Loki quiso tirarse de un puente.

¡Por supuesto que iba a tomárselo personal! ¿Cómo es que Loki no pudo ver estas consecuencias?

La expresión que había hecho al encontrarse con alguien que no conociera su nombre había sido más que extraordinaria y la recordaría como un triunfo para siempre, ciertamente. Aunque ahora mismo se cuestionaba su sanidad, ¿había valido la pena, realmente? ¿¡Cómo iba a valer la pena si traía esto como resultado!?

¡Obviamente el ser más arrogante sobre la tierra querría hacer que todas las personas supieran su nombre y lo que él conllevaba!, ¿cómo no se le había ocurrido que se le intentaría arrojar encima hasta que supiese, incluso, su grupo sanguíneo? ¡Todo habría ido más sencillo si hubiese seguido ignorándolo o yéndose cada vez que trataba de acercársele! Pero no, tenía que usar su brillante mente para responder y lanzarse a la boca del león. Además, seguir huyendo hubiese parecido miedo y no había forma en la que Loki pudiese tenerle miedo, sólo no quería volver a su rostro nunca más en la vida, de ser posible. ¡Y ahora no sólo tenía que ver su cara, sino que estaba en su cocina! ¡Menudo suplicio!

-¿Ruego me disculpes? –preguntó atónito, aunque con una máscara de indiferencia, esperando que todo fuese una broma, una de muy mal gusto, por cierto. Y había que creerle, pues él sabía de bromas.

-Vi tu anuncio. –repitió.

-¿Mi anuncio? ¿Y qué hay con eso?

Tony se preguntó si quizás Loki no entendía bien el español.

-Que, uhm, según tu anuncio estás buscando un compañero, ¿no? ¡Pues soy quien estabas buscando! –sonrió.

Loki se cuestionó qué clase de horrores le había hecho a los dioses para ser merecedor de tal castigo.

-Estoy más que seguro de que no necesitas un lugar donde vivir. –se apresuró a decir.

-¿Cómo podrías saberlo? –enarcó una ceja.

-Estoy seguro. –respondió con firmeza.

Estaba buscando con desesperación una razón válida y coherente para poder afirmar que se trataba de un cruel y despreciable chiste para ofenderlo. De todas formas estaba en todo su derecho de negarse, ¿por qué iba de aceptar?

-Pues estás equivocado. –respondió Tony mirándolo fijamente.

-¿Por qué debería aceptar? –pregunto sin parpadear. Hacerlo sería admitir derrota.

Tony comenzaba a dudar, ¿realmente este chico no lo conocía? Parecía más que dispuesto a echarlo de patitas a la calle, podía ver el odio reflejado en su mirada y la sorpresa que le había causado verlo aparecer en la puerta no había pasado desapercibida, eh, incluso se mantuvo hasta que ambos se sentaron en la mesa de la cocina. Quizás ahora estaba mostrando un semblante blanco e inexpresivo, pero Tony sabía identificar cuando no lo querían presente.

-No veo otras personas queriendo vivir aquí. –Tony dijo cruzándose de brazos.

Loki sabía que tenía razón. Aunque era, quizás, una cuestión de tiempo antes que alguien viera su anuncio y se interesara. Sin embargo, también sabía que, al haber ya iniciado las clases, muchas personas se encontrarían viviendo cómodamente en un lugar que les fuese conveniente y que la probabilidad de que alguien llamase a su puerta era más que baja, a pesar de lo bello que era el departamento. Aparte se encontraba casi en la fecha límite del pago de renta y era prácticamente imposible que pudiese pagarlo por su cuenta. ¿Por qué Sigyn había tenido que irse tan repentinamente?

-¿Entonces…? –Tony preguntó.

¿Realmente sería necesario firmar un trato con el demonio?

Loki suspiró, aceptando el hecho de que no tenía otra opción, por más que le diera vueltas al asunto, la verdad era simple.

-Está bien. –dijo sabiendo que para él, no lo estaba. Pero si la vida se ponía en su contra, Loki ciertamente iba a sobrevivir.

Fue en ese momento donde Tony tuvo que ocultar la sonrisa victoriosa que amenazaba salir por las comisuras de sus labios. La mantuvo dentro de sí hasta que salió por la puerta del que sería su nuevo lugar para vivir. Una vez fuera, sonrió de tal manera que cualquier persona que lo viese pensaría que se había vuelto loco.

