Alas grises.

Cuando Hanayo cumplió los ocho años y Nozomi tenía diez; aquel accidente ocurrió. Aquel día era como cualquier otro: Shirome-san estudiaba junto a Nozomi y bueno, Hanayo estaba tan distraída que no ponía mucha atención a las lecciones de magia, y la verdad es que yo tampoco. Tiempo después ignoramos a Shirome-san y a Nozomi y ambas salimos de la cabaña en la que vivíamos.

Afuera se respiraba un ambiente diferente. La lluvia torrencial caía en las copas de los arboles e inundaba los caminos del bosque. Miré a Hanayo preocupada, realmente no era prudente salir en un día así, pero como ya dije, Hanayo siempre iba a su ritmo sin que nadie más la pudiera detener. A pesar de ser una chica que se asustaba fácilmente, tímida e inocente, mostraba mucha valentía en las cosas que le interesaban.

La magia rosa de Hanayo salió de sus dedos y nos cubrió de la lluvia en un manto. Ambas comenzamos a alejarnos de la cabaña. Corrimos y nos internamos más al bosque, yo no tenía problema porque conocía muy bien el lugar y, mientras permaneciera a lado de Hanayo, nada malo nos pasaría. La lluvia era pesada y apenas si nos dejaba ver frente a nosotras; pero nos divertíamos: pisábamos charcos que se acumulaban en la tierra húmeda y jugábamos con el fango; ese era un día a día junto a mi joven bruja. Con su magia Hanayo iluminaba entre los árboles y creaba pequeñas estelas de luz las cuales, con las gotas de lluvia, brillaban hermosamente.

Pronto esa pequeña diversión fue cortada abruptamente por un sonido agudo de algo a la lejanía. Ambas nos alertamos con aquel estrepitoso ruido que hizo eco en todo el bosque. Lo mejor que podíamos hacer era alejarnos de aquel lugar lo más rápido posible. Podía haber peligrosos depredadores y, sin Shirome-san, seguramente estaríamos perdidas en una situación así. Pero Hanayo no pensaba igual.

Una extraña sensación se apoderó del ambiente. Hanayo miraba al lugar donde había venido aquel ruido; temblaba y su piel palideció al instante. Me acerque a ella y trate de llamar su atención, pero hizo caso omiso a mis insistencias.

–Vamos Hanayo-chan, regresemos a casa… –Dije poniéndome frente a ella pero Hanayo tenía la vista perdida entre los troncos de los árboles. Ante su extraña reacción decidí averiguar que le pasaba–. ¿Estás bien, Hanayo-chan?

–Hay… alguien… –Sin comprender sus palabras me quede viendo fijamente su rostro: su labio inferior temblaba con desesperación y su cuerpo entero tiritaba. Nunca la había visto actuar así, por eso me preocupe más por ella–. Me llama….

Agucé el oído pero yo no escuche nada más que la resonante lluvia caer en el suelo y el cauce del rio cercano descontrolado. Me sentí cada vez más preocupada; entonces, sin decir nada, simplemente comencé a arrastrar a Hanayo de vuelta a casa.

–No es nada Hanayo, seguro son las voces del bosque. Vamos, Shirome-san se preocupara si no nos encuentra… –Dije fingiendo valentía, pero realmente tenía un muy mal presentimiento el cual erizaba las plumas de mis alas.

–No, Kotori-chan… –Musito–. Hay alguien, pi-pide ayuda… –No me dio tiempo siquiera a cuestionarla, en un segundo Hanayo se había soltado de mi agarre y corría adentrándose más al bosque.

La seguí de cerca. No podía volar ya que mis alas estaban muy húmedas, y no tenía mucha condición física con mis piernas, así que solo me quedo tratar de alcanzarla desesperadamente, aunque me costó ya que en ocasiones desaparecía entre la espesura de los árboles.

Desesperada me acerque a ella y, con todas las fuerzas que tenía, la alcance por fin. La tome de la mano y me puse frente a ella.

–N-No hagas eso Hanayo-chan –Dije entre jadeos–. Regresemos, no hay nada aquí, nadie viene a este lado del bosque.

