¡Hola a todos! Después de varios meses, esta historia llega a su capítulo final. Como creo que señalé en la nota antes del capítulo anterior…pero que va, lo diré de nuevo, este fic casi lo abandono, pero lo continué, y creo que estoy contento con el resultado, incluso teniendo una premisa que yo mismo reconocí como extraña desde el mismo instante en que nació la idea, jeje. Agradezco infinitamente a todos los que de algún modo colaboraron con el desarrollo de este fanfiction, ya sea comentando, o dando fav o follow. Muy en especial, quisiera agradecer a Nubla93, sin el cual nunca hubiera continuado este proyecto, gracias por sus ideas y sugerencias para enriquecer este trabajo.

Sin más que decir, me despido con este capítulo. Tal vez en el futuro escriba otro fanfiction de esta genial serie, alguna idea surgirá, lo sé, pues los nuevos capítulos que están en camino dan pie a muchas posibilidades más.

Nos vemos pronto.


Capítulo Final: Pangea

- Steven…¡Steven apártate! – gritó Lapis. La bestia descargó un golpe de sus brazos que fue esquivado por poco. El mitad gem activó su escudo protegiendo a todas las gems de varios puñetazos más descargados por la mutación.

- ¡Es todo! – exclamó Garnet. El escudo desapareció y las Crystal Gems arremetieron contra su gran enemigo. En especial Perla estaba enfurecida por la frustración del resultado de su lucha al lado del desaparecido Jade. Peridot se acercó a la batalla, y arrojó a Garnet el desestabilizador de gema.

- ¡Garnet, atácalo con esto! – exclamó la Gem verde. Lapis desplegó sus alas, y levantó a Steven para sacarlo de ahí. Cuando Garnet intentó usar esa herramienta para combatir, uno cabezazo de la monstruosa entidad la desarmó.

- ¡Lapis, no! ¡necesitan ayuda!- protestó el hijo de Rose.

- Lo sé, pero tenemos que salvarte a ti…- contestó Lapis.

Topace decidió cubrir a Lapis, y entonces desplegó una estela de hielo que utilizó para atacar a la fusión. Sin embargo, el monstruo echó fuego por la boca, disolviendo el agua en estado sólido. Las gems entonces tentaron una danza de fusión para formar Alexandrite. Era la única salida, al parecer…hasta que la bestia, en lugar de solo escupir fuego, vomitó una sustancia similar al magma, directo sobre sus enemigas. Las gems hubieran sido devueltas a su gema de no ser por la oportuna intervención de Lapis. Usó un chorro de agua para neutralizar el magma, y entonces Perla vio el desestabilizador cerca. Corrió hacia él y a modo de lanza, apuñaló a la bestia con él. El monstruo se revolvió de dolor, pero no fue suficiente para detenerlo. Arrojó un manotazo a Perla, y luego fue a por el resto. Amatista asumió su forma de Puma Púrpura para intentar contenerlo, asestándole varios golpes en la cabeza. El apoyo vino de parte de Garnet al arrojar sus guantes como si fueran cohetes. Perla se levantó de nuevo y usó su lanza para disparar varias ráfagas contra la criatura. La bestia se recobró rápido de los ataques, y respondió.

- ¡Es demasiado fuerte! – dijo Amatista volviendo a su estado original.

Lapis intentó aprisionarlo con sus alas de agua, pero la bestia resistió lo suficiente como para levantarla en peso. Steven saltó hacia su amiga para protegerla, igual Topace. Ambos se pararon frente al monstruo, Steven con su escudo, Topace exhalando hielo al monstruo, sellándole la boca momentáneamente. Otra ráfaga de Perla hizo cubrirse a la criatura, pero luego esta saltó sobre su propio sitio, generando un temblor. Steven cayó, y la bestia lo tomó con una de sus manos.

