Buenas queridos lectores!
No os hago esperar y aquí os traigo otro capitulo!
Me han encantado todas y cada una de las reviews! Muchas gracias a todos, de verdad que no sabéis lo muchisimo que ayudáis y animáis con aunque sea un sigue así o comentarios sobre el capitulo (esos aún ayudan y animan más hahaha)
Espero que os siga gustando esta historia, no se realmente cuanto queda, pero debo acabarla antes de partir hacia mi nueva vida, ya que allí dudo que tenga tiempo para nada hahahaha
Por cierto, a los que escribís reviews como Guest, me gustaría que pusierais un nick para saber quien sois y esas cosas =)
Bueno no os molesto más!
ENJOY!
Capitulo 44
Entré de nuevo en la habitación, con un bol en mis manos, había tenido una idea genial para hacerle perder la cabeza y hacerla disfrutar al máximo.
- He vuelto – dije colocando el bol sobre la mesita de noche.
- Castle, me estás empezando a dar miedo, creo que te has tomado demasiado en serio lo de las esposas – se rió algo nerviosa.
Sin responderla, cogí uno de los cubitos de hielo y me tumbé en la cama, a su lado. Ella al notar cómo se hundía el colchón bajo mi cuerpo, ladeó su cabeza intentando indagar que pretendía hacer. Sin que se lo esperara, acerqué el cubito de hielo a su pecho, acariciando con él la pequeña parte de piel entre sus pechos.
Beckett abrió la boca soltando un suspiro al notar el frío helado sobre su piel. Subí lentamente con el cubito hasta sus labios, pasándolo por su cuello y su barbilla. Cuando el hielo rozaba sus labios, acerqué mi boca a la suya, atrapándola a la vez que al cubito.
- Joder… - exclamó Kate en un susurro al separar nuestros labios.
- ¿Quieres más? – pregunté apenas sin poder pronunciar bien, con el cubito dentro de mi boca.
- Sí… - dijo ella moviendo sus brazos.
- Recuerda que no puedes bajarlos – dije sujetándolos de nuevo por encima de su cabeza para que no los moviera.
- Perdón…es difícil recordar algo cuando me haces estas cosas – su voz sonaba suave pero a la vez se sentía tan erótica.
Mordí el hielo sin pensármelo, hasta que conseguí que mi lengua tuviera esa sensación helada. Acerqué mi boca hasta sus pechos, lamiendo sus pezones con mi lengua completamente fría, el aire que emanaba de entre mis labios también lo estaba.
Beckett arqueaba su cuerpo, soltando gemidos cada vez que mi lengua la rozaba.
- Tú quieres matarme ¿no? – dijo resoplando.
- Sí, pero de placer detective – susurré acercándome a su oído para volver a devorar su piel después.
Cogí a tientas otro cubito de la mesita, y lo llevé directamente encima de su pezón derecho.
- Dios Castle… – gritó ella.
Sin dejar de rozar su piel, lo llevé hasta su otro pezón, recogiendo con mi lengua los restos de agua que dejaba a su paso.
- Nunca…había disfrutado tanto…con un castigo – dijo entre gemidos con la respiración entrecortada.
Yo sonreí sobre su piel, sin separar mis labios de ella. Bajé lentamente el cubito por su vientre, dejando que se deshiciera en su ombligo, absorbiendo el líquido con mi boca una vez deshecho.
Beckett seguía con los brazos sobre la almohada por encima de su cabeza, los ojos vendados y estremeciéndose con cada movimiento, dejándose llevar por la sensación de frío y calor a la vez, el frío del hielo y el calor que desprendía ahora mi boca y mi lengua.
Cogí de nuevo otro hielo de la mesita, mientras ella seguía retorciéndose de placer.
- Abre un poco más las piernas – ordené con una voz firme pero sensual a la vez.
- Rose no… - dijo ella con voz temblorosa.
- Vamos Kate, estoy segura de que te va a encantar – seguí con firmeza en mi voz.
- Está bien… - en su voz se notaban los nervios por no saber lo que iba a sentir.
Abrió las piernas y me coloqué justo en medio, besando y lamiendo la parte interna de sus muslos, provocando que volviera a soltar un gemido ahogado, relajándose. Acerqué poco a poco el hielo a su clítoris, dejando que notara lentamente el frío en esa parte tan sensible de su anatomía. Cuando el cubito por fin la rozó, el placentero grito que salió de sus labios hizo que todo mi cuerpo temblara por tan erótica música.
- Oh dios mío Rose…- exclamó entre gemidos cuando empecé a mover lentamente el hielo sobre ese punto que iba hinchándose cada vez más.
Sin retirarlo de su clítoris, lamí lenta y profundamente sus pliegues con mi lengua, provocando de nuevo esa sensación de frío y calor a la vez.
Ella no dejaba de arquear su cuerpo, intentando liberarse de tan extraña pero placentera sensación, mientras yo bebía de su sexo, disfrutando de tan exquisito elixir.
