Buenas tardes mis queridos lectores!

Os traigo un nuevo capitulo de esta historia, no se exactamente cuanto le queda, pero espero que os siga gustando, igual que espero tantas reviews como en el anterior! Así da gusto seguir escribiendo!

Muchas gracias a todos, tomo nota de cada cosa que me decís y me encanta leer vuestras reacciones y pensamientos, es un placer tener lectores como vosotros =) SOIS LO MEJOR!

Como ya os digo, espero que os siga gustando y me lo hagáis saber, igual que si tenéis alguna idea o consejos!

ENJOY!


Capítulo 60

Me levanté casi sin fuerzas, colocándome la prótesis que se había movido al caer tumbada en el sofá. Dirigí mis pasos hacia la puerta y abrí, encontrándome a Kate con los ojos rojos y llenos de lágrimas. Sin decir nada, se abrazó a mí, estrujándome con todas sus fuerzas.

- Dios Rose…lo siento tanto… - dijo sollozando entre lágrimas, sin soltarme – Esposito me lo ha contado todo, ¿por qué no me lo has dicho? – preguntó separándose un poco de mí, mirándome a los ojos.

- Pasa – dije separándome de ella, ofreciéndole el paso.

No sabía cómo reaccionar, estaba tan dolida y destrozada, que ni siquiera su llanto conseguía enternecerme.

- ¿Por qué no me lo has dicho? – repitió, intentando hacerme reaccionar ya que me había quedado mirándola en silencio.

- Tampoco me has dado oportunidad Kate, ya tenías una idea clara de lo que había pasado.

- Rose, ese hijo de puta te ha drogado y te ha violado, y encima premeditadamente ha dejado una nota para hacerme creer que me habías engañado, lo tenía todo planeado, no debí dejarte ir sola…

- Beckett, tú no sabías lo que iba a hacer, no te tortures por eso – dije sentándome de nuevo en el sofá – él me da igual, le acabaremos pillando, pero tú… - era incapaz de decir una palabra más sin llorar.

Ella se sentó a mi lado, y puso una mano sobre la mía.

- Tú eres detective Kate, tú más que nadie debería saber lo que es la presunción de inocencia, has visto una nota y te has cegado, ni siquiera has dudado por un segundo – no me sentía capaz de mirarla, así que mi vista estaba fija en el suelo.

- Rose de verdad que lo siento, tenías razón...me arrepiento de haber reaccionado como lo he hecho – apretó más mi mano, intentando que la mirara.

- Decías que confiabas en mí, pero a la primera de cambio demuestras que realmente no lo haces – seguía sin ser capaz de mirarla, me dolía tanto recordar su reacción.

- Te he encontrado en la cama, desnuda…yo…yo…no sabía ni lo que pensar, y la dichosa nota me ha hecho enloquecer, perdóname cariño, por favor – puso su mano en mi barbilla, girando mi rostro para que la mirara.

- Yo…necesito pensar Kate, necesito asimilar todo lo que ha pasado, duele mucho ver como la persona a la que amas te trata de esa manera, tus palabras han sido muy duras y yo…no sé…necesito estar sola – dije levantándome, separando mi cara de su mano.

Me dirigí a la puerta sin pensarlo más y la abrí.

- Rose por favor… - ella me miraba suplicante desde el sofá.

- Mañana nos vemos en comisaría Beckett, quiero estar sola – dije mirándola muy seria.

- No quiero irme Rose, quiero estar contigo… - su voz se entrecortaba, mostrándome lo arrepentida que estaba, pero en ese momento, mi orgullo superaba a cualquier otro sentimiento.

- Eso haberlo pensado antes de acusarme y demostrarme que no confías en mí – no me moví de mi posición, esperando a que ella se levantara y saliera de mi casa.

Kate se levantó sin mucha seguridad, llegó hasta la puerta y se quedó mirándome. Acercó sus labios a mi mejilla y me dio un suave beso en ella.

- Lo siento de verdad, te quiero Rose, y espero que seas capaz de perdonarme.

No pronuncié palabra alguna, simplemente cruzó la puerta y yo la cerré, apoyando mi frente en ella después, resoplando fuertemente, me sentía tan superada por todo.

