La sangre palpitaba en mis oídos una y otra vez a causa del nerviosismo que sentía. Marco y yo nos encontrábamos sentados en el restaurante italiano en el que habíamos quedado con los otros profesores para comer. Di un respingo cuando el moreno me dio un suave codazo amistoso, mostrándome su apoyo.
-Tranquilo, no van a comerte. No con lo buena que está la pizza que hacen aquí.-bromeó el pecoso, logrando sacarme una pequeña sonrisa.-Mira, aquí están. –dirigí mi mirada hacia la puerta de entrada, por la cual aparecían Levi, Hanji y dos hombres tremendamente altos, uno rubio de espesas cejas y otro castaño de gran nariz. Caminaron hasta nuestra mesa, sentándose frente a nosotros cuando llegaron. Hanji se puso a mi lado, saludándome con una gran sonrisa.
-¡Jean! Con que eres tú el fotógrafo. Genial, genial. –comentó mientras aplaudía.-Te presento a Erwin Smith, nuestro adorado director. –el hombretón rubio de las cejas pobladas me miró con gesto serio mientras alzaba su mano la cual estreché mientras me presentaba.
-Jean Kirschtein un placer.
-Y este es Mike Zacharius, vicedirector y profesor de gimnasia.-repetí el gesto con el otro hombre, el cual cogió mi mano y la acercó a su nariz, dándole la vuelta y oliendo mi muñeca intensamente para después asentir con la cabeza y soltar mi mano, la cual aparté lentamente.
-Eh…¿Encantado?- ¿Enserio? ¿Ese tío acababa de olerme? Hanji me dio unas palmaditas en la espalda al ver que yo no salía de mi asombro.
-Lo hace siempre. Es su manera de ver si una persona es fiable o no.
-Ah…-Marco y Levi se rieron claramente de mí.
-Bueno mocoso. ¿Porqué no nos enseñas esas fotos mientras esperamos a que nos atiendan?-salí de mi atontamiento y asentí rápidamente, sacando la carpeta con las fotos de mi mochila, dejándola abierta sobre el centro de la mesa para que todos pudiesen ver bien.
-He traído un poco de todo, retratos, multitudes, paisajes…- los profesores cogieron varias fotos cada uno, admirándolas mientras se las pasaban unos a otros. Hanji estaba especialmente feliz al ver que había añadido a la colección una foto de ella junto a uno de sus cuadros y por lo que pude ver de reojo, Levi tenía entre sus manos la foto de Eren, omitiendo el resto.
-Me gusta chico haces un buen trabajo. –Erwin miraba las fotos con ojo crítico y el ceño fruncido. Se le veía un hombre serio y entregado con su trabajo.
-Gracias.- le contesté orgulloso.
-Mira, si también está Marco por aquí…-Mike sonrió torcido con una foto en la que Marco aparecía, del día de la exposición. La verdad es que el pecoso salía de cine en aquella foto. – Igual me la quedo para mí. –dijo Mike mientras Marco reía algo sonrojado. Los miré a ambos en silencio. ¿Qué era aquello? ¿Acaso ese narizotas sentía algo por Marco? Fruncí el ceño inconscientemente ante las palabras del hombre, a las cuales contestó mordazmente Levi mientras se guardaba descaradamente la foto de Eren en el bolsillo de la chaqueta.
-Y Erwin te echará de la cama a patadas esta noche. Por mí el chico puede ser el fotógrafo. Ahora bien, ¿Cuándo narices atienden aquí? Tengo hambre joder.- Mike rió, dándome la foto de Marco, la cual cogí. O sea que el cejotas y el narigudo eran pareja…No sé porqué pero aquello me relajó un poco.
-Cierto. Estoy seguro de que Jean hará mejor uso de la foto que yo. ¡Camarera!-dijo mirándome de manera cómplice antes de llamar a una de las camareras. Me sonrojé y miré a otro lado, sintiendo a Marco acercándose más a mí para ver la foto que tenía entre mis manos.
-Me gusta. –me dedicó una sonrisa antes de centrar su atención en la carta del menú, eligiendo su comida. Decidí que lo mejor sería centrarme también en pedir.