- ¡Suéltalo! – rugió Topace, saltando hacia la criatura. Esta deshizo el bozal de hielo, pero no pudo evitar que el gemsaur trepara a su cabeza y comenzara a morderla sin piedad. Todas las gems, y el león, saltaron también hacia la amenaza. La fusión forzada descomunal, a punta de sacudones, se los quitó de encima a todos, a los que les era difícil aferrarse a ella, debido a su protección corporal.

- ¡Chicos! – gritó Steven. La bestia, por alguna razón, no parecía querer matar a Steven. Sólo lo olfateaba, como si oliera algo único en él. Entonces avistó el océano. Decidió encaminarse hacia él. Podía nadar también…después de todo, algunas variedades de sus "hijos" podían hacerlo también.

- ¡Steven! ¡No, no, esto no está pasando! – gritaba Perla.

- ¡Cálmate, debemos hacer algo!- dijo Garnet. El león no dudo en perseguir a la fusión, aún sabiendo que era inútil.

- Mal por ella…- dijo Lapis entre dientes, en un gesto y tono de voz extrañamente siniestro.

Las Crystal Gems supieron a qué se refería. Topace también.

Los seres acuáticos se lanzaron hacia su elemento. Ahora el enemigo había entrado en su terreno. Lapis debía rescatar a su amigo. Para Topace, también era el momento de la caza…

La bestia se sumergió con Steven intentando contener la respiración. Lastimosamente, así como estaba, no podía activar su burbuja ni escudo. Entonces su captor sintió como el mar se remecía en torno suyo.

-¡Suéltalo ya! – tronó una voz. Lapis generó un remolino en torno al monstruo, que, algo confundido, pero sin soltar a Steven, rugió. En eso, un gran Kronosaurus lo golpeó desde atrás, y comenzó a ir de un lado a otro mordiéndolo varias veces. Lapis generó varios brazos de agua, para golpear al captor de su amigo. La fusión monstruosa resistía demasiado bien los golpes…hasta que en algún momento, tal vez porque tenía a Steven en su poder, generó una burbuja similar a la de su presa, de tal forma que los ataques de Lapis no la afectaban.

Topace arremetió de nuevo, lanzando su aliento de hielo como proyectil contra la burbuja. Al congelarla, le fue más fácil a Lapis destruirla.

Finalmente, lograron que soltara a Steven…este, justo al borde de su capacidad para contener la respiración, intento nadar a la costa, y en eso vio a las Gems sobre Amatista convertida en bote inflable, que iban a por él. Perla, desesperada, extendió su mano hacia Steven.

- ¡Debemos irnos de aquí ya! – gritó Amatista.

- No podemos dejar a Lapis y a Topace…- dijo Steven cuando fue puesto a salvo.

- ¡Primero debemos ponerte a salvo! – le dijo Perla.

- ¡No podemos irnos así nomás! – respondió Steven.

- Esperen…esto no es bueno…- dijo Garnet.

Vieron como el gran Kronosaurus que era la forma de guerra de Topace salió casi volando por encima del agua, como si fuese un pez golpeado. Del mismo modo, las formaciones de agua de Lapis se disolvían. La bestia salió del agua, y al estilo de una orca, nadó a saltos hacia Steven y sus amigas. Amatista dio media vuelta para escapar, pero fue alcanzada.

Todos terminaron bajo el agua…

En la playa, león rugía sin saber que hacer. Peridot, producto de la desesperación, quedó sentada en la costa, en shock…

Steven se dejaba sumergir lentamente. Todo había terminado. Ya no oía las voces de sus amigas, ni los rugidos de Topace y la fusión monstruosa. Solo escuchaba una voz muy suave, que trasmitía una mezcla de calma y valor.

- Steven…debes despertar….Steven…-.

De pronto, aquella voz dio paso a otra…una voz compuesta, dos seres hablando al mismo tiempo.

- Steven…-.

- ¿Quién eres? ¿Lapis?-.

- Vendrán cosas peores, Steven…-.

- Lo sé…ya está sucediendo…-.

- Tú…realmente eres hijo de Rose. Ves la belleza en todo…-.

- Eso…eso intento…- respondió Steven casi como si susurrase.

