2n capítulo terminado! Tuve algunas dificultades, pero finalmente aquí está! Primero me gustaría advertiros que el personaje de Eren es un poco OoC, y aunque a mí personalmente no me guste alterar las personalidades de los personajes, tuve que hacerlo. Lo veréis sobretodo cuando habla con Mikasa, Armin y Jean. Otro apunte que me gustaría aclarar, es que mi intención no es poner al padre de Eren como el malo malísimo. Algunos fics suelen ponerlo como el padre que desprecia y maltrato a su hijo, pero este no es el caso. Es solo un padre preocupado que trabajo mucho.Las frases en cursiva del principio pertenecen a la canción mencionada en el 1r capítulo, Blue Jeans. Por último, muchas gracias por los favorites, los follows y los reviews!

Shingeki no Kyojin no me pertenece.

Advertencias: AU, RIREN, RELACIÓN TÓXICA.


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Faltaban pocos días para el inicio del nuevo curso, y Eren se planteaba seriamente la posibilidad de no regresar a clase. Nunca se sintió atraído por los estudios, y ahora que vivía con Levi, todavía menos. Tampoco le apetecía ver a sus amigos, o más concretamente, no le atraía la idea de darles una explicación detallada de sus actos. Entendía su preocupación, pero no se sentía responsable de ello. Les había enviado un mensaje diciéndoles que estaba bien, pero insistían en querer verle en persona.

Eren pocas ganas tenía de verlos.

Él solo quería ver a Levi.

Fue en una de las últimas noches de agosto cuando percibió la magnitud de su amor por Levi. Todo lo que hacía era por y para Levi. Era él, y solo él. Empezó siendo un simple amor platónico, luego se convirtió en un capricho que poco a poco derivó en una insana obsesión. Mas ya no solo era una constante obsesión. Echados sobre la cama, Eren observaba a Levi como si fuera una divinidad, como si no hubiera nada más en el mundo digno de ver. Y entonces descubrió que Levi era su droga. Estar junto a él le perjudicaba, le hacía daño, pero al mismo tiempo ansiaba tener más. Era un doloroso placer que creció hasta el punto en que Eren no veía más allá de el.

That love is mean and love hurts

Antes de caer dormido en brazos de Levi, le susurró al oído que amaba vivir en ese oscuro paraíso. Levi no le respondió, pero en cierto modo, le gustaron esas palabras. Como Eren, sabía que su relación era algo completamente insano, mortificador y angustioso, pero no para él. Su apego hacia ese mocoso se basaba principalmente en una mera atracción física, pero debía reconocer que esa obsesión que había desarrollado hacia él, en parte le gustaba. Oyendo la pausada respiración de Eren, se dio cuenta de que él era su único alivio en su mísera existencia. Quizás por eso abusaba tanto de él. Cada día, cada noche le quitaba un pedazo de cordura y de esa forma él mismo no caía en su propia locura. Y cuánto más le quitaba, más enfermiza era la mente de Eren y más pedía por ese amor destructivo.

Levi no tenía problema en dárselo. Eren le adoraba como si de un Dios se tratara, y él descubrió que estar con Eren era como un respiro de aire fresco dentro de su propio infierno.

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Dos días antes de empezar el curso, Eren aún no se había decidido. Los mensajes y llamadas de su padre y amigos no cesaban; se sentía tan agobiado que estuvo tentado de tirar el móvil por el retrete y tirar de la cadena. ¿No les había dicho que estaba bien? La actitud de su padre le seguía enfureciendo. Todo el día trabajando y haciendo horas extras para que a su hijo no le faltara nada, pero... ¿Qué sentido tenía eso si cuando regresaba a casa estaba agotado y se iba a la cama sin saludar a su hijo? Su padre se había convertido en un desconocido que vivía con él en la misma casa. Y solamente cuando su hijo se marchaba de casa, se interesaba por él. Su deber como padre llegaba demasiado tarde.

Acurrucado en el sofá, Eren veía sin mucho interés un programa de hechos paranormales. Era la una de la madrugada y se encontraba solo en el piso. Algunas veces, Levi solía llegar a las dos o tres de la madrugada, y allí estaba Eren esperándolo ansioso. Mientras el presentador del programa enseñaba el supuesto cráneo de un alien, Eren intentó adivinar si Levi regresaría satisfecho o de mal humor. Según le había contado, Levi y su grupo perseguían a uno de los suyos por haberles traicionado, y llevaban buscándolo por más de una semana.

