-Hmm…Si no fueses mi sobrino, me casaba contigo Jean. Bueno no, mejor, me casaba con estas fajitas. Dios, esto está demasiado bueno, tiene que ser ilegal…
Miré a mi tía Kate, la cual comía una de las fajitas que había hecho para la comida familiar. Su mujer la miraba, debatiéndose entre fruncir el ceño ofendida o reírse.
-Oye tú, guapa, que ya estás casada.-tía Emily le dio un suave golpe en el brazo, fingiendo estar enfadada. La otra mujer le miró con los carrillos llenos de comida asintiendo antes de tragar.
-Lo sé mi amor, pero estas fajitas están tan ricas…-Emily rodó los ojos riendo antes de mirar a su hijo Erik, que comía a su lado.
-Mamá está loca, cariño. –le dijo al niño, mientras se colocaba un mechón de su pelo rojo oscuro tras la oreja. El niño asintió, dándole la razón a su madre.
Reí mientras recogía los platos que ya estaban vacíos. El resto de la mañana se me había pasado rápido entre los fogones. Tía Emily había recogido a Erik de la escuela ya que había salido antes de su trabajo, por lo que no tuve que preocuparme de nada más que la comida.
Sentí un suave tirón en la camiseta y miré hacia abajo. Mi primo me miraba con una pequeña sonrisa, diciéndome que me acercase a él. Me arrodillé junto al niño y este se acercó a mi oreja, susurrando.
-Primo Jean, ¿puedo comer un bollo de postre?-por favor, ¿quién podría resistirse a esa carita? Yo no. Lo cogí en brazos y me acerqué a las mujeres, las cuales charlaban mientras se preparaba el café.
-Señoritas, ¿podemos comer un bollo de postre?- las tres madres se giraron hacia nosotros. Tía Kate se encogió de hombros antes de mirar a Emily.
-Por hoy no pasará nada, ¿no?- la pelirroja asintió dándole la razón a su esposa. El niño brincó en mis brazos feliz, gritando un enorme "¡BIEN!".
Caminé hasta el interior de la pastelería, dejando al niño en el suelo, frente a la mampara de los pasteles.
-¿Cuál te apetece? –cogí un pequeño pastel de chocolate y le di un bocado, a la espera de que mi primo se decidiese por alguno de los dulces que teníamos allí. Iba ya por la mitad del pastel cuando escuché un ruido en la puerta de entrada de la pastelería. Por la sombra, alguien estaba mirando a través del cristal para verificar si ya estaba la tienda abierta. Miré el reloj en forma de tarta de la pared y vi que ya eran pasadas las 5, por lo que la tienda ya debería de estar abierta, así que fui hasta la puerta y la abrí. La persona que estaba tras ella se sobresaltó ante el repentino movimiento. Me asomé por la puerta, sorprendiéndome al descubrir a Marco frente a mí.
-¿Mawco?- seguía teniendo parte del pastel de chocolate en la boca, por lo que no pude vocalizar bien. El pecoso me miró asombrado.
-¿Jean? ¿Trabajas aquí? –Marco señaló el letrero de la puerta, mirándome con curiosidad.
-Vivo aquí, esta es la pastelería de mi madre, yo ayudo en todo lo que puedo.- le aclaré una vez mi boca dejó de estar llena de comida.
-Que sorpresa, suelo venir aquí habitualmente por vuestros muffins de chocolate. Debo confesar que son para mí un pequeño vicio.-me rasqué la nuca azorado, al escucharle.
-¿Enserio? Son mi especialidad, solo los hago yo.-la sorpresa se reflejó en el rostro del pecoso.
-Me acabo de enamorar de ti. –Sentí un violento sonrojo instalarse en mi cara al escuchar la broma del moreno, por lo que desvié el rostro a un lado.
-Exagerado…-le contesté mientras él soltaba una carcajada.
-Ah, Jean, tienes chocolate en el labio.-me señaló Marco después de reír. Debía de ser un resto del bollo que me acababa de comer. Pasé mi lengua por mis labios en un intento de limpiarme.