- Por desgracia Steven, el mundo es cruel…ojalá más pensaran como tú…pero, a pesar de todo, realmente ahora entiendo a qué se refería Rose…incluso en las situaciones más terribles…hay esperanza…-.

- ¿Conociste a mamá?-.

- No…pero ahora la entiendo…Steven…sé tú esa esperanza….no dejes de ver las cosas buenas en todo lo que existe, pero sé prudente también. A veces, las mismas manos con las que acaricias deberán golpear también…tú lo sabes, pero con el tiempo, vendrán retos más grandes…-.

- Lo entiendo…por cierto…¿Quién eres?-.

- Me llamo…Creta…y sera la última vez que nos veamos…te estoy dejando…una oportunidad…-.

- ¿Creta? ¿A dónde irás?-.

- Fallé protegiendo a quienes me importan…no lo hagas tú – se escuchó la voz de Lapis.

- Fallé protegiendo mi mundo…no lo hagas tú – se escuchó la voz de Topace.

Steven abrió los ojos.

Antes de ello, viendo lo inconmensurable del poder de la fusión monstruo, Topace indicó a Lapis lo que debía hacer.

- Sé que no hay otra forma…pero…ojalá no fuera así…- dijo Lapis con lágrimas en los ojos.

- Fuiste la mejor compañía, todo este tiempo…- le dijo Topace, en forma humanoide.

Un último abrazo…al menos en espíritu. Lo necesitaban…

La última danza…

- Lapis…sé lo que va a sucederme…cuando ocurra…¿recuerdas ese lugar lleno de niebla que vimos?-.

- Si, Topace…-.

- Toma mis restos, y los de Jade…déjalos ahí…-.

- ¿Alguna razón en particular? – contestó una abatida Lapis.

- No tengo idea…sólo es algo que sé que debo hacer….-.

Lapis cerró los ojos…debían salvar a Steven…

Una vida por otra…

Steven asomó la cabeza fuera del agua, intentando tomar aire. De pronto, Amatista, en forma de delfín, se colocó bajo él para ponerlo a flote. Garnet llevaba a una todavía entristecida Perla sobre ella.

Varios brazos formados por agua emergían en torno a la criatura, que intentaba librarse de ellos. Algunos de los brazos, en lugar de solo sujetar, se convertían en hielo automáticamente antes de impactar sobre ella, generándole golpes aún más fuertes, y en algunos casos, cortes terribles. Un inmenso soplo de hielo envolvió a la bestia, que logró librarse gracias al magma de su interior, pero…al hacerlo, destruyó parte de sus espinas, y tres de sus brazos. El congelamiento había sido tan intenso que destruyó algunas partes de la criatura.

La bestia herida divisó a Steven y las Gems, e intentó ir a por ellos, pese a que ahora auténticas picas de hielo se arrojaban hacia ella desde abajo. Nada parecía detenerlo.

En la playa, las Gems invocaron sus armas una vez más. Amatista se colocó delante de la aterrada Peridot.

- Puedes agradecerme después…- le dijo. Perla miraba con profundo odio a la gran bestia.

- ¿Por qué simplemente no caes, infeliz? – gruñó la gem pálida. El león, herido pero lleno de cólera, rugió sin miedo al monstruo.

Garnet empezó a sospechar que, al haberse regenerado a partir de los trozos de gema, y haber tomado los despojos de Jasper en el proceso, se había vuelto aún más poderosa.

Pero no demasiado.

Creta emergió desatando un gran oleaje, por lo que Steven y sus amigas tuvieron que retroceder. La bestia del mar sujetó entre sus inmensas fauces a la bestia, arrastrándola a lo profundo del mar. Los chillidos y rugiidos de terror del monstruo se fueron apagando…hasta que, luego de asegurarse de debilitarla a mordidas, Creta la congeló una vez más, destruyéndola hasta su interior. Los fragmentos de gema no volvieron a unirse luego de que Creta ultimara el ataque con una única dentellada extra. El gran monstruo marino rugió una última vez antes de desaparecer.