Pero sin siquiera meditar mis palabras: Hanayo me aparto de su camino y lentamente comenzó a caminar a un claro que había justo frente a nosotras y entonces, postrada completamente inconsciente, ahí apareció.

Me acerque temblorosa a Hanayo y vi asombrada que lo que decía era verdad. Bajo mis pies había una chica; no tenía más de diez años; su característico cabello color naranja brillaba con la luz del sol gracias a lo empapado que estaba. La chica respiraba con dificultad, intentando no cerrar los ojos, aquellos hermosos ojos color amarillo. La mire asustada, parecía muy herida, sangre carmesí brotaba de uno de sus hombros y su cuerpo temblaba por todas las fuerzas que ponía por sostener un objeto en sus manos; era como una cadena de oro.

Hanayo se acercó rápidamente a ella y su cabello comenzó a brillar.

–Está muriendo… –Dijo tranquila–. Pobre… –Me acerque a Hanayo desconcertada por sus palabras. Sus palabras no parecían expresar ningún sentimiento, pero su rostro mostraba todo lo contrario, mostraba dolor, mostraba angustia, sus lágrimas se precipitaron a salir de sus ojos y mojar el rostro de aquella chica la cual luchaba por aferrarse a la vida.

–Hanayo-chan –Miré a Hanayo y después a la chica de cabello naranja–, no podemos hacer nada, vámonos… –Hanayo no se movió de su lugar, y, al contrario de alejarse de aquella chica: comenzó a iluminarla con su magia dorada.

La joven bruja se mordía fuertemente los labios, impotente por no poder ayudar en nada a aquella chica. Entonces, algo que me dejo petrificada paso:

–A…A… Ayu… da… –Dijo la chica herida. En aquella situación se le partiría el corazón a cualquiera, pero yo no sentía nada por ella, al contrario de…

– ¡Te ayudare! –Grito desesperada Hanayo mientras llevaba sus manos engullidas en magia al hombro herido de la chica–. Tranquila, estarás bien, sígueme hablando.

–Hanayo-chan no lo hagas, acaso no te das cuenta de lo que ella es… –Hanayo no me volteo a ver, pero al instante se tensó–. ¿Qué pensara tu madre si llevas a alguien como ella a la casa? –Hanayo comenzó a sollozar más; sus manos temblorosas se iluminaban y apagaban con su magia–. Fue la decisión de esa niña entrar a este lugar, sabes muy bien lo que hace el bosque a las personas ignorantes como ella. Simplemente déjala y…

–Vamos tranquila, vas a estar bien… ¿Cómo te llamas?

– ¡Hanayo, déjala! –Grite desesperada–. Ni tu madre ni tu hermana toleraran que interactúes con un Humano, es mejor dejarla aquí…

– ¡ELLA NO ES UN ANIMAL! –Grito estrepitosamente rompiendo bruscamente el sonido de la lluvia–. Ella no es un animal como para dejarla morir tan cruelmente. Por favor, Kotori-chan, ayúdame. –Por fin me volteo a ver con aquellos ojos suplicantes que por más que quisiera no podía rechazar.

Realmente no quería hacerlo, pero si era una orden directa de mi ama no podía desobedecerla. Rápidamente me acerque a ambas chicas y con mi luz amarilla cubrí el cuerpo de aquella chica, al instante comenzó a respirar con normalidad, pero aún estaba muy débil.

–Gra… Gracias… –Dijo Hanayo en un susurro y entre lágrimas.

–No me lo agradezcas aun, tenemos que llevarla con Shirome-san, mi magia no es suficiente para mantenerla estable.

– ¿Puedes volar? –Volteo desesperada a verme, le negué con la cabeza pero su insistencia no disminuyo–. Inténtalo, así llegaremos más rápido.

–Esto no es una buena idea, Hanayo…

–Tenemos que salvarla –Se volvió a la chica–. Como yo te salve a ti… –Dijo en un susurro y en ese momento sentí como si mil agujas perforaran mi corazón. Un sentimiento frio recorrió mi cuerpo; no podía desobedecer a Hanayo, me había dado la orden y yo tenía que hacerlo; solo por ella.

Sacudí mis alas y trate secarlas con mi magia, las extendí y mire a Hanayo con intensión de que se acercara a mi lado.