You went out every night, and baby that's alright

Si esa noche Levi aparecía sin las manos manchadas, se desquitaría otra vez con él. Eren rogó para que lo encontraran, y así Levi pudiera olvidarse de ese asunto. No le molestaba tener que aguantar los malos tratos, pero sufría al ver a su amado inquieto, nervioso y preocupado. Eso no podía soportarlo.

Alrededor de la una y media, Levi entró por la puerta con la misma expresión que los días anteriores, pero en esta ocasión, Eren no percibió nada de furia en sus ojos.

Walked into the room you know you made my eyes burn

Desde el sofá observó embelesado como este se quitaba la chaqueta y depositaba cuidadosamente la pistola encima de la mesa. No había tensión en sus movimientos, por lo que le saludó aliviado. Levi no le devolvió el saludo, directamente se inclinó hacia él y le dio un beso breve pero brusco. Eren no se había equivocado, Levi estaba de buen humor.

—Has logrado dar con él, ¿verdad? —preguntó aún medio aturdido por el beso.

—Lo encontré en una gasolinera, quería huir por la autopista del norte, pero llegué a tiempo —explicó sacando un pañuelo del bolsillo del pantalón—. Esperé a que vinieran los otros, y para asegurarme de que no escapara, le disparé en las rodillas —cogiendo la pistola, empezó a limpiarla con el pañuelo—, cuando se reunieron conmigo, acordamos matarlo y le metí una bala entre ceja y ceja. Luego metimos el cuerpo en el maletero y lo quemamos en un solar abandonado.

I told you that no matter what you did I'd be by your side

Eren no dijo nada. Nunca decía nada al respecto, solo escuchaba. Levi terminó de quitarle la poca suciedad a su pistola y dejándola otra vez sobre la mesa, se sentó junto a Eren, quien se recostó contra su pecho e inhaló el aroma que desprendía.

—¿Viendo este estúpido programa otra vez? —preguntó con una mueca. El presentador mostraba unas fotos con manchas negras, afirmando que eso eran fantasmas.

—Cambia de canal o apaga la tele, lo que quieras —respondió Eren demasiado distraído como para reparar en algo que no fuera Levi.

Sin embargo, Levi no hizo nada de las dos cosas. Se limitó a contemplar como Eren acariciaba su pecho totalmente cautivado.

—¿Te has decidido de una vez? —preguntó Levi.

Eren frunció la nariz y encogiéndose, siguió acariciándole y fingiendo no haber oído nada. Pero Levi no toleraba que no le hicieran caso.

—¡OI! ¡Responde a mi pregunta! —reclamó, agarrando un puñado de cabellos y tirando de ellos para que Eren le mirara.

—No... no lo sé, no sé qué hacer —respondió con una mueca de dolor.

—No deberías ir —dijo soltando el agarre.

—¿No quieres que vaya? ¿Quieres que me quede a tu lado? —inquirió Eren emocionado por esa perspectiva.

—Si regresas al instituto, inevitablemente verás a tus amigos y alguno de ellos informará a tu padre, y él te esperará en la puerta del instituto esperando que les de una explicación —dedujo sin mucha dificultad—. En el peor de los casos, te obligaría a volver a casa y te encerraría en tu habitación... Lo más probable es que si pasado mañana vuelves a clase, te separarán de mí —concluyó sin mostrar ninguna emoción.

—¡No! ¡No quiero eso! ¡No quiero separarme de ti! —sollozó Eren alterado por esa aterradora posibilidad.

—Entonces se bueno y no vayas.

Eren asintió y se abrazó más fuerte a Levi, enterrando su rostro en su pecho. Durante los días que duró la persecución del traidor, Levi se había mostrado especialmente brusco y susceptible a cualquier cosa, y debido a ello, Eren casi no había tenido ocasión de abrazarlo y mostrarle su profundo afecto. El propio Levi se sentía más relajado y de buen humor, pero ahora que no había nadie a quien perseguir y matar... ¿Qué podía hacer para descargar toda esa adrenalina que aún corría por sus venas?