Y quizá así había sido.


-Tiene acento británico. –comentó mientras jugaba con el desatornillador en sus manos.

-¿Quién lo tiene? –preguntó despreocupadamente, sin dirigirle siquiera una mirada.

-Loki.

Bruce levantó la vista de su cuaderno. Olvidando por completo las ecuaciones que intentaba resolver.

-¿Volvemos al mismo tema?

-Sólo quería comentarlo.

-Uh, está bien. –dijo confundido. Estuvo a punto de volver a concentrarse en sus ecuaciones cuando Tony volvió a hablar.

-Dijo que no sabía quién era. –comentó con voz monótona.

Bruce debió haber sabido que desde el momento en el que lo mencionó no iba a dejar de hablar del tema. Era demasiado esperar volver a la paz para terminar sus malditas ecuaciones.

-Hm, ¿en serio? –preguntó mirando los números escritos en el papel.

-Sí.

-Oh.

A Tony le comenzó a molestar la indiferencia con la que Bruce le estaba respondiendo, ¿no se daba cuenta de lo importante que era todo el asunto?

-¿Puedes creer que haya dicho eso?

-Terrible… -comentó en un susurro. Tony lo miró perplejo, el destornillador olvidado en la mesa.- ¿Qué? Tony, en serio. Tienes un montón de gente que se desmaya al verte pasar y tu mayor problema es un chico al que no le interesas, ¿por qué le das tanta relevancia?

-Pero… uhm…

Tony soltó un suspiro.

-Mira, -continuó Bruce.- sé que es algo nuevo para ti que una persona no quiera llevarte a la cama en cuanto te ve o algo así, pero estás olvidando que hay gente más allá de eso. Dime, ¿sabes cuántas personas hay ahí afuera que no conocen a los hijos de Steve Jobs?

-No puedes estar comparando a las Industrias Stark con Apple.

-Quizás Loki tiene un iPhone. –Bruce sugirió.- Hay gente que los prefiere.

-Lo sé. –bufó. Por lo menos tenía a Bruce para mantener los pies sobre la tierra, o al menos no tan lejanos a ella.

-Me alegra. –volvió al cuaderno, preguntándose si quizá había anotado mal el ejercicio, no podía ser tan difícil.

Tony se levantó de la mesa de trabajo y se dirigió al pequeño refrigerador que se encontraba en el taller de Bruce. Sacó una soda y se dedicó a pasearse tranquilamente por el lugar. La verdad es que era muchísimo más pequeño que el suyo, bueno, el de Howard. Pero desde que Howard le había prohibido entrar porque le desordenaba las cosas y le ocupaba los materiales que él tenía predestinados para otros asuntos –lo que no tenía sentido alguno, porque perfectamente podría haberlos vuelto a comprar, ¡Demonios, si tenía el dinero para comprar las reservas mismas! Además, cuando Tony comenzó a comprar sus propios materiales para trabajar, Howard seguía prohibiéndole la entrada. Tony había tenido suerte cuando Howard se fue de casa por alrededor de un mes y puso manos a la obra con los planos que había diseñado tiempo atrás, creando a Dum-E. Después de eso se dio cuenta de que debió haber pasado más tiempo con el diseño del software.- bueno, después de que le prohibieran la entrada Tony había comenzado a frecuentar la casa de Bruce, buscando una manera de poder descargar toda esa frustración. Y no era que a Bruce le molestara su compañía, es más, le agradaba compartir tiempo con él, por algo era amigos desde primero de secundaria, solían pasar bastante tiempo juntos, haciendo tareas, proyectos o simplemente jugando con ciencia. A Tony le gustaba autodenominarse como Hermanos de Ciencia, lo cual le producía sentimientos encontrados a Bruce pero lo aceptaba de todas formas. Parecía que Tony disfrutaba de inventar apodos, ¿y quién era él para negarle una parte de la felicidad? A decir verdad, Bruce era una de las personas que más conocía a Tony, y todos a su alrededor lo sabían. Es por eso que cuando Tony había mencionado el nombre de ese chico le habían nacido ciertas dudas y, ahora que se encontraba paseándose por la casa observando todo lo que ya conocía, le estaba seguro de que algo estaba pasando.

