HEY! Hola de nuevo.
Prota Makorrian reportándose al trabajo y trayendo Conti.
Este es un capítulo de RE-VE-LA-CIO-NES así que espero les guste tanto como a mi.
Gracias de antemano por tener la gentileza de leer. ENJOY.
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RIP: Descanse en Paz
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Despertó de golpe en medio de sus suspirar profundo, estaba apilonada sobre las rocas y podía escuchar a lo lejos el sonido de cortinas de agua cayendo al vacío. Estaba sudando pero tenía frío. Su mente daba vueltas y su visión era borrosa al principio, luego fue recuperando la razón lentamente. Sus ojos le dolían como si hubiese llorado toda la noche y sus energías eran tan escasas como si llevara años peleando una guerra contra quién sabe qué.
Miró a su alrededor algo confundida pero lo único que pudo ver fue neblina empañando todo el panorama, y lo único que sus oídos captaban eran esos sonidos casi de ultratumba que parecían estar tan lejos y, a la vez, tan cerca.
Llevó la mano a su estómago cuando lo escuchó rugir ni siquiera recordando absolutamente nada de lo anterior, de más está decir que no tenía ninguna herida en toda la extensión de su cuerpo.
Suyin se levantó del suelo y luego de pensarlo unos segundos, pisoteó fuerte y desprendió una pequeña roca que flotó a su comando. Entonces la dejó caer.
- Todavía tengo el control de la tierra. -dijo para sí misma- ¿Pero dónde estoy?
Entonces miró al vacío de aquella colina y se percató que había como el contorno de algo flotando en el aire. El contorno era negro y se mantenía firme sobre la nada como si pisara suelo. Algo sosegada por el miedo Suyin dio unos pasos atrás pero tropieza con una roca y cae.
La presencia se fue acercando.
- ¿Quién eres? -preguntó aterrada-
El espectro de ojos rojos aterrizó en el suelo y extendiendo una mano hacia Suyin, exclamó.
- No tengas miedo.
- ¡Ni creas que voy a darte la mano!
- Estoy aquí para ayudarte -dice la parca-
- Entonces dime qué es este lugar.. ¿Qué hago aquí?
- Es normal que no lo recuerdes, acabas de pasar de un plano al otro, te tomará algo de tiempo acostumbrarte. ¡Ven! -extendió su mano nuevamente hacia Suyin- Yo te ayudaré a recordar aquello que olvidaste.
Temerosa y dubitativa Suyin extendió su mano lentamente hasta tocar la mano fría y rígida de la parca mientras la miraba a los ojos y parecía perderse en su mirada.
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Capítulo 11: La Transición.
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Kuvira estaba sentada en una silla con los ojos rojos y un rostro tan rígido que la única emoción que representaba era seriedad. En esa posición permaneció inmóvil durante todo el acto velatorio y de entierro de Suyin Beifong. La ciudad se había llenado más por el velorio que por la misma feria, gente de todos lados había venido a despedir a la matriarca de una de las ciudades más seguras del mundo... Aunque "segura" ya no significaba nada.
Mako estaba a su lado intentando calmarla pero sin saber qué hacer. Kuvira parecía no sentir ninguna emoción, ni siquiera había llorado una sola lágrima durante el acto. Mako intentó, pero no encontró palabras.
El acto terminó y todos volvieron a casa. Los hijos de Suyin sin embargo, se quedaron un rato más llorando en la tumba de su madre la cual adornaron con flores, velas y una foto.
- Kuvira..! -llamó Mako a la joven que se marcaba desesperanzada arrastrando ese traje negro que llevaba consigo en señal de luto. Se detuvo en seco al escuchar la voz del chico y entonces se volteó lentamente, manteniendo la expresión rígida de su rostro-
- ¿Adónde vas? -preguntó él-
- Lejos de este lugar.
- ¿Quieres que te haga compañía?
- No, ellos te necesitan más. -contestó la joven de ojos verdes aludiendo a los hijos legítimos de Suyin que permanecían en la tumba de su madre- Yo sólo soy la hija recogida de la mujer que ya no está.
- Ellos ya tienen quienes lo consuelen... pero tú estás sola. Déjame estar contigo -rogó Mako, pero ella solo río por lo bajo-
- He estado sola la mayor parte de mi vida, tanto, que aprendí a amar la soledad. Cualquier compañía que pudiese tener ahora sería un estorbo.
- No dejaré que te vayas -advirtió-
- No es tu decisión -respondió ella antes de darse la vuelta e irse lentamente hasta perderse de la vista el joven, quien no pudo evitar que una lágrima se deslizara por su rostro y cayera al suelo finalmente confundiéndose con las gotas de rocío que caían sobre el césped-
De pronto Naoki apareció al lado de Mako, también observando como la chica se había perdido del panorama. El ojos dorados notó la presencia de su madre, pero estaba más enfocado en Kuvira.