–Gracias, Kotori-chan… –Se acercó a mí y la tome de la cintura. Hanayo tomo a la chica entre sus brazos y la envolvió con su magia para que no se callera–. Háblame…. –Se dirigió a la chica–. ¿Cómo te llamas?, no dejes de hablarme… –Sentí un gran vacío en mi pecho al ver cómo le prestaba atención a aquella chica.

–No… No… lo se… –Dijo la chica en un susurro y esas fueron sus últimas palabras antes de caer inconsciente entre los brazos de Hanayo y su magia.

Extendí mis alas por todo lo ancho y con un leve movimiento comenzamos a desprendernos de la tierra. Gracias a la magia de Hanayo parecía que solo la cargaba a ella, algo de lo que ya estaba muy acostumbrada. Me apure a llegar a la cabaña, pero en ese momento no quería ir. Trate de fingir que no podía ir más rápido debido a la lluvia –cosa que era cierta–, o que me había perdido y no sabía por dónde ir. Lo único que buscaba era retrasar el inevitable destino un poco más.

Cuando llegamos a la cabaña Shirome-san nos recibió con su rostro molesto y preguntándose donde estábamos, pero, apenas vio a la chica que llevaba Hanayo en brazos, se apresuró a entrar a la cabaña seguida de Hanayo y yo, que con indecisión las seguí.

Shirome-san quito algunas cosas que habían en la mesa e hizo que Hanayo recostara a la chica. La miraba desde lo lejos; viendo como hacían esfuerzos para mantener vivía a aquella chica. Desesperada Hanayo lloraba y decía a su madre que tenía que hacer el ritual para "familiar", pero ella le decía que no era necesario ya que la chica no estaba tan herida para quitarle su alma. Simplemente tenían que curarla con su magia y con algunas pociones se recuperaría pronto, simplemente eso.

Shirome-san no parecía tan molesta o indignada como yo me lo esperaba por traer a un humano a su casa. Realmente creí que odiaría la idea desde que conocí lo que el padre de Hanayo y Nozomi había hecho. Pero ella parecía tomarlo bastante bien a diferencia de…

– ¿Que hace ella aquí? –La repentina voz de Nozomi se escuchó en toda la cabaña a pesar de que solo había sido un susurro–. ¿Quién es ella? ¿Por qué está aquí?

–Esta chica estaba herida en el bosque, Hanayo la trajo para…

– ¿Si estaba herida porque no la dejaste ahí Hanayo-chan? –Dijo Nozomi alejándose más de nosotras y ocultándose detrás de la chimenea–. Es su culpa por entrar al bosque, no tenías por qué traerla. –Juro que nunca había visto a Nozomi tan habladora como aquella vez–. Después de que la curen espero que se vaya… ¿Se ira verdad mamá? –Miro insistente a su madre.

–E-Eso no lo sé Nozomi… –Miro a su hija con tranquilidad–. Primero dejaremos que despierte y después ya veremos que…

– ¡Como te atreves a decir eso! –De pronto, el repentino grito de Hanayo nos impresiono a todas, parecía que lo estaba aguantando por mucho tiempo–. Ella no se ira a ningún lado. Está herida y quizás este asustada, no podemos dejarla a su suerte; es solo una niña…

–Tú también eres una niña y pudiste encontrar el camino de vuelta a casa –Nozomi se escondí más entre la chimenea, asustada tal vez de la repentina molestia de Hanayo.

–Ella no se ira a ningún lado –Hanayo volteo a ver a su madre con lágrimas en los ojos–. Verdad mamá, dile a Nozomi-chan que se puede quedar con nosotras.

–Bueno, Hanayo, eso es complicado… –Hanayo lanzo un sollozo agudo mientras que su madre la atraía más a su cuerpo–. Quizá esta chica tenga familiares, alguien que la espera; no podemos simplemente adoptarla como si fuera una mascota, los humanos no son así.

–Pero tú dijiste que… –La madre la miro juiciosa haciéndola callar. Sabía lo que Hanayo diría, ya que, siempre que hablaban de su padre (cosa que era rarísima de escuchar): Shirome-san siempre se expresaba de él de la manera más despectiva que podía.