-Tony, ¿por qué te obsesiona tanto un chico que acabas de conocer y al cual no le importas? –Bruce preguntó observándolo fijamente desde el escritorio en el que se encontraba, ecuaciones completamente olvidadas.

-¿No habíamos dejado ya el tema? –preguntó Tony volteándose.

-Es dolorosamente obvio lo mucho que te molesta el asunto. No has intentado desarmar nada aún. –comentó sacándose las gafas y dejándolas encima de la mesa.

-Es más que eso, Bruce. –bebió un trago de su soda antes de continuar.- Tengo la sensación de que lo conozco de alguna parte. No que lo recuerde, pero pareciera que me conoce.

-Se lo preguntaste, ¿no? –Tony asintió. No era suficiente para llegar a una conclusión.- ¿Qué le preguntaste exactamente?

-Le pedí sutilmente que me dijera por qué razón o motivo se dirigía a mí con desprecio. –dijo con voz suave e inocente.

Bruce conocía a Tony lo suficiente como para saber que ése no era el asunto. Suspiró. ¿Por qué no podía tener más tacto al referirse a alguien?

-Claro. –con el codo en la mesa, apoyó su mejilla en la palma derecha, levantando las cejas.- Entonces, te acercaste y demandaste que te dijera por qué te odiaba.

Tony sonrió, apuntando a Bruce con el dedo índice de la mano derecha, confirmando sus sospechas. Bruce apoyó su frente en la palma de su mano.

-Y te dijo que no te conocía. –comentó sin moverse.

-Exacto. –confirmó Tony, sentándose frente a Bruce.- Aunque podría estar mintiendo.

Bruce se arrepentía de haber vuelto al tema. Ah, ¿por qué no podía intentar resolver ecuaciones -quizás- mal planteadas en paz?

-¿Por qué mentiría? –preguntó Bruce, levantando la cabeza para mirarlo.

-No lo sé. –se encogió de hombros.- De todas formas no importa.

Tony estaba intentando contener la sonrisa juguetona que esperaba por salir. Bruce lo notó y, sabiendo que era una especie de carnada para hacer que se interesara, la mordió:

-¿Por qué no importa? –preguntó con la esperanza de que la respuesta no significaría un montón de problemas para Tony.

-Estoy… uh, viviendo con él. Corrección, estaré viviendo con él. –Tony soltó antes de volver a dar un trago.

-¿¡Tú qué!? –Bruce abrió los ojos como platos. Eso no era lo que estaba esperando.

-Bueno… él estaba buscando un compañero para sobrellevar los gastos de su departamento, ¿cómo podría yo dejar solo a alguien que necesita mi ayuda? –preguntó un tono de voz dulce.- Además, Pepper me dijo que sería mejor si me moviera a un lugar más cercano a M.I.T y justo da la casualidad de que el departamento está más cerca.

-¿Y ahora eres un filántropo, o qué? –preguntó mientras se llevaba ambas manos al rostro.

-Siempre he sido una buena persona. –sonrió inocentemente.

Bruce lo miró con una ceja arqueada. Tony supo que Bruce no le creía esa excusa. ¿Quién podría hacerlo?

-La verdad es que quiero, uh, -hizo una pausa.- averiguar cosas. Por ciencia.

-¿Encuentras alguien a quien no le agradas y lo primero que se te ocurre es ir a vivir con él? ¡¿Es en serio!? –apretó el puente de su nariz.

-Uh… ¿sí? –respondió mirándolo fijamente.

-Eres tan obstinado. ¿Por qué soy tu amigo? –preguntó negando con la cabeza.

-¿Porque soy genial? –le ofreció una sonrisa de lado a Bruce.

Bruce le sonrió de vuelta, apiadándose de su pobre alma.

-Esto te va a explotar en la cara tarde o temprano. Lo sabes, ¿no?

-Nah. –comentó casualmente.- Lo tendré bajo control.

-Solo ten cuidado con lo que haces, Tony. –frunció el ceño en señal de preocupación.

-Sí, sí. –respondió moviendo la mano izquierda en un intento de restarle importancia al tema. Miró concentradamente el cuaderno de Bruce antes de decir:- Esa no tiene solución.

-¡Lo sabía! –dijo dándole una mirada a la hoja.- ¿La habré anotado mal? –preguntó, antes de tomar sus anteojos. –Quizás deba cambiarlos.

