FELIZ NAVIDAD GENTE!
Como habéis sido muy buen s, Papa Noel ha dejado un capitulo nuevo debajo del árbol para vosotros, y además, es muy HOT, así que seguro que habéis sido tod s muy muy buen s jajajajaja
Imagino que estaréis comiendo con vuestras familias en estos momentos, pero esta noche, después de toda la comilona, qué mejor que leer un poquito =P
Espero que os guste y espero vuestras REVIEWS!
ENJOY!
Capitulo 28
Asentí acercándome a la puerta, saqué las llaves y entramos.
- Mamá, ya estamos aquí – dije en voz alta.
Mi madre no estaba en casa, y entonces vi una nota en la encimera, había vuelto a salir con George y no volvería hasta mañana, me encantaba cuando mi madre dejaba notas, me recordaba a los buenos tiempos, cuando era una adolescente y los móviles aún no gobernaban nuestras vidas y mi madre siempre me dejaba notas con sus planes.
Cuando Beckett leyó la nota me miró, levantó una ceja poniendo una sonrisa completamente seductora que me produjo un escalofrío por todo el cuerpo. Me agarró de la camiseta arrastrándome a la habitación. Yo estaba alucinada, no entendía nada, pero sin saber porque, la situación me excitaba muchísimo.
Una vez en la habitación, Beckett me empujó a la cama, haciendo que mi cuerpo se precipitara sobre ésta. De un leve salto, Beckett se colocó sobre mí, a horcajadas, con sus piernas a cada lado de mi cuerpo. Aunque seguía sin entender nada, me dejé llevar por la situación, Beckett se lanzó a mis labios, besándonos desesperadamente, con las respiraciones completamente agitadas. Incorporándome un poco y separando nuestros labios, llevé mis manos hasta la apertura de la camisa blanca que llevaba Beckett y estiré de cada lado, arrancándole los botones que cayeron por la habitación, rebotando contra el suelo.
Acerqué mis labios a su pecho, besando cada centímetro de su suave y caliente piel alrededor del sujetador de encaje negro que llevaba puesto. Beckett se encargó de sacarse del todo la camisa y tirarla a un lado de la cama. Con mis manos en su espalda, le desabroché el sujetador para tener la libertad de poder besar y lamer sus pechos desnudos.
Puso sus manos sobre mis mejillas, agarrando con fuerza mi rostro para que levantara de nuevo la cara, y devoró mis labios con ansia, enzarzando nuestras lenguas apasionadamente.
- No vuelvas a hacerme algo así Rose, no lo vuelvas a hacer – susurró sobre mis labios besándome de nuevo después.
Negué con la cabeza sin separar nuestros labios. Rodamos por la cama, colocándome encima de ella. Beckett entrelazó sus piernas alrededor de mi cintura, atrayéndome más hacia ella.
Con sus manos agarró la parte baja de mi camiseta para subirla por mi cuerpo y poder sacarla por mi cabeza con mi ayuda.
Mi boca se perdió en su cuello, el cual besé y lamí de arriba abajo, mordiéndole sensualmente en el punto donde se marcaba su pulso, provocando que un sonoro gemido saliera de su boca.
Llevó su mano por debajo de mi cuerpo hasta llegar a mi pantalón, introduciéndola por la cinturilla de éste, adentrándose en mi ropa interior. Introdujo sus dedos en mis pliegues, acariciando apresuradamente mi sexo que se encontraba totalmente húmedo. Gemí de placer sobre su cuello al notar el roce de sus dedos, que se movían sin parar, provocando esa deliciosa electricidad que sentía por cada terminación nerviosa de mi cuerpo. Desabroché el botón de los pantalones para que tuviera más fácil acceso, y aunque en esos momentos me hubiera arrancado los pantalones para dejarla hacer, mi mente aún seguía privándome de ello.
Me mordí el labio al notar como uno de sus dedos acariciaba mi clítoris, que en pocos segundos, estaba hinchado y peligrosamente sensible, haciendo que cada roce lo sintiera como descargas de electricidad placentera en mis terminaciones nerviosas. Siguió tocándolo, acelerando el ritmo cada vez más, en pocos minutos, casi podría decir segundos, gemí como nunca antes había gemido, cerré los ojos y tiré mi cabeza hacia atrás, notando como si lava caliente recorriera mi bajo vientre y mi sexo explotara como un volcán en erupción. Nunca antes había tenido un orgasmo como ese, fue algo nuevo para mí, perdí el control total de mi cuerpo, dejándome llevar por el éxtasis más absoluto que los dedos de Beckett acababan de provocar.
- ¿Qué…ha…sido…eso? – pregunté mirándola a los ojos, ella me miraba con una sonrisa de satisfacción absoluta – wow…
- Eso Castle, se llama orgasmo clitoriano, y es algo que toda mujer debería experimentar – se mordió el labio.
- Nunca había sentido algo igual Beckett…ha sido…increíble – podía notar las convulsiones en mi cuerpo, el orgasmo aún no había acabado.
- ¿Jamás te han…? – dijo sin acabar la pregunta.
- Me han ¿qué? – no entendía que quería decir.