–No hablemos más de esto Hanayo. Cuando esta chica despierte se tendrá que ir… –Dijo la madre alejándose de su hija y acercándose a la chimenea en donde un caldero negro humeaba con la pócima para la chica moribunda.

Me intente acercar a Hanayo; pero sus constantes temblores me asustaban y su comportamiento anterior me había dejado fría y deshecha, como si me hubieran robado toda la felicidad que antes compartía con ella. Aun así Hanayo era mi ama, y no podía dejarla llorar sola sin siquiera intentar hacer algo.

–Hanayo-chan… –Me acerque a ella tímidamente y la tome de la mano–. Quizás Nozomi-chan tenga razón y deberíamos… –Hanayo me volteo a ver con la nariz arrugada y el ceño fruncido, nunca la había visto tan molesta antes–. Ya lo dijiste antes –Tome un profundo respiro y me prepare para lo que estaba a punto de decir–: No es un animal, no te pertenece… –La mirada de Hanayo se apaciguo mientras acercaba su mano a aquella chica.

Hanayo hacia círculos en la blanca piel de la chica y la miraba nerviosa. De pronto se percató de lo que con gran recelo aquella chica guardaba entre sus manos. Hanayo, suavemente, separo uno a uno los dedos de aquella chica y ahí descubrió algo que la dejo paralizada al verlo:

Era un guardapelo dorado, que brillaba con los ojos rosados de Hanayo. Los sostuvo con fuerza entre los dedos y lo acerco a su pecho. No sabía porque pero ese acto me lleno de seguridad y tranquilidad.

–Crees en el destino… Kotori-chan –Dijo repentinamente dejándome al momento aturdida y sin habla–. Por alguna razón, es como… –Hanayo vio a la chica con vehemencia, como sí significara mucho para ella en ese momento–, como si el destino hubiera puesto a esta chica en mi camino. –Por lo tranquila que lo decía yo no pude evitar sentirme del mismo modo; entendiendo a la perfección sus palabras.

Mire a Hanayo como ella miraba a la chica. Claro que creía en el destino, después de todo había sido mi destino encontrarme con Hanayo, había sido mi destino permanecer a su lado el resto de mi vida, y había sido mi destino que, lo que siento en mi corazón brotara solo por ella.

–Claro Hanayo… –Le conteste, pero sentí como mi voz temblaba–. Claro que creo. Y creo también… –Tenía un nudo en la garganta; tenía tantas ganas de llorar por las palabras que estaba a punto de decir–, que la decisión que tomes será la correcta.

Hanayo me miro impresionada. Lentamente levanto su mano y la acerco a mi rostro; le correspondí el afecto con una sonrisa. De pronto sentí como las frías lágrimas brotaban de mis ojos y se calentaban con el tacto amable de Hanayo; ni siquiera me había percatado que había empezado a llorar, pero en ese momento me sentía tan desdichada y al mismo tiempo tan agradecida que no sabía que más hacer ni pensar.

.

Días después, aquella chica de cabello naranja despertó. Descubrimos, para tragedia de todas –menos para Hanayo–, que aquella chica no podía recordar nada; no sabía quién era, ni siquiera como se llamaba, solo recordaba que tenía que proteger algo con fuerza, y ese algo era el guardapelo que celosamente guardaba.

Al no tener un nombre Hanayo le dio uno, como a mí. La llamo Rin, y, como su madre le dijo que un humano debía de tener un apellido y ya que Hanayo representaba al sol y su hermana a la luna: Hanayo la decidió llamar Hoshizora, como el nombre de todas las estrellas.

A pesar de las constantes riñas de Hanayo y Nozomi para que Rin se fuera lejos, la chica castaña término ganando, ya que Shirome-san y Hanayo querían que se quedara al menos hasta que descubrieran quien era aquella chica misteriosa. Nozomi la evitaba, la evadía e incluso llego a hacerle travesuras con su magia, pero tiempo después se fue acostumbrando tanto a su presencia que las cuatro jugábamos juntas, incluso Nozomi que no era muy dada a seguirnos cuando jugábamos.

Como dije: esto fue el detonante para que las peleas de las dos hermanas comenzaran y, aunque eran menores por la presencia de Rin, se basaban principalmente en que Hanayo ya no mostraba interés en la magia y en ser la sucesora de la bruja protectora, así que toda la responsabilidad recayó en Nozomi.