-Pudieron haberla puesto sin solución a propósito, así quien la hiciera tendría que borrarla mil veces pensando que estaba haciendo algo mal. Tienes suerte de tenerme. –apoyó la espalda en el respaldo de la silla.

-Woah, Tony. Ten cuidado, tu ego y tú no caben en la misma silla. –comentó antes de arrojarle una bola de papel.

-¡Oye! –se quejó Tony al recibir el impacto del papel.

-Presumido. –dijo con un tono infantil.

Tony sacó una hoja de un cuaderno que estaba en la mesa, hizo una bola y se la lanzó a Bruce, quien imitó la acción dando inicio a una guerra de bolas de papel que terminaría la vida de dos pobres cuadernos que no tuvieron otra opción más que sucumbir.

Tony se encontró a sí mismo agradeciendo que Bruce lo soportara de la manera que lo hacía, incluso si muchas veces no sabía qué responderle, lo escuchaba atentamente y sabía cuándo necesitaba permanecer un momento a solas consigo mismo. A pesar de que dijera que su forma de tratar con personas no era la más indicada, lo cierto era que Bruce sí sabía qué hacer cuando se trataba de Tony, o al menos lo sabía la mayoría de las veces. Y Tony lo agradecía profundamente, por eso cada vez que podía le compraba algo que necesitara o le gustase, Bruce se sentía algo incómodo al recibir regalos sin razón aparente por parte de Tony, pero sabía que éste lo hacía con la mejor intención y se sentía bastante alagado.

¿Qué sería la vida sin amigos a tu alrededor?


Loki se encontraba sentado en el comedor de la cocina, esperando impacientemente que su computadora se encendiera. Cuando por fin lo hizo, inició sesión y se aseguró de que todo estuviese en orden antes de ver a la persona al otro lado de la pantalla y sonreír cálidamente. Ese chaleco celeste la hacía lucir muy bien.

-Hey, tú. –saludó con una brillante sonrisa.

-Hola, Sigyn. –respondió ensanchando su sonrisa.- ¿Cómo estás?

-Aún intento acostumbrarme al cambio de horario. ¿Ves esto? –apuntó a sus párpados inferiores, donde unas tenues ojeras comenzaban a tomar protagonismo.- No soy capaz de dormir como corresponde.

-No está tan mal. –comentó Loki.- Aunque dormir mal apesta. –ofreció.

-¿Cómo están las cosas por allá? –preguntó mientras amarraba su cabello rubio en una coleta.

-Yo… -pausó un momento- encontré un nuevo compañero. –dijo en un tono calmado e inexpresivo, mirando hacia el teclado.

-¿Y cómo es? ¿Es una chica o un chico? –preguntó de manera dulce, notando el cambio de ánimo en Loki, pero decidió que no era necesario comentarlo.

-Es un chico. –respondió Loki jugando con su cabello, aprovechando que éste le llegaba hasta los hombros.

-¿Algo interesante sobre él? –preguntó acercándose un poco más a la cámara, expectante.

-Es… Stark. –respondió levantando la vista, encontrándose con los ojos que Sigyn. Notó como una pizca de confusión nacía en ellos.

-¿"Stark"? –parpadeó un par de veces.- ¿Como, uh, Tony Stark? –juntó sus delgadas cejas. Loki asintió lentamente.- ¿Cómo es que estás de acuerdo con eso? –inquirió desconcertada.

-No tuve otra opción, Sigyn. –Loki soltó un suspiro exasperado.- Si bien no publiqué el anuncio hace mucho, no había recibido ni una sola llamada, además, estoy teniendo un poco de problemas con el dinero; este mes está pagado, gracias a que me ayudaste antes de irte. Sin embargo, no podré pagar el mes que sigue completo. Y ahora tendré que lidiar con esto.

-Sabes que podría ayudarte con el dinero. –sugirió con el ceño fruncido.

-No. No sería debido si no estás viviendo aquí. Además, no veo conveniente que me ayudes financieramente, ya sabes… por la situación que estás viviendo.

-No deseo que te sientas… -hizo una pausa buscando qué palabra exacta debería usar.- incómodo.