El resto de la reunión fue bastante bien, sobre todo cuando trajeron la comida. Por Dios, Marco tenía razón, la comida allí era fabulosa, tenéis que probarla algún día…Tardamos poco en comer, pero seguimos en el restaurante hasta tiempo después. La verdad es que aquella gente era bastante interesante y conseguías divertirte con ellos cuando les pillabas el tranquillo.
A eso de las cinco de la tarde nos despedimos, no sin antes quedar en que nos veríamos el primer día de ensayo de teatro. Marco insistió en llevarme a casa de vuelta, por lo que no me pude negar. Además, el cielo se había cubierto de negros nubarrones, y no quería que me cayese el chaparrón encima. No gracias.
No habíamos hecho más que montarnos en el coche cuando un gran rayo surcó el cielo, seguido de un trueno ensordecedor que hizo retumbar el asfalto. Gemí levemente, sobresaltándome ante aquello. Desde pequeño odiaba las tormentas, y la que se aproximaba parecía ser enorme. Marco me miró preocupado al ver mi nerviosismo.
-¿Estás bien Jean?-asentí con la cabeza un par de veces, intentando no mirar por el cristal hacia el cielo, el cual relucía con cada nuevo rayo.
-Sí, es solo que…Me dan algo de miedo las tormentas. Sé que es algo estúpido…
-Eh, no digas eso. Todos tememos a algo. –dijo mientras arrancaba el coche y empezaba a conducir hacia mi casa. Agradecí su gesto de poner la radio a volumen alto para sofocar el ruido de los truenos.
-¿Y qué te asusta a ti?- pregunté mientras le miraba, con una pequeña sonrisa.
-Tengo un poco de claustrofobia porque de pequeño me quedé encerrado solo en un ascensor durante horas.-confesó el moreno mientras conducía.
-Joder…
-Eso dije yo. –me contestó Marco mientras reía.
Quedaban ya pocas manzanas para llegar a mi casa cuando escuchamos un fuerte ruido proveniente del motor al tiempo que este daba una fuerte sacudida. Marco maldijo por lo bajo, aparcando como pudo a un lado de la carretera y bajándose del coche, para volver a entrar poco después, completamente empapado.
-Maldita sea. Sale humo del capó y no sé de qué es…-dijo mientras intentaba arrancar de nuevo el coche, pero este no respondió. Le miré sin saber muy bien qué hacer. Si hubiese sido una moto la hubiese podido reparar, pero de coches no entiendo nada.
-¿Entonces qué hacemos? –Marco se pasó la mano por la cara, retirando mechones de pelo húmedo de su frente, llenándose la mejilla de grasa del motor. Mancha hacia la que no pude evitar llevar mis dedos para limpiarla mientras el otro me contestaba.
-Llueve demasiado para que vayas andando lo que queda hasta tu casa. A si que podrías venir a la mía…-el moreno dejó de hablar cuando mis dedos se deslizaron por su mejilla, limpiando la mancha con cuidado.-¿Jean?
Salí de mi ensimismamiento, retirando la mano de aquella húmeda y cálida mejilla con rapidez.
-Perdón, te habías manchado de grasa.-dije mientras me sonrojaba un poco. ¿Por qué narices había hecho aquello? Tiene un maldito espejo delante de él, ¿para qué vas tú y le limpias como si fueses su madre?
-Ah, vale. –su cara de incomprensión cambió a una sonrisa.-¿Entonces? –le miré extrañado.
-¿Entonces qué?
-Que si vienes a mi casa.
-¿A tu casa?-el otro me miró riendo mientras asentía y unas gotas de agua se deslizaban por su cuello, las cuales seguí con la vista hasta que se perdieron por el cuello de su camisa.
-Sí, hasta que se pase la tormenta.
-Oh.
Oh, Jean. ¿No tienes nada más inteligente que contestar? Vamos, ¡reacciona! ¿A qué pensabas que te había invitado, genio?
-Por supuesto. –Marco volvió a reír antes de mirar hacia delante, calculando la distancia que tendríamos que recorrer hasta su casa.
-Bueno, ¿salimos a la de tres? Mi casa es esa de allá, así que no tardaremos mucho.
