Buenas mis queridos lectores!

Subo capitulo nuevo pero no puedo decir cuando subiré el siguiente ya que no tengo nada más escrito hahahaha lo siento, pero espero que las musas vuelvan a mí, seguro que con vuestras reviews se me ocurre algo o me animo a continuar!

mari90: Empezamos el viaje hahahaha todo tiene su principio y su final! Gracias!

staraky: Si es que todas tenemos un poquito de Rose en el fondo hahahahaha Gracias x tu review!

AlwaysSerenity: La verdad es que quería demostrar que no sólo Rose ha cambiado, Kate en el fondo también lo ha hecho! Gracias x tus palabras, me alegro de que te haya gustado!

jennijenni1919: hahahahaha ya veremos a ver que tal les va! Gracias x dejar tu review =)

aliciaa11: La verdad es que no tengo en mente putearlas más, creo que les toca vivir en calma y tranquilidad por una larga temporada! Gracias x tu siempre esperada review =)

Lithet: Cómo echaba de menos leer tu nick por aquí! Pues primero, no creo yo que haya mucha acción de la que estás pensando, de la otra...seguramente si, ya les toca una poqui de calma no? que las pobres no han parado de sufrir hahahaha ¿Boda? No adelantemos acontecimentos hhahahaha y lo de escribir otro fic, por el momento no tengo nada en mente y u know, Londres ocupa casi toda mi mente ahora, quizá por eso estoy tan bloqueada! Gracias x tus siempre queridas, esperadas y geniales palabras!

Thais1771: Me alegra saber que te gustó el capitulo! espero que éste también te guste! Gracias x tu review!

Espero no decepcionaros con este capitulo!

ENJOY!


Capítulo 50

El lunes llegó, y después de pasar a buscar a Kate por su casa y recoger el equipaje, nos dirigimos al aeropuerto de Stansted en taxi.

- ¡Nos vamos a Irlanda! – exclamó Beckett divertida al subir al avión.

No pude evitar reírme a carcajadas al ver su carita ilusionada. Nos sentamos en nuestros asientos, y durante algo más de una hora, nos pasamos el vuelo cogidas de la mano, mirándonos con amplias sonrisas en nuestros rostros, robándonos besos llenos de pasión, amor y felicidad. Nos daba igual todo el mundo, si nos miraban o no, si les molestaba o no, lo único que importaba éramos nosotras dos, no existía nada más a nuestro alrededor.

Cuando por fin llegamos al aeropuerto de Dublín y teníamos ya el equipaje con nosotras, salimos con la intención de coger un taxi que nos llevara a dónde íbamos, solo que esa era la intención de Beckett, yo tenía planeado algo mucho mejor.

- Cogemos un taxi ¿no? – preguntó ella mirándome.

- La verdad es que no cariño – dije con una amplia sonrisa.

- ¿Qué? ¿Y cómo vamos a ir hasta la casa? – frunció el ceño.

- Vamos a ir en eso de allí – dije señalando en dirección a donde el vehículo que había alquilado nos esperaba.

Kate abrió los ojos de par en par, haciendo un adorable ruidito al abrir la boca alucinada.

- ¿Vamos a ir en limusina? – me miró sin creérselo.

- Te dije que sería la mejor semana de nuestras vidas Kate, así que necesitamos lo mejor – dije sonriéndole.

Beckett soltó las maletas de golpe y se lanzó a mis brazos, su fuerte abrazo y su intenso beso me demostraron que había acertado en mi elección.

Nos acercamos a la limusina y el chófer, un chico joven, rubio de ojos marrones, que se llamaba Jonathan Cutbert, metió muy amablemente nuestras maletas en el maletero.

- ¿Dónde vamos señorita Castle? – preguntó al estar ya los tres metidos en la limusina.

- A Waterville, en el condado de Kerry – informé a Cutbert.

- De acuerdo señorita, pónganse cómodas, tenemos más de tres horas de viaje por delante – dijo alegremente el chófer.

Cuando la limusina arrancó, Beckett me miró levantando una ceja.

- ¿Qué pasa? – pregunté confundida.

Ella se acercó a mi oído por encima del cuero del asiento del coche.

- Pregúntale si hay alguna manera de que tengamos intimidad – susurró sensualmente para después morder el lóbulo de mi oreja.

- Disculpe Cutbert – dije nerviosamente al conductor.

