Buenas queridisimos lectores!

Viendo que el anterior capitulo no ha tenido mucho éxito en cuanto a Reviews, espero que este si lo tenga! hahahahaha

Dejadme vuestras Review porfaplis, ayudan mucho y son necesarias para cualquier "escritor"

Gracias a esas personas que si se han molestado en dejarla y a las que aunque no lo hagáis, sigáis este fic!

Llega algo calentito para distraernos un poquito de la nota de "Knifes"

ENJOY!


Capitulo 43

Mis manos se encontraban perdidas por su cuerpo, no sabía cuánto tiempo llevábamos metidas en la cama, pero me daba igual, disfrutar de nuestros cuerpos desnudos, entregándonos a la pasión y el deseo, cubiertas en sudor casi por completo, y teniendo sin parar un sexo espectacular, era la mejor sensación del mundo.

Estábamos exhaustas, nuestras respiraciones denotaban el cansancio mezclado con la increíble sensación de los muchos y placenteros orgasmos que nos habíamos proporcionado mutuamente.

Me tiré a un lado de la cama, sintiendo el frío de golpe en mi cuerpo al separar nuestros ardientes y casi fusionados cuerpos. Apoyé mi codo en la almohada, reposando mi cabeza en la mano, recorriendo con mis ojos cada centímetro del impresionante y desnudo cuerpo que tenía al lado. El pecho de Beckett subía y bajaba, intentando recuperar la estabilidad de su respiración, sonreí al escuchar los pequeños suspiros que salían de su boca y su nariz.

- Creo que…no puede haber…nada mejor… – dijo ella con la respiración entrecortada, ladeando la cabeza para mirarme.

- ¿Qué? – pregunté sorprendida.

- Que no puede haber nada mejor – repitió con algo más de claridad.

- No te entiendo Beckett – dije riéndome algo confundida.

- No puede haber nada mejor que pasarme las horas aquí contigo, disfrutando de tus caricias y tus labios, eres increíble – dijo sonriendo, acariciando con su dedo índice mi brazo.

- Me encanta hacer el amor contigo Kate – dije esbozando una dulce sonrisa.

- Dudo que a lo que acabamos de hacer se le pueda llamar hacer el amor – dijo riéndose.

- ¿Por qué? – pregunté levantando una ceja.

- Rose, tienes toda la espalda llena de arañazos de mis uñas – se mordió el labio divertida.

- Bueno…pues…dejémoslo en hacer el amor salvaje y descontroladamente – no pude evitar reírme con mis propias palabras.

- Vale, me parece una buena descripción – acercó sus labios a los míos y me besó, poniéndose después a horcajadas sobre mí para poder besarme más profundamente.

- Detective, creo que va siendo hora de pedir la cena – dije al notar cómo me rugían las tripas.

- Lo sé, pero es que no puedo parar – acercó su boca a mi pezón derecho, rozándolo con la punta de su lengua – eres irresistible – susurró sobre éste, provocando que arqueara mi cuerpo.

- Kate para…de verdad que tengo hambre – dije entre suspiros, intentando controlar el impulso de dejarme llevar de nuevo.

- ¿Qué…te…apetece…cenar…?- preguntó dejando besos por mi piel.

- Si haces eso…me es imposible pensar – dije arqueando mi cuerpo.

- Vale… - lamió de nuevo mi pezón por última vez – ya paro.

Se dejó caer de nuevo a mi lado en la cama.

- Pero que sepas que eres una aguafiestas – me sacó la lengua.

- Kate, tengo un límite, necesito comer algo para recuperar fuerzas y sobretodo beber algo, creo que estoy al borde de la deshidratación.

- Que exagerada eres – dijo soltando una carcajada.

- ¿Exagerada? – cogí el reloj de la mesita – Kate, llevamos más de dos horas sin parar, te has tomado muy en serio lo de distraerme – me reí dejando el reloj de nuevo en la mesita.

- Vaya…nunca había estado con alguien que se quejara de hacerlo demasiado – puso morritos acompañándolos de una carita triste.

- No me estoy quejando Beckett – dije colocándome encima de ella – me encanta, pero necesito descansar un poquito y comer algo, creo que si seguimos así, me voy a desmayar – le di un suave beso en la barbilla.

- ¿Quieres que pidamos una pizza con mucho, mucho queso? – dijo abriendo mucho los ojos, emocionada con la idea.

- Me parece perfecto – besé su cuello, justo en el punto donde se marcaba su pulso.

- Me lo estás poniendo muy difícil Rose… - suspiró excitada.

- Perdón, es que tu cuello me vuelve loca…- susurré sobre su cuello, soltando lentamente el aire caliente que salía de mi boca sobre la pequeña porción de piel que acababa de humedecer.

- Joder Castle, para… - susurró arqueando su cuerpo.