-Hm, no, aun tienes. –Marco se acercó a mí, posando sus manos en mi barbilla, para luego deslizar su pulgar por mi labio inferior, retirando los restos de chocolate. Sentí mi pulso acelerándose ante aquel toque suave y caliente de sus manos en mi rostro, secándoseme la boca al ver como se llevaba el pulgar hasta los labios y lamía el chocolate de él. Chocolate que antes había estado en MÍS labios.
-Está realmente bueno la verdad.-me dijo, sonriendo de lado. Sentía como si mi corazón se me fuese a salir del pecho. Por favor Jean, deja de ser tan estúpido y di algo, por lo que más quieras.
-¿Profesor Marco? – Oh, como amo a este niño, Dios mío. Mi primo Erik había asomado la cabeza por la puerta, seguramente en mi búsqueda por estar tardando tanto. Al escuchar al niño, el moreno frente a mí despegó sus manos de mi rostro, yendo hasta el niño y revolviéndole el pelo, agachándose un poco para hacerlo. Y hay que decir que en aquella postura, de espaldas a mí e inclinado, Bodt tenía un buen trasero.
¿Un buen trasero? ¿Enserio Jean? ¿En qué coño estás pensando? No te puedes fijar en su culo joder, no está bien. No su trasero, que es de escándalo, si no el mirárselo. Joder Jean mira a otro maldito lado.
-Hola Erik, ¿cómo estás?- y ahí estaba el Jesús pecoso siendo jodidamente adorable junto a mi jodidamente adorable primo pequeño. Solo con verlos a ambos juntos y sonrientes puede dar caries, enserio, no exagero.
-Estoy muy bien. ¿Te vas a quedar? El primo Jean me dijo que si me portaba bien podríamos jugar a su Play. ¿Quieres jugar con nosotros?- el niño le miró con esos grandes ojos marrones que tenía y vamos, ¿quién puede negarse a ellos? Nadie. Este niño ganaría guerras con solo poner ojos de corderito, creedme. Marco me miró de reojo y yo desvié mi mirada a su rostro. No era como si le estuviese mirando el culo otra vez, no. Lo juro.
-Bueno, eso será si tu primo quiere…-dijo el pecoso, a lo que yo asentí.
-Claro, como no. Erik te enseñará a jugar al Kingdom hearts, ¿verdad Erik? –el niño aplaudió mientas asentía ilusionado con una gran sonrisa.
Entramos en mi casa, no sin antes pasar por la mampara de los bollos, cogiendo un par de muffins y una galleta enorme con trozos de chocolate para Erik, el cual se la iba comiendo felizmente. En el salón seguían charlando las tres mujeres, con las tazas de café ya frío entre sus manos. Mi madre se estaba riendo de algo que acababan de decir cuando nos vio entrar.
-Oh, cariño, no me dijiste que ibas a traer a un amigo. –tía Kate sonrió al ver al pecoso junto a mí.
-¡Hola profesor Marco! A sí que os habéis hecho amigos. Que monos. –me sonrojé un poco al escuchar a mi tía. Siempre hablaba de más con sus locuras…A saber que estaba pasando por su cabeza en esos momentos.
-Hola Kate, ¿cómo va su pierna? –mi tía movió la pierna para enseñarle la escayola.
-Va, rota pero ahí va. Seguirás teniendo que ver a mi sobrino cada mañana un par de semanas más.
-Bueno, no es como si eso fuese algo malo. –la sonrisa de mi tía me dio miedo. Enserio. Incluso su mujer la miraba de reojo. Menos mal que no soy el único que nota algo raro en todo esto…
-Cierto.-mi tía asintió con la cabeza.- ¿Y qué vais a hacer? Seguramente vuestras novias os estén echando de menos ahora mismo. - ¿Novias? ¿Cómo puede pasar una conversación de una pierna rota a novias?
