-¿Dónde puedo comprarme un lagarto? Quiero un lagarto grande. Quiero a Godzilla. Marco, cómprame a Godzilla.

El moreno soltó una carcajada a mi lado, dando otro sorbo al botellín de cerveza que tenía en su mano. Dos pizzas y una caja y media de botellines de cerveza y allí estábamos, viendo Godzilla en la tele. En un principio, tras el momento incómodo tras la llamada, la comida y las cervezas fueron la salvación. Y ahí estábamos ahora, con la película terminando, botellines vacíos sobre la mesa y yo medio tirado sobre marco, con una manta cubriendo mis piernas y bastante cerveza en mi sistema. Porque el sofá era cómodo, pero Marco más.

-No creo que encuentre a Godzilla en una tienda de mascotas…-bromeó el pecoso, terminando de vaciar la botella y dejándola a un lado.

-Jo.-me quejé mientras me deslizaba por el sofá, colocando mi cabeza sobre las piernas de Marco, cerrando los ojos y suspirando cómodamente.

-Oye tu.-me replicó el moreno ante mi confianza.

-Eres cómodo. Y la cerveza me da sueño.- resoplé, acomodándome mejor contra su cuerpo. Sentí cuando el pecoso se rió, antes de llevar una de sus manos a mi pelo y empezar a acariciarlo, lo cual me arrancó un gemidito bajo.

-Ya veo, ya…

La mano de Marco se movía suavemente por mi pelo, revolviéndolo, deslizando sus dedos por él, desviándose de vez en cuando hasta el cuello para dejar lentas caricias en él, lo que me hizo estremecer un par de veces del gusto.

-Marco…

-¿Hm?-me contestó el moreno sin detener sus dedos, repitiendo el mismo patrón en mi nuca.

-Me gusta eso.

El muchacho no contestó, pero estaba seguro de que una sonrisa llenaba sus labios. Labios que horas antes casi había probado. Casi había besado a Marco. Ese pensamiento hizo aparecer un sonrojo en mis mejillas, extendiéndose hasta mis orejas. Suerte que la habitación estaba iluminada únicamente por el televisor, si no Marco me hubiese visto y me moriría de la vergüenza. Porque Jean Kirschtein no se pone rojo, por supuesto que no.

-Es tarde. ¿Por qué no mejor nos vamos ya a dormir Jean? –sugirió el pecoso, apartando su mano de mi pelo, apoyándola en mi hombro. Eché de menos la mano de Marco en cuanto se fue, pero asentí con la cabeza, incorporándome en el sofá y estirándome.

El profesor se levantó, estirándose también, agachándose después para apagar el televisor, dejándonos a oscuras hasta que se acercó al interruptor de la luz y encendió las luces del pasillo. Achiqué los ojos ante el brusco cambio de luz, caminando tras Marco en dirección a los dormitorios.

Llegamos a la habitación de Marco, donde él se separó, abriendo la habitación de al lado, la cual parecía de color de rosa por lo poco que podía ver.

-Duerme en mi habitación, que es más cómoda, y a duermo yo en la de mi hermana.

La idea de quedarme solo en esos momentos no me atraía en absoluto. Pero claro, no podía decirle algo así como, eh Marco, ¿por qué no dormimos juntos? Asentí con la cabeza con algo de pesar y le dediqué una pequeña sonrisa mientras él se giraba dispuesto a meterse en la otra habitación.

-¿Y el beso de buenas noches?-bromeé, apoyado contra el marco de la puerta de la habitación del pecoso. Este se paró en el sitio, volviéndose hacia mí.

-¿La princesa no puede dormir sin su beso?

-No te confundas, yo soy todo un rey. –le contesté con socarronería mientras él se acercaba poco a poco a mí.- Y no, no puedo dormir sin él.

- No te confundas tú, princesa. Estás en mi casa, así que yo soy el rey. - contestó Marco, con una sensual sonrisa surcando sus labios. Debía de ser culpa del alcohol, porque creo que nunca había visto antes a Marco sonriéndome de aquella manera. Tragué saliva. Su respuesta me había descolocado un poco, ¿desde cuándo el profesor era tan...atrevido? Sonreí pensando que aquella faceta del pecoso me estaba gustando

- ¿Ah sí? –pregunté fingiendo incredulidad y luego decepción. - Y yo que creía que había colado.

