Capítulo 3: Hijos del Mar

El océano parecía no tener fin. Topace nadaba ayudándose de su cola similar a un remo. Se aferraba a su lado racional, por ahora. Algo le decía que finalmente su objetivo estaba a poco de él. Su olfato le ayudaba. Cardúmenes de peces de distintas variedades parecían rodearlo a su paso. Se puso algo nervioso al llegar cerca de un grupo de tiburones, pero éstos, con sus finísimos sentidos, de inmediato lo midieron como un enemigo muy superior, así que desistieron de atacarlo. Topace no iba a ser detenido por nada en el mundo, no había ser viviente ni fuerza que lo hiciera cambiar de parecer. O tal vez eso pensaba.

Decidió descansar un momento. La gema de su pecho brillo, haciendo que de sus manos palmeadas se disparasen rayos de hielo. Estos formaron un pequeño témpano sobre el cual se sentó el Gemsaur. Le permitió darle algo de descanso a sus extremidades y cola.

Así llevo varios días. Hasta que una tarde, en la que se había quedado dormido sobre el improvisado barco de hielo, fue despertado por un gran banco de peces voladores. El supo que normalmente esos peces solo reaccionaban así ante una amenaza. Entonces las aguas temblaron. La gema de Topace brillo de nuevo. El Gemsaur miro con preocupación un punto del mar. Y entonces emergió del mismo una gran figura. Producía terror de solo verla. Lo peor para Topace fue ver que ese horror antinatural no era Lapislazuli a quien buscaba.

- Lapislazuli? - exclamo.

- ¿Quién eres? - dijo el monstruo con una voz aterradora, que sin embargo Topace reconoció.

- Soy yo, Topace...- dijo el Gemsaur.

- No deberías estar aquí...- contestó la voz - no...no podré contenerla mucho tiempo más...-.

- ¿De qué hablas? he venido buscándote desde...- el Gemsaur fue interrumpido por un brutal manotazo de Malachite.

- ¡Pedazo de basura! ¡Morirás aquí mismo! - le dijo la descomunal fusión. Y esa no era la voz de Lapis.

- ¡Tú...tú!- rugió Topace, desde el agua.

- ¿Te conozco de algún lado, bicho patético?- respondió Malachite. Ésta descargó otro manotazo, que fue esquivado por Topace. El Gemsaur extendió sus brazos disparando hielo contra los ojos de Malachite. Aprovecho el brevísimo instante de congelación para atacar, pero fue reducido a golpes por el ataque sin tregua de los brazos descomunales de su enemiga. Se sumergió de nuevo para atacar desde abajo, pero no contó con que Malachite invocaria cadenas de agua. Topace quedó inmovilizado por completo. Así Malachite dejó caer un puñetazo sobre él. Topace parecía perderse sin vida en el fondo del mar.

- ¡No, tú no escaparas de aquí!-.

- Tus esfuerzos son inútiles, desperdicio de gema!-. Las dos voces que conformaban la fusión se enfrascaron en lucha. Y de pronto, Malachite sintió que debajo suyo el agua parecía enfriarse. De pronto una ráfaga de hielo congeló su cuerpo al completo. Se liberó rápido, pero cuando lo hizo, algo la embistió violentamente. La aberrante fusión, por vez primera, retrocedió. Se escuchó un rugido metálico. Y una gran cabeza dentada se asomó de golpe, sosteniendo las piernas cortas de Malachite, arrastrándola al fondo del mar.

- ¿Qué eres? - exclamaron ambas voces al unísono.

- Lo que te va a devorar, Jasper...- respondió una voz gutural. Malachite se liberó a golpes, pero recibió una nueva descarga de hielo que la congeló por completo. El hecho de ser una fusión inestable le dificultaba defenderse apropiadamente de su atacante, una bestia marina, un Kronosaurus de color azulino, poderosas aletas y dientes como navajas. El monstruo primigenio cargo violentamente contra Malachite, destruyéndola, en apariencia. De los bloques de hielo se materializaron Lapis Lazuli y Jasper, separadas una vez más.

- ¡Argggh! Asquerosa alimaña, ¡dónde estás? - rugió Jasper, arrojada contra un islote.

La tenía, al fin. Su odiada presa. Aquella que su Ancestro le había enseñado que debía destruir a cualquier costo. Pero cuando el rabillo de su ojo advirtió que Lapis estaba inconsciente, hundiéndose en las profundidades, decidió que era mejor encargarse de ella. Se lanzó a localizarla. Habría oportunidad de destruir a Jasper en otro momento. Solo que muy en el fondo temía que no hubiese otra. A medida que nadaba, su forma de reptil acuático ancestral iba desestabilizándose. Logro tomar de la mano a Lapis, y decidió llevarla a un lugar seguro. Tras unos kilómetros de búsqueda, Topace no resistió más. Volvió a su forma original Llegaron a una isla rocosa, vagamente similar a las Galápagos, y ahí, deposito delicadamente el cuerpo de la Gem Azul. Luego se desvaneció a su lado.