Miré hacia afuera asintiendo, y no pude ver demasiado a través del aguacero, salvo los rayos que iluminaban todo. Marco al ver mi expresión nerviosa puso una mano en mi hombro, infundiéndome valor.
-Tranquilo, está aquí al lado. A la de tres, ¿vale?
Un asentimiento más de mi parte mientras apretujaba mi mochila contra mi pecho y Marco abrió su puerta un poco.
-Una, dos, ¡tres!
Decir que acabamos completamente empapados era decir poco. Si me hubiese tirado a una piscina con la ropa puesta estaría casi igual que en ese momento. ¡QUE MANERA DE LLOVER!
Entramos a trompicones en la casa de Marco, dejando un reguero de agua tras nosotros, riendo a carcajadas una vez estuvimos dentro. Dejé mi mochila en el colgador de la entrada, alejándola de mí para que no se mojasen las cosas de su interior.
-Anda ven, te daré ropa seca.
Seguí a Marco por la casa, mirando con curiosidad a mi alrededor. Todo estaba muy limpio y ordenado, incluso para ser la casa de un chaval que vive solo. Lo normal hubiese sido ropa por todos lados, cosas desperdigadas por el suelo…Vamos, como hubiese estado mi casa si mi madre no me mandase recoger cada día. Eso sí, las paredes estaban repletas de fotos. Fotos en las que aparecía Marco con un montón de gente.
-¿Tienes hermanos? –le pregunté mientras miraba una de las fotos, en las que salía el moreno con dos adolescentes, un chico y una chica muy parecidos a él. En la siguiente volvían a salir ellos tres junto con una mujer morena de incontables pecas y un hombre grandote con cara de bonachón, los cuales serían seguramente sus padres.
-Sí, mellizos. Son Thomas y Victoria. Tienen dieciséis. Y estos de aquí son mis padres. Y el resto de la gente son los demás de mi familia. La gran familia Bodt. –dijo con marcado acento italiano.
-No me lo digas, ahora eres de la mafia italiana. –reí, fingiendo estar atemorizado por el dato. El moreno se echó a reír, dándome un suave golpe en el brazo.
-No te metas con los Bodt si no quieres acabar en el fondo del río con pies de cemento.-bromeó.-Vamos por la ropa o cogeremos una pulmonía.
Llegamos a su habitación, la cual era amplia y sencilla, con una cama enorme en el centro, con varios armarios en un lateral, a los cuales se acercó para sacar un par de pantalones de chándal y camisetas viejas de estar por casa. Cogí la ropa con agradecimiento y la dejé sobre la cama mientras me desvestía, dejando la ropa húmeda en el suelo.
-Ten, sécate antes. –me dijo Marco, tendiéndome una de las toallas que había cogido del baño de la habitación. La cogí y me sequé el cuerpo bien, bajo la mirada de Marco. Le devolví la mirada mientras me frotaba el pelo con la toalla para secarlo.
-¿Te gusta lo que ves? –le pregunté, con una pequeña sonrisa, mientras le vacilaba. Él, viendo que me había dado cuenta de su mirada, se giró rápidamente, murmurando un perdón. ¿Era un sonrojo lo que acababa de ver en sus mejillas? Que mono. Reí levemente mientras dejaba la toalla a un lado y empezaba a vestirme.
Ya cambiados, y enfundado en unas cursis pero muy cómodas zapatillas de casa en forma de conejito (No te rías, cabrón, son de mi hermana y las únicas que he encontrado) fuimos al salón, en el que, después de llamarle a mi madre y contarle lo sucedido, nos pusimos a jugar a la play. Que por cierto, a Marco se le da de pena. No es que yo sea un profesional, pero vamos…Que se le da de culo, cuesta abajo y sin frenos.
-Tío, eres un manta en esto. –me reí mientras conducía un coche a toda velocidad en el GTA, huyendo de la policía.
-No es como si tuviese demasiado tiempo para jugar tampoco…-se quejó él mientras me empujaba por mi comentario.
-Excusas, excusas…
-Mira que te echo a la calle.-amenazó con una sonrisa mientras se levantaba y desaparecía del salón.