- Pobre princesa, se queda sin su beso. -me contestó Marco, mirándome con un brillo divertido en sus ojos y sin borrar esa maldita sonrisa que me estaba desconcentrando. Conseguiría ese beso, costase lo que costase. - La princesa quiere su beso. -sonreí, humedeciéndome los labios, acercándome más al cuerpo de Marco, que permanecía inmóvil.

- ¿Lo quieres? -dijo Marco, a la vez que su pulgar acariciaba mi labio inferior con suma suavidad. No pude evitar estremecerme ante aquel delicado contacto.

Tenía que admitirlo de una vez. Marco me gustaba, me gustaba de verdad, y el simple hecho de estar en aquella situación me ponía nervioso. Bueno, eso y que podría decirse que era mi primera vez con un tío, tía o con algo que no fuese mi mano derecha. Así que no tenía mucha idea del tema, pero no sería muy complicado ¿vedad?

- Si no, no te lo pediría ¿no? - respondí, con una sonrisa socarrona dibujada en la cara, para después lamerme el labio inferior y morderlo de manera provocativa. Miré a Marco, el cual había seguido con ojos hambrientos mi provocación.

- Punto a favor de la princesa. -respondió Bodt, con lo que me hizo reír levemente.

- ¿Entonces? -pregunté, acercando mis labios a los de Marco, salvando la poca distancia que quedaba entre nosotros. - ¿Vas a darme mi beso de buenas noches? - dije, acariciando mis labios contra los suyos mientras hablaba, sintiendo su aliento sobre mis labios. No pude evitar pasar mi lengua por mi labio inferior otra vez, haciéndolo a la vez por el del pecoso, debido a la cercanía. Noté como su respiración se aceleró con ese pequeño movimiento, notando instantes después sus labios sobre los míos, de una forma un tanto desesperada, como si llevara tiempo queriéndolo.

-Ya que soy un buen rey, tendré que cumplir con los deseos de la princesa…-rió el chico, inclinando su rostro hacia mí, posando sus gruesos labios sobre los míos de nuevo, acariciándolos con lentitud, moviéndolos de tal manera que mi boca se abrió más para la de él. Me dejé llevar por el momento, alzando los brazos y rodeando el cuello del otro con ellos, atrayéndolo contra mi cuerpo quedándome acorralado contra la pared. Gemí contra sus labios cuando su lengua rozó la mía, cuando sus manos se deslizaron hasta mi cintura, apresándola, traspasando su calor a través de mi ropa. Correspondí torpemente a aquella boca que con maestría me derretía, deshaciéndome entre sus brazos, enredando mis dedos en aquel oscuro y sedoso pelo.

La necesidad de aire nos hizo separarnos, dejándome jadeante, echando la cabeza hacia atrás y abriendo los ojos lentamente. Y que venga Dios y me diga que aquello no era lo mejor que había visto nunca. Un Marco despeinado, con las mejillas sonrojadas y los labios brillantes y algo hinchados, mirándome con aquella cara de santo no tan santo…

-¿Ya puede la princesa dormir?-me preguntó con una sonrisa torcida, sus pulgares haciendo círculos en mi cintura, desconcentrándome.