Mientras tanto, el trato que me daba Hanayo no cambio en lo más mínimo, incluso podía asegurar que era cada vez más unida a mí. Aunque, cuando Hanayo se iba a solas con Rin y me dejaban atrás, no podía evitar sentirme nostálgica y deseosa de que aquella humana nunca hubiera aparecido.

Así eran todos los días: Nozomi estudiaba y yo me divertía junto a Rin y Hanayo.

Pero poco tiempo después, Shirome-san murió…

El día que pasó eso no puedo decir cómo fue, realmente no lo recuerdo muy bien. Pero por una extraña razón todo mi cuerpo duele si pretendo recordarlo, es como una maldición que puso Shirome-san en nosotras al tratar de recordar su perdida; pero quizás eso no lo sabremos nunca.

Hanayo tenía diez años, mientras que Nozomi tenía doce y era la candidata perfecta para ser la sucesora de la bruja. Su madre estaba orgullosa de ella; quizá de ambas. No sabía muy bien cuanto cariño le demostraba Nozomi a su madre ya que yo pasaba la mayoría del tiempo con Hanayo, así que ciertamente no puedo decir si Nozomi le tenía especial afecto a su propia madre; cosa que después confirme.

Era una tarde calurosa cuando todo pasó. Shirome-san había salido al pueblo a reabastecerse de nuevos ingredientes para pociones con la llamada "Alquimista". Nunca llegue a conocerla antes de eso, pero, cuando Shirome-san regresaba a casa con las compras, siempre se la pasaba hablando de ella: de como tenía un hermoso cabello color negro como la noche, o como sus ojos grises brillaban con tan solo verla. Parecía enamorada de aquella chica que al parecer era más joven que ella; pero eso nunca lo sabremos, ya que lo que expresaba por la alquimista era más admiración que una devoción. Pero cada día que nos contaba de ella susurraba tan suave su nombre con una vehemencia que pocas veces podíamos escuchar: "Sui", decía cada que su relato se desviaba de tema.

Bueno, dejando eso de lado. Aquel día Shirome-san fue al pueblo, además de ir por las compras, dijo que tenía algo importante que hacer, algo acerca de recoger a al… a, a al…, tenía que hacer algo.

Las tardes eran calurosas en la cabaña durante aquella época del año. Hanayo se había encariñado tanto de Rin que no podía verla ni un segundo sin que no estuvieran juntas. Mientras tanto, Nozomi estudiaba sus lecciones de magia: encendía sus manos y vertía su magia en los calderos frente a la chimenea, haciendo que un olor desagradable enrareciera todo el lugar viendo su extraña creación con desagrado y decepción. Yo, harta de permanecer más tiempo ahí: salí de la cabaña proponiéndome estirar las alas. Parece que mis dos compañeras entendieron el mensaje ya que no dudaron en salir junto conmigo a dar un paseo por el bosque.

Las tres jugamos durante mucho tiempo; alejadas de casa y ajenas de lo que ahí pasaba. Jugábamos en un páramo alejado del bosque y cerca del pueblo. La densa niebla que atormentaba al pueblo como una maldición estaba clara y se podía respirar tranquilamente dejándonos ver el cielo azul y los brillos hermosos del sol.

Pasaron las horas y, tan rápido como nos duró la tranquilidad algo extraño paso y fue que el ambiente poco a poco comenzó a cambiar. Los rayos de sol se ocultaron tras las nubes negras que se arremolinaban en el cielo y se acumulaban alrededor del pueblo.

Me dirigí a Hanayo con afán de ir de vuelta a casa, ya que: al ver las nubes no pude evitar pensar que comenzaría a llover en cualquier momento. Pero al momento de acercarme a Hanayo, vi como ella estaba absorta mirando aquel cielo grisáceo; con sus ojos bien abiertos y su iris apenas visible.

–K-Kayochin… –Dijo débilmente Rin y se acercó al cuerpo de mi ama–. ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal? Iré a buscar a Shirome-san Nya, ella sabrá que hacer. –Precipitada: Rin se lanzó en búsqueda de la mamá de Hanayo, pero yo la detuve antes de que se fuera.