- Ya sabes…practicado sexo oral – sonrió traviesa.
- La verdad es que no, los tíos con los que he estado en mi vida no estaban muy dispuestos a ellos.
- Pues el día que tu mente nos dé un respiro y seas capaz de desnudarte del todo conmigo, vas a saber lo que es bueno – levantó las cejas mordiéndose el labio seductora.
- Tengo muchas cosas que aprender con usted detective – dije acercando mis labios a los suyos para besarla.
- No tienes ni idea de cuantas – susurró en mi oído con una voz tan sexy que me excitó hasta niveles inexplicables.
- Dios, me vuelve loca detective – dije justo antes de devorar sus labios con ganas – ahora te toca a ti – sonreí provocativa.
Volví a adentrarme en su cuello, besando su piel sensible a mi roce, notando pequeñas chispas a cada contacto de mis labios con ella. Sonreí entre besos al escuchar sus pequeños gemidos. Bajé lamiendo con la punta de mi lengua cada centímetro de piel que me llevaba hasta sus pechos, donde sus pezones esperaban con expectación a que mi lengua entrara en contacto con ellos. Rocé levemente con mi lengua su pezón izquierdo, excitándome aún más cuando su cuerpo se arqueó acompasado por uno de sus deliciosos gemidos que se convertía en una dulce y excitante melodía para mis oídos. Lo mordí suavemente, introduciéndolo en mi boca para después succionarlo y lamerlo a la vez. Beckett se movía bajo mi cuerpo, acercándolo más al mío, demostrándome que tenía muchas ganas de que continuara con mi juego.
Solté su pezón izquierdo para recrearme con el derecho, haciendo círculos sobre su aureola con mi lengua, mordiendo la piel de ésta para después succionar su pezón y saborear el dulce y caluroso sabor de su perfecta piel.
Mis manos vagaban recorriendo su vientre, disfrutando de cada descarga que su piel provocaba en las palmas de mis manos. Arrastré un poco mi cuerpo hacia abajo, lamiendo el recorrido de sus pechos hasta su ombligo, besándolo y saboreándolo, jamás pensé que la piel de una mujer podría convertirse en una adicción para mí.
Entre besos regresé a sus labios, los cuales ella atrapó introduciendo su lengua en ellos, recorriendo con desesperación cada milímetro de mi boca, dejándome sin aliento.
Mientras nos besábamos, mis manos llegaron al botón de sus pantalones, lo desabrocharon y bajaron la cremallera lenta y tortuosamente. Agarré la tela de éste y la bajé poco a poco, Beckett levantó un poco su trasero para darme más facilidad, y a tientas deslicé los pantalones por sus perfectas piernas, para acabar sacándoselos ella misma con ayuda de sus pies y dejándolos caer al suelo desde el final de la cama.
De nuevo restregué mi lengua por su piel, bajando provocativamente desde su cuello hasta sus braguitas negras, las cuales besé por encima suavemente, notando en mis labios el extremado calor que emanaba de su sexo, que esperaba expectante mi siguiente movimiento mientras el cuerpo de Beckett se arqueaba entre gemidos pidiendo más. Con mis dientes, agarré la cinturilla de sus braguitas y las bajé, recorriendo con ellas sus piernas, hasta que con ayuda de mi mano derecha, las saqué del todo por sus pies, dejándolas caer al suelo.
Subí por el interior de su muslo izquierdo besando cada milímetro de su ardiente piel, llegando hasta su ingle. Nunca antes había hecho esto, pero mi cuerpo y mi mente se encontraban dispuestos a adentrarse por primera vez en ese sabor tan desconocido para mí.
- Castle ¿estás segura? – preguntó Beckett incorporándose un poco al darse cuenta de mis intenciones.
- Shhhhh detective, déjate llevar – susurré justo encima de su sexo, para un segundo después adentrar mi lengua entre sus pliegues.
Ella gimió, agarrando las sábanas de la cama y dejando caer de nuevo la totalidad de su cuerpo sobre la cama.
Mi lengua se perdió en su sexo, saboreando el sabor de Beckett, primero lentamente, como si quisiera descubrir poco a poco esa deliciosa nueva experiencia, sorprendiéndome a mi misma por lo exquisito que resultó su húmedo elixir.
Seguí recorriendo con mi lengua su sexo, mientras mis oídos disfrutaban de los placenteros gemidos de Beckett, hasta que mis papilas notaron el roce de su hinchado clítoris y decidieron jugar con él. Lamí, besé e incluso mordí sensualmente su botón de placer, succionándolo sin parar, notando como las manos de Beckett presionaban con fuerza cada vez más las sábanas situadas a los laterales de su cuerpo.
- Joder Castle me corro – exclamó haciendo que perdiera cualquier sentido común que aún pudiera conservar en esos momentos.
Me recreé con su clítoris, succionándolo y lamiéndolo frenéticamente, hasta que noté las convulsiones en su cuerpo y saboreé su delicioso orgasmo adentrándose en mi boca. Separé mis labios de su sexo mientras ella seguía arqueando su cuerpo llevada por las sensaciones del orgasmo, subí hasta sus labios, los cuales besé dejando que ella se deleitara con su propio sabor.