-Puedo lidiar con esto, Sigyn. No son un niño pequeño. –sonrió sin alegría.- Es sólo que… sé que tuviste que irte porque tu abuela enfermó y no hay nadie más que pueda dedicarle atención y tiempo como tú, sé lo unida que eras a ella cuando pequeña y lo sé, estoy diciendo algo horriblemente egoísta, -desvió la mirada por un momento antes de mirar a Sigyn a los ojos y decir, calmadamente:- pero no sabes cuánto desearía que pudieses seguir a mi lado.

-Lo sé. –Sigyn miró tristemente a la cámara, haciendo que una pizca de culpabilidad golpeara a Loki.- No sabes cuánto me duele esta situación. Pero no estás solo, Loki. –sonrió débilmente.- Deberías utilizar esta oportunidad para conocer más gente, ¿no crees?

-No necesito gente, te tengo a ti. –entrecerró los ojos, sin entender por qué Sigyn le estaba pidiendo tal locura.

-No siempre me vas a tener a tu lado, Loki. –respondió con tristeza en su mirada.- Ahora mismo no estoy realmente a tu lado y duele. Pero no debes estar solo.

-Sigyn… -pronunció el nombre con cierto dolor, sabía exactamente a qué se refería Sigyn y no quería pensar en eso.

-Por favor, Loki. –lo miró fijamente.- No debes volver a estar solo. No quiero volver a verte de esa manera.- suspiró.- Prométeme que seguirás adelante.

-Yo… Lo intentaré.

-Es un avance. –sonrió.- Y este chico… ¿sabes cuándo llega?

-Hoy. –respondió secamente.- Hoy llega. Le daré tu habitación, bueno ex-habitación. –se apresuró a decir antes de que Sigyn hablara.- Pensé en darle la mía para poder conservar intacta la tuya, pero… lo siento, no pude.

-No te preocupes por eso. –sonrió cálidamente.- Cualquier decisión que tomes al respecto del departamento está bien para mí, sé lo mucho que te importa. Además, tú eres quien vive ahí.

-Lo sé, lo sé. –respiró profundamente antes de volver a hablar- ¿y tu abuela… cómo está?

-Hoy habló más que ayer. –respondió sonriendo, aunque la felicidad no quiso subir a sus ojos.- Aunque… los doctores dicen que será necesario aumentar la medicina.

Oír a Sigyn hablar con tristeza plasmada en su rostro y voz rompía el corazón de Loki. Sigyn era la persona más importante en el mundo para él, se conocían hace cinco años, ella lo conocía mejor que cualquier persona con la cual hubiese podido compartir y le había ayudado cuando más lo necesitó. Incluso ahora, que ella había tenido que irse a Noruega, su país oriundo, daba lo mejor de sí para encender su computadora y mantenerse en línea en un horario en el que Loki pudiese estar también, aun si tenían seis horas de diferencia –Loki había visto el sol desaparecer por la ventana de Sigyn, mientras que la suya resplandecía- y solía saber qué decir, o cuando era el momento para mantenerse en silencio. Dado que Loki no hablaba con sus padres ni con sus hermanos desde que se había mudado, Sigyn lo ayudaba a mantenerse cuerdo.

Habían decidido irse a vivirse juntos un par de años atrás, y habían puesto manos a la obra hacía un par de meses; estaban viviendo tranquilamente sus vidas hasta que una llamada cambió todo. Loki podía recordar con toda claridad cómo el rostro de Sigyn reemplazaba su alegría por tristeza, cómo las lágrimas querían deslizarse por sus delicadas mejillas y cómo había declarado, con total convicción que tendría que irse. Recordarlo le dejaba un mal sabor, le hacía sentirse culpable por haber deseado que Sigyn se quedara sin importar el motivo por el cual había tenido que dejarlo solo. Y decirlo hacía que Sigyn se sintiera culpable por haber tenido que irse y que Loki quedase por su cuenta, así que mencionar el asunto carecía de sentido, sólo lograba que ambos lamentaran profundamente la situación que el destino les había impuesto.

Siguieron conversando animadamente, esta vez de asuntos casuales y cotidianos por el simple hecho de que era muchísimo más agradable que pasar el tiempo solos en sus respectivas habitaciones, pues Sigyn no conocía a nadie del pueblo en el que estaba viviendo y Loki a penas salía del departamento. Hasta que su plática fue interrumpida por el sonido del timbre. Loki se despidió de Sigyn, la promesa de hablar al día siguiente era implícita y ambos sabían que la cumplirían. Caminó hasta la puerta y suspiró antes de abrirla, ocultando toda emoción en una máscara sin expresión alguna.