No tardó ni dos segundos en darse cuenta de que la respuesta la tenía frente a sus ojos. Agarrando otra vez a Eren por los cabellos, le alzó el rostro y atacó sus labios. Un gemido escapó de la boca del menor, quien no vio venir ese beso, pero que al instante respondió, mas permitiendo que fuera Levi el que llevara el control. Con rapidez, el beso adquirió mayor fuerza y Eren sintió la presión que ejercían los labios de Levi sobre los suyos, tomando más de él. Unas manos frías le tomaron de la cintura y le oprimieron contra el cuerpo de Levi, pese a que no hacía ninguna falta, pues Eren ya se encargaba de no separarse ni un centímetro de cuerpo.

Solo se estaban besando, pero Levi no podía aguantar más.

—Quítate la ropa —dijo con una voz mucho más grave.

Eren se apresuró a obedecer, acostumbrado a que Levi decidiera por si mismo cuando hacerlo. A él no le importaba, siempre estaba dispuesto a complacerle, fuera el momento que fuera. En pocos segundos estuvo completamente desnudo, y ante el gesto que hizo Levi con su dedo índice, se subió a horcajadas encima de él.

Iba a ser algo breve, pero intenso. Eren lo sabía muy bien. Conocía de sobra los pasos que debía seguir, lo tenía aprendido y era casi mecánico, aún así, él disfrutaba ante la oportunidad de brindarle todo el placer que pudiese darle.

Levi se inclinó hacia él y le mordió el cuello, procurando dejar una marca bien visible. Amaba marcarlo, enfatizando su derecho de posesión. Su primera vez no destacó solo por los sonoros gemidos, los gritos o la brutalidad con la que Levi le poseyó, sino también por las numerosas marcas y mordiscos que adornaban el cuerpo de Eren.

A pesar de que esos dientes se le clavaban dolorosamente en la piel, nunca se quejaba. Simplemente dejaba escapar leves quejidos mezclados con gemidos ahogados. Sin embargo, para Eren aquello era solo una pequeña muestra de posesividad.

Sin esperar ninguna indicación, Eren guió su mano hacia su ano y con cuidado se introdujo un dedo. A esas alturas, la sensación le era muy conocida, pero el placer que sentía seguía siendo demasiado intenso. Exhalando un gemido, introdujo un segundo dedo, deseando deleitar a Levi con esa imagen. Este contempló la escena con una pequeña sonrisa perversa. Adoraba ver cómo ese mocoso hacía todo lo posible por complacerle sin necesidad de que se lo dijera. Bajándose la cremallera de sus pantalones y sin quitárselos, metió su mano por debajo del boxer y sacó su miembro endurecido.

Un tercer dedo fue introducido, y Eren ocultó su rostro en el hombro de Levi, abrumado por tanto placer. Sin embargo, este le levantó el rostro con la mano, obligándole a mirarle a los ojos. Eren no apartó la mirada, y observando esos ojos grises que parecían penetrarle el alma, gimió en voz alta. Levi disfrutó escuchando esos sonidos tan obscenos. Y sin poder contenerse más, agarró a Eren de la cintura y lo posicionó para embestirlo. El castaño colocó sus manos en los hombros de Levi, y mantuvo los ojos abiertos preparado para lo que vendría. Sin detenerse, sin nada de suavidad y con un gruñido gutural, Levi entró de lleno en el interior de Eren.

Ni siquiera se tomó la molestia para que este se acomodara a su miembro, inmediatamente empezó a embestirlo sintiendo el calor de esas paredes que lo apresaban con fuerza. La sensación era enloquecedora, y los gemidos descontrolados de Eren, solo acrecentaban su deseo de hacerlo suyo de la forma más violenta posible.


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Al cabo de dos días, Eren recibió una llamada de sus amigos a las once de la mañana. Profundamente dormido, despertó con un brinco y cometió el error de coger la llamada, sin ser consciente de que no debía hacerlo. La voz de Jean le retumbó en los oídos, preguntándole entre insultos, por qué no había acudido a clase. Pudo oír la voz de Mikasa pidiéndole que le pasara el móvil y claramente preocupada, le preguntó si se encontraba bien. Medio dormido, se dio cuenta de que la había fastidiado cogiendo la llamada. Bostezando, Eren respondió lo primero que le pasó por la cabeza.

—Me dormí.

Jean aseguró que solo un imbécil se dormiría el primer día de clase. Una tercera voz habló, y Eren reconoció sin dificultad la voz aguda de Armin.