Con la otra mano, la penetré con dos dedos, Beckett gimió de tal manera que su grito resonó por las paredes de la habitación. Curvé mis dedos dentro de ella, acompañados de mi lengua que seguía absorbiendo el poco hielo entero que quedaba, estaba tan caliente que se había deshecho rápidamente.
Noté las paredes del sexo de Beckett aprisionando mis dedos, señal de que estaba a punto de dejarse llevar, moví los dedos lentamente, introduciendo otro más, con mi lengua rodeé sin parar su clítoris, y en pocos segundos, estalló en mis dedos y en mi boca, convulsionando todo su cuerpo.
Me aparté un poco, observando cómo intentaba ahogar los gemidos apretando los labios, sus manos aún atadas por las esposas, se agarraban fuertemente al cabecero de la cama, como si sintiera que iba a salir volando en cualquier momento.
- Eso…ha sido… - intentó decir entre bocanadas de aire incontrolado.
- ¿Frío? – dije riéndome.
- No…en la vida había sentido tanto calor – dijo riéndose con la respiración aún acelerada.
- ¿Quieres que te saque las esposas? – pregunté sin dejar de mirar su cuerpo que seguía estremeciéndose.
- Sí por favor…necesito tocarte Castle… - rogó mordiéndose el labio.
Me coloqué a su lado en la cama, cogí las llaves de las esposas que estaban sobre la mesita, y alcé mi brazo para abrir las esposas que seguían atadas a sus muñecas, sin soltar el agarre de sus manos en la cabecera.
Cuando por fin se abrieron, Beckett retiró desesperadamente la venda que cubría sus ojos, tirándola al suelo. Sin darme tiempo a reaccionar, agarró las esposas y puso una en mi muñeca derecha y la otra en el cabecero de la cama.
- ¿Pero qué…?- pregunté abriendo los ojos como platos al notar mi brazo inmovilizado.
- ¿Dónde están las tuyas? – preguntó de una manera tan sensual que podría haberme corrido solo con oírla hablar así.
- No pienso decírtelo – me mordí la lengua dibujando una traviesa sonrisa, mis ojos me traicionaron y se desplazaron ligeramente mirando mi bolso.
- Tus ojos te han delatado – dijo riéndose, levantándose rápidamente a coger mi bolso.
Sacó las esposas y me las enseñó, mordiéndose el labio satisfecha por su hazaña.
Inmovilizó mi otro brazo, y aunque intenté zafarme de su agarre, fue inútil, ató mi muñeca al otro lado del cabecero de la cama.
- Ahora te vas a enterar – puso cara de malas intenciones, alzando una ceja mientras se mordía provocativamente el labio.
- Detective, no va a poder sacarme la camiseta con las muñecas atadas – dije poniendo cara de orgullo.
- Mierda, no lo había pensado – frunció el ceño, mientras pensaba una solución mirando por la habitación – ¡Lo tengo! – exclamó mirando uno de los potes que se encontraba sobre la estantería.
- ¡Beckett ni se te ocurra! – grité al ver como cogía unas tijeras – Beckett no, te mato, no lo hagas.
- ¿Y qué vas a hacer? – levantó una ceja, sentándose a horcajadas sobre mí, colocando las tijeras abiertas sobre el final de mi camiseta, justo en medio.
- Kate por favor…me gusta mucho esta camiseta – rogué poniendo carita de pena.
- Ya te compraré otra para compensarte – dijo empezando a cortarla de abajo arriba, hasta llegar al final del cuello de ésta.
Retiró los dos lados, dejando mis pechos al descubierto, y aunque al principio no me gustaba la idea de que destrozara mi camiseta, admito que ese gesto me excitó muchísimo. Acabó de cortar por las mangas y la arrancó de mi cuerpo, tirándola por la habitación.
- Vale, eso me ha puesto a cien, detective – confesé provocando que ella sonriera.
- Vaya…se ha derretido el hielo – dijo cogiendo el bol, viendo como sólo quedaba agua fría en él – bueno, nos las apañaremos con esto – se encogió de hombros.
Metió su mano dentro de bol, y al sacarla, dejó caer las gotas de agua helada sobre mi pecho. Gemí al notarlas, sintiendo esa sensación tan fría recorriendo todo mi cuerpo. Llevó sus labios hasta mi piel, lamiendo lentamente el reguero de agua sobre mi pecho, provocando que el húmedo calor de su lengua erizara más mi piel.
- Oh joder… - exclamé llevada por lo muchísimo que me excitaba todo lo que estaba haciendo.
Beckett mordió mis pezones, mientras inclinaba el bol para que el agua cayera lentamente sobre mi cuerpo. Es imposible explicar con palabras lo que sentí en ese momento, con su lengua caliente recorriendo cada centímetro de mi torso mientras la sensación de frío se mezclaba con ella.
Dejó a tientas el bol de nuevo en la mesita, para poder bajarme los pantalones sin retirar su lengua de mi cuerpo. Los bajó sin mirar, por debajo de su cuerpo, arrastrándolos lentamente por mis piernas, dejando un reguero de besos a su paso. La prótesis seguía en su sitio, y sin pararse a pensar, lamió mi muslo desnudo, besando después la prótesis, casi tuve la sensación de sentir esos besos aunque fuera imposible.
