-Tony, dudo que sea tan difícil encontrar a alguien que te odie. –suspiró.

Tony estaba seguro de que si apostaba a que él se encontraba apretando firmemente en el puente de su nariz, ganaría.

-Es bastante difícil, de hecho. -respondió tomando un lápiz y haciéndolo girar en su mano.

-Tony…

Ah, ¿cómo podía intentar engañarlo? Ni siquiera por teléfono era posible, ¿eh?

-Quizás no es tan difícil… -admitió derrotado mientras desviaba la mirada al techo y dejaba el lápiz sobre la mesa.

-¿Lo ves?

-Pero es distinto. –dijo convencido.

-Ah… -suspiró nuevamente.- ¿En qué sentido?

-Cuando una persona me odia -créeme, tengo bastante experiencia- suele decírmelo, ¿sabes? O al menos tener un motivo aparente para hacerlo.

-¿Estás diciendo que este chico…? –alargó la última sílaba.

-Loki. –dijo firmemente, sentándose derecho.

-Loki. –repitió.- ¿Que Loki te odia?

-Exactamente. –dijo como si fuese lo más obvio del mundo.

-Dime, Tony, ¿has siquiera hablado con él?

-Ehm… No. –respondió mirando hacia el lado, como si él lo estuviese observando.

-Ahhh. –volvió a suspirar.

Tony sabía que Bruce estaba en ese momento con las gafas en una mano y el teléfono en la otra mientras intentaba con todas sus fuerzas no colgarle. Pero eso no lo iba a detener, además, si le colgaba volvería a llamar. Y Bruce lo sabía, así que no valía la pena siquiera intentar terminar la llamada.

-¡No lo entiendes! ¡Este chico me ve como si tuviese una maldita enfermedad! ¡Y me ignora! ¡Me ignora, Bruce! –dijo mientras se ponía de pie dramáticamente, alejándose del escritorio donde se encontraba.

-¿Quizás ni siquiera te conoce? –sugirió Bruce mientras se sentaba en un sillón para estar más cómodo, supuso que la conversación no terminaría pronto.

-¿¡Cómo no iba a hacerlo!?

Como si lo que Tony necesitara en ese momento fuera un golpe directo a su ego. No, muchas gracias. Realmente innecesario.

-¿Tal vez es extranjero? No puedes negar que tiene un nombre extraño. –sugirió.

-No lo había pensado de esa manera… -comenzó a caminar descuidadamente por la casa.

-¿Ya ves? –miró hacia arriba.

Bruce vislumbró la pequeña esperanza de que la conversación podría terminar ahí. Intentó agarrarse lo más fuerte que pudo al anhelo de poder seguir con su trabajo.

-Pero no tiene sentido. –respondió mirando ausentemente por la ventana.

Ah, era demasiado esperar una conversación corta. Sería mentir si Bruce dijera que no lo sabía. Después de todo, no conocía persona más obstinada que Tony.

-¿Qué cosa? –cerró los ojos.

-Cuando escuchó mi nombre, oye, no resoples que te estoy escuchando. –le reclamó antes de continuar:- Cuando escuchó mi nombre hizo una cara extraña y después no me volvió a mirar, ¿sabes? ¿Puedes creer que alguien haya hecho eso? Y después me lo encontré en una cafetería, me acerqué, le hablé y se fue. ¡Ni siquiera me respondió! ¿Puedes creerlo?

-Entonces, ¿tu mayor problema es un chico que te ignora?

Tony pudo verlo arqueando una ceja.

-Pues… -guardó silencio al darse cuenta de que no podía negarlo ni afirmarlo. Ni siquiera sabía por qué le estaba dando tanta importancia, podía ser por su herido ego. Sí, era por su herido ego.

-Tony…

Tony pudo agregar otro exasperado suspiro a la colección que estaba creando a medida que la conversación avanzaba.

-¿Qué? –preguntó con voz inocente.