—Podemos quedar después de clase, en la plaza que hay detrás de la biblioteca y hablamos con más calma. ¿Qué te parece?

Eren estuvo a punto de rechazar esa oferta, pero luego meditó seriamente la propuesta. Si se limitaba a esquivar a sus amigos, estos insistirían cada vez más, y no le dejarían en paz. Era mejor hablar con ellos en persona y aclararlo todo. Tendría que inventarse una buena excusa por todas esas semanas en las que estuvo desaparecido, pero eso no sería problema.

—De acuerdo, nos vemos esta tarde.

Y dicho eso, colgó sin esperar una respuesta por parte de su amigo. Oír el día a día de Levi, provocaba que se le revolviera el estómago, pero por primera vez, pudo sacar provecho de eso. Si mal no recordaba, hoy tenía que atender un asunto con el jefe de una mafia por una cuestión de armas y no regresaría hasta las ocho de la tarde. Si actuaba con cautela, Levi no tenía por que enterarse de nada.

Pocas horas después, Eren salió del piso nervioso y asustado. Se sentía como un niño pequeño haciendo una travesura, pero en su caso, no era una simple travesura. Le había desobedecido, había actuado por su cuenta, y si Levi llegara a enterarse... Casi seguro recibiría una paliza como respuesta. A su vez, mentirle no era de su agrado, pero no quería que este descubriera que le había fallado. Por lo que lo más efectivo, sería no decir nada. Mientras se alejaba de los barrios bajos, los contempló más detenidamente y reparó en que a la luz del día, la atmósfera no parecía tan terrorífica como de noche. Cruzando la vía que separaba los suburbios del resto de la ciudad, se adentró en zona segura y tomó la dirección hacia el centro, donde se hallaba la plaza, escondida detrás de la biblioteca pública. Le tomó quince minutos llegar hasta allí, y cuando terminó de rodear el edificio y la plaza apareció frente a él, oyó la voz de Mikasa gritar su nombre:

—¡Eren!

Echando a correr nada más verlo, se abalanzó sobre él en un efusivo abrazo. A Eren se le cortó la respiración, ahogándose entre esos brazos que le estrujaban el cuello con una fuerza desmesurada.

—Mi-Mikasa...

Alarmado, trató de apartarse de ella.

—Mika-sa... Suél-tame... —balbuceó en un vano intento por quitársela de encima.

Esta muy a su pesar, se separó de él. Cogiéndole las manos, Mikasa soltó un torrente de preguntas que solo lograron incomodar aún más a Eren.

—¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te fuiste sin avisar? ¡Estábamos muy preocupados por ti! ¿Por qué no viniste ayer? ¿Te ha ocurrido algo malo?

—¿Se puede saber dónde te has metido? ¡Eres un cabrón! —irrumpió Jean, acercándose a ellos junto con Armin. No parecía aliviado de volver a ver a su amigo—. La próxima vez que quieras desaparecer, avísanos.

—No he desaparecido, solo me he ido de casa —protestó Eren molesto.

—Jean tiene razón —coincidió Armin con voz seria—. No es común en ti esa actitud tan egoísta.

—¿Ah? ¿Egoísta? —repitió Eren incrédulo. No le había sorprendido la reacción de Jean, al fin y al cabo, ellos dos siempre estaban peleando, pero no esperaba que su mejor amigo le llamara egoísta; eso le había dolido.

—¡Exacto! —exclamó Jean—. ¡Parece que te importan bien poco tus amigos! ¡Tres semanas sin saber nada de ti, y encima te sorprendes de que Armin te llame egoísta! ¡Pues déjame decirte, que eso es lo que eres!

—Basta, Jean —intervino Mikasa nerviosa. A pesar de que su amigo había dicho en voz alta lo que todos pensaban, ese no era el modo de decirlo—. Estoy segura de que Eren quería avisarnos y no pudo, ¿verdad?

Eren ya había supuesto que Mikasa no desconfiaría nunca de él. Por suerte, había ideado una excusa más o menos convincente.

—Cuando me fui de casa, lo primero que hice fue buscar un techo donde poder quedarme durante un tiempo —dijo con voz monótona. Mikasa abrió la boca para decir algo, pero Eren se le adelantó—. No quería ser una molestia para vosotros, y no vi justo que tuvierais que acogerme en vuestra casa. Así que fui vagando hasta que me encontré con un... chico de mi edad. Empezamos a hablar y le expliqué mi situación. Él decidió acogerme y desde entonces vivo con él.