- Siempre es duro este momento -dice Naoki- Los que quedan vivos sufren más que aquellos que han muerto.
- ¿Algún consejo? -pregunta Mako-
- Déjala. Al menos por un rato para que pueda despejar su mente. Y entonces, cuando esté lista... está ahí para ella.
- Me duele ver que sufra.
- Igual a mí me dolió -dijo Naoki y Mako voltea a verla confundido-
- ¿Ahh?
- Verlos a ustedes llorando mi ausencia sin poder hacer nada para evitarlo. Es uno de los sufrimientos más grandes que experimentan las personas del otro lado. Es por eso que algunos muertos quieren que el velo caiga, para volver a reunirse con sus seres queridos.
- Si todos los muertos fueran como tú, no hubiera peligro alguno de que volvieran todos ellos. -exclama Mako-
- Quizás, pero de todos modos habría un gran desbalance. Y existen muchos muertos que solo quieren volver para causar daño.
- Mamá... ¿Por qué no me advertiste sobre el ataque de las parcas?
- No lo sabía -responde ella segundos después- Pero vine aquí por una razón. Sé que no es un buen momento, pero es tiempo de que vayas comenzando a poner acción para evitar que los velos se sigan rompiendo.
- Ahora no es un buen momento, además no puedo hacer nada más de lo que ya he venido haciendo hasta ahora. ¿Por qué es tan urgente?
Naoki miró a los ojos a su hijo vivo y respondió.
- Los principales del otro lado están tramando un rito para hacer que el velo mayor caiga. El velo está débil y vulnerable, sin alguien que lo proteja, seguramente lograrán su cometido y todo será para mal. Debes evitar que eso pase Mako, no dejes que pase.
Mako no pudo más que comenzar a sentir esa presión que casi le impedía respirar. Estaba triste por la partida de Su, aún más porque sabía que había muerto para salvarlo. A su vez estaba en una deuda moral con sus familiares quienes seguramente le guardarían rencor, también quería estar con Kuvira, pero ahora tenía que guardarse todo dentro y ayudar al mundo.
Por una vez... solo por una vez, el joven quiso descansar en paz.
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Mientras Tanto
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Bolin entró hacia la mansión Beifong que era la casa de Su. El general de las fuerzas unidas, la hija de Katara y Lin Beifong venían junto con él.
Las suaves brisas de afuera movían las delicadas cortinas de seda verde que cubrían las ventanas, frente a ellos, el gran despacho ahora desolado era un buen ejemplo del vacío terrible que estaba experimentando la ciudad entera. Los hijos de Suyin: Bataar Jr, Opal, Wing y Wei estaban desparramados sin esperanza sobre los sofás del despacho de su madre llorando de forma desconsolada. Acababan de perder a su madre ¿Quién podría juzgarlos?
Lin sintió una fuerte presión en su pecho al tener que lidiar con esa escena y Bolin no pudo evitar que se le aguaran los ojos en lágrimas.
- Chicos... -dijo Lin mientras se sentaba frente a ellos en el sofá- Necesitamos hablar.
- No queremos hablar, mi alma está vacía, como el vacío está vacío -dijo Huan casi de forma poética pero sin perder la tristeza que lo embargaba-
- Ahora que Su... -se detuvo Beifong para luego soltar un suspiro- La ciudad de Zaofu está desamparada y con falta de liderazgo, justo en estos momentos este pueblo necesita alguien que les diga qué hacer...
- Lamentamos molestarlos -continuó Bolin- sé lo que se siente perder a una madre, pero debido a los constantes problemas que el mundo viene experimentando necesitamos que alguien se haga cargo del ejército, y los poderes de la ciudad que hasta ayer estuvieron a cargo de su madre.
- ¿Qué es lo que nos quieren decir? -dijo Opal-
- Que uno de ustedes, por ser herederos de Suyin, tiene que asumir el liderazgo de la ciudad -prosiguió el general-
- ¿Qué? ¡Nadie puede reemplazar a mamá! -dijeron los gemelos al mismo tiempo-
- Además, ¿Qué podríamos saber nosotros?. -prosiguió Bataar-
- Por ser el hijo mayor, te correspondería a ti llevar la delantera -continuó Lin-
- ¿Yo? Yo no puedo. La gente del pueblo me odia y nunca confiarían en mi. Además saben que yo ayudé a Kuvira a apoderarse de la ciudad. No obligaré a que la gente tenga que tenerme como líder... Ni siquiera conozco lo que es sufrir -exclamó en voz baja finalmente el mayor de los hijos Beifong, citando las palabras de Mako que todavía resonaban con fuerza en su cabeza-
- Yo no puedo -dijo Opal- tengo mi responsabilidad con la nación del aire. Amo Zaofu pero mamá sabe que yo elegí otro camino, ni siquiera soy una maestra tierra.