Sin previo aviso, mi mano derecha tocó su sexo aún sensible, y sin darle tiempo a decir nada, introduje dos dedos en su interior, presionando ese punto que sabía que le hacía perder la cabeza, moviéndolos suavemente sin parar, rozando sus paredes. Ella me mordió el labio inferior haciéndome soltar un gemido el cual ahogó con su lengua.
Entre besos y movimientos de nuestros cuerpos, Beckett volvió a correrse, pero esta vez entre mis dedos, clavando sus uñas en mi espalda a la vez que mordía mi cuello, provocándome una sensación de fuego ardiendo por todo mi cuerpo, recorriendo cada músculo de mi ser.
El sexo con Beckett era absoluta y jodidamente perfecto, jamás podría haber imaginado que pudiera ser así estar con una mujer, pero es que ella no era una mujer cualquiera, era Kate Beckett, mi Kate, mi calma, mi paz y la persona que conseguía que aflorara la parte más salvaje de mí.
Me dejé caer en el lateral de la cama, intentando recuperar la respiración y la calma.
- Nunca pensé que este día de mierda pudiera acabar así – dije ladeando mi cabeza para mirarla con una sonrisa en la cara.
- ¿Así cómo? – preguntó haciendo ella lo mismo.
- De la mejor manera posible – acerqué mis labios a los suyos deslizando mi cara por encima de la almohada y le di un tierno beso.
- Me encantas Castle – puso su mano en mi mejilla ladeando su cuerpo para acercarse más a mí – no sabes cuánto – y volvió a besarme.
- Creo que deberíamos cenar algo detective, mi estómago empieza a quejarse – dije cuando me sonaron las tripas.
- Yo diría que tú ya has comido algo – alzó las cejas divertida.
- Serás pervertida – dije lanzándome sobre ella para hacerle cosquillas.
- Para…para… - dijo intentando evitar que se las hiciera mientras reía – vale, vale, me pongo algo y cenamos.
- Podrías salir desnuda, me encanta disfrutar de estas vistas – dije recorriendo su cuerpo desnudo con mi mirada a la vez que me mordía el labio.
- Castle, tienes vecinos y ventanales grandes, no querrás tener a pervertidos babeando en tu puerta ¿no? – frunció el ceño.
No me dio tiempo a contestar, se levantó de la cama y se colocó las braguitas, cogió una camiseta ancha de mi armario y se la puso.
Me incorporé sentándome en la cama, Kate me pasó mi camiseta que estaba tirada en el suelo hasta ese momento y me la puse. Levanté un poco la pernera de mi pantalón asegurándome antes de que Beckett no lo viera, me recoloqué bien la prótesis que se había movido con tanto ajetreo y me levanté.
Fuimos a la cocina y preparamos un bol gigante de ensalada, con tomate, queso, trocitos de pollo, y varias cosas más que encontramos en la nevera.
Nos sentamos en el sofá y comimos del mismo bol las dos, sin necesidad de platos.
Cuando terminamos con la cena, volvimos a la habitación y nos tumbamos en la cama.
Ladeé mi cuerpo y me quedé unos segundos observando en silencio a Beckett que miraba al techo suspirando.
- ¿Pasa algo? – pregunté apoyando mi codo en la almohada para reposar mi cabeza en la mano, sin dejar de mirarla.
- No, es solo que estoy bastante cansada – sonrió.
- Yo también, será mejor que nos durmamos cuanto antes, creo que mañana será otro día duro – me acerqué a sus labios para besarla.
- Buenas noches Castle – dijo al separar suavemente sus labios de los míos.
- Buenas noches Beckett – sonreí dejándome caer de nuevo en mi lado de la cama – hasta mañana.
Me quedé dormida en seguida, escuchando la profunda respiración de Kate.
A la mañana siguiente, apagué el despertador, miré a Beckett que seguía dormida profundamente sin enterarse de la alarma, besé tiernamente sus labios y ella sonrió sin abrir los ojos.
- Buenos días detective, descansa un rato más, voy a hacer el desayuno – susurré en voz baja para no molestarla.
Ella suspiró asintiendo y siguió durmiendo.
Una vez en la cocina, mientras preparaba los cafés, mi móvil, que se encontraba en la encimera, sonó.
Me acerqué a él para cogerlo y mirar quién era, pensaba que quizá era Javi para informarnos de algo del caso de 'Knifes', pero mi expresión cambió tras sorprenderme del nombre que aparecía en la pantalla.
- Buenos días mi sobrina favorita – dijo la voz al otro lado de la línea.
- Buenos días tía Martha, que agradable sorpresa – sonreí, era Martha, la hermana de mi padre, que vivía en Nueva York y a la cual tenía mucho cariño aunque nos viéramos poco.
- Acabo de aterrizar en Londres y me preguntaba si mi querida sobrina tendría tiempo para quedar con su tía y contarme qué tal le va la vida.
¿Tía Martha?
Espero vuestras REVIEWS jajajajaja Contadme que os imaginais que va a pasar! =P
Y...FELIZ NAVIDAD!