—¿Quién es? ¿Dónde vive? ¿Es bueno contigo? ¿Te ha hecho algo malo? —preguntó Mikasa, alterada por la aterradora perspectiva de que Eren viviera con alguien que ella no conocía.

"Se llama Levi, es un criminal. Vive en los suburbios y suele abusar de mí en cualquier momento del día... pero le amo y por eso dejo que haga lo que quiera conmigo"

—Se llama Rivaille y es un buen compañero —respondió sin vacilar.

—¿Y dónde vive? —insistió Mikasa.

—Eso... no puedo decirlo, lo siento.

—¿Cómo que no? ¿Por qué?

—No puedo arriesgarme, se os puede escapar delante de mi padre y él es la última persona que quiero que sepa donde vivo —dijo mirando a sus amigos uno por uno.

—Está muy preocupado por ti —comentó Armin. No dudaba de la veracidad de sus palabras, pero algo no encajaba, y por más que pensara, no encontraba la lógica en toda esa explicación que les había dado—. ¿Fue por tu padre? —preguntó, refiriéndose al motivo de su marcha.

—Sí, fue por él —afirmó Eren incómodo.

—Habla con él —le aconsejó Mikasa—. No es un mal padre, solo se preocupa por ti. Si trabaja todas esas horas es para que no te falte de nada.

A Eren le enfureció oír como Mikasa defendía a su padre. Si bien la causa principal de su "huida" era otra, no podía negar que desde que se marchó, tenía la sensación de que se estaba vengando de su padre por todos esos años que pasó solo en casa sin recibir la atención de nadie. No tenía ninguna intención de hablar con él.

—Si me he ido de casa es precisamente para que aprenda lo que uno siente al ser abandonado —replicó Eren con frialdad.

Mikasa guardó silencio, dolida por las palabras que acababa de oír. Jean no cambió de parecer, y siguió pensando que Eren era una egoísta por actuar de forma tan inesperada. Armin simplemente no entendía nada. Nada de todo aquello tenía sentido para él. Era cierto que la relación de Eren con su padre nunca fue buena, y por mucho que lo escondiera, Armin muchas veces veía la decepción cruzar el rostro de Eren al regresar a casa y no ver a nadie esperándole. Pero escaparse de casa tan repentinamente, sin avisarles, rechazando implícitamente quedar con ellos, y esa postura tan egocéntrica... Allí fallaba algo, y la conclusión a la que llegó, fue que Eren les estaba mintiendo.

—Eren, no te reconozco —confesó Armin desconcertado—. ¿Estás seguro de que ese que habla eres tú? —inquirió con voz débil. No le gustaba manipular a su amigo, pero la situación lo requería—. ¿Sabes? Quizás... te ha ocurrido algo más y no quieres decírnoslo... ¿Es que acaso no confías en nosotros?

Eren maldijo mentalmente la perspicacia de su amigo, así como su capacidad para manipular a cualquiera, ya fuera su mejor amigo o un desconocido.

—¡Os he dicho la verdad! —exclamó Eren consternado—. ¿Cómo podéis si quiera dudar de mí?

Mikasa observó a su amigo detenidamente y finalmente, dijo:

—Te creemos, Eren.

Armin la miró de reojo, pero no dijo nada.

—Solo prométenos que estás bien —pidió, cogiendo sus manos casi a modo de súplica.

—Estoy bien —mintió Eren con una fingida sonrisa.

Esta le sonrió también, pero con la pequeña diferencia de que la suya era sincera. Más relajada, le abrazó por segunda vez. Eren le devolvió el abrazo pero sin mucho entusiasmo.

—Entonces, ¿regresarás mañana a clase? —preguntó Jean.

—Sí... Seguramente...

—Si necesitas cualquier cosa, dímelo, sabes que no me importa acogerte en mi casa.

—Lo sé.

Armin no parecía ni de lejos convencido de que todo estuviera bien. Pero si era verdad que Eren volvía a clase, tendría ocasión de interrogarle disimuladamente y sacar alguna otra conclusión. Jean tampoco las tenía todas, pero prefirió no insistir. Siempre había mantenido una rivalidad con Eren, siempre estaban peleando, pero Armin tenía razón, el Eren que el veía en ese momento, era un desconocido. En su rostro no atisbó nada del que fue su amigo durante todos esos años. Mikasa, por su parte, jamás pondría en tela de juicio lo dicho por su amigo, pese a que la angustia en su corazón no desapareció.