Lapis desesperada intentó aferrarse a su compañero gemsaur. Pero este cerró los ojos, y lo último que hizo fue tomar la mano de la gem azul.

- Gracias por todo…Lapis Lazuli…-.

Lapis subió con Topace a la superficie, sólo para verlo disolverse silenciosamente en huesos y espuma marina. La gem del oceáno gritó su cólera al cielo ya casi abandonado por el sol…

- ¡Lapis! ¡Topace! – gritó Steven.

- Vamos a ver…debe estar débil…- dijo Garnet. Solo ella y Amatista partieron a su encuentro, con la gem púrpura de nuevo como delfín.

- Me sorprende que estemos yendo a ayudarla…- dijo Amatista.

- Aunque no confiemos en ella, ayudó a Steven…- respondió Garnet – creo que algo debemos hacer…-.

Lapis, con lágrimas en los ojos, tomó los restos de Topace, y la burbuja que contenía los del otro Gemsaur. Al volverse y ver a las demás acercarse, en su rostro se dibujó una expresión incomparable de enojo y frustración. Sin que ellas lo advirtieran, Lapis movió un poco la marea en torno a sí, como si preparara un ataque.

- Cielos, esto no es bueno…- pensó Amatista, al sentir las variaciones en el mar a su alrededor.

La gem azul dirigió su mirada hacia sus adversarias. Sus luego se enfocaron en la costa…en Steven. Su ira dio paso al pesar.

Lo que pensaba hacer, solo generaría más sufrimiento.

Entonces Lapis invocó una ola delante suyo, impidiendo que las Crystal Gems se le acercaran. Luego desapareció en medio del mar, prácticamente en silencio. Al perderse del todo, el mar volvió a su calma.

- Se ha ido…- dijo Steven, con los ojos empañados – otra vez…-.

Garnet le dio una palmada en el hombro, al llegar de nuevo a su encuentro. Pero nadie dijo nada. Peridot y el león aparecieron tras ellos.

- Eso fue increíble, debo admitirlo…- dijo la gem verde. Nadie contestó. La gem verde quedó mirándolos como si hubiera dicho una impertinencia, pero nadie se lo señaló como tal.

Steven quedó sentado en la playa. Perla se sentó a su lado, y lo abrazó. Todas las Gems, excepto Peridot, se unieron frente al mar. La gem verde seguía desconcertada y asustada por la experiencia…hasta que, para su sorpresa, Garnet la arrastró hacia el grupo.

- Nada mal…- le dijo, con una voz serena. Mirando al mar, y recordando a sus inesperados aliados, pensó lo mismo, si es que no más…

El león se les unió con un sonido similar a un ronroneo. Steven le abrazó afectuosamente.

Los amigos habían sobrevivido a la terrible experiencia. Pero esa tarde, dos camaradas habían caído…no en vano, afortunadamente.

En algún lugar del mundo...aquellos tres gemsaurs sobrevivientes sintieron un estremecimiento- No tenían idea de que otro de su especie aparte de Jade hubiera vivido también…pero, sintieron su muerte…sintieron las de ambos.

Las bestias simplemente dejaron de sentir las presencias de sus hermanos perdidos…

Lapis, en su viaje por el oceáno, divisó finalmente la extraña formación. La burbuja con los restos de Jade, y otra burbuja de agua hecha por ella misma, con los restos de Topace. Con pesar, abandonó las dos, dejando que la propia marea las condujera de ahí en adelante.…

Lapis se había forzado a acostumbrarse a la soledad.

Prisionera en el espejo. Prisionera luego al estar fusionada con Jasper…y por primera vez, había conocido la libertad. Supo lo que era tener un compañero, como se tenían Rubí y Zafiro…

Ahora, volvía a estar completamente sola…

Varios meses después, Steven se sentó después de un día divertido con Greg y Connie, en la playa. Su ánimo estaba considerablemente mejor. Tomó una nueva guitarra que le había regalado su padre, y comenzó a tocar un poco. De pronto, vio como el oleaje frente a él cambiaba. Intrigado, se acercó. El mar se calmó de pronto, revelando la figura de Lapis.

