No quiero mal acostumbraros pero ayer mari90 me suplicó que actualizara así que...yo me debo a mis lectores =P jajajajaja
Así que este capi te lo dedico a ti mari90!
Espero vuestras reviews con muchas ganas, animais muchiiiiiiiiiisimo =)
Muchas gracias a todos y cada uno!
ENJOY!
Capitulo 23
- Si me lo pides con esa carita de embobada no puedo negarme – dijo sonriendo acercándose a mí para darme un tierno beso después.
Sonreí con cara de satisfacción y salimos hacia la cocina para cenar con mi madre.
La cena transcurrió entre risas y viejas historias de mi madre, de sus películas, de sus éxitos y fracasos, incluso de algún que otro romance, haciendo que me avergonzara delante de Beckett, mi madre no tenía remedio. Me encantaba la manera en la que mi madre había recibido a Kate, como si fuera una más de la familia, tratándola como si la conociera de toda la vida, algo que hizo que una tonta sonrisa desapareciera pocas veces de mi cara en el transcurso de la velada.
- Mamá, ¿te importa si Kate se queda a dormir esta noche? Es un poco tarde ya y…- pregunté mientras recogíamos los restos de la cena.
- Oh no querida, por supuesto, quédate – dijo dirigiéndose a Beckett – iré a buscar unas sábanas para la cama de invitados – me miró divertida.
- Espera ¿qué? – pregunté sorprendida.
- No esperarás que duerma en tu cama teniendo una habitación para ella sola ¿no? – su expresión seguía siendo de diversión.
Beckett me miraba con los ojos de par en par, sin saber muy bien qué decir.
- Bueno yo…- me subieron los colores por la vergüenza, no lo había pensado bien al preguntárselo y lo estaba pasando fatal.
Mi madre empezó a reírse a carcajadas.
- Cariño estoy de broma – suspiré aliviada – pero no hagáis cochinadas en alto, no tengo ganas de llamaros la atención como si fuerais adolescentes, sabes que tengo el sueño muy ligero – soltó tan tranquila metiéndose en su habitación.
- ¿Pero qué…?¡MAMÁ! – exclamé avergonzada.
Beckett miraba la escena roja como un tomate pero a la vez riéndose sin parar.
- Desde luego tu madre es todo un personaje – dijo entre risas acercándose a mí.
- Dios, lo siento Beckett, que vergüenza – me llevé las manos a la cara exasperada y totalmente avergonzada por lo que acababa de pasar.
- Anda vamos a dormir – cogió una de mis manos apartándola de mi cara y entrelazó sus dedos con los míos.
- ¿A dormir? – pregunté seductora levantando las cejas.
- Si a dormir Castle, ya has oído a tu madre – me arrastró hacia la habitación – además, necesitas descansar, recuerdas que estás de reposo ¿no? – dijo al entrar en la habitación aún cogida de mi mano.
Cerré la puerta con la otra mano y seguí a Beckett hasta la cama. Ella se tumbó después de sacarse los pantalones para estar más cómoda y yo me dirigí a la mesita de noche a coger una cosa primero.
- Hablando del reposo…- le enseñé la crema que me había dado el médico para rebajar los hematomas de la espalda – creo que no llego a ponérmela – puse morritos de niña pequeña.
Beckett me miró divertida desde la cama.
- Anda ven, que te la pongo – palmeó el lado de la cama para que me tumbara.
Sonreí y me tumbé boca abajo en la cama entregándole la crema a Beckett.
- Creo que con la camiseta puesta va a ser un poco difícil Castle – dijo ella riéndose.
Como pude, giré poniéndome boca arriba y me incorporé para poder sacarme la camiseta más fácilmente.
- Podría quitármela usted detective – moví las cejas insinuante.
- Castle, ya te he dicho que vamos a dormir – rodó los ojos.
- ¡Pero si no he dicho nada! Es sólo que no quiero hacer ningún movimiento brusco – puse cara de inocente.
- Tienes un morro que te lo pisas – Beckett se rió.
- Vamos detective, no va a pasar nada porque me quite la camiseta, es solo como medida para poder extender bien la crema.