- ¿En qué puedo ayudarla? – preguntó echando una rápida mirada por el retrovisor.

- ¿Sería posible tener algo más de…intimidad? – pregunté mirando de reojo a Beckett que se estaba tapando la boca intentando frenar una carcajada.

- Por supuesto señorita – dijo sonriendo, dándole a un botón que hizo que una especie de cristal oscuro subiera dejándonos a solas sin que él pudiera vernos.

Miré sonriente a Beckett ladeando mi cabeza, y la imagen que me encontré hizo que todo mi cuerpo temblara de emoción. Kate recorría mi cuerpo con su mirada, mordiéndose el labio a la vez. Se mojó los labios con la punta de su lengua, lenta y tentadoramente, haciendo que no pudiera sacar mis ojos de encima de esa carnosa parte de su cara. Acercó su cuerpo al mío por encima del asiento y llevó su mano hasta el botón de mis pantalones.

- Nunca lo he hecho en la parte de atrás de una limusina – susurró en mi oído mientras bajaba lentamente la cremallera.

Sentía un hormigueo recorrer todo mi cuerpo, cuando Beckett me susurraba de esa manera conseguía excitarme de tal manera que me olvidaba hasta de mi nombre.

Acarició suavemente mi sexo por encima de las braguitas, mientras hundía mi cabeza en el asiento sintiendo sus caricias y sus sensuales besos recorriendo la sensible piel de mi cuello.

- Oh dios Kate… - gemí suspirando al sentir su mano introducirse por la cinturilla de mi ropa interior y sus dedos acariciando después los pliegues de mi sexo.

Empezó a presionar y hacer círculos por encima de mi clítoris, sus labios rozaron los míos, y los atrapé desesperadamente, introduciendo mi lengua en su boca, luchando contra la suya por recorrer cada parte de ésta. Silenció mis gemidos entre sus labios, intentando hacer el menor ruido posible, mientras ella se reía cada vez que movía mis caderas empujando sus dedos más profundamente en mí.

- Espera – dijo en un susurro sobre mis labios.

Sacó su mano de mí, y llevó sus dos manos alrededor de la cinturilla de mi pantalón, indicándome con la mirada que le diera facilidad para bajarlo. Alcé un poco mi trasero sobre el asiento y ella bajó los pantalones y mi ropa interior, arrastrando a los zapatos que cayeron sobre las alfombrillas de la limusina junto al resto de las prendas, dejando mi prótesis al aire, pero en esos momentos no me preocupaba para nada.

- Así mejor – dijo abriendo más mis piernas e introduciendo de nuevo su mano en mi sexo.

Cuando noté como introducía dos de sus dedos en mi interior, gemí sin poder evitar que el sonido placentero saliera de mi boca en un tono demasiado alto y rebotara contra las paredes de la limusina.

- Rose contrólate que aunque no le veamos tenemos espectadores – dijo acercándose a mis labios.

- Lo siento pero es que ufff… - me disculpé entre suspiros mientras sus dedos se movían dentro de mí sin parar.

Ella siguió sentada a mi lado, besándome salvajemente, sacando y metiendo sin parar sus dedos de mi interior, llevándome a sentir un torbellino de placer por cada rincón de mi cuerpo. Cuando el calor del inmediato éxtasis se instauró en mi bajo vientre, alcé mis caderas y llevé mi mano hasta la nuca de Beckett, atrayéndola más a mí para besarla con más profundidad, intentando ahogar el grito que recorría mi garganta y amenazaba con salir de mi boca sin poder pararlo.

- Joder Kate…eres increíble – dije entre besos mientras mi cuerpo seguía inmerso en las convulsiones y Beckett retiraba su mano de mí.

Separamos nuestros labios y nos quedamos mirando fijamente a los ojos, Kate volvió a morderse el labio, así que ahora las convulsiones en mi cuerpo estaban acompañadas por el hormiguero electrizante que ese gesto provocaba en mí.

Sin pensármelo dos veces, llevé mi mano hasta su pierna, acariciándola suavemente, subiéndola por debajo de la falda del vestido azul que llevaba puesto. Cuando noté sus braguitas con la punta de mis dedos, metí uno de ellos por el lateral de éstas, acariciándola sensualmente. Ella abrió la boca soltando un pequeño suspiro que hizo que mi cuerpo se derritiera.

- Me encanta cuando haces eso – susurré a escasos milímetros de sus labios, tentándola para que volviera a besarme.

