Basado en la sugerencia de Greenleaf's Daughter: confianza.

Contrariamente a la creencia popular, no soy Shakespeare ni Steven Moffat, por lo que el Soneto 116 y Sherlock no me pertenecen.


Greg se despertó con el sonido de su despertador.

Ciegamente lo buscó y lo apagó, luego se dio la vuelta y se tendió de costado. Estaba momentáneamente desorientado por la almohada vacía a su lado antes de recordar la salida de emergencia a las 02 a.m de Mycroft a algún país extranjero. (Que país es es información clasificada, Mycroft le había dicho antes de darle un beso de despedida.) Greg maldijo al gobierno británico en voz baja mientras se levantaba de la cama y se dirigía al cuarto de año.

Tan tonto como era, Greg había esperado que el horario de trabajo de Mycroft se aligerara después de la boda. Sabía que era absurdo pensar que sí, pero se sentía como una especie de idiota sentado en la mesa cenando solo, jugueteando con su anillo distraídamente.

Se metió en la ducha y se desnudó antes de regular la temperatura. Tardo varios minutos antes de encontrar la temperatura perfecta, justo antes de que el agua le quemara la piel. A Greg le encantaba tomar esas largas duchas calientes, Mycroft prefería despertarse con breves duchas heladas. Por esta razón, muy rara vez se dejaba engatusar por el alrededor de la ducha.

Greg sonrió para sus adentros al pensar en eso, tomando un poco de shampoo y enjabonando su cabello plateado. Siempre había sido una especie de hombre-de-sexo- rapido-en-la-ducha-antes-del-trabajo antes de Mycroft, y la gratificación instantánea nunca fue lo suficientemente rápida. Pero con Mycroft, el sexo era legítimamente hacer el amor. Greg siempre había bufado ante ese termino antes, pero ahora lo comprende totalmente.

Era notable, realmente, lo mucho que había cambiado en su tiempo juntos. Habían cambiado juntos, convirtiéndose en una unidad. Greg amaba la seguridad de esto, pero secretamente se preguntaba si significaba que se aburrirían el uno del otro. La idea lo aterraba, y la eliminó de su mente mientras terminaba su ducha.

Se secó con la toalla rápidamente, y salió del cuarto lleno de vapor. Echó un vistazo al espejo y se detuvo en seco.

Palabras habían aparecido en el vidrio vaporoso, palabras muy familiares. Palabras de Shakespeare para ser exactos.

Permitid que no admita impedimento

ante el enlace de las almas fieles

no es amor el amor que cambia siempre por momentos

o que a distanciarse en la distancia tiende.

El amor es igual que un faro imperturbable,

que ve las tempestades y nunca se estremece.

Es la estrella que guía la nave a la deriva,

de un valor ignorado, aún sabiendo su altura.

No es juguete del Tiempo, aun si rosados labios

o mejillas alcanza, la guadaña implacable.

Ni se altera con horas o semanas fugaces,

si no que aguanta y dura hasta el último abismo.

Si es error lo que digo y en mí puede probarse,

decid, que nunca he escrito, ni amó jamás el hombre.

Te amo Gregory, estaré en casa pronto. -MH

Gregory leyó y volvió a leer el mensaje varias veces, incluso mientras el vapor comenzaba a dispersarse y las palabras se desvanecían. Comenzó a reír. Muy pronto las risas se convirtieron en carcajadas completas y profundas que resonaban en los azulejos del baño. Sólo Mycroft Holmes se tomaría el tiempo de escribir con el dedo el Soneto 116 en el espejo del baño antes de irse, sabiendo que tan humeantes le gustaban a Greg sus duchas.

Greg realmente era un tonto, al pensar que Mycroft alguna vez dejaría de sorprenderlo.


Wow...casi un mes...me pregunto si aun quedara alguien que recuerde esta historia.