No sabía qué hacer, ¿estaba siendo injusta con ella? ¿Debía perdonarla sin más? En esos momentos me cegaba el orgullo, sus palabras repicaban en mi cabeza dando vueltas sin parar, induciéndome en un caos de rabia y confusión. Mis sentimientos por ella no habían cambiado, pero en esos momentos, no me sentía capaz de perdonarla, si no podía confiar en mí, no podría seguir con ella como si nada.

Me serví una copa de vino, dejando la botella en la mesa, y entre tragos, lágrimas y dándole más vueltas a todo sin parar, caí dormida en el sofá.

Con un terrible dolor de cabeza y sin apenas poder abrir los ojos, oí mi teléfono móvil sonando dentro de mí bolso, dándome cuenta de que ya era de día.

Me enderecé en el sofá y me acerqué hasta el bolso, cogiendo mi móvil, notando como mi cabeza pesaba más de lo normal, tenía una resaca horrible. Descolgué el teléfono sin siquiera mirar quien era.

- ¿Quién es? – pregunté sintiendo como tenía la boca seca.

- Castle, soy Espo, ¿cómo te encuentras?

- No estoy en mi mejor momento, pero bueno ¿pasa algo?

- En realidad sí, te llamo para decirte que hemos pillado a Gary, pensé que querrías saberlo.

- En media hora estoy en la comisaría – dije colgando y poniéndome rápidamente en marcha.

Me di una ducha rápida, en ese momento me daba igual que se me mojara la prótesis, necesitaba ir rápido.

Me vestí con prisa y salí de mi casa, dirigiéndome a la comisaría en un taxi. Cuando entré cruzando las puertas del ascensor, vi a mis compañeros reunidos alrededor de la mesa de Beckett, ella incluida.

- Hola chicos – dije colocándome al lado de Esposito.

- Hola Rose, por fin llegas, en cinco minutos traerán a ese cabrón.

Kate me miró en silencio, intentando regalarme una preciosa sonrisa que por unos segundos hizo que me olvidara de todo, pero cuando reaccioné, desvié mi mirada hacia otro lado y ella cesó su sonrisa.

- ¿Dónde lo han encontrado? – pregunté mirando a Javi.

- En el aeropuerto, estaba a punto de coger el primer vuelo de vuelta a Boston.

- ¿La droga coincide? – en el interrogatorio con el detective Murphy me habían hecho un test de saliva para ver qué tipo de droga era y si coincidía con la utilizada en los asesinatos de las dos chicas.

- Lo tienes todo en los papeles – dijo Ryan entregándome el informe.

- Quiero interrogarle yo – dije sin pensarlo bien.

- Eso es imposible Rose, no puedes interrogar a alguien que tú misma has denunciado – dijo Esposito.

- Javi, dejadme hacerlo a mí, le conozco y necesito enfrentarme a él – dije muy seria, mirando su foto en la pizarra – voy a hacer que confiese.

- Pero Castle… - intentó decir mi compañero, siendo interrumpido por el pitido del ascensor.

Los cuatro nos giramos a la vez, y vimos a dos policías que traían esposado a Gary, el cual se mantenía con la mirada hacia el suelo. Sentí la rabia correr por mis venas, quería acercarme a él y pegarle un puñetazo en toda la cara. Javier puso su mano sobre mi hombro para después acercarse a ellos.

- Llevadlo a la sala de interrogatorios, ahora mismo vamos – les indicó a los policías.

Di una última mirada hacia Beckett, que se había mantenido en completo silencio hasta el momento.

- Rose no lo hagas… - pronunció mirándome con una tierna mirada de preocupación.

- Tranquila, Espo entrará conmigo, si entras tú, no confesará e intentará sacarte de quicio, siempre le ha gustado hacerlo – dije mirando hacia la sala, dispuesta a entrar.

Ella me cogió de la mano para que volviera a mirarla.

- Ten cuidado ¿vale?

Afirmé con la cabeza, y después de soltar su mano lentamente e intentar regalarle una sonrisa tranquilizadora, me fui al lado de Esposito.

- ¿Estás segura? – preguntó mi mejor amigo, mirándome con cara de preocupación.