-Hey. –saludó casualmente Tony, entrando con una caja en sus manos.

-Pensé que llegarías más tarde. –respondió Loki, sin moverse del punto en el que estaba.

-¿Qué dices? Si son las seis. –Tony siguió caminando hasta la sala de estar.

Loki suprimió una sonrisa, el tiempo pasaba volando cuando hablaba con Sigyn. Con razón se veía tan agotada y cansada, era media noche para ella y, sin embargo, había estado más que dispuesta para seguir hablando con él.

-Entonces, ¿dónde puedo tirar mis cosas? –Tony preguntó volteándose, cuestionándose qué tan estúpido de su parte había sido aceptar sin haber visto con detalle el departamento.

-Por aquí. –Loki pasó delante de Tony y caminó derecho, pasando por delante del comedor, encaminándose por un pasillo que tenía, al fondo, una pequeña mesita con un florero encima y se detuvo ante dos puertas de madera que se encontraban cerradas.- Esta es mi habitación, –señaló la puerta de la derecha.- y esta es la tuya. –acercó la mano al picaporte de la puerta a su izquierda, lo giró y la abrió, revelando una habitación con paredes tenuemente verdes.

A pesar de que era muchísimo más pequeña que su habitación en Nueva York, era sólo un poco más pequeña que la que estaba en Massachusetts, y a Tony le agradó en cierta forma aquella habitación donde había una cama individual situada en el lado derecho, un armario con puertas correderas frente a ella, un velador que soportaba una pequeña lámpara al lado de la cama y un escritorio de madera con dos cajones situado en la ventana, la cual estaba en frente a la puerta, también había una silla que hizo a Tony decidir que no le gustaba y que tendría que traer la suya.

-Puedes dejar tu caja en el piso. –comentó Loki desde la puerta.- Y puedes ir a buscar el resto de tus cosas y dejarlas aquí. –sugirió, sabiendo que era imposible que Stark trajera sólo una caja.

-Es una buena idea. –aceptó, flexionando sus rodillas y dejando la caja en el suelo. Pasó frente a Loki y recorrió el camino de vuelta al estacionamiento, sacando un bolso y una maleta. Cerró la puerta del auto con suavidad y subió hasta el tercer piso del bloque con cierta dificultad. Cuando llegó a su nueva habitación, notó que Loki no se había movido de la puerta, y lo hizo cuando vio que Tony no entraría sin pegarle con los bultos que cargaba.

-Te dejaré para que ordenes tus cosas. Estaré en mi habitación, por si necesitas algo. –sugirió, esperando que no necesitara nada.

-Está bien. –respondió, abriendo el bolso que había dejado encima de la cama.

Tony vio a Loki dirigirse en dirección a la sala de estar y volver con su computadora afirmada entre sus brazos.

-Las sábanas están limpias y recién cambiadas. Aunque si prefieres cambiarlas por alguna que hayas traído, puedes hacerlo y dejarlas en la parte superior del armario. –sintió que debía decir.

-Gracias. –sonrió dándose la vuelta, a tiempo para ver a Loki entrar a su habitación y cerrar la puerta.

-Bueno, -Tony dijo poniendo música en su celular.- empecemos.

Tony comenzó a sacar la ropa que traía consigo y a guardarla en el espacioso armario, moviéndose al ritmo de AC/DC, hablando casualmente con Jarvis y pensando en que quizás Loki no lo odiaba en realidad. Se había mostrado bastante cordial en su llegada e incluso había arreglado su cama, así que todo podría haber sido parte de su imaginación. Loki había dicho, además, que no lo conocía, ¿no? ¿Cómo alguien podría odiar a alguien a quien no conocía? No tenía mucho sentido.

Como ya era muy tarde para volver a llamar a Sigyn y era necesario respetar sus horas de sueño, Loki no encontró nada mejor que hacer que abrir un libro de matemáticas y comenzar a hacer ejercicios, mientras escuchaba música con sus audífonos favoritos a un volumen moderado, sentado en su escritorio. Luego de un rato, se aburrió y decidió recostarse sobre su cómoda cama, encima del cobertor verde, con un libro de suspenso que había dejado a medio leer en la mañana.

