Estaba exhausto. La batalla había sido demasiado dura. No lograba entender porque el Reino del Norte seguía insistiendo en comenzar una guerra con el suyo. Al parecer, el príncipe de aquellas tierras aún no había entendido que su prometido había preferido la libertad antes que a él. La libertad para escoger con quien casarse, aún si eso significaba llegar a una disputa bélica.

Muchos repudiaban al príncipe Todomatsu por esto, después de todo él había nacido dignamente y tenía que enfrentar sus responsabilidades de la misma manera, sin embargo...

El culpable realmente de todo ese desastre era él.

El mismo capitán del ejército al que tanto respetaban los soldados. En una expedición para vigilar las fronteras meses atrás, Karamatsu había cruzado miradas con el chico más bonito que jamás había visto. Y al parecer, la atracción fue mutua. Distrayendo a sus hombres, logró hacerse de tiempo para cabalgar ante el joven, quien no dudó en ponerse de pie pues estaba descansando bajo la sombra de un árbol.

Cuando estuvieron enfrentados, Karamatsu fue consciente de que era el príncipe del Reino del Norte, quien ya estaba comprometido... pero eso no impidió que cayera en la tentación. Y ser correspondido tampoco ayudó mucho.

Encuentros nocturnos, susurros prohibidos al oído, caricias cargadas del más puro deseo.

Incluso sabiendo que podían ser ejecutados si se descubría su crimen, Karamatsu le hizo el amor una noche, bajo la luz de la luna, dándole la espalda a las estrellas. Y Totty, como el menor le había indicado que lo llamara, lo aceptó con todo su ser. Quería que él fuera el primero y el último en tenerle.

—Karamatsu—La voz de Choromatsu lo arrancó de aquel recuerdo. Era su hermano menor y su mano derecha en las batallas—. Es mejor que nos marchemos antes de que decidan regresar. Tomaremos los cuerpos de los nuestros y les daremos un entierro digno—dijo. No le estaba consultando, se lo estaba informando. Al mayor le agradaba eso. Podía dejar ese tipo de asuntos en sus manos, sabía que podía confiar en él.

—Gracias. Por suerte, no murieron tantos esta vez... pero sigue siendo doloroso. No por haber fallecido dejan de ser mis hombres.

—Lo sé.

A veces, Karamatsu se preguntaba si su hermano lo juzgaba. Si acaso lo acusaba de provocar todo ese desastre. Después de todo, era el único que sabía. Al fin y al cabo, él había cedido su alcoba para que Todomatsu pudiera vivir a su lado, escondido de todos los demás.

Si no fuera el capitán del ejército y no controlara todos los movimientos de los soldados, estaría muerto.

Pero como no era el caso, podía hacerle el amor a Todomatsu todas las noches y ser, al menos por unos minutos, solo Karamatsu.

El Karamatsu que Totty amaba.
Y con el que había escogido estar.


Drabble que le hice a mi hermanita Nancy por Navidad~

¡Nos leemos!

Bel