- Sí – en realidad no lo estaba, pero necesitaba entrar allí y meter a ese cabronazo entre rejas por lo que me había hecho e intentar averiguar si realmente era el asesino de esas dos chicas.

Entramos en la sala, cerré la puerta lentamente mientras intentaba respirar hondo y controlar los nervios que afloraban a cada segundo que pasaba.

- Hola Rose, tan guapa como siempre – dijo el muy cabrón sonriendo orgulloso cuando me senté frente a él.

- Si no te importa, dirígete a ella como Detective Castle – dijo Esposito apretando los dientes.

- Perdone usted detective Castle, no pretendía ofenderla – contestó sin mirar a Javi, con una sonrisa burlona.

- Tenías mucha prisa por irte ¿verdad? – pregunté examinando los papeles con todo lo que habían encontrado.

- Bueno, mis vacaciones terminan pronto, y hay varias cosas que tengo que hacer antes en Boston – puso sus manos esposadas sobre la mesa, intentando provocarme.

- Di mejor que estabas huyendo después de drogarme y aprovecharte de mí sin mi consentimiento.

- Por favor detective, sabes que eso no es verdad, te lanzaste sobre mí en la cafetería, y me pediste como una loca que fuéramos a tu casa y te follara como años atrás – dijo tirándose para atrás en la silla, mostrándose completamente relajado.

La rabia por sus palabras tiñó tanto los ojos de Esposito como los míos, respiré hondo de nuevo e intenté decir algo coherente.

- Sabes, con esos humitos que te gastas no vas a conseguir nada Gary, además, tampoco es que fueras un as en la cama y por lo poco que recuerdo, sigues sin serlo – contesté para ponerle nervioso.

- Pues bien que lo disfrutaste ayer – un tic nervioso apareció en su ojo, mostrando que le había ofendido, justo lo que pretendía.

- No es que me dejaras muchas opciones, la Escopolamina anuló toda mi voluntad, así que hiciste conmigo lo que quisiste.

- ¿Escopo qué? – preguntó acercándose de nuevo sobre la mesa - ¿qué es eso?

- Vamos Gaz, hacerte el inocente no te va a salvar, te tenemos pillado por los huevos – dijo Esposito sonriendo.

- Bueno, la Detective Castle aquí presente sabe muy bien cómo funciona eso, ¿verdad preciosa? – dijo poniendo morritos, mirándome de forma lasciva.

En ese momento me hubiera levantado y le hubiera escupido, cuando nos reencontramos me quedé embobada con él, como años atrás, pero ahora lo miraba y me daba asco, me repugnaba por completo.

- ¿Qué puedes decirme de Sophie Lansda? – pregunté cambiando de tema, ignorando sus provocaciones.

- Ya te lo dije, nos conocimos una noche, follamos y no supe nada más de ella, además, tengo coartada para eso ¿recuerdas?

- Ya no la tienes – dijo mi compañero volviendo a sonreír – hemos vuelto a llamar a tus amiguitos, y resulta que mintieron porque tú se lo pediste, ellos creían que era una broma, así que tu coartada se ha esfumado.

Su cara cambió, la relajación que mostraba hasta ese momento se esfumó rápidamente, quedándose algo atónito. Carraspeó intentando disimular.

- Pero eso no quiere decir que estuviera con Sophie.

- ¿Y por qué mentir entonces? – pregunté yo, apoyando mis codos en la mesa, mirándole intensamente para ponerle nervioso, algo que había aprendido observando los interrogatorios de Kate.

- Estuve de…estuve de putas, no me apetecía ir propagándolo por ahí.

- ¿Podrías darnos el nombre del local en el que estuviste? – preguntó Esposito mirándome de reojo, se notaba a leguas que estaba mintiendo.

- No lo recuerdo, había bebido bastante – volvió el tic nervioso, la verdad es que se le daba bastante mal disimular sus nervios.

- ¿Fuiste solo?

- Sí, no me gusta follar en compañía.

- Sabes, tanto Sophie Lansda como Rachel Dans, la anterior víctima, tenían Escopolamina en su organismo, ¿te resulta divertido aprovecharte de chicas sin voluntad?

- Como ya he dicho, no sé de qué me hablan.