– ¡Espera Rin-chan! –Grite tratando de llamar su atención–. Estará bien, no es nada –Suponía, ya que esa mirada la había visto antes, justo el día en el que encontramos a Rin–. Hay que alejarla del bosque, solo eso.

De pronto, algo que nos impresiono a todas capto nuestra atención: Un rayo cortó la densa niebla y nos dejó ver como el cielo se iluminaba de color blanco. Conocía muy bien esa luz: era la magia de Shirome-san.

–Mamá… –Musito Hanayo y rápidamente trato de correr hacia el bosque–. Tengo que ir, Mamá esta…

–Espera Hanayo-chan… –No sabía lo que decía, pero quería impedir a toda costa que Hanayo fuera hacia el lugar de donde provenía el rayo mágico de Shirome-san. Lo sentía dentro de mí, sentía un sentimiento de impotencia y angustia–. Yo iré… –Dije repentinamente y sin siquiera pensarlo–. Quédate aquí con Rin-chan, si pasa algo asegúrense de estar a salvo.

– ¡No vayas! –Grito insistente y se aferró a mi brazo–. Mamá nunca utiliza su magia a no ser que…, a no ser qué algo le haya pasado… ¡Tengo que ir, sino!

– ¡Hazme caso esta vez Hanayo! –Regañe a mi ama, nunca pensé hacerlo, pero solo era porque quería protegerla–. Quédate aquí. ¿Qué pasara si Rin-chan se queda sola? –Mire a Rin; temblaba y se aferraba a el brazo de Hanayo–. Cuídense ustedes y quédense aquí, si algo pasa busquen a Nozomi.

–No vayas… Kotori-chan –Sus palabras estaba llenas de sentimientos y por un momento titubeé en mi decisión; pero solo lo haría por ella. Aparte su mano suavemente y le esboce una sonrisa intentando tranquilizarla–. Ten cuidado… ¿Me lo prometes? –Me dijo.

Le asentí con la cabeza y, sin dudarlo más, extendí mis alas y emprendí el vuelo hacia donde había visto aquella luz blanca.

Cuando llegue vi algo… No recuerdo que… Eran flores… Era Rojo… Era la voz desesperada de la mamá de Hanayo y la de… La de… La de Nozomi, creo… Risas… Lamentos…. Pétalos de flor… La luna plateada que en el cielo salía… Una voz nueva…

Asustada y desesperada volé de nuevo al pueblo junto a Hanayo. No sabía que decirle, no lo recordaba, parecía como si nunca me hubiera apartada de su lado en aquel periodo de tiempo. Pero sabía que no podía ser cierto porque la luna ya estaba en su máximo apogeo. Me reuní con las dos chicas y fuimos directo a casa, angustiadas y con el corazón en un puño por no saber lo que había pasado.

Atravesamos desesperadas el bosque hasta llegar a la casa, y entonces lo que vimos al entrar nos dejó paralizadas e impotentes de hacer nada más.

Hanayo se dejó caer al suelo apenas vio a Nozomi dentro de la cabaña: con sus rostro lleno de lágrimas; con sangre en sus manos y temblando frenéticamente a lado del cuerpo de su madre.

Hanayo gateo a lado de Nozomi y vio el cuerpo inerte de su madre. Nozomi lloraba desconsolada y se acercaba de igual manera a su cuerpo, dejando que las lágrimas de ambas hermanas empaparan por completo el rostro de su madre.

Nozomi se acercó a su hermana e intento abrazarla, pero en ese momento algo impensable ocurrió…

Hanayo aparto a Nozomi y la vio con molestia, con sus ojos llorosos llenos de ira. Nozomi la miro impresionada y comenzó a sollozar más fuerte.

– ¿Q-Qué fue lo que paso…? – Hanayo musito tan bajo que apenas lo pude escuchar. Pensé que en ese momento no podría ni hablar por la impotencia, pero parece ser que me equivoque–. ¿Qué fue lo que paso? Nozomi…

–N… No lo sé… –Nozomi lloro más fuerte. En ese momento la que parecía ser la hermana fuerte me pareció la débil y viceversa–. Yo… Mamá… No lo sé… –Se echó a llorar más fuerte ocultando su rostro en el hombro de su madre–. Hanayo, yo…

–Dímelo Nozomi… –La luz rosa de las manos de Hanayo ilumino todo el lugar. Sus ojos llenos de furia miraban a Nozomi esperando respuesta.