-¿Tienes un sinfín de personas que, tristemente, estarían dispuestas a besar tus pies y te centras en un chico que, según tú, te odia e ignora descaradamente? –dijo con la voz un tono más agudo.- Tú sí que eres un caso. –cubrió sus ojos con su mano derecha.

-¿Estás diciendo que estoy siendo ridículo? –se detuvo.

-Estoy diciendo que estás exagerando y siendo ridículo.

-¿Y qué quieres que haga, ah?

Tony estaba demandando una respuesta y Bruce se preguntó a sí mismo si su vida sería más fácil si hubiese decidido estudiar psicología, o psiquiatría, en ese caso.

-No lo sé. –hizo una pequeña pausa.- Quizás… Quizás podrías intentar preguntarle.

-¿Siquiera me has estado escuchando? –dijo levantando un poco la voz, mirando hacia el techo.

Bruce vio su error.

-Lo siento, Tony. Mis capacidades en relaciones interpersonales no son las más… finas, por eso paso mis días encerrado en un laboratorio, y lo sabes.

Tony resopló. Pero no podía culpar a Bruce, en el fondo sabía que tenía que arreglar este asunto por sí mismo, aguarda, ¿"arreglar"? "Arreglar" sonaba como si le hubiese hecho algo realmente malo a Loki, pero en realidad ni siquiera recordaba haberlo visto alguna vez en su vida, ¿no? Y de todas formas, ¿por qué era tan importante que un tipo que ni siquiera recordaba haber visto lo odiara? No parecería de gran relevancia, pero, ¿quién demonios ser creía Loki que era para ignorarlo como si no fuese malditamente importante y conocido?

-Está bien, al menos pude decírselo a alguien. –comentó mirando hacia el piso.

-Al menos pudiste quejarte con alguien. –ofreció con una sonrisa.

-Es lo mismo. –sonrió.

-Pero, en serio, quizás estás malinterpretando las cosas. Y de verdad lo siento, no sé cómo ayudarte y debo irme.

-Okay, gracias de todas formas, Brucie.

-Por favor, para ya con lo de ''Brucie''.

-Sí… eso no va a pasar.

La imagen mental de Bruce rodando los ojos de manera exagerada se quedó plasmada en la mente de Tony aun después de que su amigo le había colgado el teléfono.

Lanzó suavemente el celular al sofá -pues había llegado a la sala de estar- para luego lanzarse a él, causando que el cuero resonara ante su peso.

-Dum-E, tráeme un vaso de whiskey. –dijo mientras se acomodaba en el sofá y encendía la televisión.

El robot, que había sido creado años atrás en el taller de su padre, se acercó a la barra que Tony tenía en la sala de estar y sacó una botella de whiskey escocés, intentando cumplir la orden que se le había dado. Tony se sobresaltó con el ruido que hizo la botella al estrellarse contra el piso y despedazarse, un fuerte hedor a alcohol comenzó a invadir el lugar y Tony maldijo sonoramente mientras se ponía de pie.

-Cada vez estás más cerca de ser donado a una universidad pública. ¿Sabes? ¡Eres un desastre!

Dum-E encogió su garra y la bajó, como si estuviese mostrando arrepentimiento. Tony suspiró.

-Trae la mopa, anda.

Después de limpiar las mil piezas de vidrio desparramadas por el piso, de secar el desperdiciado alcohol y haberle puesto un cono de papel con la palabra 'Burro' a Dum-E, Tony se encontró otra vez cómodamente recostado sobre el sofá de cuero con un vaso de whiskey de una botella recién abierta, buscando algo interesante de ver en la televisión, ¿de qué servía tener tantos canales si no había nada interesante en ellos?

Con el paso de al menos dos semanas desde el inicio de las clases Tony había aprendido dos cosas:

Uno. No poder entrar a los laboratorios ni a los talleres apestaba.

Dos. No compartía ninguna clase con Loki y eso lo hacía todo más aburrido.