- ¡Hey, Lapis! ¡Volviste! – exclamó Steven, que fue veloz como el rayo a recibir a la gem del océano con un fuerte abrazo. Lapis tenía aún la tristeza en su mirada. Sin embargo, el cálido gesto de Steven la animó a corresponder. Las Crystal Gems salieron de la casa, y estuvieron a punto de intervenir…mas Garnet las detuvo. Comprendió el vínculo que unía a Steven con aquella gem. Y todas entendieron que ella no le haría daño…

- Yo también…estoy feliz de verte…- contestó débilmente Lapis, aunque sus palabras eran honestas.

El misterioso sitio visitado hacía tiempo por Lapis y Topace, y donde pararon sus restos y los de Jade, no había cambiado nada…

La neblina protegía una isla. Detrás de la espesa bruma, había una isla relativamente grande. En la costa, una criatura de piel verdosa se levantaba de la arena. Olfateó como si se abriera paso al mundo por primera vez, e instintivamente caminó hacia la selva.

De hecho, regresaba al mundo. Lo último que vio antes de desaparecer, fue un pequeño fragmento de gema de Jade a su lado. Pero era un ser instintivo, y ya que ello no era comestible, simplemente lo ignoró y siguió su marcha.

A lo lejos, sobre el mar, volaban algunos Pterosaurios pequeños. Bajo ellos, un gran Kronosaurus azulado asomaba la cabeza para tomar aire, antes de sumergirse una vez más.

En la isla, el Ceratosaurus veía a su paso rebaños de Apatosaurus, Hadrosaurus, y algunos Triceratops. A lo lejos, un Tyrannosaurus Rex se levantaba de su lecho de descanso…y hacía temblar el suelo con sus pasos. Decenas de especies poblaban la isla.

Sin saber porque, el Ceratosaurus en tierra, y el Kronosaurus en el mar, rugieron triunfantes…

Los Gemsaurs cuyos restos no se habían dispersado, de alguna forma habían heredado el poder regenerativo de las gems, y se habían materializado en ese lugar…como los seres que eran en realidad. Ya no tenían grandes poderes de su lado, ya no eran todos aliados, y ahora, en algún momento, morirían. Pero vivían como animales comunes, ajenos por completo a las guerras de las gems, y al mundo que había olvidado por completo su existencia. Vivían tal y como la naturaleza los había moldeado para vivir.

La isla de brumas era el último reducto de Pangea que quedaba sobre el planeta.

Los antiguos señores de la Tierra vivían de nuevo…


Las probabilidades están contra nosotros,

Esto no será fácil,

Pero no vamos a hacerlo solos…

¡Somos las Crystal Gems!

Las naves con forma de mano eran divisables desde la carretera. Greg conducía su camioneta…en compañía de los Maheswaran. En silencio, hasta que Priyanka rompió en llanto.

- ¡No quiero perder a mi hija!- exclamaba - ¡toda esta locura…no lo sé!-.

- Eso no va a suceder…- la abrazó Doug consolándola – han salido de muchas cosas…lo van a lograr…yo no tenía fe en ella, pero sé que mi Connie y Steven van a superar esto…-.

- Yo sé que sí…- respondió Greg, saliendo de un largo instante de mutismo. Tenía mucho miedo, más que nunca. Pero sentía también que no podía permitirse temer…no en esa hora…

Desde la camioneta de los Fryman, que iba algo más atrás, Ronaldo grababa las imágenes.

- Tenía razón…- se decía a sí mismo. Se preguntaba por qué habrían desaparecido los objetos que recolectó aquella vez, pero ahora no importaba. Estaba ante algo más grande, lo sabía, y tenía la esperanza de que Ciudad Playa entera, una vez el infierno terminase y pudiesen volver todos a sus vidas normales, al fin lo reconociera.

Dentro de una de las naves, Yellow Diamond contemplaba enfurecida una interferencia a sus planes, que una nave más pequeña grabó, y cuyas imágenes envió a la ama y señora del Planeta Madre.