Tras varias horas, Topace despertó. Respiro lentamente. De momento, el peligro había pasado. Recordó como de la nada por qué estaba ahí. Se volvió hacia la derecha, y vio a Lapis, dormida. Se acercó a ella con algo de cautela, como gateando. La miro de reojo. Luego la olfateo, emitiendo un gruñido leve, como un cocodrilo atendiendo al llamado de sus crías. Muy paternalmente, acarició con su hocico el cabello de Lapis Lazuli. Sonrió, mejor dicho, su boca reptiliana hizo una mueca similar a una sonrisa. Levanto entonces el cuerpo de la Gem, para llevarla a otro lugar. Y entonces, Lapis despertó, y se bajó de un manotazo a la cabeza de Topace.

- ¿Qué haces? ¿Quién eres? - exclamó Lapis. De pronto se percató de que no estaba más unida a Jasper. Pero, al recapacitar, se enfadó aún más.

- ¿Qué has hecho? - le gritó a Topace.

- La rescate...de hecho, vine buscándola - le respondió Topace, aparentando calma. Para sus adentros, estaba bastante nervioso.

- ¡Ahora Jasper está libre! ¿Ves lo que has hecho?-.

- ¡La tenia prisionera, señora! Yo solo...-.

- ¡Ahora está libre, ni sabemos dónde está! ¡Todo es tu...culpa!-.

- Yo solo hice lo que debía...-.

- Y quien te lo ordeno, eh?-.

- Usted - respondió Topace, algo contrariado por el desprecio de Lapis. Pero entonces, le enseño un fragmento de Lapislazuli a la Gem, el mismo que traía consigo siempre. Lapis lo miró con algo de sorpresa.

- Yo solo quiero hacer esto por usted - dijo Topace, acercándose a ella. Lapis respondió invocando un chorro de agua que mantuvo a raya a Topace. Paso de solo contenerlo, a realmente arrojarlo unos metros hacia atrás. El Gemsaur marino se reincorporó pesadamente. Lapis volvió a atacarlo.

- ¡Aléjate de mí! - grito.

Topace se caía, y se volvía a levantar.

- ¿Por qué no puede siquiera oírme? - le reclamó, al fin. Sentía que debía hablar con Lapis, pero tampoco quería hacerse maltratar más de la cuenta.

- ¡Vete! ¡Yo quiero estar sola! No necesito a nadie!-.

- En eso somos parecidos...- contestó estoicamente Topace.

- ¡Tú no sabes lo que he pasado, monstruo!-.

Lapis esta vez invocó dos grandes brazos de agua para capturar a la criatura ante él. De pronto, Topace solo extendió sus brazos, convirtiendo en hielo el ataque de Lapis. Esta lo volvió a derribar usando otro brazo de agua, pero al menos se sorprendió de la respuesta del otro ser.

- Oh...lo sé...no exactamente que te ha sucedido, pero sí que se siente...-.

Topace se levantó una vez más, y asumió su forma humanoide. Ahora Lapis tenía al joven de piel azulina, como ella, delante suyo. La gema de Topacio en el pecho, y el fragmento de Lapislazuli en la mano. Lapis lo quedó mirando desafiante un momento. Al final, permitió que Topace avanzara un poco, sin amenazarlo con otro ataque con agua.

- ¿Dónde conseguiste eso?-.

- Aquí en la Tierra...supuse que ello quería decir que tenía que ubicarla a usted...-.

Topace la miró con determinación. Lapis solo bajó la cabeza y dio media vuelta.

- Si realmente entiendes lo que me ha pasado, entonces entenderás lo odioso que es servir a alguien más, así sin realmente desearlo...-.

- Perdone...pero usted no sabe lo que yo pienso en realidad...-.

- ¡Ni me conoces!-.

- ¡Usted tampoco a mí! Pero...ya que tengo esta voz que me dice, que debía encontrarla...al menos quiero saber...por qué...-.

- Lo dices como si yo tuviera la respuesta...-.

- ¿Y no es así?-.

Lapis avanzó. Topace dejó escapar un siseo propio de su naturaleza animalesca.

- A donde ira, Lapis Lazuli?-.

- ¿Cómo te llamas? Seas lo que seas...-.

- ¿Yo? Topace...aunque en teoría no es mi nombre real.-.

- No eres una Gem. ¿Por qué tienes los poderes de una?-.

- Es una larga historia...-.

- Agradezco lo que hiciste por mí...pero...yo debo seguir mi camino...tú debes seguir el tuyo, mientras puedas...lo siento...-.

Topace observó completamente frustrado como de la espalda de Lapis surgían dos alas de agua. La gem azul abandonó la isla, dejando a Topace solo.