-No hay que preocuparse por eso, no tengo novia así que…-giré el rostro hacia el pecoso. ¿Enserio estaba soltero? No lo entiendo. Es un chaval alegre y simpático, y además esta de muy buen ver…
-Vamos a jugar a la Play mami.-le dijo Erik a su madre, la cual parecía inusualmente más feliz que antes.
-No os entretengo más entonces mi amor.
-No te pegues mucho a la tele cariño, y haz caso a Jean y a Marco, ¿vale? –le pidió Emily al niño, el cual asintió, empezando a caminar hacia mi cuarto.
-Anda vamos.-le insté a Marco a que se moviese, antes de que alguna de las mujeres volviese a preguntarnos alguna cosa rara.
Creí escuchar de refilón a mi tía diciendo algo como " estos acaban juntos", pero decidí no hacer caso e ir hasta mi habitación.
Cuando llegamos, Erik ya estaba trasteando en la tele, encendiendo la consola y enchufando el mando. Para ser tan pequeño, como entiende de lo que le gusta…
-Tranquilo tigre, trae aquí. –enchufé un par de cables y puse todo en orden, apareciendo el fondo de pantalla del videojuego en la televisión que había frente a mi cama. Cogí al niño y lo senté en la cama, antes de darle el mando para que empezase a jugar.
Una vez dejé al niño entretenido, me giré para mirar a Marco, el cual estaba entretenido mirando la pared central de la habitación, la cual estaba llena de fotos que había ido sacando a lo largo de los años, colgadas por todos lados formando un mural de lo más raro pero que a mí me encantaba.
-¿Son todas tuyas?-me preguntó el moreno, a lo que yo asentí.-Son geniales. No entiendo mucho de fotografía, pero son muy bonitas.
-Gracias. –cogí uno de los muffins que había traído al cuarto y le dí un bocado, cogiendo el otro del plato y ofreciéndoselo a Marco.
-¿Pagas mis halagos con chocolate? Voy a elogiarte más a menudo. –el pecoso se rió antes de dar un bocado al pastelillo y gemir de gusto. Debería ser ilegal emitir sonidos como ese en público, enserio. Y todo por un muffin. No es que quisiese escucharle gimiendo en otra situación, no, es que…Joder Jean, céntrate.
-Bobo…-sonreí, disfrutando del pastel mientras me apoyaba en mi escritorio.
-Cocinas bien, eres bueno con el arte, te llevas bien con los niños…Eres la esposa perfecta. –fruncí el ceño, sonrojándome ante aquel comentario.
-Imbécil, no soy una esposa ni ama de casa ni nada que se le parezca.-el pecoso me miró sonriendo de lado.
-Lástima, pediría tu mano si cada día al llegar a casa me esperases con una bandeja de estos recién salidos del horno.-le lancé un cojín, sintiéndome aún más rojo que antes.
-¿Solo me quieres por mis bollos?-le seguí la broma, imitando el tono de una mujer ofendida ante una discusión amorosa.
-Y por lo que me haces a las noches, nena. –abrí los ojos sorprendido ante la contestación de Marco. Dale con el que parecía un santurrón pecoso. Acabamos los dos riendo, hasta que me llegó un mensaje de Sasha al móvil y lo miré.
"¿Qué tal la vuelta a casa con Marco? (;"
Decidí que la respondería más tarde, aunque no sabía muy bien a qué se refería con aquel mensaje.
-Era Sasha, me preguntaba a ver qué tal lo pasamos ayer.-preferí omitir el hecho de que solo me hubiese preguntado por el trayecto a casa con el pecoso.
-Me cayeron muy bien tus amigos la verdad. Aunque era un poco agobiante tanta gente en tan poco espacio. – sonreí. Me alegraba que el chico hubiese hecho buenas migas con el resto. Parecía haber entablado amistad especialmente con Armin, con el que habló bastante durante la cena.
-Siempre podemos ir otro día a cenar tú y yo solos. -¿sabéis esa costumbre de hablar primero y pensar después? Yo la tengo, y suele aparecer mucho. Recapacité ante lo que acababa de decir, puesto que seguro que el moreno tergiversaba mis palabras.