- Y el que no lleves nada debajo ayuda mucho ¿no? – se cruzó de brazos frunciendo el ceño.
- Vale, pues ya me la quito yo – dije empezando a subirme la camiseta y entonces, fingí una mueca de dolor.
Beckett me miraba, mordiéndose el carrillo por dentro, divertida por mi actitud.
- Se perfectamente que estás fingiendo Castle, anda ven – dijo exasperada agarrando mi camiseta por la parte de abajo para subirla.
Sonreí satisfecha, dejándome hacer. Beckett subió la camiseta hasta mi cuello para después sacármela por la cabeza, dejando mis pechos al aire.
- Y ahora, ya puedes girarte – tiró la camiseta a un lado de la cama.
- Sí, señor – me giré de un salto, por suerte, los antiinflamatorios y los calmantes hacían su efecto y a penas me dolía.
Beckett se sentó sobre mi trasero, con una pierna a cada lado de mi cuerpo. Y entonces una sensación fría recorrió mi cuerpo al notar la crema sobre mi piel.
- ¡Está helada! – exclamé.
- No seas quejica Castle – rió Beckett.
Posó sus dedos suavemente sobre mi espalda, extendiendo poco a poco la crema, y la sensación de frío desapareció, dejando paso a una sensación muy calurosa y placentera, tanto que se me puso la piel de gallina. Beckett siguió masajeando suavemente mi espalda, dejando que mi piel absorbiera bien la crema.
Sus caricias me llevaban a otro mundo, sentía en cada poro de mi piel el roce de sus dedos, haciéndome sentir un placentero cosquilleo por todo el cuerpo, pero sobretodo en una parte específica de él.
- Detective, como siga así no sé si podré controlarme – solté casi en un susurro de placer.
- Oh vamos Castle, solo te estoy poniendo crema – soltó ella divertida.
- Te estás recreando en ello Beckett.
- Es solo que ver como tu piel reacciona al contacto con mis dedos me vuelve loca Castle – dijo ella acercándose a mi oído susurrando sensualmente.
Pillándola desprevenida, rodé sobre mi propio cuerpo, agarrándola por las piernas para que no se cayera y siguiera a horcajadas encima de mí.
- Vaya, cualquiera diría que estás dolorida – dijo riéndose.
- Creo que el masaje me ha dejado como nueva detective – moví las cejas insinuantemente.
Mis manos seguían sobre sus muslos desnudos, acariciándolos suavemente de arriba abajo. Ella me miraba a los ojos, sonriendo sin decir nada, disfrutando de mis caricias sobre su desnuda piel.
- Me encanta el tacto de tu piel Beckett, es tan suave – dije mirando como mis dedos seguían recorriendo su piel.
- Y a mí me encanta el cosquilleo que siento cuando me tocas – sonrió.
Acercó sus labios a los míos, rozando con su camiseta mi abdomen y mis pechos desnudos, haciendo que ese leve roce me erizara de nuevo la piel mientras mis manos seguían perdidas en sus muslos.
- Puede que no esté preparada para desnudarme del todo frente a ti, pero eso no evita que puedas estarlo tú – dije intentando sacarle la camiseta al separar nuestros labios.
- Ah no señorita Castle, eso no es justo – puso sus manos sobre las mías evitando que le subiera la camiseta – además, vamos a dormir, no lo olvides.
- No necesito dormir ahora, te necesito a ti – dije intentando subir de nuevo su camiseta aun con sus manos sobre las mías.
- Castle, tu madre está aquí al lado, no pienso hacer nada sabiendo que puede entrar en cualquier momento – empujó mis manos levemente para que soltara la camiseta mientras fruncía el ceño.
- Aguafiestas – me crucé de brazos poniendo morritos de enfado.
Ella seguía a horcajadas encima de mí, riéndose por mi expresión. Sin bajarse, intentó alcanzar mi camiseta que estaba en el suelo, consiguiendo casi perder el equilibrio, pero reaccioné a tiempo impidiendo que se cayera, rodamos por la cama y me quedé encima de ella.