Beckett atrapó mi labio inferior con sus dientes, y yo introduje mi dedo dentro de su sexo, curvándolo y acariciando sus paredes lentamente. Mordió mi labio con más fuerza y eso me excitó aún más. Retiré mi dedo de su interior, y con su ayuda, bajé sus braguitas dejándolas caer sobre el suelo.

- Kate… - dije en un suspiro casi ahogado.

- Dime… - respondió mirando mis labios fijamente.

- Siéntate encima de mí – le dije con voz sensual.

Beckett asintió y se sentó a horcajadas sobre mí, casi pude notar su trasero rozando mi prótesis, me parecía increíble cómo ella conseguía que mi cuerpo fuera capaz de sentir sensibilidad en una parte que en realidad no era real.

Bajé mi mano recorriendo de nuevo con caricias su muslo hasta que la llevé a su sexo, introduciendo directamente tres de mis dedos en su interior, rozando con mi pulgar su clítoris.

Kate llevó su boca hasta mi cuello, ahogando sus gemidos mordiendo justo el punto donde se marcaba mi pulso, provocando que mis embestidas y mis caricias fueran más rápidas e intensas.

- Dios Castle…como sigas así no voy a aguantar mucho más… - dijo en mi oído con la respiración entrecortada, mordiéndome la oreja entre medio.

- Pues déjate llevar Beckett…déjate llevar – susurré sensualmente sin dejar de mover mis dedos.

- Oh joder… - gimió llevando sus labios a los míos, besándome intensamente.

Volvió a gemir dentro de mi boca, acariciando con su lengua la mía, las paredes de su sexo aprisionaron mis dedos, inundándolos pocos segundos después con su ardiente orgasmo.

Dejó caer su pecho sobre el mío, abrazándose a mí. Pude notar su respiración agitada sobre mi cuello, y los latidos acelerados de su corazón sobre mi pecho.

- Y pensar que esto sólo es el principio… - dije riéndome.

Beckett irguió de nuevo su cuerpo, sin dejar de estar sentada a horcajadas sobre mí, y me miró intensamente a los ojos.

- Rose…te quiero... – dijo justo antes de besarme.

- Eso lo dices porque acabo de hacer que tengas un orgasmo dentro de una limusina de lujo – dije riéndome.

Kate me pegó en el hombro.

- He dicho que te quiero, no hagas que me arrepienta de hacerlo – dijo achinando los ojos.

- Yo también te quiero detective, más de lo que imaginas – dije sonriéndole de la manera más adorable que pude.

- No puedo resistirme a esa carita – me besó tiernamente.

Erguí un poco mi cuerpo y la abracé, ella seguía sentada sobre mí, entrelazó sus manos por detrás de mi espalda, aferrándose a mi pecho.

Después de mantener ese abrazo durante unos minutos, Beckett se sentó de nuevo a mi lado y nos vestimos cómo pudimos.

Cogí unas de las botellas de champán frío que había en un lateral de la limusina y dos copas.

- ¿Brindamos? – dije sonriente, enseñándole la botella y las dos copas.

- Claro – dijo cogiendo la botella de mi mano.

Beckett descorchó la botella de champán y de ella empezó a salir espuma. Las dos nos reímos a carcajadas al ver el lío que estábamos armando con el líquido saliendo sin parar de la botella.

Coloqué una de las copas frente al cuello de la botella y ésta se llenó rápidamente, haciendo que en un acto reflejo colocara la otra copa para no derramar más líquido fuera.

- ¿Por qué brindamos? – pregunté pasándole una de las copas mientras ella dejaba la botella apoyada en una de las bandejas.

- Mmmmm… ¿por nosotras? – dijo ella con una sonrisa.

- Por nosotras y porque este sea un viaje inolvidable – respondí mirándola a los ojos.

- Viendo cómo ha empezado, estoy segura de que lo será – chocó suavemente su copa contra la mía y dimos un largo trago.

El resto del viaje en la limusina lo pasamos besándonos, bebiendo y jugando con el champán, riéndonos por tonterías y disfrutando de la tranquilidad y felicidad que nos envolvía.

Cuando llegamos por fin a nuestro destino, el pequeño pueblo de Waterville, vi a lo lejos la casa de mi padre desde la ventanilla de la limusina, una sonrisa nostálgica cruzó mi rostro, aunque unas lágrimas asomaban amenazantes en mis ojos.