Unas gems científicas que venían con ella de pronto irrumpieron presentándole un holograma con una criatura similar a un dragón de la mitología clásica, con injertos de fragmentos de gema en algunas partes de su cuerpo.

- A partir de esas últimas observaciones sobre las criaturas que pretendíamos estaban extintas, hemos desarrollado esto para…- dijo una de ellas antes de ser silenciada por la poderosa Gem amarilla.

- Señora – dijo una de ellas casi inclinándose en el piso de la nave de puro terror, pero aún ingeniándoselas para guardar compostura – usted lo encargó, parte de nuestros grupos de avanzada fueron destruidos por tres de esos bichos, y cuando intentaron usar el portal de la zona de brumas, algo las atacó, y hasta destruyó las gemas…-.

- ¡Basta! – rugió la gem líder - ¿Es que no ven que...?-.

Las científicas que hasta ese entonces habían prestado poca atención a la "amenaza", confiadas en el poder de la flota, contemplaron el problema.

Yellow Diamond sólo se tranquilizó un poco al final, cuando vio llegar a su sirvienta personal. Entonces decidió dejar que ella se dirigiera a las científicas.

- No podemos…no podemos ahora encargarnos de eso…tenemos…otra prioridad…- contestó en su lugar la Perla Amarilla.

- Diles que cancelen todos los proyectos hasta que no nos encarguemos de esto…- vociferó Yellow Diamond.

- Sí, mi Diamante – asintió la Perla Amarilla, nerviosa al percibir el disgusto de su líder.

Yellow Diamond descendió de la nave, con un gesto de suprema arrogancia en el rostro, flanqueada por varias Jasper y otras gems guerreras.

- Inconcebible…- pensó, ante lo que veían sus ojos.

En la playa, Garnet, Amatista y Perla estaban paradas ante ella, sin mostrar ningún atisbo de temor, y preparadas para el inminente estallido. Guantes, látigo y lanza, y parecía que mucho más poderosas que nunca.

Al lado, Peridot estaba fuertemente equipada con su robot, al cual había hecho muchas mejoras, y qué mejoras. Con tecnología gem mejor conservada que habían obtenido tras sabotear otras bases en la Tierra, incluso en la Luna, había habilitado su gran máquina de guerra para moverse de acuerdo a como lo hacía ella en la cabina interior. A modo de sus antiguas extremidades robots, esta nueva máquina actuaba como una poderosa extensión de ella misma.

En el mar, Lapis emergía con un semblante altivo, preparando las olas a sus pies para soltarlas cual tsunami…y del mismo mar, emergían decenas y decenas de clones de agua de las Crystal Gems y del robot de batalla de Peridot.

El león rosado avanzó lentamente, listo para la guerra…dejando paso a una figura que las Gems observaron con silencio reverencial.

Una figura femenina, alta, con el cabello oscuro con un mechón rosa, y un traje blanco y rosa. Escudo en mano, y la espada en su funda. Una voz firme, pero suave, nació de la presencia.

- Yellow Diamond…esto no tiene por qué ser así…no necesitas destruir este mundo…- dijo Stevonnie, intentando conciliar.

- ¿Quién eres tú, que osas dirigirte a mí? – contestó Yellow Diamond.

- Por favor…déjanos vivir en paz…hay que tanto que podríamos lograr…todos juntos…-.

- ¡Ustedes han sido una molestia, han destruido mi Cluster! -.

- No hay manera de hacer que cambies de opinión, ¿no es así?-.

- ¡De ninguna manera! ¡Si quieren ser destruidas, pues lo serán!-.

Las Gems miraron a Stevonnie. Esta suspiró, entristecida, pero sabía lo que debía hacer.

El ejército de Yellow Diamond comenzó el avance.

Stevonnie alzó la espada de Rose Quartz, y junto con todos sus aliados, se preparó para cumplir su destino…

La batalla por el derecho de la Tierra a existir apenas comenzaba….

FIN