Tras ver que había logrado calmar a sus amigos, se despidió de ellos alegando que tenía cosas que hacer, aunque no especificó qué tipo de cosas. Al oír eso, Armin, Mikasa y Jean intercambiaron una mirada cómplice.

—¿Ya te vas? —preguntó Armin nervioso—. No ha pasado ni media hora.

—Tengo cosas que hacer —repitió Eren.

—Quédate un poco más con nosotros —pidió Mikasa con voz afable.

—¡No puedo! Estoy muy ocupado.

Jean inquieto, miraba hacia atrás constantemente.

—Pero, Eren... Aún no hemos terminado de hablar —añadió Armin con un leve temblor en su voz.

—¡¿Se puede saber qué os pasa?! —replicó molesto.

Ninguno de sus amigos dijo nada, parecían realmente incómodos con esa situación. De repente, una voz estruendosa se alzó clara y fuerte:

—¡EREN!

Los cuatro se dieron la vuelta al mismo tiempo, y horrorizado, Eren reconoció a su padre corriendo hacia él como un desesperado.

—¿¡Qué hace él aquí!? ¿¡Fue idea vuestra?! ¡Le dijisteis que viniera, ¿verdad?! ¡Sois unos traidores! —les gritó Eren con rabia.

Su padre llegó jadeando hacia ellos; su rostro detonaba alivio, enfado y consternación.

—Eren, hijo...

Este retrocedió negando con la cabeza.

—¡No te acerques a mí!

—Eren, lo hemos hecho por tu bien —dijo Mikasa entristecida.

—¡Lo sabía! —confirmó Eren —. ¡No debí quedar con vosotros! ¡No tuve que haber venido!

—Eren, nosotros... —empezó Armin inseguro.

—¡¿Con qué derecho decidís por mí?! ¡Es mi vida!

—Solo queremos que hables con tu padre y así podáis reconciliaros —aseguró Mikasa.

—Hijo, aún no es demasiado tarde, sé que no he sido el mejor padre pero...

Eren negó con la cabeza.

—¡No! ¡No! ¡No quiero hablar contigo! ¡Ni tampoco de lo nefasto que has sido como padre! ¡Yo solo quiero...!

"Regresar con Levi"

Tenía que salir de ahí. Levi tenía razón.

—Eren, tranquilízate —rogó su amiga bastante alterada.

—¡No! ¡Dejadme! ¡No tenéis ni idea! ¡Vosotros no sabéis...! —la ansiedad empezaba a crecer, y le costaba respirar. No podía pensar con claridad y la situación le estaba superando—. ¡Vosotros no sabéis nada! ¡YO SÍ...! ¡Yo sí lo sé! ¡Y no quiero estar aquí!

—¡Eren, cálmate, por favor! —exclamó Armin alarmado.

—Vayamos a casa, hijo —imploró Grisha sin perder los nervios.

—¡NO! ¡No quiero ir a casa! ¡DEJADME!

Sin previo aviso, Eren sintió un golpe tremendo en su rostro. Con la vista borrosa, se tambaleó y gritó ante el ardor que le produjo ese golpe. Con los ojos entrecerrados, alzó la vista y vio una silueta frente a él. ¿Jean? Otro golpe, esa vez en la boca, y Eren juró que le había saltado un diente. Tapándose la boca, ahogó un grito de dolor. Un golpe más, y cayó de rodillas. Le ardía la nariz, y un hilo de sangre corría por su boca. Alguien se arrodilló a su lado, pero fue incapaz de saber quien se trataba.

—Tranquilo, hijo. Todo irá bien.

Era su padre, le estaba cogiendo la mano. Oía la voz de Mikasa quejándose, y Jean respondiéndole de mala gana. Lo último que notó fue un pinchazo en el antebrazo. Seguidamente, todo se volvió aún más borroso y cayó inconsciente casi al instante.

—¿Qué le ha inyectado? —preguntó Armin.

—Un sedante. Estaba muy alterado.

—Llevémosle a casa —sugirió Jean, frotándose los nudillos.

Todos asintieron.

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