–Ca-Cálmate, Kayochin… –Dijo Rin entre lágrimas, pero sus palabras nunca fueron escuchadas–. Tranquila, Nozomi no tiene la culpa, hay que pensar eso más tarde, ¿quieres…?

Un repentino rayo rosado salió de las manos de Hanayo e impacto a lado de Nozomi. Asustada, la bruja de la luna retrocedió y comenzó a sollozar desesperada.

–No los sé, Hanayo… Cuando llegue a casa ella ya estaba… Ya estaba… –La chica se abrazó a sus rodillas. No me parecía que mintiera, pero Hanayo esta tan molesta que no pensaba con claridad. Otro rayo salió de sus manos e impacto en la madera detrás de Nozomi.

– ¡¿Llegaste?! Se supone que permanecerías aquí a recibir a mamá, ¿dónde estabas?

Los ojos de Hanayo brillaban furiosamente. Nozomi se enjuagaba desesperada las lágrimas de sus ojos y se incorporaba lentamente; todo su cuerpo tembló, de miedo quizás.

–Yo… –Nozomi se llevó las manos a la cabeza y comenzó a hacer un esfuerzo por recordar. Su rostro palideció y su ceño se frunció–. No lo sé, donde… –Dijo débilmente. Podía percibir que decía la verdad, ella no tenía la culpa de nada, pero algo en mí interior me decía que esa no era toda la verdad.

Nozomi se sostuvo la cabeza y comenzó a gritar de dolor, parecía abrumada, adolorida; no podía verla así, me asustaba, me daba tristeza. Pero Hanayo no pensaba de la misma forma que yo ya que de sus manos salieron múltiples rayos rosados que impactaron cerca de Nozomi, sin embargo nunca la golpearon.

–Debías de cuidarla… –Decía amargamente y desesperada por golpear a Nozomi–. Ella confiaba en ti… –Poco a poco la voz de Hanayo se apagaba, quizás comprendiendo que las acusaciones que lanzaba a Nozomi no tenían razón ni sentido alguno. Muy en el fondo Hanayo sabía que Nozomi no tenía la culpa, pero aun así el enojo era tal que, de pronto, una lluvia de rayos dorados salió de sus manos con afán de golpear a Nozomi–. Nunca le pude decir cuánto la quería… –Lloro más amargamente y miro a Rin-chan de la misma manera–. Nunca pude agradecerle… Lo siento… Lo siento…

Parecía acongojada, pero aunque Rin o Nozomi se intentaron acercar a ella, la lluvia de rayos salía volando apenas nos precipitábamos a dar un paso.

Hanayo miro furiosa a Nozomi y comenzó a atacarla más desesperadamente, sus rayos dorados lograban impactarle el cuerpo. Nozomi trataba como podía de protegerse con su magia, creando un manto purpura alrededor de ella haciendo que los ataques de Hanayo impactaran en él.

– Porque… Porque… –Nozomi se recuperaba poco a poco. Su cabello ilumino la obscuridad de la cabaña–. Yo no tuve la culpa Hanayo. ¡Entiéndelo!

Sin hacer caso a las palabras de su hermana, aquella batalla interna de Hanayo exploto. Rápidamente se acercó a nosotras y nos resguardo detrás de su espalda. No pude evitar sentirme desesperada y preocupada cuando se acercó a nosotras. En tan solo un segundo y al ver que su hermana no le hacía caso: Nozomi comenzó a atacarla también, con rayos purpuras que chocaban con los dorados de Hanayo y creaban chispas que iluminaban toda la cabaña.

– ¡Deténganse, por favor, este no es momento de pelear! –Grite desesperada, pero mi suplicas no fueron escuchadas.

–Detente Kayochin, Nozomi no tiene la culpa, entiéndelo de una vez… ¡No solucionaras nada con esta pelea! –Entonces, Rin-chan se acercó al cuerpo de Hanayo y la tomo del brazo, sin importarle siquiera el ataque de furia de la joven bruja.