-Osea, ya sabes, por lo del agobio, y, bueno, eso.-Marco asintió sonriéndome, mirándome divertido con esos grandes ojos marrones.
-Me encantaría.-un ligero rubor se instaló en mis mejillas, por lo que decidí mirar hacia Erik, el cual jugaba a la consola, ajeno a todo lo de su alrededor. El ruido de la puerta siendo tocada a golpe de nudillo llamó mi atención.
Tía Emily apareció por ella, con la chaqueta ya puesta. Nos sonrió a Marco y a mí y caminó hasta Erik.
-Cariño, es hora de marcharnos.-el niño hizo un puchero, puesto que quería seguir jugando un rato más.- Luego jugamos en casa, pero nos tenemos que ir, ¿vale? –Erik asintió, dándome el mando inalámbrico a la mano. Mi tía le puso la chaqueta al niño y se giró a mí antes de salir por la puerta.
-Jean, tu tía ha estado hablando con el consejo de madres de la escuela acerca del teatro que van a hacer este año. El fotógrafo de otros años está de vacaciones, por lo que el puesto está vacante. Y tu tía no ha dudado en comentarles que eres fotógrafo, por lo que si tu quieres, podrías ganarte un dinero. –miré a mi tía sin saber que decir.
-Uauh, claro, encantado.
-Es una decisión que supongo que tendréis que tomar los profesores, ¿no, Marco? –le preguntó la pelirroja al moreno. Marco asintió.
-No sabía que era Jean el candidato que el consejo había comentado, pero estoy seguro que si el resto de profesores ven tus fotos, el trabajo será tuyo.
-¿Qué tengo que hacer entonces? –Marco frunció los labios pensativo durante unos segundos.
-¿Por qué no quedamos para comer mañana? Les diré a los profesores encargados del teatro que vengan, y tú podrías enseñarles tus trabajos.-me pareció una buena idea, por lo que asentí.
-Perfecto.-mi tía nos miró y sonrió.-Nosotros nos vamos entonces, hasta luego chicos. –madre e hijo se despidieron de nosotros y se marcharon. Marco miró su reloj y suspiró.
-Creo que también es hora de que me marche. Salí a por un bollo y dejé una montaña de exámenes por corregir.
-El duro deber del profesor…-dije bromeando, haciendo como si me estremeciese ante ello.
-Durísimo.-Marco rió.-¿Quedamos mañana entonces, a eso de las…12? Puedo pasar a recogerte en mi coche.
-Me parece bien.-correspondí a su sonrisa, porque, ¿quién no le devolvería una sonrisa a ese Happy Meal con patas? Lo acompañé hasta la puerta de mi casa, abriéndola para que pudiese salir.
-Hasta mañana entonces.-le dije despidiéndome del pecoso. Éste me guiñó un ojo antes de darse la vuelta y marcharse.
-Hasta mañana Jean.
Cerré la puerta y suspiré, no pudiendo evitar que una sonrisa se instalase en mis labios.
Pero no penséis mal, la emoción era por el trabajo eh, claro, no por salir a comer con Marco, no...Subí a mi habitación, empezando a recopilar fotos para llevarlas al día siguiente a la reunión, porque quería ese trabajo, y como que me llamo Jean Kirchstein que lo iba a conseguir.
N/A: ¿Continuidad en la subida de los capítulos? ¿Qué es eso? Jajajja lo siento de veras por tardar, pero aquí tenéis un nuevo capítulo del Profesor Bodt, para que lo disfrutéis.
Muchas gracias a todos los que lo leen y comentáis, aunque seáis poco, me motiváis para que lo siga escribiendo.
Mañana me voy de vacaciones y no tendré pc durante un tiempo, por lo que seguiré sin actualizar, pero prometo ponerme a ello en cuanto vuelva. Y ya no os entretengo más. Espero que os haya gustado y nos leemos en el siguiente.
Un beso, Avengirl.