- Casi te matas – dije riéndome algo ahogada por el esfuerzo.
- Pero estabas tú para salvarme la vida – sonrió.
- Te lo debía ¿no? – las dos nos reímos.
Nos quedamos mirando, calladas, yo seguía tumbada encima suyo. Observé su sonrisa, sus ojos perdidos en los míos, quería besarla, quería hacerle el amor sintiendo su cuerpo desnudo contra el mío, quería decirle cuanto la quería, lo mucho que me había ayudado en todo, quería decirle que cuando ese cabrón me tenía ahí acorralada a su merced, solo podía pensar en ella, quería tantas cosas…
- Beckett yo…- pensé muy bien lo que quería decirle, en realidad no estaba preparada para decirle lo que sentía, no aún.
- ¿Qué? – dijo sin cesar esa preciosa sonrisa que me hacía suspirar.
- Gracias – fue lo único que mi boca era capaz de decir.
- ¿Por qué? – preguntó sorprendida.
- Por aparecer en mi vida y hacerla mejor – sonreí.
Se incorporó un poco y me besó suavemente, posando su mano sobre mi mejilla izquierda. Mi lengua se perdió en su boca, recorriendo cada milímetro de ella, sintiendo esa electricidad por mi cuerpo que el simple hecho de tenerla cerca provocaba.
Mientras disfrutaba de los labios y el sabor de Beckett, mi mente me jugó una mala pasada y la cara del malnacido de 'Knifes' apareció en ella, riendo de esa manera tan amenazante, y entonces me di cuenta de algo, hasta que no pillara a ese tío y lo metiera entre rejas, mi mente y mi cuerpo no me permitirían ser feliz y disfrutar de lo que la vida me estaba ofreciendo.
- Ey Castle ¿estás aquí? – dijo Beckett separando nuestros labios viendo que mi mente se encontraba perdida en otro sitio.
- Si, si, perdona Beckett – me excusé volviendo a besarla.
- Voy a empezar a pensar que te has cansado de besarme – se mordió el labio insegura.
- Eso nunca pasará detective – sonreí rozando con mis dedos su labio inferior – tus carnosos labios se han vuelto una de las razones por las que quiero seguir viviendo Kate.
Ella sonrió, volviendo a besarme apresuradamente, recorriendo con su lengua la mía, provocando que soltara un pequeño gemido de placer. Besarla era tan increíble.
Estuvimos un rato largo besándonos en esa posición y finalmente, me puse a su lado, rodeándola con mis brazos y pegando su cuerpo al mío, ella estaba de lado, permitiéndome así perderme en su cuello, aspirando su delicioso olor a cerezas y el poder besarla en el cuello, ese cuello que me hacía perder la razón. Al cabo de pocos minutos, noté su respiración profunda y relajada, se había quedado dormida, así que decidí hacer lo mismo, sin siquiera sacarme la prótesis, no quería despertar a Beckett.
- Suéltala, no te atrevas a tocarla con ese cuchillo o te juro que dispararé – grité.
- Detective, sé perfectamente que no será capaz – su sonrisa burlona agarrando ese cuchillo tan cerca de Beckett me estaba haciendo perder los papeles.
Beckett estaba atada de manos, torso y pies a una camilla alzada, solo vestida por un sujetador y unas braguitas, la boca tapada con un esparadrapo, con cortes por todo el cuerpo que no dejaban de sangrar. Beckett me miró, aterrorizada, gesticulando con la cabeza que no lo hiciera. 'Knifes', vestido con un delantal blanco con algunas manchas de sangre, me miraba desafiante, con un cuchillo casi tocando el cuello de Beckett.
- ¡Suéltala o disparo maldito hijo de puta! – grité apuntándole con la pistola a la cabeza dando un paso más hacia él.
- Si te acercas le corto el cuello detective, da un solo paso más y te juro que aquí tu amorcito se desangrará en pocos minutos.