Hanayo volteo a verla molesta apenas sintió el tacto de Rin contra ella. Al verla poco a poco se fue apaciguando, su cabello dorado se fue apagando y de sus manos solo salían chispas.

La mire aliviada; pero eso me duro podo porque un rayo purpura de las manos de Nozomi aun brillaba en toda la obscuridad. Con el rostro ensombrecido y si siquiera levantar la vista: Nozomi lanzo el rayo con intención de golpear a su hermana, y casi lo consigue si no hubiera sido por…

– ¡AH! –Grite agudamente. Mi grito era desgarrador y podía cortar a la perfección la densa niebla del pueblo. Aleteos lejanos se escucharon fuera de la casa. De pronto me encontraba postrada a los pies de Hanayo–. E-Estas bien… –Le dije. Levanté la mirada y trate de parecer lo más normal que podía, pero era tanto el dolor en mis alas que apenas si podía articular palabras.

– ¡KOTORI! –Tanto Rin como Hanayo gritaron al mismo tiempo. Rápidamente se acercaron a mi lado y me vieron asustadas.

La sangre carmesí de mis alas manchaba mis brazos y piernas, intentaba desesperada moverlas pero no tenía respuesta de ellas: se habían quedado completamente paralizadas. Comencé a llorar amargamente, pero no por mí, sino al ver que Hanayo lloraba desconsoladamente repitiendo una y otra vez:

–Es mi culpa… Lo siento, Kotori-chan… –El amargo llanto de Hanayo rompió mi corazón–. Es mi culpa, tú me salvaste y yo… soy una bruja tan inútil…

–No es así… –dije con dificultad y acercando mi mano al cuerpo de Hanayo–. Estoy bien, –Es la mentira más grande que le dije a mi ama, al menos en ese tiempo–. Tranquila, ya paso todo, no tuviste la culpa de nada… –Medite bien mis palabras pero tenía razón en lo que estaba a punto de decir–: Tampoco Nozomi-chan la tiene… –Entonces, el amargo grito de Nozomi llego hasta mis orejas y termino de destruirme el corazón; sus sollozos rompían el ambiente al igual que los de Rin y Hanayo–. No se culpen, ninguna hizo algo malo… –Acerque mi mano a la mejilla de mi ama y trate de limpiar sus lágrimas–. Olvidemos todo por hoy, ya habrá tiempo de pensar. Pero prométanme que no pelearan de nuevo –Intente esbozarle una sonrisa– ¿Sí?

Al momento Hanayo me abrazo fuertemente, sintiendo como el dolor de mis alas disminuía solo por el hecho de tenerla cerca. Los pasos titubeantes de Nozomi se escuchaban a la lejanía. Con las pocas fuerzas que tenía volteé a verla y le trate de sonreír, al instante se acercó desesperada corriendo hacia mí y me abrazo al igual que Hanayo y Rin.

Nunca había visto a Nozomi tan afligida. Podía ver en sus ojos que se culpaba por todo lo que había pasado. Tenía que ser amable con ella. Esa noche habíamos perdido mucho: el amor de una madre, un cariño incondicional y quizá algo más… Pero también se habían creado nuevas cosas, pero no del todos buenas, porque la rivalidad entre las dos hermanas empeoro a partir de ese momento.


Espero que les haya gustado el capitulo en el cual ya sabemos mas sobre lo que paso entre Nozomi y Hanayo. ¿que les pareció la historia de la muerte de Shirome-san? ¿Que pasara ahora que la disputa interna de las dos hermanas ha comenzado? En el siguiente capitulo la conclusión de esta historia contada por Kotori.

Muchísimas gracias por el apoyo a esta historia y muchas gracias por sus Reviews. Siganme en Facebook para que sepan cuando actualizo esta y mis demás historias: Biso47 Fiction

SilentDrago: Que bueno que te gusto esta "nueva" historia narrada por Kotori, esto lo escribí ya que es necesario aclarar algunas cosas para la historia principal. Gracias por le apoyo.

Rebe13: gracias por tu comentario, espero que este capitulo tambien te haya gustado ya qu es un poco triste lo que pasa.

Sin mas, Muchas gracias por Leer y por Su Apoyo y por Sus Reviews.