- Debí imaginarlo - se dijo a sí mismo el Gemsaur. Se sentó sobre las rocas, y elevó la vista al cielo. Bostezó, y luego saltó de nuevo. Por un momento, el instinto de reptil se apoderó de él. Buceaba en busca de alimento, el cual obtenía valiéndose únicamente de sus mandíbulas. Sus manos y pies las usaba únicamente para avanzar, y la cola para direccionarse. Atrapó algunos peces así. Por ratos, asomaba la cabeza para respirar, y luego sumergirse. A medida que cubría millas marítimas, podía distinguir alguna embarcación pequeña, de la que se ocultaba. Se la pasó con esta rutina algo de una semana. Esos días ya no era Topace, simplemente era una criatura de atrás en el tiempo, nadando y cazando para existir. Hasta que una noche, mientras nadaba, sintió una perturbación en la corriente marina. La curiosidad, o el apetito, le hicieron acercarse a la fuente. Se veía como si una parte del mar, cercana a un arrecife, hubiera adquirido la forma de un portal de luz celeste de regular brillo, que sin embargo no asustaba a ningún animal.

- Jasper, o las Crystal Gems no podrán encontrarme aquí...pero por lo visto tu sí...- le dijo una voz, improbable mezcla de suave y espectral.

- Ya no estaba buscándola, Lapis Lazuli...- contestó de golpe Topace. De pronto, su esencia Gem retorno a él, haciendo retroceder al Kronosaurus.

- Pero me encontraste...-.

- Jeje...ambos le pertenecemos al mar...-.

- Dime, ¿cuánto tiempo llevas nadando?- preguntó Lapis con curiosidad, pero procurando marcar su distancia.

- Una semana...algo así...-.

- ¿Y antes de encontrarme?-.

- Entraba al mar una que otra vez, pero me la pase turnándome con Jade para conducir una camioneta...llevo bastante tiempo así...-.

- Creo entender...y ese Jade...¿es como tú?-.

- Si, pero no sabe nadar - contesto Topace, riéndose un poco cuando una imagen de Jade a punto de ahogarse hace años regreso a su mente.

Lapis entretanto seguía algo desconcertada por la naturaleza de Topace. No era una Gem, aunque lo pareciera. Acaso era como Steven? No, no tenía nada de humano, salvo una forma que vagamente reflejaba la de aquella especie. Lo había visto como un reptil. ¿Qué era? ¿Importaba realmente? Había notado sinceridad y acaso empatía en sus palabras...quizá debía estudiarlo, pensó. Sería como la versión parlanchina de aquellas criaturas que poblaban el vasto océano.

- Significa que en realidad llevas mucho tiempo nadando...- le dijo Lapis, con un susurro - al menos eres libre...-.

Topace no supo que contestar. Por alguna razón, sentía que le importaba Lapis, y no sabía cómo explicarlo, como no fuese el objetivo con el que su especie fue programada.

- Si...si lo quiere ver de ese modo...-.

- No tienes que arrodillarte...yo no necesito eso...-.

Topace siseó. Supuso que debía simplemente irse. Hasta que el portal pareció disolverse.

- Ambos somos extraños aquí...- le dijo la Gem de piel azul, a medida que se acercaba como flotando.

- Usted no es de este mundo...y yo ya deje de pertenecer a él - contestó Topace, bajando un poco la cabeza. Supuso que se vería más presentable en su forma "humanoide". Una vez así, se "sentó" sobre un coral. Lapis se sentó cerca suyo.

- ¿Cuánto tiempo en el mar? - le pregunto Topace. Lapis hizo una mueca de sorpresa.

- No demasiado...- contesto la Gem. No tenía suficiente confianza en aquel ser como para decirle que había sucedido con ella.

- Comprendo - dijo Topace. El imaginaba que esa Gem ignoraba por completo quien, mejor dicho, que era. Decidió no contárselo por ahora.

Ambos seres se sentaron un rato en completo silencio. En un momento, Topace se levantó, y volvió a bucear.

- ¿Te aburriste? - preguntó Lapis con una sonrisa.

- No - contesto Topace - es solo que quiero vigilar este sitio, no sea que aparezca...esa cosa...-.

- Jasper...entiendo...-.

- Voy a volver...-.

Lapis ignoraba que su extraño compañero pensaba mucho en destrozar a Jasper con la sola fuerza de sus dientes.

Topace volvió a su forma real, y dejo que la corriente lo desplazara, usando solo la cola y la cabeza para ayudarse a establecer un rumbo. Sus brazos y piernas solo los movía de vez en vez. Y se dejó llevar nuevamente...solo un gran reptil, instinto puro. Hasta que de pronto sintió que algo lo seguía.

- Si te pasa algo...te cubriré...- le dijo.

Topace volvió a la conciencia.

- No...ya ha sufrido mucho...quédese allá, yo tengo que protegerla...-.

- Me se cuidar sola...y ademas...quiero dar una vuelta...-.

Lapis puso sus manos sobre los hombros de Topace, dejándose llevar por él, como si del mismo océano se tratase. Realmente no necesitaba hacerlo para desplazarse, pero lo hacía por el simple gusto de tener algo de compañía, similar a la presencia de Steven. Topace nuevamente volvió a ser el Kronosaurus, pero en ningún momento dejaba de reconocer a Lapis. Los dos hijos del mar siguieron su travesía.


Hola. Quisiera que disculpen que un poco la presencia de los personajes oficiales de la serie se haya visto minimizada en este capítulo, simplemente era necesario para describir al OC. Más adelante la presencia de los personajes de la serie será mayor. Gracias por la lectura :3