Hablando del demonio, Tony se le había intentado acercar por simple y mera curiosidad, con la intención de preguntarle qué carajos le había hecho y por qué jodido motivo huía cada vez que lo veía, pero Loki solo hacía eso: huir. Ah, y lanzarse miradas feas y llenas de odio, no se podían olvidar las miradas feas y llenas de odio.

Incluso había intentado acorralarlo –Dios, acorralar sonaba tan mal- en algún lugar donde Loki no pudiese salir corriendo, pero el chico era como un maldito gato y se iba con una astucia impresionante antes de siquiera poder hablarle. Gato mágico, sí, como esos que tenían las brujas, un gato negro con ojos verdes, -¡Ja, tal como el de las brujas!- que podía arrastrarte al mismísimo infierno con un sencillo movimiento de orejas.

-Jarv, ¿tienes algún registro en tu memoria acerca de Loki? –Tony preguntó mientras apoyaba su cabeza sobre el respaldo del sofá, mirando hacia el techo.

-Me sorprende que haya esperado tanto tiempo para preguntármelo. Sin embargo, me temo que he de responderle que no, señor.

Tony bufó, ignorando el hecho de que Jarvis lo acababa de llamar lento.

-¿Cuándo fue la primera vez que te programé? –cuestionó después de apagar la televisión.

-Hace unos tres años, señor.

-¿Tienes un registro de todas las personas que he conocido? –preguntó mientras veía flotar el hielo en su vaso.

-Así diría, señor.

-Entonces, ¿por qué me odiaría un chico que conocí antes de los quince? –le dio un sorbo a su whiskey.

-No lo sé, señor.

-Por supuesto que no lo sabes, ¿cómo podrías saber algo que yo no? –comentó sonriéndole a una de las cámaras.

-¿Cuál es su número de seguridad, señor?

-Touché. –apuntó hacia una de las cámaras.- Creo que debo reprogramarte, tus niveles de sarcasmo están por sobre lo aceptable.

-¿Está molesto porque el alumno ha superado al maestro, señor?

-Cállate y ordena algo para comer. –volvió a encender la televisión.

-Como usted desee, señor.

Cosas maravillosas ocurrían cuando tu nombre era Tony Stark, como que en menos de media hora tu comedor podía estar repleto de comida deliciosa y lista para servirse sin importar que fuese domingo pasado de la hora de cierre de la mayoría de los locales. Tony sacó un trozo de pizza y se maravilló con el queso extra mientras abría una lata de cerveza fría –la había traído él mismo, no quería una cerveza revuelta, muchas gracias- y se reía con un programa de concursos japonés.

-Espero no estar interrumpiendo nada, señor Stark.

-¡Oh! ¡Hey, Pepp! –respondió mientras un hilo de queso colgaba por su mentón, lo limpió rápidamente con una servilleta y le dio un sorbo a su lata de cerveza.- ¿Tienes hambre?

-No, no tengo. –dijo sentándose en la silla frente a Tony.

-¿Y qué te trae por aquí? Jarvis, ¿por qué no me dijiste que Pepper vendría? –miró fijamente a una de las cámaras.

-Sí lo hice, señor. Usted simplemente no me escuchó.

-Ah… ¿lo siento? –limpió sus dedos con la servilleta.

-¿No es un poco temprano aún para estar bebiendo? –preguntó observando con poca felicidad a la lata que reposaba sobre la mesa.

-¿Temprano? ¡Es el momento correcto en alguna parte del mundo!

-Tony, ¿puedo hacerte una pregunta?

-Dispara. –dio otro sorbo.

-¿Hace cuánto empezaste las clases? –entrecerró los ojos.

-¿Un año?

-Difícilmente. –respondió seriamente.- Dos semanas.

-Se siente igual. –dio un mordisco a un nuevo trozo de pizza.

-Tony.