La habitación de Loki era muy similar a la que ahora ocupaba Stark, aunque rotada noventa grados; las puertas de ambos estaban paralelas, aunque la de Loki estaba más cercana al final del pasillo; la ventana se encontraba en la misma pared en la que se apoyaba el respaldo de la cama de Stark, al lado derecho de la cama de Loki. El armario estaba paralelo a éste y Loki tenía el escritorio situado a la izquierda de la cama, habiendo una pequeña mesita de noche al costado derecho de ésta, el lugar favorito de Loki para dejar apilados los libros que leía en el momento y los que venían a continuación.

Fue interrumpido cuando sintió unos golpecitos en la madera de la puerta, pausó la música y habló:

-¿Sí?

Stark abrió la puerta sin esperar una afirmativa y se acercó caminando.

-Hey, Luke, quería— ¡Hey! –se distrajo por una foto que se encontraba enmarcada sobre el escritorio. Antes de que Loki pudiese protestar, la tomó entre sus manos. En ella salía un Loki sonriente junto a una chica rubia que se veía extremadamente feliz, Tony supuso que era Sigyn.- ¿Quién es ella? –preguntó, la curiosidad apoderándose de él.

-Sigyn. –respondió secamente, ignorando el cambio de nombre, como si eso aclarara mucho. Tony resopló mentalmente.

-No sabía que tenías novia. –comentó.

-¿Por qué deberías saber algo de mí? –preguntó levantando una ceja y dejó el libro a su lado derecho.- ¿Qué necesitas? –preguntó cruzándose de piernas.

-Ah, sí. –dejó la foto donde estaba.- Quería pedirte la contraseña del wifi. –comentó, sacando su celular del bolsillo.

No era como si realmente la necesitara, tenía internet móvil. Y si realmente la quisiera podría haberle pedido a Jarvis que la averiguara, le tardaría unos segundos y voilà pero había preferido acercarse y comenzar con su investigación. Todo por la ciencia.

-Claro. –se puso de pie y se acercó al punto donde Tony se encontraba parado, haciendo que éste se sintiera como un enano, ¿¡qué tanto medía Loki!? ¡Era un maldito gigante! Loki le quitó el celular de la mano y digitó rápidamente la clave antes de volver a entregarle el dispositivo.- Listo.

Tony le dedicó una mirada rápida, como si quiera memorizarla y le di al botón de 'aceptar'. La notificación de que ya estaba conectado no tardó en aparecer en la pantalla.

-Gracias. –sonrió, mirando hacia arriba. ¿Por qué Loki tenía que ser tan malditamente alto?

-De nada. –respondió cordialmente, alejándose de Tony.- ¿Eso sería todo? –preguntó sentándose nuevamente en la cama.

Tony veía la oportunidad de seguir una conversación deslizarse de sus dedos, lo que perjudicaba la investigación y no le convenía. Así que soltó lo primero que se le vino a la mente.

-Me gustaría darme una ducha, también.

Lo que en realidad no era mentira, era cierto que Tony estaba muy sudado por haber movido cosas en casa, decidiendo qué traer y qué no.

-Oh. –comentó Loki.- Bueno, el cuarto de baño está al lado de mi habitación, si giras el grifo hacia la derecha sale el agua caliente y si lo haces hacia la derecha, fría. Por favor, deja ordenado cuando termines. –dijo tomando nuevamente su libro.

-Claro. –respondió Tony antes de salir de la habitación.

Una vez que Loki se encontró consigo mismo, suspiró y se llevó una de sus manos a la frente, cerrando los ojos. ¿Sería capaz de soportar?

Tony no lo notó, pues había cerrado la puerta a sus espaldas.

Con una toalla en la mano, su ropa y artículos de aseo en la otra, Tony se dirigió al cuarto de baño.