Beckett no la sacó, simplemente subió su cara hasta mi sexo, introduciendo su lengua en él, recorriendo mi piel completamente húmeda, haciendo que me retorciera de placer. Volvió a coger a tientas el bol, y derramó en mi sexo la escasa agua que quedaba. En ese momento arqueé mi cuerpo soltando un gemido, mientras ella no retiraba su boca, bebiendo y lamiendo de mí.
Mi cuerpo empezaba a convulsionar y temblar, las esposas chocaban repicando en el cabecero de la cama, noté como sus dedos firmes se introducían en mí, en un movimiento rápido pero igual de placentero, era todo jodidamente extasiante. Sus dedos entraban y salían, sus dientes mordían suavemente mi clítoris mientras sus labios lo aprisionaban, y sin poder aguantar más, me dejé llevar en un fascinante y excitante orgasmo que ardió por todo mi bajo vientre.
Aunque sabía perfectamente que me había corrido ya, Beckett seguía lamiendo mi sensible piel y sus dedos seguían dentro de mí, provocando espasmos en mis caderas.
- Kate para… – rogué con la voz entrecortada – me vas a matar…
Irguió su cabeza y simplemente sonrió mirándome a los ojos.
- No puedo evitarlo, eres mi adicción – dijo mientras se dejaba caer a mi lado, subiendo hasta quedar a mi altura.
- Y tú la mía, pero esto es una tortura, desátame por favor – supliqué poniendo morritos.
- Sabes…debería dejarte así… - sonrió divertida, moviendo alternativamente sus cejas.
- Ni se te ocurra Beckett – rogué abriendo de par en par los ojos.
- Creo que voy a ir a darme una ducha – dijo levantándose de la cama.
- Beckett sácame las esposas, ahora – exigí mientras ella me miraba de pie, riéndose a carcajada limpia.
- No, me voy a la ducha – se dio la vuelta dirigiéndose a la puerta de mi habitación.
- Beckett desátame – grité – Kate te juro que esta me la pagas – volví a gritar viendo cómo salía de la habitación – ¡Kate no me hace gracia! Ven aquí ahora mismo y desátame – seguí gritando, moviéndome como podía sobre la cama.
- Lo siento, no te oigo bien con el agua – dijo ella desde el baño, encendiendo el grifo de la ducha.
Resoplé frustrada, rindiéndome, solo podía esperar a que ella saliera y decidiera sacarme las esposas. No pude evitar reírme ante la situación, jamás pensé encontrarme de esa manera, Beckett hacía conmigo lo que le daba la gana, y en realidad, me encantaba que lo hiciera, por mucha rabia que me diera estar atada a una cama. Mientras pensaba en una manera de poder liberarme, Kate apareció por la puerta.
- Me lo he pensado mejor – dijo sonriendo satisfecha – te voy a soltar, pero con una condición.
- ¿Cuál? – pregunté frunciendo el ceño, fingiendo enfado.
- Que te duches conmigo – dijo cogiendo las llaves de las esposas y acercándose a la cama.
- Kate eso es imposible, yo me ducho sentada – bajé la mirada, apenada.
- Hoy no, he preparado una bolsa de plástico para ponértela alrededor de la prótesis, así no se mojará tanto y podrás ducharte de pie conmigo – sonrió mientras me desataba y yo la miraba con cara de incredulidad.
- No se me había ocurrido nunca – dije frotándome las muñecas después de que por fin me soltara las esposas.
- Lo sé, pero para eso me tienes a mí – sonrió ampliamente, orgullosa de sí misma.
Entrelazó sus dedos con los míos y me levanté apresuradamente con su ayuda. Nos dirigimos al baño, y una vez allí, vi la bolsa preparada en el suelo. Ella se agachó y me indicó que pusiera el pie de la prótesis encima. Subió la bolsa alrededor de ésta e hizo varios nudos fuertes para evitar que entrara agua.
- Espera – dijo levantándose y saliendo del baño ante mi estupefacta mirada.
A los pocos segundos volvió a entrar, con una cinta adhesiva en la mano.
- Así nos aseguramos de que no entre agua – dijo agachándose de nuevo y rodeando el principio de la bolsa con la cinta.
- Tu imaginación cada día me sorprende más – dije riéndome.
- Digamos que me muero por ducharme contigo – dijo levantándose de nuevo, quedándose casi pegada a mí, con sus labios a escasos milímetros de los míos.
Le ofrecí la mejor y más agradecida de mis sonrisas y ella se mordió el labio mirando mis labios, para después besarme mientras entrelazaba sus dedos con los míos.
Beckett encendió el grifo y entramos las dos en la bañera. Al principio sentía que me iba a caer en cualquier momento, pero cuando empezó a besar mi cuello mientras el agua recorría nuestros cuerpos desnudos, simplemente me dejé llevar.
¿Qué os ha parecido? ¿Hot no? hahahahaha
Nos leemos!