Tragó. No le gustaba la dirección que estaba tomando esa conversación. ¿Por qué no escuchó a Jarvis? Habría tenido tiempo de escapar. O de ocultarse. O de fingir su muerte.

-Pepp. –dijo con la misma seriedad.

-¿Sabes cuántos días has llegado tarde? –lo miró acusatoriamente.

-¿Tres?

-Cinco. De hecho, el primer día también llegaste tarde, así que son seis. De ocho.

Pepper puso su codo derecho en la mesa y apoyó su rostro en su palma.

-Gracias por arrojarme a las vías del tren, Jarvis. –lanzó una mirada a una cámara situada a su izquierda.

-Solo intentaba ayudar, señor.

-Tony, te mudaste a este lugar con el propósito de no tener que levantarte tan temprano; para no llegar tarde, ¿recuerdas? Pues eso es exactamente lo que no has estado haciendo.

-Tampoco he llegado tan tarde, eh. –intentó.

-Sabes que eso no es cierto. –le dirigió la mirada.

-Vamos, Pepper, las cosas no van a cambiar mágicamente si empiezo a llegar temprano a las clases, además, ¿sabes una cosa? Me aburro al ir, las clases no me estimulan, son cosas que ya conozco. ¿Te recuerdo que ya creé un robot? Inútil y molesto, sí, pero lo hice yo. ¡Ah! ¿Y qué hay de Jarvis? Sabes que también lo diseñé yo, ¿no? Quiero poder entrometerme en los talleres y laboratorios, poder experimentar e inventar más cosas. La única razón por la que estoy yendo es porque Howard Stark quiere un pedazo de cartón para lucirse y regodearse frente a sus colegas de lo inteligente que es su hijo, -pronunció esa palabra con cierto desdén.- aunque no me deja entrar a su taller, ni ha llamado para saber cómo estoy y ni siquiera me reconoce como su maldito hijo más que para quedar bien frente a la prensa. ¿Cómo quieres que me levante cada día y vaya a un lugar al que no me interesa con personas que no me causan nada?

-¿Quizás porque es tu deber como futuro dueño de la empresa? –sugirió.

-Pepp, ya soy un adulto, ¿por qué no puedes tratarme como uno y dejarme elegir mi propio camino?

-¿De verdad quieres que te trate como un adulto? –lo miró fijamente a los ojos.

-Sí. –respondió seguro, sosteniendo la mirada.

-Entonces actúa como uno. ¿Cómo puedes decir que eres un adulto, uno responsable, cuando ni siquiera puedes llegar a tus clases a tiempo?

-Suenas como un profesor regañando a un estudiante problemático. –refunfuñó.

-Estás actuando como un estudiante problemático. –frunció el ceño.

Al escuchar eso, Tony bufó y rodó los ojos. ¿Era muy tarde para intentar huir? ¿Y si fingía que se estaba ahogando con un trozo de pizza? Quizás tendría suerte.

-Mira, sé que no quieres ir—

-¡Quiero entrar en un maldito laboratorio! –se quejó como todo un adulto.

Pepper suspiró, preguntándose cuándo podría tomarse unas merecidas vacaciones.

-Lo sé, estudiante problema. Pero necesitas comportante como un adulto, ya que eres uno, y esperar hasta que se te sea posible hacerlo. Ahora, estaba pensando que quizás podrías mudarte a un lugar más cercano al instituto.

-¿Y dejar el hogar, dulce hogar?

-Entonces llega temprano a clases. –le advirtió.- Tony, una vez más y te juro que comenzaré a buscar otro lugar. ¿Lo entiendes?

-Sí, profesora. –le guiñó el ojo derecho. Pepper desvió la mirada.- Lo intentaré.

-Más te vale.

Hubo un corto silencio, en el que Tony se preguntó qué había hecho para merecer esta clase de trato, no, llegar tarde el 80% de los días no contaba; Pepper se preguntaba por qué no podía estar en ese momento relajándose en un spa cinco estrellas.

-Eso sería todo, señor Stark. –dijo, retornando su compostura.