- Gary, déjalo ya ¿vale? Aunque no pudiéramos acusarte por los asesinatos de esas dos chicas, tenemos suficiente para encerrarte una temporada por la violación a la Detective Castle, mi compañero Ryan se desplazó ayer hasta su casa, y fue un descuido muy grande por tu parte tirar el condón usado al contenedor de fuera, somos policías, lo miramos todo, además, el potecito donde escondiste la Escopolamina también estaba allí – dijo Esposito sabiendo que eso iba a desmoronarlo.

- No tienen la certeza de que eso sea mío – el tic de su ojo cada vez era más vistoso.

- Aún no, pero como dices que no eres culpable, no creo que tengas ningún problema en darnos una muestra de semen y de tus huellas ¿verdad?

Gary achinó los ojos, parecía que estábamos desestabilizando todo lo que tenía pensado para salvarse el culo.

- ¿Por qué no me mataste? – pregunté de repente, haciendo que Gary clavara sus ojos en mí y Espo me mirara sorprendido por mi pregunta.

- Nunca te haría daño Rose – dijo tragando saliva – te quiero, siempre lo he hecho.

- No te atrevas a decir que me quieres cabrón, confié en ti, me fui contigo dejando aquí a mi prometida preocupada, y tú me lo pagaste drogándome y violándome – apreté mis dientes, la rabia que me había estado guardando, empezaba a salir.

- He vuelto por ti Rose, estuve varios días observándote, intentando hablarte, hasta que por fin me atreví a hacerlo en el bar – sus ojos empezaron a humedecerse – la rabia de saber que estabas enamorada de otra persona y que encima os ibais a casar me volvió loco, esas dos chicas no tenían la culpa de nada, la culpa la tienes tú – el también apretó los dientes rabioso, mientras las lágrimas caían por sus mejillas – yo solo quería que volvieras a quererme Rose, solo quería eso, necesitaba sentirte, necesitaba que esa detective te dejara y volvieras conmigo – acababa de confesarlo todo, había escupido sus palabras sin ni siquiera darse cuenta de que estaba confesando.

- ¿Y creíste que matando a dos chicas y violándome sería la mejor opción?

- Sí, nunca quise que descubrieras lo que hice, pensaba irme a Boston antes de que me despreciaras más, pero al menos te tuve Rose, te tuve solo para mí.

- No te engañes Gary, tú nunca me has tenido, si hubiera sido consciente, nunca hubieras conseguido nada de mí, me repugnas, eres un pobre desgraciado que se cree mejor que las mujeres – dije levantándome y acercando mi cuerpo a él sobre la mesa, mirándole fijamente a los ojos – espero que te pudras en la cárcel como la rata de cloaca que eres, y por cierto, gracias por la confesión.

- No me digas eso Rose, por favor…- suplicó él levantándose también.

- Sabes, me has dado un motivo más para casarme, me acordaré de ti el día de mi boda y sonreiré sabiendo que eso te está haciendo sufrir, pedazo de cabrón ¡Llévenselo! – exclamé indicándoles a los policías que esperaban fuera que podían llevárselo a la cárcel.

Esposito se acercó a él y lo sujetó mientras Gary se movía sin parar, intentando zafarse de su agarre entre gritos y para poder llegar hasta mí. Me quedé unos minutos sentada, apoyada en la mesa, sola en aquella fría sala que ahora estaba silenciada de los gritos de ese malnacido, dejando que todos los nervios que me había estado guardando se disiparan en las lágrimas que ahora recorrían mi cara.

- ¿Puedo entrar? – alcé la vista al oír su voz y no pude evitar sonreír ligeramente.

- Sí, pasa Beckett.

Kate entró a la sala, cerrando la puerta tras de sí.

- ¿Lo has visto? – le pregunté.

- Sí, he estado ahí todo el rato – señaló el falso espejo que daba a la sala contigua, y se sentó en la silla de mi lado.

Me acerqué a ella y reposé mi cabeza sobre su hombro.

- Creo que tenemos que hablar – dije suspirando.

- Sí, yo también lo creo – respondió colocando su cabeza sobre la mía.


¿Qué os ha parecido? ¿Que creéis que pasará ahora? ¿Os alegráis de lo de Gary?

NOS LEEMOS!