- Oh vamos chicos, uno de ustedes tiene que tomar las riendas -presionó Bolin-
- Yo sólo soy el talentoso escultor y metodista pensativo de gran cerebro Huan -dijo el chico punk- no el rey.
- Eso deja a... -decía Lin mientras fijaba su mirada en los gemelos pero entonces quedó shockeada de lo que vio-
- ¡Papa quemada!
- No.. ¡Papa quemada! -decía uno mientras tocaba al otro y se repetía al proceso. Ambos soltaron una risita divertida y entonces uno de ellos, Wing, dijo- A mi mamá le gustaba vernos jugar eso.
- ¡Waaahhh Mamaaa! -esbozaron estos al mismo tiempo antes de abrazarse y ceder a las lágrimas-
- ¡Esto tiene que ser una broma! -exclamó Beifong con mirada desesperanzada como aquellos chicos eran los únicos considerables para el cargo-
- Me recuerdan a ese chico... El rey del Reino Tierra... ¿Cómo era que se llamaba?
- Ahh.. Hablas de Wu -contestó Bolin al general- es un gran chico, pero menos mal que claudicó, no era el indicado para gobernar.
- Bueno, Wing y Wei -siguió Lin- ustedes por unanimidad serán quienes tomen el cargo de matriarcado que su madre dejó en la ciudad. Me tocará entrenarlos para que sepan que hacer. Por favor, no lo arruinen.
- Ehmm... ¿Arruinar qué? -preguntaron perdidos y Beifong no pudo más que darse en la frente con la palma de su mano-
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Mientras Tanto
En El Mundo de los Muertos
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- ¿Qué es este lugar? -preguntó Suyin mientras caminaba al lado de su parca por un sendero rocoso cuesta arriba, con algo de dificultad y cansancio-
- Digamos que es otro plano.
- ¿Otro plano?
- Si, existen varios mundos o planos en el universo. El mundo humano es solo uno de ellos. El mundo espiritual es un ejemplo claro de ello.
- ¿Y qué es este mundo?
- Es el mundo al cual las personas vienen a parar cuando dejan de estar en uno de los dos mundos anteriores -contestó la parca- Suyin, a partir de este momento, este lugar será tu hogar.
- Aun no entiendo cómo es que vine a parar aquí. -decía confundida- Yo no puedo dejar el otro mundo, tengo familia, amigos y muchos conocidos allá. Aquí no tengo a nadie.
- Te equivocas -dijo la parca logrando captar la atención de Su quien la miró fijamente-
- Aquí también están algunos de tus amigos y familiares que has perdido y volviste a recuperar. Por ejemplo, tus abuelos.
- Suyin entonces recordó aquellos vagos recuerdos de cuando su madre Toph contaba historias sobre sus abuelos. El cómo era de una familia adinerada y sobreprotectora, pero que dejándolo todo atrás fue a buscar el balance del mundo uniéndose al equipo del avatar Aang y, al mismo tiempo junto con eso, también su libertad-
Recordó también que solo eso podía recordar, puesto que nunca vio a sus abuelos físicamente. Suyin no supo nunca si era porque no llegaron a vivir lo suficiente o si por el contrario, la autoritaria maestra fundadora del metal control nunca pensó que a sus hijas les pudiese interesar conocerlos. Hasta ese momento, nunca tomó en cuenta esos detalles.
- ¿Recuerdas tu juventud de delincuencia? -preguntó la parca a Suyin-
- Si.
- Algunos de tus en ese entonces, amigos, también están aquí. -Suyin abre los ojos de par en par-
- ¿Están? -la parca afirma-
- Más personas de las que creen habitan en este lugar y cada día más vienen llegando. De una cosa es segura -decía el espectro mientras volteaba a mirar a Suyin- en el otro mundo, eventualmente vas perdiendo gente hasta que te quedas solo. En este lugar, siempre los tendrás a tu lado-
Suyin pareció pensativa por unos momentos. No sabía cómo había llegado allí y la parca tampoco había explicado qué tipo de mundo era ese, pero sin lugar a dudas parecía sonar mejor de lo que esperaba.
La antigua matriarca de Zaofu levantó su mirada para darse cuenta que el sendero cuesta arriba aún continuaba y, algo cansada, miró a su acompañante sombrío y preguntó.
- ¿Por qué tenemos que subir hasta allá?
- Tú quieres saber el por qué estás aquí, no? Pues, todo se puede ver con más claridad cuando estás en las alturas.