- ¿Ocurre algo Rose? – preguntó Kate preocupada al ver mi cara, poniendo una mano sobre la mía que estaba apoyada en el asiento a un lateral de mi cuerpo.

Absorta como estaba en mis recuerdos de infancia en esa casa, ladeé de golpe mi cabeza mirando directamente a los ojos de Beckett.

- Es solo que…este pueblo me trae muchos recuerdos de mi padre – dije intentando forzar una sonrisa convincente.

- Buenos espero… - dijo ella con una tímida sonrisa.

- Si, por supuesto que son buenos, es solo que…le echo mucho de menos – bajé mi mirada, resoplando de manera melancólica.

- Ya hemos llegado señoritas – dijo Cutbert bajando el cristal negro que nos separaba de él, mirándonos con una amplia sonrisa.

- Gracias Cutbert, esta limusina es una pasada – dijo Beckett mirándole complacida.

Nos bajamos del coche y el chófer corrió al maletero a sacar nuestro equipaje.

- Muchas gracias por todo, es usted un gran chófer Jonathan Cutbert.

- Espero que lo hayan pasado muy bien – dijo levantando las cejas repetidas veces.

- Si, ha sido un excelente viaje – dijo Beckett cogiendo dos de las maletas, alucinando un poco por el comentario del chico.

- Hasta dentro de 5 días Jonathan – dije dándole la mano.

- Adiós señoritas, disfruten de Irlanda, les encantará – dijo despidiéndose.

Cogimos todo el equipaje y nos dirigimos a la casa de mi padre que teníamos justo en frente.

Por unos segundos me quedé parada, admirando la fachada de aquella casa en la que había vivido tantas cosas, comidas familiares, largos paseos junto a mis padres, momentos de juego y felicidad, y el inevitable y doloroso recuerdo de que eso no volvería nunca porque mi padre ya no estaba entre nosotros.

La fachada estaba formada por una pared de tochos marrones en forma de casa con una puerta de color rojo justo en medio, detrás de esta, se encontraba el resto de la fachada de la casa, las paredes eran de color blanco acompañadas por cuatro ventanales, dos en la parte de abajo y otros dos en la parte de arriba. Las macetas que rodeaban la casa estaban vacías o con algún resto de plantas secas.

Beckett me miraba desde delante de la puerta, sin decir nada, esperando a que reaccionara, supongo que no quería interrumpir mi momento melancólico. Suspiré profundamente y me acerqué a ella.

- Lo siento, son muchos recuerdos – dije mientras dejaba las maletas en el suelo y buscaba las llaves en el bolso.

- Tranquila, lo entiendo perfectamente – dijo ella con una preciosa y deslumbrante sonrisa.

Cuando por fin di con las llaves, abrí la puerta y el olor a vivienda cerrada inundó mis fosas nasales.

- Perdón por el desastre, lleva muchos años cerrada – dije mirando a Beckett al ver la cantidad de polvo acumulado.

- No pasa nada Castle, abriremos las ventanas para airearla un poco y limpiaremos todo – dijo sin cesar su sonrisa.

- Vaya detective, no sabía yo que era usted una ama de casa entregada – dije riéndome, entrando en la casa.

- ¡Oh cállate Castle!, no lo estropees – dijo ella soltando un gemido de resignación.

Fui a dar la electricidad de la casa para poder tener luz. Cuando lo conseguí, el salón ya iluminado, estaba igual a cómo lo recordaba, solo que los muebles estaban tapados con plásticos para que el paso del tiempo no les afectara. Cuando mi padre murió, su familia se encargó de que esta casa no sucumbiera al paso del tiempo, y aunque estaba sucia y con olor a cerrado, por lo demás, todo estaba en muy buen estado.

El salón, que era bastante grande, estaba formado por un sofá a pocos metro de la chimenea, varios muebles colocados estratégicamente, una estantería enorme llena de libros y algún que otro cuadro.

- ¿Me enseñas la casa? – preguntó Beckett viendo que estaba plantada en el salón sin moverme, mirando cada rincón de éste.

- Eh…si, si, por supuesto – dije cogiendo las maletas e indicándole que me siguiera escaleras arriba.


Por fin han llegado al destino, veremos que les deparan estas vacaciones, y a ver que se me ocurre hahahaha

Espero vuestras REVIEWS!

Nos leemos!