- Por favor 'Knifes', haz conmigo lo que quieras, pero suéltala – mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas por la imagen que contemplaban, asustados – no le hagas daño por favor…
- ¿Knifes? ¿Así me llamáis? – se rió a carcajadas, con una aterradora risa maligna, disfrutando de mi miedo – no lo entiendes ¿verdad? Voy a acabar con cada persona que te importe, ese va a ser tu castigo – acercó más el cuchillo al cuello de Beckett, haciendo que una fina línea de sangre cayera por debajo.
- ¡No lo hagas! – grité mientras daba otro paso.
Y entonces el solo rió, haciendo un rápido movimiento con la mano que sostenía el cuchillo, cortando de lado a lado la garganta de Beckett que empezó a sangrar a borbotones.
- ¡HIJO DE PUTA! – grité a la vez que apretaba el gatillo reiteradas veces, con los ojos inyectados en sangre por la rabia y la desesperación.
Disparé, vaciando todo el cargador por el cuerpo de ese malnacido, sin piedad, la misma que él acababa de tener.
Cuando reaccioné después de acercarme al cuerpo mientras le disparaba, corrí hasta Beckett, desatando las correas, ella cayó al suelo resbalando por la camilla, entre sangre y sudor, antes de que tocara el suelo, me tiré a cogerla. La sangre salía sin parar de su cuello.
- Kate, Kate, vas a salir de esta, no te mueras por favor – me arranqué la manga de la camisa como pude, entre lágrimas, para intentar parar la hemorragia.
- Ca…stle…- intentó decir mirándome a los ojos.
- Shhh Kate no hables, no fuerces, te vas a poner bien – no podía parar de llorar mientras aplicando algo de presión intentaba que dejara de sangrar, con la otra mano, cogí el móvil y marqué el número de emergencias – Kate no puedes dejarme sola, no puedo vivir sin ti…- las lágrimas seguían cayendo mientras impotente veía como a Kate se le escapaba la vida.
Kate intentó decir algo, pero no le salía la voz, sus ojos clavados en los míos me gritaban que se iba, que se moría.
- No Kate por favor no me dejes – aferré mi cuerpo al suyo, abrazándola, las lágrimas caían por toda mi cara mientras mis manos y mi ropa estaban llenas de sangre, la sangre de Kate.
Y entonces pasó, Kate dejo de respirar, la sangre seguía saliendo y los de emergencias no aparecían, la acababa de perder, Kate acababa de morir por mi culpa.
- ¡Kate no! Te quiero, te quiero Kate, no me dejes...- sollocé, sin dejar de gritar y llorar, abrazando y aferrándome al cuerpo sin vida de Kate.
Noté unas sacudidas, noté que alguien me movía por los hombros.
- ¡Rose despierta! – oí la voz de Beckett gritando.
Abrí los ojos de repente y me incorporé, asustada, tenía la cara llena de lágrimas, el cuerpo empapado en sudor y la respiración completamente agitada.
- Ey Castle, tranquila, ha sido una simple pesadilla – Beckett intentó tranquilizarme poniendo su mano sobre mi hombro.
- Oh Dios mío Kate, ha sido tan real – dije abrazándola de golpe, apretándola contra mi cuerpo como si no quisiera dejarla ir nunca – creía que estabas muerta, que te había perdido a manos de ese cabrón – dije sin soltarla.
- Estoy bien Rose, estoy aquí – ella acariciaba mi espalda subiendo y bajando su mano por ella, intentando que me calmara ya que mi respiración seguía agitada.
- Joder Beckett…ese cabrón…ese asqueroso te…Dios…- tartamudeé nerviosa separando nuestros cuerpos después del abrazo.
- Estabas gritando en sueños, llorando, me has dado un buen susto Castle – golpeó suavemente mi hombro con su puño entre risas.
- ¡Ouch! – me froté el hombro – lo siento, no quería asustarte…- me excusé estando ya más calmada.
- Sabes…cuando gritabas…has dicho algo que he entendido perfectamente…- dijo algo dubitativa.
- ¿El qué? – pregunté algo nerviosa.
- Has dicho que me querías…
Mis ojos se abrieron como platos, mi pulso volvió a acelerarse y tragué saliva sonoramente, no sabía que iba a decirle…
A ver como sale de esta Rose jajajaaja
Hasta el proximo capitulo!