Me mordí el labio, y con cuidado de no hacerle daño, me senté en el borde de la cama y me coloqué la prótesis.

- Voy a llamar, ponte algo anda, no querrás que al pizzero le de un infarto al verte desnuda – dije poniéndome una camiseta y unos pantalones, mientras disfrutaba de la visión del cuerpo de Kate desnudo sobre la cama.

Me quedé embobada unos segundos, recorriendo con mis ojos su espectacular cuerpo.

- ¿Ocurre algo? – me miró con una expresión divertida.

- No, solo pensaba en la suerte que tengo – suspiré echando un último vistazo – en fin, voy a llamar – salí de la habitación, dejando a Beckett riéndose sin parar por mi comentario.

Llamé a la pizzería y me dijeron que tardarían unos 20 minutos. Me acerqué a la nevera y me bebí casi entera una botella de agua, realmente estaba exhausta y sedienta. Me giré al oír un ruido, y me encontré con la mirada de Beckett, estaba apoyada en la pared, se había puesto un sujetador de encaje negro y rojo, unas braguitas a juego y una escueta y corta bata de seda de color negro, la cual llevaba abierta.

- Joder detective – dije cerrando la puerta de la nevera y acercándome a ella – debería ser delito estar tan buena.

Rodeé con mi brazo su cintura por debajo de la bata, acercándola a mi cuerpo, ella gimió al sentir mi cuerpo chocando contra el suyo.

- Sabes… - susurró a escasos milímetros de mis labios – tengo mis esposas en el bolso, podrías detenerme...- mordió mi labio inferior.

Abrí los ojos sorprendida, esas palabras hicieron que mi cuerpo temblara de emoción.

- Dios Beckett, me pones tan caliente que siento que en cualquier momento voy a empezar a arder… - notaba de nuevo el calor recorriendo todo mi cuerpo.

- A este paso vamos a dedicarle un numerito muy ardiente al pizzero – dijo riéndose sobre mis labios, besándolos con pasión después.

Le mordí el cuello y me separé de ella, dejándola estupefacta y con ganas de más. Serví dos copas de vino y me senté en el sofá, a la espera de que llegara la pizza. A los pocos segundos, Beckett se sentó a mi lado y le entregué una de las copas.

- Una libra por tus pensamientos – dijo al ver mi cara pensativa al llevar varios segundos sin decir nada.

La miré y esbocé una sonrisa.

- Vaya detective, veo que te has adaptado rápido a Londres – dije riéndome.

- Es que si te doy un dólar no te sirve de mucho por aquí – ella también se rió, dándole un sorbo a su copa.

- Estaba pensando en la nota – dije cambiando mi expresión divertida por una de preocupación, bajé la mirada hasta mi copa.

Beckett resopló, reposando su cabeza en el sofá.

- Pensaba que había conseguido distraerte Rose – volvió a resoplar frustrada.

- Y lo has hecho cariño – puse mi mano sobre la suya que reposaba sobre el sofá – es solo que…no puedo evitar preocuparme, puede que sea una estúpida broma, pero también puede que no lo sea.

- Amor, el hijo de puta de Parker está muerto, tú misma acabaste con él, es imposible que haya salido de su tumba y te haya enviado esa nota – me miró intensamente a los ojos, intentando que entrara en razón.

- Ya lo sé Kate, pero…

- Ni peros ni nada Castle, esta noche es para ti y para mí, deja los malos pensamientos y el trabajo para la comisaria, ahora solo… - se acercó sensualmente a mis labios – quiero que te dejes llevar – metió su mano en mis pantalones y acarició suavemente mi sexo – y me dejes hacerte gritar hasta quedarte afónica.

Gemí al sentir sus dedos en mí, un hormigueo recorrió mi espalda. Cuando los dedos de Beckett empezaron a moverse, me mordí el labio tirando la cabeza para atrás, llevada por la intensa y placentera sensación. Los gemidos desgarraban mi garganta mientras Kate seguía torturándome acelerando el ritmo de sus caricias.

De repente el timbré sonó, cortando el momento y haciendo que las dos pegáramos un pequeño salto sobre el sofá por el susto.

- El pizzero… - dije con la respiración agitada.

- Sí, eso parece – dijo ella mirándome con los ojos casi totalmente negros.

- Si no sacas tu mano, no podré ir a abrir – ella movió uno de sus dedos, introduciéndolo hasta el fondo.

- Kate por favor…para – suspiré nerviosa, oyendo como el timbre volvía a sonar.

- Podríamos abrir así – dibujó una traviesa sonrisa en su rostro.

- Beckett va… - dije cogiéndola del brazo, apartándola con suavidad.

Me levanté precipitadamente y por un segundo, estuve a punto de perder el equilibrio, no era fácil mantenerme de pie con una prótesis y completamente excitada. Me dirigí a la puerta acomodándome la ropa y abrí.