-Muchas gracias, señorita Potts. –respondió mientras Pepper se ponía de pie y se dirigía hacia la salida.

oOo

Tony sabía que las advertencias de Pepper no debían tomarse a la ligera, así que se propuso a sí mismo levantarse a una hora prudente y sensata para llegar justo a la hora.

Efectivamente, llegó cinco minutos antes de que el profesor e incluso tuvo tiempo para intercambiar una insignificante conversación con la persona que estaba sentada a su lado, ¿'Victor', se llamaba?, y se había asegurado de sacar su cuaderno y un lápiz ¿Quién era un adulto responsable ahora, ah? Ignorando el hecho de que se puso a hacer garabatos sin mayor sentido en el papel, él lo era.

Sin embargo, y a pesar de todo su gran esfuerzo, el resultado fue el mismo de las clases anteriores: Tony ponía su mejor cara de concentración mientras su mente viajaba por diferentes lugares y escenarios. Bueno, al menos era capaz de responder cuando le preguntaban algo, aunque eso sólo aumentaba su hipótesis de que no necesitaba estar ahí en ese momento; quizás debió haberse matriculado un par de años atrás, así habría llegado sin mayor conocimiento y podría interesante de verdad en las clases, porque si había algo que Tony anhelara y deseara era eso: conocimiento. Saber cada vez más cosas, hacerse mil preguntas y que, a medida que llegaban respuestas, se sumaran más interrogantes. ¿Eso no era lo que decían los filósofos? ¿Y si se dedicaba a tomar cursos de filosofía? No, a él le gustaban verdades concretas.

Cuando notó que se había desconectado totalmente de la clase ya era demasiado tarde y ésta se daba por terminada, maldijo desde sus adentros su incapacidad de concentración en cosas que carecían de interés para él, eso les pasaba a todas las personas, ¿no? Pero él no era 'todas las personas' y le molestaba estar sintiéndose como tal.

-Jay, ¿qué tenemos ahora? –preguntó mientras caminaba vagamente por el campus, observando a la gente que se dedicaba a disfrutar el verde pasto.

-Señor, su siguiente clase es Cálculo con el profesor Coulson.

-Uhm… -Murmuró mientras veía la hora, aún quedaban algunos minutos antes de que iniciara la clase, podría tomarse un delicioso café antes de iniciar, ¿no?

Mientras caminaba apresuradamente hacia el salón se reprochó no haberse dado cuenta de que el tiempo no le alcanzaría para tomarse ese café. Iba quince minutos tarde y sabía que Coulson querría decirle algo, pues no había mostrado mayor interés en sus clases. Nada personal, en todo caso.

Al abrir la puerta del salón e interrumpir a Coulson en la explicación sobre integrales -¡Qué divertido!-, Tony tenía todos los ojos sobre sí, -no era como si le molestara, de todas formas.- Coulson lo miró con sorpresa, Tony acertó al pensar que Coulson había asumido que él no iría a esa clase.

-Oh, señor Stark, es un honor saber que ha bajado a acompañarnos.

-Lo siento, tuve un problema con el café. –se excusó, buscando un asiento con la mirada.

-¿Le importaría pasar por mi escritorio?

Bueno, quizás no todo salía como uno lo planeaba.

Mierda.

-Claro.

Se llevó una grata sorpresa al descubrir que Coulson tenía un par de hojas con ejercicios bastante largos sobre su escritorio, supuse que esto ya sabrías cómo hacerlos, le había dicho después de que Tony los había tomado de la mesa. Tony se lo agradeció y se fue a sentar a su puesto, que por lo menos se encontraba bastante atrás. Se mantuvo ocupado por el resto de la clase, resolviendo los ejercicios concentradamente, sin sentir las miradas que se paseaban de vez en cuando sobre sí; Tony se vio bastante conforme con este sistema.