Con esas palabras la parca se dio vuelta y siguió su camino lo cual no le dejó más remedio a la ojos verdes que seguir sus pasos.
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Al Mismo Tiempo
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Una seria y callada Kuvira entró en un bar que consiguió en las afueras de Zaofu en medio de una de las salidas desérticas que llevaban a Ba Sing Se. Ese era el lugar en el cual los salteadores y viajeros se detenían para pasar el rato y reponer las fuerzas. La mujer, con la frente enrojecida por la penetrante luz del sol y deshidratada por no haber podido probar una sola gota de agua, entró en aquel recinto y, con solo dar el primer paso dentro ya comenzaba a sentir el alivio pues la sombra del techo comenzó a cubrirla.
Kuvira solo quería estar sola, así era como había llegado a ese lugar. Estaba deprimida, enojada, impotente y sin esperanza. Solamente quería vivir aquel luto de agonía de la forma más calmada y excluyente posible. Si hubiese podido aparecer en una isla lejana y deshabitada lo hubiese hecho, pero literalmente, ese bar (O intento de) fue lo primero que se cruzó en su camino.
La maestra metal caminó por el pasillo casi con la cabeza gacha y los ojos completamente perdidos en su dolor, ni siquiera notando que las miradas de todos esos sujetos de mal aspecto, borrachos y pendencieros se fijaron en ella.
Kuvira tampoco se dio cuenta de que era la única mujer en todo aquel bar.
- Dame un trago de lo más fuerte que tengas -dijo ella sin interés, ni siquiera levantando la mirada para ver al cantinero, su voz algo gruesa y autoritaria era suficiente-
El hombre detrás de la barra que tenía una cicatriz en su frente se quedó mirando a la mujer por unos segundos sorprendido de que alguien como ella estuviera en un lugar como ese.
- ¿No me escuchaste? -preguntó Kuvira fijando esta vez su muerta mirada sobre aquel hombre quien de inmediato le trajo una botella. La ojos verdes bebió el primer sorbo directamente de la botella.
Risitas y murmuraciones comenzaron a escucharse detrás de su espalda, pero Kuvira decidió ignorarlas, hasta que le fue imposible.
- Oye primor -dijo una voz ronca y grave detrás de ella. Kuvira no reaccionó pero sabía que le hablaban- ¿Cómo te llamas? -Nuevamente, de boca de la mujer no salió palabra alguna- ¿Qué hace una linda y deseable chica como tú en un lugar de mala muerte como este?
La ojos verdes tomó la botella y bebió un segundo sorbo tan rápido que provocó la sorpresa de los demás hombres que estaban allí, tanto que comenzaron a agruparse alrededor de su silla.
- ¿Qué no eres tú Kuvira? ¿La gran unificadora? -dijo otro sujeto, seguido de otros más-
- ¿Gran unificadora? El avatar la derrotó, ya no ostenta tal título.
- ¿No deberías estar presa? ¿Acaso escapaste de prisión?
- ¿Te comieron la lengua las ratas? ¡Habla!
Ante tantas risas y provocaciones Kuvira parecía no reaccionar, era como si realmente estuviera muerta en vida. Pero entonces el primer sujeto deslizó la mano sobre su espalda comenzando muy arriba a la altura de los hombros hasta casi la curvatura de su trasero. Esta vez, Kuvira sí levantó la mirada.
- Mmm.. -se saboreó el sujeto- creo que ya que no pareces oponer resistencia, será incluso más fácil que nos sirvas como fuente de diversión. ¿No querrías bailar para nosotros, primor?
- Vamos... levántala... Que baile.
- Déjame en paz... -advirtió Kuvira, pero los hombres rieron-
- No seas arisca preciosa. Danos lo mejor que tengas. -Finalizó esa sentencia poniendo su mano sobre la pierna de Kuvira, muy cerca de su entrepierna-
Rápidamente con la velocidad de un rayo Kuvira tomó la botella que estaba en la barra y volteándose la quebró en la frente del hombre que perdió el equilibrio en ese instante y se tambaleó hacia atrás. Entonces Kuvira pateó su pecho y este salió volando hasta caer sobre una mesa de madera la cual destrozó con su espalda.
- ¡Maldita! -gritó el hombre que, levantándose rápidamente extendió sus manos creando varias columnas de tierra en dirección a Kuvira pero esta desarticuló el poder rápidamente creando una masa de polvo luego de hacer desmoronar la roca-
Inmediatamente Kuvira, quien parecía tener una mirada llena de molestia y resentimiento, levantó su mano al tiempo que una prenda de metal que aquel hombre llevaba sobre su cuello comenzó a elevarse y a presionar su tráquea levantándolo en peso y haciéndolo flotar en el aire.
- Ese collar luce de muy buena calidad -dijo Kuvira- ¿A qué ciudadano inocente se lo robaste?