El baño era alrededor de la mitad del tamaño de su habitación; tenía las paredes decoradas con azulejos celestes en la parte superior y blancos desde el inicio del tocador de madera hasta el borde del piso. Había un gran espejo por encima del lavabo y un par de repisas de madera, donde habían artículos de baño y un vaso donde se encontraba un cepillo de dientes verde; Tony supuso que era el de Loki. Entre el espejo y el lavabo había un dispensador de jabón y un pequeño canastito con toallas de mano. El escusado se encontraba al lado izquierdo del tocador y era blanco completo, al igual que el lavabo. La bañera estaba cubierta con los mismos azulejos blancos y se ubicaba al lado del escusado, pegada a la pared, frente a la puerta. Estaba protegida por una mampara de vidrio y daba hacia una ventana cubierta por una persiana blanca. Frente al escusado, estaba un mueble de madera que llegaba casi hasta el techo, donde habían toallas limpias y artículos de repuesto, Tony comprobó luego de abrirlo. El piso era completamente blanco, salvo por una pequeña alfombra celeste que se encontraba frente a la bañera.

Tony estaba sorprendido al notar lo limpio que estaba el baño y se preguntó hace cuánto había sido ordenado y limpiado.

Dejó sus cosas encima del escusado y comenzó a desvestirse. Entró a la bañera con su champú en la mano y movió el grifo, dándole paso al agua tibia que fue bien recibida por su cuerpo cansado. Mientras se lavaba el cabello, comenzó a divagar en la decisión que había tomado. Sin embargo, y dado a que se había dado una ducha corta, paró el agua sin haber llegado a una conclusión. Sin salir de la bañera, comenzó a secarse con la toalla que había traído y, una vez seco, salió de ella y comenzó a vestirse. Una polera sin mangas negra y pantalones de pijama rojos. Tomó sus cosas y se dirigió hacia su habitación, cerciorándose de que el cuarto de baño seguía ordenado.

-¿Ya terminaste? –Loki le preguntó levantando la mirada de su libro, haciendo que Tony se detuviese a medio camino. Había olvidado que para llegar a su habitación desde el baño tenía que pasar frente a la puerta del cuarto de Loki, quien se encontraba con su pijama puesto.

-Sí. –comentó con la toalla en el cuello.

-Puedes dejar tu toalla en el cesto de la ropa sucia que está en tu habitación o colgarla en el balcón para que se seque, como prefieras. A esta hora está cerrada la lavandería. –sugirió.

-Oh, gracias. –comentó sonriendo. Optó por la segunda opción y caminó en dirección contraria, pasando por el comedor. Dobló hacia la derecha, caminando en la sala de estar, hasta un gran ventanal que daba hacia el balcón. Deslizó una de las puertas y salió. Afuera corría un poco de viento y Tony pensó que sería perfecto para que su toalla se secara. La dejó encima del colgador que ahí se encontraba y la aseguró con una pinza.

Cuando se encontraba fuera de la habitación de Loki, Tony asomó la cabeza por su puerta. Loki lo miró.

-¿Dejaste las luces apagadas? –preguntó, su libro se encontraba cerrado encima de la mesita.

-Uh, sí. –respondió, apareciendo completamente en la puerta.

-Gracias. –dijo sin emoción alguna.

-De nada. –respondió.- Buenas noches. –agregó Tony al notar que Loki no diría más, el "supongo" decidió guardárselo para sí.

-Buenas noches. –respondió Loki, en la misma monótona voz que había utilizado.

Tony, instintivamente, cerró la puerta de Loki y caminó hacia la suya, cerrándola también. Se dejó caer en la cama, rodando hasta quedar debajo de las sábanas e inspiró el olor a jazmín que desprendían, y sacó su celular.

-Hey, Jarvis. –habló, encendiendo la pantalla.

-¿Señor? –respondió la voz.

-¿Qué tantas cosas podrían salir mal mientras esté viviendo aquí? –preguntó.

-No lo sé exactamente, señor. Evaluaré todos los escenarios de posible muerte y le daré una estadística.

-Ja, ja. Muy gracioso. –se volteó, quedando de espaldas en la cama, mirando fijamente al techo.

¿Qué tan malas podrían ser las consecuencias que traería vivir en este lugar?, volvió a preguntar, esta vez para sí mismo.

Sin encontrar una respuesta exacta, Tony se durmió, envuelto en cansando y jazmín.

-Señor, ¿se da cuenta de que aceptó el teléfono al señor Friggason?

Pero era demasiado tarde, Tony ya se encontraba soñando.

A/N: Bueno, ¡hola! Quería agradecerle a cualquier persona que esté leyendo esto y decir que no voy a poder actualizar hasta Diciembre debido a pruebas y cosas. De todas formas, espero que disfruten este capítulo~