Al finalizar la clase, Tony estaba a punto de terminar un ejercicio, así que se quedó sentado hasta que dio con el resultado. Cuando levantó la mirada, notó que era el único alumno que quedaba en el salón. Se puso de pie y le entregó las hojas llenas de anotaciones y cálculos al profesor, que las observó detenidamente antes de decir:

-Impresionante.

-Me gustaron bastante. –dijo sonriendo.- ¿De qué libro los sacó? –preguntó curiosamente, podría perfectamente dedicarse a resolver más ejercicios de ese tipo.

-Yo los hice. –sonrió ante el cumplido.

Tony decidió nunca más subestimar a Coulson.

Era una sabia decisión.

Saliendo del salón, con el acuerdo de seguir con este sistema de ejercicios en clase, Tony sintió su estómago rugir y tomó la resolución de ir a la cafetería a comprar su almuerzo, pues no sentía ganas de ir a comer fuera. Quizás después podría relajarse acostado en el paso, hablando con la voz en su teléfono, investigando a cierto profesor.

Con una hamburguesa en su bandeja, se dedicó a buscar una mesa donde sentarse como un estudiante cualquiera, vio una relativamente vacía, había un solo estudiante en ella que había olvidado su almuerzo en la mesa y estaba concentrado leyendo un libro.

Recordó lo que Bruce le había dicho, no los ataques a su ego, sino su quizás deberías preguntarle, así que se acercó rápidamente y, como se había aburrido de intentar conseguir algo sutilmente, golpeó su bandeja contra la mesa, causando un estruendo necesario para sacar de su trance lector a Loki, quien lo miró atónito y antes de que pudiese siquiera emitir un sonido, Tony le soltó:

-Habla, ¿qué te hice?

-¿Disculpa?

La confusión de Loki se veía plasmada en su expresión, Tony pensó que no le había oído o no había entendido la pregunta, así que volvió a preguntar, manteniendo el contacto visual:

-¿Qué mierda te hice? ¿Por qué me odias?

Hubo un momento en el que sólo se oían los ruidos ambientales, Tony supuso que Loki estaba pensando en una respuesta coherente.

-Lo siento, pero, ¿quién eres? –entrecerró los ojos.

¿Qué?

De todas las respuestas que Tony pudo imaginar, ésa era la que menos esperaba. Estaba estupefacto. ¿Cómo alguien podía preguntarle quién era? ¿Cómo podía haber una persona que no supiera sobre su existencia?

-Uhm… ¿Tony Stark? –dijo confuso. Las cejas de Loki se juntaron.- ¿Has estado toda tu vida viviendo en un iglú?

-¿Qué?

-Es la única opción que se me ocurre, no te ves como una persona del desierto. –dijo refiriéndose a la pálida piel del pelinegro.

-Lo siento, la verdad es que no entiendo de qué estás hablando.

Tony estuvo a punto de hablar, pero fue interrumpido por una vibración que relacionó correctamente con un teléfono, escuchó un 'permiso' de Loki y se dio por terminada la conversación.

-¿Diga? ¡Oh, Sigyn! –su rostro se iluminó como por arte de magia.- ¿Cómo estás, querida?

Se puso de pie, guardó su libro en su mochila, tomó la bandeja y se dirigió hacia la salida con un paso ágil, hablando por teléfono animadamente.

Al menos había conseguido interacción, lo que podría considerarse como un triunfo si no fuera porque ¡Loki le había dicho que no sabía quién era y lo había dejado solo, otra vez!

Su pobre ego y él se retiraron derrotados del lugar sin haber terminado su hamburguesa y se dirigió al exterior; era un excelente momento para dedicarse a vaguear en el pasto y hablar con su celular. Sí, perfecto, por más extraño que sonara. Se recostó sobre el pasto, buscando cosas sin sentido en internet, hasta que una voz lo sacó de sus pensamientos.

-Las cosas han estado un poco difíciles.