Naturalmente el hombre que se asfixiaba no contestaba nada más que quejidos en busca de oxígeno. Con un movimiento circular de brazos, Kuvira empujó a aquel sujeto hacia afuera con tanta fuerza que destrozó la pared de tierra y salió disparado del bar en una nube de polvo.
Kuvira quedó rodeada por el círculo de hombres que seguían murmurando luego del atrevimiento de aquella mujer.
- Hirió a Livú. ¡Maten a esa perra! -gritó uno de ellos.-
Pero los brazos de Kuvira fueron más rápidos y estos, contrayéndose desde afuera hacia adentro hizo que todas las prendas de metal que esos hombres que la rodeaban el círculo tuvieran salieran flotando hacia ella como si de un magneto se tratara. Prendas brillantes y de mucho valor, con diferentes diseños y obviamente pertenecientes a la clase alta de Ba Sing Se fue lo que vieron a primera vista los ojos de la maestra metal, quien cada vez odiaba más a esos sujetos.
- Todos ustedes son unos ladrones -dijo ella.
Le bastó con abrir sus brazos como un abanico para que las joyas (algunas de ellas puntiagudas) salieran disparadas con fuerza y se clavaran en la carne de esos sujetos al mismo tiempo, arrancando un grito de dolor conjunto. Inmediatamente creó varias columnas de tierra que enviaron a varios sujetos por el aire para luego destruir varias rocas que habían lanzado contra ella.
Pronto, con la precisión y la eficacia de una bailarina, Kuvira fue esquivando cada ataque por medio de acrobacias y movimientos sincronizados. El lugar comenzaba a convertirse en un desastre por culpa de aquellos mismos hombres que aunque daban lo mejor que tenían no podían tocarle ni un cabello a la mujer.
Rápidamente Kuvira desgarró varias rocas del suelo y se las destrozó a los sujetos dándoles en la cabeza de lleno y durmiéndolos en un sueño profundo. A otros los clavó del techo haciendo salir columnas de tierra debajo de sus pies hasta que quedasen aprisionados contra el nivel máximo de ese bar.
Luego de entre tanto polvo y destrucción el silencio reinó por unos segundos, pero Kuvira sabía que no estaba sola, así que arqueó su espalda en C hacia atrás en acto reflejo y una poderosa roca pasó rozándole el mentón, roca que había sido arrojada por el último sujeto que aún quedaba en pie. Al erguirse nuevamente, Kuvira pisoteó el suelo varias veces mientras sacudía sus brazos hacia adelante convocando una poderosa avalancha de tierra que embistió al sujeto con una fuerza descomunal, destrozando otra pared y sacándolo varios metros del bar.
Kuvira, cansada, respiró. Pero entonces una pequeña piedra le golpeó en la parte de atrás de la cabeza de golpe.
Ella voltea sumamente molesta y ve allí en la entrada del bar al primer sujeto que la había manoseado.
- Nadie pone en ridículo al gran Livú. ¡Vas a morir!
Inmediatamente el hombre arroja una poderosa roca hacia ella pero Kuvira saltó hacia un lado evitando el ataque y al mismo tiempo magnetizando varios cuchillos que estaban detrás de la barra y los arrojó como misiles hacia el sujeto quien tuvo que ponerse detrás de la puerta para que estos quedaran clavados allí y no en su piel.
Una poderosa explosión que derribó las paredes y lo que restaba de aquel bar arrojó a Livú metros hacia afuera cayendo débil al suelo mientras que Kuvira salía con los cabellos alborotados, llenos de tierra y una mirada malsana, parecida a aquella que se apoderaba de sus ojos durante sus días de tiranía.
- ¿¡Sigues pensando que soy una fracasada!? -replicó la mujer antes de golpear el suelo con sus manos haciendo que una masa de tierra elevara a aquel sujeto al mismo tiempo que lo aprisionaba como una estatua viviente solo dejando parte de sus brazos y su cabeza libres-
- ¡Kuvira! ¡Basta! -se escuchó de pronto una tercera voz. La molesta maestra metal volteó y se detuvo en seco al ver allí a un maestro fuego-
Y no cualquier maestro fuego... Mako.
- Déjalo ir -advirtió él-
- Sí, escúchalo princesa, o te haré pedazos cuando salga de aquí -replicó Livú-
- Mako, estos sujetos son míseros ladrones, causan daño, arruinan vidas, ¡Merecen castigo! -dijo en voz casi de gruñido antes de despegar una roja del suelo y estamparla contra la estatua viviente rompiendo la estructura y arrojándolo al suelo con varios cortes que comenzaban a sangrar-
Sin perder tiempo, Kuvira magnetizó los cuchillos y los arrojó en su dirección, estos se clavaron en sus piernas y brazos, agudizando los cortes y el sangrado.