-Ah no. Ya he entrado aquí ya no me echas ni con agua hirviendo. Seré tu nuevo poltergeist de por vida. –dije alzando la voz para que me escuchase desde la cocina. Al poco rato volvió con un bol repleto de palomitas, el cual dejó entre nosotros mientras se sentaba a mi lado.
-Bueno, así no me sentiré tan solo. Pero tú limpias los baños y friegas los platos a partir de ahora. –cogió un puñado de palomitas y empezó a comérselas poco a poco, al contrario de mí, que cogí todas las que pude con la mano y me las metí de golpe en la boca.
-Ah nop nop.-farfullé mientras masticaba y jugaba atento a la tele. –Un folterfeist no fiene que limpiafff. (Ah no, no, un poltergeist no tiene que limpiar)
-Pues algo tendrás que hacer, poltergeist. Porque gratis aquí no se vive. –Marco se encogió de hombros, comiendo tranquilamente.
-Te pago con carne. –le dije mientras dejaba el mando de la play olvidado a un lado del sofá e imitaba un tono seductor guiñándole un ojo. El moreno se rió, negando con la cabeza.
-Tentador, tentador…Pero no sé yo si eso sería suficiente para satisfacerme…-me replicó en tono bajo, siguiéndome el juego. Sonreí, quitando el bol de en medio, dejándolo sobre la mesa y acercándome a él mientras no me quitaba la mirada de encima.
-Créeme que sí…
¿Qué demonios estás haciendo? ¿Enserio estás flirteando con Marco? Tío, te va a arrear un mamporro que te va a dejar sin dientes. No le hice mucho caso a esa vocecita mía interior mientras ponía una mano en la pierna del moreno, siguiendo con la broma. Podía sentir el calor de su pierna en mi mano, a través de la suave tela del pantalón. Inconscientemente ambos fuimos acercándonos poco a poco mientras hablábamos.
-Tendré que confiar en tu palabra entonces…-de no haber sido porque estábamos tan cerca, no hubiese podido escuchar sus palabras. Todo había quedado atrás. La tormenta que azotaba con violencia fuera de la casa, el videojuego, incluso la distancia entre nosotros.
Tenía el rostro de Marco tan cerca que podría contar perfectamente las graciosas pecas que surcaban sus mejillas. Me mordí el labio, pensando en sí tendría muchas más a lo largo del cuerpo, gesto que no pasó desapercibido por Marco, por la manera en la que sus ojos se desviaron a mis labios. Sentí un cosquilleo recorriéndome de arriba abajo cuando la respiración del pecoso chocó contra mis labios, los cuales estaban a escasos centímetros de los míos. Tragué saliva inconscientemente antes de abrir los labios, mientras Marco salvaba la poca distancia que quedaba y…
RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING
El teléfono sonó taladrándonos los oídos, sobresaltándonos a ambos haciendo que nos separásemos con rapidez mientras salíamos del atontamiento. Marco se levantó para coger el teléfono mientras yo volvía a sentarme en mi sitio de antes y cogía el bol de las palomitas, completamente rojo de la vergüenza.
¿Qué narices acababa de pasar? ¿Había estado a punto de besarme con Marco? Dios, había estado a punto de besarme con él. Y lo peor de todo es que aún sentía la curiosidad de saber cómo se sentirían aquellos labios sobre los míos. Apreté contra mi pecho el bol de las palomitas, mirando de reojo a Marco, el cual se paseaba por el salón mientras hablaba con su madre por el teléfono.
Y cuando éste correspondió a mi mirada esbozando una tímida sonrisa, no supe si maldecir, o agradecer aquella llamada.
N/A: Je….Sé que no tengo perdón, ni por la tardanza ni por dejaros aquí con la miel en los labios. Pero bueno, aquí está el nuevo capítulo. Jean es el nuevo fotógrafo del colegio, ¡bien! A partir de ahora pasará más tiempo con Marco en ese teatro…Je…Tengo que agradecer a todos aquellos que dejaron un precioso review, y a aquellos que seguís mi historia a pesar de que soy un desastre actualizando. Pero bueno, aquí lo tenéis, como regalo de san Valentín jaja. Espero que nos leamos muy pronto.
Un beso, Avengirl.