- Perdona, estaba en el baño – me excusé al ver la cara de impaciencia del pobre chico.

- No pasa nada señori… - el chico abrió los ojos como platos dejando la frase sin completar.

Le miré confundida y entonces noté a alguien a mi lado.

- ¿Quién es cariño? – dijo Beckett dándome un beso en el cuello, mirando al chico con una sonrisa.

El chico miraba a Kate de arriba abajo tragando saliva sonoramente, parecía que se le iban a salir los ojos en cualquier momento.

Miré a Beckett alucinada, el pobre chaval no sabía ni que decir al verla en ropa interior, ella me cogió de la mano, completamente divertida por la situación.

- Disculpen…yo…yo…no quería…interrumpir nada – tartamudeó el pizzero.

- No pasa nada – intenté controlar las ganas de matarla que tenía en ese momento - ¿cuánto es?

- 10 libras – no podía apartar los ojos de Beckett.

- Toma, aquí tienes – le entregué el dinero y cogí la pizza de sus manos, el pobre seguía sin reaccionar – adiós.

Cerré la puerta en las narices del chico y me giré para mirar a Beckett que se había puesto detrás de mí, riéndose como una loca.

- ¿A qué ha venido eso? – pregunté frunciendo el ceño.

- Sólo quería divertirme un poco – dijo sin parar de reírse.

- Estás loca, casi le provocas un ataque al corazón al pobre chaval – me acerqué a la encimera para dejar la pizza.

- Ha sido muy divertido – ella seguía riéndose.

- Es usted muy mala, detective – me acerqué a ella y la cogí por la cintura – se merece un castigo por torturar de esa manera a un pobre chico, pero primero, vamos a comernos esta pizza.

- ¿Me vas a castigar? – levantó una ceja mientras se mordía el labio.

- Tengo hambre Beckett – solté su cintura, acercándome a la pizza después.

Devoré los trozos de pizza casi sin respirar, era cierto que me moría de hambre. Cuando acabamos de cenar, recogí las copas y tiré a la basura la caja vacía de la pizza.

- Estaba riquísima – dijo Kate lamiéndose los labios, con una mirada lasciva que hizo que mi cuerpo temblara.

- Tú sí que estás rica – la miré de arriba abajo, mordiéndome el labio.

Ella se acercó a mí y colocó su mano sobre mi sexo, por encima de los pantalones.

- ¿Por dónde íbamos? – susurró en mi oído, mordiendo el lóbulo de mi oreja después, estremeciendo todo mi cuerpo.

- Creo que me tocaba castigarte – dije atrapando sus labios en un feroz beso - ¿dónde está tu bolso? – pregunté al separarnos.

- En la habitación – susurró ella casi en un suspiro.

- Vamos – entrelacé mis dedos con los suyos, arrastrándola a la habitación.

Vi su bolso en una de las sillas al entrar, pero tenía algo pensado primero. Solté su mano y me acerqué a la mesita de noche, abriendo el cajón de ésta.

- ¿Te acuerdas de esto? – pregunté enseñándole una tela negra.

- La cita perfecta – sonrió al verla - ¿La guardaste?

- Quería tener algo que me recordara siempre esa noche, además, sabía que algún día volveríamos a darle uso – moví las cejas repetidamente.

- Estabas muy segura de ti misma ¿no? – dijo riéndose, acercándose a mí, girándose para darme la espalda.

Coloqué la venda sobre sus ojos, anudándola por detrás de su cabeza.

- Esa noche me enamoré de ti – susurré en su oído, dándole un sensual beso en el cuello después.

Contemplé como su piel se erizaba, llevé mis manos hasta el cierre de su sujetador y lo desabroché, acompañando sus tirantes para dejarlo caer al suelo.

Me agaché ligeramente y deslicé sus braguitas por sus largas piernas, dejándolas también en el suelo.

- Túmbate – susurré de nuevo en su oído.

Ella me hizo caso, y a tientas, se tumbó en la cama. Me acerqué hasta su bolso y cogí las esposas.

- Detective Beckett, está usted arrestada – dije mientras cerraba las esposas alrededor de sus muñecas – le ordeno que debe mantener sus brazos por encima de su cabeza, si los baja, añadiré otro castigo más – susurré en su oído con voz sensual.

Ella suspiró, y alzó sus brazos hasta dejar sus manos atadas por encima de su cabeza.

- Así me gusta – me mordí el labio al contemplar como Beckett estaba totalmente a mi merced – ahora vuelvo.

- ¿Dónde vas? – preguntó ella buscándome con la mirada, algo que le fue imposible.

- Ahora lo verás, mejor dicho…ahora lo sentirás.

Salí rápidamente de la habitación y me dirigí a la cocina.


¿Qué tendrá pensado Rose?

Más en el próximo capitulo!

Nos leemos =P