Pero entonces una desafiante llamarada se cruzó entre Kuvira y el débil sujeto y esta volteó a mirar al ojos dorados.
- No dejaré que lo hagas.
- ¿Qué haga qué? ¿Justicia?
- ¡Qué te conviertas en la de antes! -dijo Mako, palabras que paralizaron a la antigua gran unificadora- Kuvira, sé que estás dolida, enojada y con mucha rabia interna, pero si no te controlas ahora terminarás cometiendo un asesinato y eso arruinaría todo por lo cual has trabajado-
- No intentes darme lecciones de vida, y apártate de mi camino.
Kuvira arrojó un ataque de tierra hacia Mako pero este logró esquivarlo y correr hacia ella quien se había abalanzado contra el sujeto para darle muerte con uno de los cuchillos, pero entonces el brazo de Mako detuvo la estocada.
Kuvira abrió sus ojos de par en par al notar como el maestro fuego se había interpuesto entre ambos y la hoja filosa estaba a centímetros de tocar su brazo, casi hubo terminado hiriéndolo.
- ¡Vete de aquí! -dijo Mako al sujeto que estaba protegido detrás de su espalda. Este no puso reparos en dificultosamente ponerse de pie e irse cojeando hasta salir de la zona de peligro-
- No me desafíes.
- Suelta el arma -dijo Mako con tanta autoridad, que segundos después, ella lo hizo-
La ojos verdes se dio la espalda y alejó unos pasos de Mako diciendo.
- Deja de perder el tiempo conmigo, no lo necesito.
- Kuvira, escúchame...
- ¡No! ¡Tú escúchame a mí! He cometido demasiados errores, no soy la buena persona que intentas que sea, yo soy la que daña a la gente, la que las esclaviza, la que acaba con ciudades enteras, la que es temida por todos... Yo soy la mala ¿Recuerdas? Y la única persona que confiaba en mi verdaderamente ahora está muerta. Para el resto del mundo sigo siendo ese horrible ser que devastó el reino de la tierra. ¡Deja de intentar ser Suyin!
- Dije que no. -dijo él mientras le tomaba el brazo con fuerza, ella lo miró desafiante- Suyin fue la primera persona que confió en ti y yo al principio no entendía su decisión, me parecía que estaba loca, pero entonces vi que realmente querías cambiar y ser diferente... Entonces yo también confié en ti. Y lo hago de la misma forma que Suyin lo hacía, incluso con más intensidad.
La ojos verdes intentaba no parecer como si estuviera a punto de ceder a las lágrimas pero le era imposible.
- Sé que es mi culpa que Suyin esté muerta -se lamentó Mako- por eso quiero prometerte dos cosas en este mismo día y en esta misma hora. Lo primero, es que no voy a dejar que vuelvas a ser la de antes... No, yo nunca voy a darme por vencido contigo, Suyin no querría que te convirtieras en la tirana otra vez, así que en memoria de ella, no dejaré que pierdas el control.
Entonces tocó su mejilla y limpió las lágrimas que se desplazaban por ellas.
- Y segundo... Prometo que no importa lo mucho o difícil que me sea, o los días que tenga que invertir sin descanso para hacerlo, pero yo te voy a devolver a Suyin, sana y salva.
Con aquella promesa, Kuvira se permitió ser frágil y se desplomó a llorar en los brazos de Mako, quien la cubrió con ellos aportándole toda aquella protección que ella misma no podía darse. Por primera vez en todo ese tiempo desde el funeral, se permitió sentir, dejar salir, llorar y toda esa opresión en su pecho fue desapareciendo. Nunca se hubiese permitido llorar tan abiertamente frente a alguien, pero junto a Mako, estaba descubriendo a una nueva Kuvira... Una, que se sentía más completa cuando él estaba a su lado.
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Mundo de los Muertos
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- Necesito descansar -replicó Suyin antes de detener la caminata y respirar agotada-
- No falta mucho para llegar a la cima.
- No voy a dar un paso más hasta que me digas qué lugar es este. Dijiste que me darías conocimientos de por qué estoy aquí y no has hecho nada más que caminarme por los alrededores como si de un paseo turístico se tratara. Dime ya qué está pasando -presionó-
- ¿De verdad crees estar lista? -preguntó la parca-
- Necesito saber qué lugar es este.
- En el plano universal -contestó el espectro- existen tres fuentes milenarias que aunque originalmente proceden del mismo origen, se dividen en tres manifestaciones de lo mismo. Uno es el mundo espiritual adónde van todas aquellas cosas no físicas ni materiales. El segundo es el lugar en dónde tú estabas, el mundo humano. Y este, es el lugar al que irremediablemente toda persona llega cuando termina su existencia en tu mundo. Suyin -dijo en voz firme- Bienvenida al mundo de los muertos.