Volvió el rostro hacia donde se originaba la voz y reconoció en la banca que había estado vacía momentos antes al pelinegro que aún seguía hablando por teléfono, Dios, ¿cuánto tiempo ha estado hablando por teléfono?

-¿Irme? No, no suena una buena idea.

¿Y de dónde iba a irse? No que a Tony le importara.

Pensó en irse del lugar, para darle privacidad a Loki y que hablara tranquilo, pero para hacer eso tendría que ponerse de pie, lo que posiblemente llamaría su atención y terminaría pensando que lo estaba espiando o algo así, además, él había llegado primero, ¿por qué debería irse? Y no era como si estuviese realmente prestando atención a la conversación que Loki estaba teniendo. No era ninguna clase de acosador, ni mucho menos.

-Es sólo que te extraño mucho.

No, por supuesto que no estaba escuchando la conversación, ¿con quién estaría hablando de todas formas? ¿Con la misma chica? Bueno, le había dicho que la extrañaba mucho, así que quizás era su novia, pero, ¿qué iba a saber él si no estaba escuchando la conversación?

-Me gustaría que hubieses podido permanecer aquí.

Yup, sonaba como una novia, o sonaría como una novia si Tony estuviese escuchando la conversación.

-Sí, creo que tendré que buscar a alguien.

¿Buscar a alguien?

-Aunque preferiría que no. –se llevó la mano izquierda al cuello.

¿Entonces por qué lo iba a hacer?

-Ya te lo dije, Sigyn, no quiero irme. Sabes por qué.

Loki se volteó por un momento, si Tony no hubiese sido lo suficiente rápido para volver a recostarse sobre el pasto, estaba seguro de que lo habría visto. ¿Quién le creería si dijera que no lo estaba espiando? Claro que no era el caso, definitivamente no lo estaba haciendo, ni siquiera estaba prestándole atención a la conversación que Loki estaba teniendo con Sigyn. Él estaba tranquilamente acostado sobre el pasto, viendo las flores.

-Jarvis, ¿podrías darme información acerca de esta belleza? –susurró con una flor en su mano y le sacó una foto.

-Por supuesto, señor. Se trata de Campanula rotundifolia, es comúnmente vista en diferentes lugares de Estados Unidos debido a su fácil mantención y—

-¿Sabes? Mejor no, no me dejas escuchar.

-Como usted desee, señor.

Si Jarvis estuviese capacitador para suspirar, lo habría hecho y si además tuviese un cuerpo probablemente habría rodado los ojos.

Tony se sentó en el pasto, centrando su atención en Loki, quien se encontraba nuevamente mirando hacia el lado contrario, dándole la espalda, callado.

-Lo sé, lo sé. –respondió a la voz que le estaba hablando.- Tendré que intentarlo. –suspiró.- Ten una buena tarde, querida.

Al ver que Loki bajaba el brazo con el que había estado sosteniendo el celular en su oreja, Tony supuso que la llamada había terminado. Loki bajó la cabeza, mirando hacia el piso; si estaba con los ojos cerrados o abiertos, Tony no lo sabía –ni lo supo en toda la conversación-. Murmuró algo que Tony no alcanzó a escuchar, se puso de pie y se alejó lentamente del lugar, dejando a un confundido y curioso chico atrás.

oOo

Tony se encontraba con la espalda recostada sobre su cama, observando fijamente la pantalla de su celular. En él había una foto reciente de un cartel que había captado su atención. Al principio había pensado en llevárselo, pero se dio cuenta de que sacarle una foto era la mejor opción.

-"Se busca compañero de piso tranquilo y colaborador, departamento cómodo y amplio, dos habitaciones, un baño completo. Comedor y sala de estar espaciosa. Cuenta, además, con un balcón. Cualquier duda, se ruega consultar al número…" –leyó en voz alta.- Jarvis, ¿no crees que es hora de una mudanza?

-No creo que sea una muy buena idea, señor.

-Vamos, -respondió con una amplia sonrisa- será divertido.