el sofá, indicó que me sentara a su lado.

Me acerqué haciéndole caso y me dejé caer en el sofá, reposando mi cabeza en el respaldo.

- ¿No vas a decir nada? – preguntó mientras me ofrecía la copa llena de vino.

- La verdad es que no sé qué decir – dije algo tímida, cogiendo la copa sin atreverme a mirarla.

Bebí un sorbo, sin mirarla, sabiendo que ella tenía sus ojos clavados en mí.

- La que debería estar sin palabras en este caso soy yo ¿no? – dijo algo impaciente ante mi silencio.

Di otro sorbo, estaba completamente sin palabras, no sabía que decir.

- ¡Castle me vas a volver loca! – gritó dejando su copa sobre la mesa – quieres al menos mirarme, por favor.

Alcé la vista, con la copa sobre los labios, al menos así aún tendría algunos segundos más para pensar qué decir.

- ¿Estás arrepentida? – preguntó cambiando su expresión de enfado por preocupación.

- ¡Qué! – exclamé incorporándome de golpe y dejando la copa en la mesa – no, Kate, no es eso – ladeé mi cuerpo para poder mirarla mejor.

- ¿Entonces?

- Es solo que…estoy intentando asimilarlo.

- Joder Castle, tienes la manía de preocuparme con tus silencios.

No pude evitar reírme al ver su cara de frustración.

- No te rías, no es gracioso, un día de estos me provocarás un infarto – dijo golpeando mi hombro.

- Y tú una lesión en el hombro – dije frotándome el hombro riendo a la vez.

- Castle no puedes simplemente meterte en mi ducha, tocarme como me has tocado y luego no ser capaz de decirme nada – soltó exasperada.

- ¿Te ha gustado? – pregunté tímida bajando la vista.

- ¿Qué? ¿En serio me estás preguntando eso? ¡Pero si casi me quedo sin voz de tanto gritar Castle! – con su mano levantó mi barbilla para que volviera a mirarla – Ha sido uno de los mejores orgasmos de mi vida.

Sonreí, con su mano aún sujetando mi barbilla, acercó sus labios a los míos, y me besó suavemente.

- No sé que me ha pasado Beckett, ha sido ver tu sombra en la cortina y…se me ha ido la cabeza – solté al separarnos – nunca había hecho algo así.

- Siempre hay una primera vez para todo Castle, y permíteme decirte, que si no fuera porque lo sé, jamás hubiera pensado que era la primera vez que lo hacías.

- No será para tanto – dije con tono irónico.

Volvió a pegarme en el hombro, esta vez más fuerte, y pegué un grito de dolor.

- Nunca, jamás, me repliques Castle – dijo moviendo el dedo índice como una profesora cascarrabias.

No pude evitar reírme a carcajadas, me dio un verdadero ataque de risa, no podía parar. Beckett me miraba seria con el ceño fruncido.

- Perdona…perdona – intentaba recuperar la respiración entre risas – ya paro.

Intenté calmarme, dejar de reírme y respirar.

- ¿Ya? ¿Se te ha pasado la tontería? – preguntó Beckett bastante enfadada.

- No te enfades Beckett, es que cuando pones esa cara de profesora enfadada me hace mucha gracia, lo siento – dije aún con alguna risa furtiva por en medio.

- Eres la persona más desesperante que conozco – dijo cogiendo la copa de nuevo dando un gran trago.

- Y por eso no puedes sacarme las manos de encima – volví a reírme.

- ¿Perdona? ¿Quién dices que se ha metido en la ducha de quien? – soltó sarcástica.

- Touché. Por cierto…- pensé unos segundos lo que iba a decir – quería pedirte perdón por lo de antes.

- Castle, si cada vez que tengas que pedirme perdón vas a meterte conmigo en la ducha de esa manera, creo que provocaré peleas a posta – dijo riéndose.

- No juguemos con fuego detective.

- Además – dijo acercándose más hacia mí – ahora tendré que compensártelo de alguna manera – su voz se volvió más sensual.

Cada vez estaba más cerca, podía notar su respiración en mis labios, los cuales, sin darme tiempo a reaccionar, atrapó con los suyos, poniendo su mano en mi mejilla, profundizando más cada beso.

- Espera, espera – dije apartándola de mí levantándome bruscamente del sofá – No Kate, no, no estoy preparada.

Ella bufó, frustrada, mirando mi repentina cara de pánico.

- ¿Enserio después de follarme como lo has hecho en la ducha vas a seguir huyendo de mí? – volvió su cara de enfado.

- Beckett yo… - suspiré, frustrada de la misma manera en que ella lo estaba – será mejor que me vaya.

- ¡Qué! No, no, espera – dijo levantándose rápidamente, agarrándome por el brazo, impidiendo que pudiera darme la vuelta para ir a recoger las cosas a la habitación – Castle perdona, no quería incomodarte de nuevo, es solo que…

- Beckett déjalo, hasta que no supere mis putas inseguridades siempre vamos a estar así, lo siento, de verdad, pero debo irme – me solté de su agarré y fui a la habitación.

Recogí rápidamente la ropa mojada como pude, metiéndola en una bolsa de plástico que llevaba en la bolsa de deporte, oí como Beckett gritaba, sacando con su voz toda la frustración que sentía por mi comportamiento.

- Rose por favor, no te vayas – dijo acercándose a mí cuando salí de la habitación – prometo no hacer ni decir nada más que te incomode.

- Kate, te lo he dicho mil veces, no es tu culpa – seguía mi paso hacia la puerta, a penas sin mirarla, sabiendo que si lo hacía no sería capaz de irme – es solo que necesito estar sola, y si me quedo aquí, sé que acabaremos peor.

- Castle por favor… - seguía rogando.

- Kate, hablamos mañana ¿vale? – al final me giré hacia ella después de abrir la puerta – Espero que me perdones y puedas entender algún día porque hago esto.

Ella se quedó parada, mirándome con cara de tristeza, suspiré y salí cerrando la puerta tras de mí.

Bajé en el ascensor, apoyando mi frente en la pared, suspirando, no podía creerme lo que había hecho. Golpeé mi frente varias veces contra esa pared, odiándome de nuevo. Odiaba mi inseguridad, el trauma que ese hijo de puta había dejado en mí, estaba destrozando lo único bueno que tenía en mi vida, porque no podía engañarme, si seguía así, Beckett acabaría cansándose de mí.

Cuando el ascensor llegó abajo, salí del portal de Beckett y vi que estaba lloviendo.

- Lo qué faltaba – solté completamente rabiosa.

No había ni un alma en la calle, ni un taxi a la vista, así que con mi rabia y mi frustración, me dispuse a caminar debajo de la lluvia, quizá las gotas de agua conseguirían despejarme.

- ¡Castle espera! – gritó Beckett a mi espalda.

Me giré, sin poder evitarlo. Se acercó corriendo a mí, con un paraguas desplegado sobre su cabeza.

- Toma – dijo ofreciéndome un paraguas plegable – acepto que te vayas, pero no voy a dejar que te coja una pulmonía.

Lo cogí, mirándola a los ojos, y vi como los tenía rojos y brillantes, síntomas de que había llorado.

- Gracias Beckett – 'te quiero' pensé – espero de verdad que consigas perdonarme.

Me giré de nuevo abriendo el paraguas, y seguí mi camino hasta casa.


¿Y ahora qué pasará? No me matéis =P

Hasta el proximo capitulo!