Inmediatamente los ojos de la matriarca se abrieron y lo recordó todo, imágenes vinieron a su mente de golpe sobre sus últimos minutos en la tierra, recordando vívidamente la feria infestada por parcas, los ataques y destrozos que ellas causaron y, finalmente el acto reflejo de interponerse entre Mako y el sable que segundos después le dio muerte a ella.
Una lágrima cayó por sus mejillas de la impresión.
- Yo... morí -exclama Suyin para sí misma-
- Temo que sí, intentaba decirte la verdad en un modo más sutil que este.
- Entonces... este es el mundo de los muertos. -dijo con miedo- Debes decirme como salir de aquí... ¡No quiero estar aquí! Debo volver con mis amigos.
- No puedes. Este es tu nuevo plano ahora.
- Este lugar es horrible... ¿Quién querría pasar una eternidad aquí? -exclama ella horrorizada-
- En realidad, lo que ves ahora es solo una ilusión, una representación que da tu mente según interpreta el lugar en donde está. Cómo apenas acabas de realizar tu transición tu mente aun no reconoce este lugar y no sabe que mostrarte, es por eso que ves el mismo interminable desierto que ven todos cuando cruzan el portal, pero una vez que tu transición esté completa te darás cuenta de que no todo es lo que crees que ves.
- ¿Entonces, qué es?
- ¿Recuerdas el por qué subíamos este sendero? -Suyin entendió la esencia de su pregunta e inmediatamente caminó el trayecto que faltaba hasta llegar a la cima, entonces, estando allí divisó desde su cumbre más alta, al mundo de los muertos-
Un valle inmenso rodeado de neblina comenzó tomar diversas formas y paisajes. El suelo comenzó a brillar como si rocas preciosas de diferentes colores estuvieran parpadeando. Vio primero un lago congelado que se extendía cientos de kilómetros y sobre el cual hacía un frío eterno. Al este vio la entrada de un bosque inmenso lleno de árboles parecido al pantano del mundo humano. Al oeste contempló un sendero que llevaba a otras formaciones rocosas y al sur el lugar del que venían.
Pero entonces la parca apuntó con su dedo y señaló cómo debajo de ellas caía una inmensa y poderosa catarata, ni siquiera se había dado cuenta Suyin que esa formación rocosa era nada más y nada menos donde rompía el agua y empezaba la caída. Ver hacia abajo era ver un infinito y ver oscuridad. Desde allí abajo parecían escucharse gritos, lamentos y clamores, era espeluznante.
- ¿Qué es ese lugar? -preguntó Su-
- Estamos en el punto más alto. Pero abajo están las diferentes divisiones del mundo de los muertos, pronto, la compuerta se abrirá para que pases al segundo velo o división y no podrás volver a este lugar. Cada vez te irás adentrando más en él, a medida que lo hagas, comenzarás a encontrarte con más personas que igual están en este mismo sitio, entre ellos, algunos de personas que conociste alguna vez.
- ¿No podré volver alguna vez? -la parca negó con su cabeza y sus pies se despegaron del suelo a medida que comenzó flotar en el aire frente a aquella inmensa cascada mientras decía-
- Acepta tu nuevo estado, esto es lo que eres ahora y no puedes cambiarlo. Busca la forma de que ningún tormento te alcance... Intenta... Descansar en paz.
En ese momento parte del suelo en el que Suyin estaba de pie se resquebrajó y se vino abajo, cayendo directamente por aquella cascada rumbo al inmenso infinito que estaba debajo y siendo arrastrada por la fuerza del agua. Pronto, todo se volvió incierto y oscuro.
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Mientras Tanto
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La puerta del cuarto que ocupaba Kuvira en la mansión Beifong se abrió y el maestro fuego de ojos dorados entró en la habitación cargando en sus brazos el cuerpo de Kuvira que se encontraba profundamente dormida. Con cariño la puso sobre su cama y quitó sus zapatos para liberar sus pies mientras miraba su tranquilo rostro.
Mako arropó medianamente el cuerpo de la chica y acomodó sus manos a los lados de su tronco. Entonces echó a un lado un mechón de cabello que se encimaba en su rostro y aprovechó aquel momento para mirarla fijamente.
El ojos dorados no se sentía así desde hacía mucho, desde que solía mirar de esa misma forma al avatar Korra, perdiéndose en su belleza y creyendo que era el hombre más feliz del mundo por tener la oportunidad de simplemente contemplarla. Pero aun así, el chico nunca se había sentido de esa forma, pues Kuvira intensificaba mil veces más lo que sintió cuando miraba a Korra haciendo que ese fuera un terreno inexplorado por él. Era como un fuego que buscaba devorarlo, y al que él no parecía importarle que eso pasara.
Se acercó lentamente y con cuidado para despedirse de ella con un beso en la frente, lo cual hizo con cariño. Pero entonces miró sus carnosos labios tan cerca de él y tan provocativos. Se sintió como esa fuerza de atracción era más fuerte que él y su mente y razón parecían ceder ante la fuerza de su corazón, ese que no pensaba bien las cosas.
Bajó unos centímetros y sin importarle nada más en ese momento, juntó sus labios con los de ella probándolos suavemente. Eran húmedos, suaves, tersos y tibios. Aquel roce, aquel beso elevó a un millón ese fuego que sentía dentro. Sin dudas, Kuvira era única y él comenzó a entender lo que estaba ocurriendo.
Lentamente, se estaba enamorando.
Mako se levantó de la cama para no ir más lejos y salió de la habitación de Kuvira, sin darse cuenta (Ni jamás hacerlo) de que al cerrar la puerta del cuarto, una sonrisa de medio lado se dibujó en el rostro de la maestra metal.
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Mako entró en su cuarto aun pensando en Kuvira mostrándose muy distraído, por eso, su corazón casi se sale de su pecho cuando contempla frente a él de golpe la brillante presencia de su madre mirándolo fijamente.
- Mamá... Me asustaste. -reclama Mako-
- Supongo que no vas a centrar tu cabeza en otra cosa que en cumplir la promesa que le hiciste a esa chica verdad? Aun cuando sabes que los velos siguen rompiéndose.
- Lo siento madre, pero Kuvira es mi prioridad ahora. -contestó el joven-
- Si, lo supuse. -respondió Naoki- es por eso que temía que una ve que te enamoraras comenzarías a perder tu facultad de razonar. Es por eso que quiero ayudarte a ayudarme.
- ¿A qué te refieres?
- Yo puedo ayudarte a que traigas de vuelta a Suyin, pero lo haré con la única intención de que luego me ayudes a evitar que el velo mayor se siga rompiendo. Sigo sin apoyar el que los muertos vuelvan a este plano, pero eres la única persona que puede solucionar el problema con ambos mundos, así que estoy dispuesto a sacrificar algo de balance universal para que evites un problema mayor.
- Espera... ¿Cómo es que vas a traer a Suyin de vuelta? Aunque el velo esté abierto y ella pueda volver, igual sería cuestión de tiempo antes de que vuelva a regresar al mundo de los muertos así que su estadía aquí no sería permanente. ¿Cómo entonces, la vas a traer?
- Porque conozco la clave para que los muertos vuelvan a vivir. No sirve de nada que los muertos crucen el portal si el velo no ha caído en su totalidad. Pero si una persona aun viva del mundo humano entra en el mundo de los muertos y la trae de vuelta, entonces esa persona volverá a vivir.
- ¿Qué? -exclamó sorprendido- Hablas de... ir al mundo de los muertos y traerla conmigo. ¿Sabes cómo hacerlo? ¿Conoces cómo puedo resucitar a Suyin?
Naoki se limita a sonreír de medio lado mientras decía.
- ¿Tenemos un trato o no?
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Horas después
Mundo de los Muertos
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Por aquellos pasillos oscuros del castillo que estaba en la empinada cumbre occidental del mundo de los muertos, una persona con sotana negra se adentraba en los aposentos reales hasta que se postraba ante el trono del ser supremo.
- Dame noticias -dijo la voz detrás de la sombra-
- De muy buena fuente le confirmo que la reencarnación perfecta tocará tierra del mundo de los muertos mañana.
- Perfecto. La profecía de la reencarnación perfecta apenas está comenzando a cumplirse y es demasiado temprano para que sea infalible, podemos detener su cumplimiento. Una vez que la reencarnación perfecta cruce el portal, estará perdido.
- Así será su majestad -dijo la persona arrodillada ante su trono-
- Ahora dime... ¿Estás seguro de que puedo confiar en tu palabra? ¿De quién es la buena fuente de la cual me haces llegar estas noticias?
Al instante la persona que para ese tiempo estuvo arrodillada respetuosamente, se puso de pie y apartó la cachucha que cubría su rostro, revelando su identidad y diciendo.
- Yo soy la fuente.
Naoki sonrió luego de dar aquella afirmación.
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Continuará...
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D: D: D: ¡No mames! xD
Bueno, espero les haya gustado este capítulo. Ahora ya sabemos que el mundo de los muertos no es simplemente un infierno desértico. Igual más adelante seguiremos aprendiendo.
Gracias a todos por leer y agradecería mucho el que me dejaran un pequeño review con su opinión. Gracias de nuevo.
Nos leemos la próxima.
Prota Out.