-Al contrario. Ahora la princesa prefiere jugar…

La sonrisa de Marco se ensanchó antes de que agarrase mi camiseta y me acercase de nuevo a su cuerpo. Sus besos tomaron un rumbo más atrevido y profundo, haciéndome jadear contra sus labios. Joder, como besa este tío. Apenas me di cuenta cuando nos llevó hasta el interior de su cuarto, lanzándome contra el colchón para después subirse encima de mí, atacando de nuevo mis labios. Cerré los ojos dejándome llevar por el moreno y sus adictivos besos, despeinando aquella mata de pelo que tanto me gusta. Nos separamos únicamente cuando me quitó la camiseta, deshaciéndose después de la suya, dejando al descubierto un buen formado y moreno pecho, lleno de aquellas infinitas pecas por las que tenía unas irrefrenables ganas de pasar mi lengua. Pasé mis manos por aquel envidiable y fuerte torso deleitándome con el calor que desprendía. Iba a soltar un comentario divertido cuando Marco se agachó de nuevo, bajando sus labios hasta mi cuello, empezando a besarlo con suavidad, lamiendo aquellos lugares por los cuales sus dientes dejaron marcas en mi piel. Gemí su nombre mientras los ojos, llenándome de aquella nueva y placentera sensación que me estaba volviendo loco.

-Vuelve a decir mi nombre…-me estremecí al sentir la respiración de Marco contra mi cuello mientras me daba la orden. Abrí los ojos y me mordí el labio inferior, clavando mi mirada en el moreno, el cual estaba bajándome los pantalones sin despegar sus ojos de mí.

¿Cómo un tío con tanta pinta de santurrón podía ser en realidad tan caliente y jodídamente provocador?

Las palabras se atascaron en mi garganta cuando sentí aquella grande y caliente mano sobre mi entrepierna, frotándose contra la tela de mis bóxers. Aquello estaba siendo mucho mejor que todo el porno junto que había visto en mis 22 años de existencia. Jadeé al tiempo que me arqueaba contra el colchón, abriendo más mis piernas, dejando que Marco se estableciese entre ellas mientras seguía tocándome. Apenas fui consciente del rastro de besos que el moreno empezó a dejar en su descenso a lo largo de mi cuerpo, tumbándose frente a mis caderas y marcando mis muslos con varios chupetones y mordidas. De lo que sí fui consciente fue cuando el pecoso bajó mi ropa interior, dejando libre la erección que clamaba por salir. Le miré, respirando agitadamente debido a aquella mezcla de nervios y anticipación; mirada a la cual contestó con una jodida sonrisa torcida antes de sacar su lengua y recorrer mi miembro desde la base hasta la punta. Mis ojos se pusieron en blanco y mi espalda volvió a arquearse en sintonía con la sensación eléctrica que recorrió todo mi cuerpo con aquella lamida.

-Oh joder, Marco...-gemí su nombre roncamente antes de alzarme sobre los codos para intentar no perderme detalle alguno de aquello. La cabeza morena subiendo y bajando a lo largo de toda mi longitud enfundándose por completo mi miembro en la boca y succionando al mismo tiempo. El placer pudo conmigo, dejándome caer de nuevo contra el colchón, llevando una de mis manos hasta las sábanas, apretándolas mientras que la otra se enredó en los negros mechones de pelo del pecoso. Tironeé un poco de su pelo, gimiendo, revolviéndome en el lugar a causa del gozo que sentía. Que Dios bendiga esa dulce boca…

-Hm…-me mordí los labios y cerré fuertemente los ojos, viéndome cerca del final, lo cual hizo al moreno apartarse, liberando mi miembro erecto y mojado.-¿Qué? Joder, Marco, no pares, no ahora, por favor…

El susodicho cabrón soltó una risa baja antes de abrir mis piernas todavía más, bajando su rostro de nuevo a mi entrepierna.

-Tranquilo, esto lo vas a disfrutar, créeme. –dicho eso, metió sus manos bajo mi trasero, entreabriéndolo con cuidado antes de pasar su lengua a lo largo de mi entrada hasta mis testículos. Fue una sensación extrañamente placentera, que me hizo querer más de aquello.

Gemí ante aquellas atenciones, llevando una de mis manos hasta mi erección, dispuesto a correrme de una vez por todas, pero el cabronazo de marco la agarró y no dejó que me tocase.

-Cabrón…-Marco sonrió antes de lamer mi erección y alzarse de nuevo, colocándose sobre mí.

-Tranquilo tigre, aún queda lo mejor. –sollocé contra sus labios cuando rozó su erección, la cual seguía prisionera contra su ropa interior, contra la mía, en un rápido movimiento de caderas. Atrapé sus labios con los míos, devorando su boca al mismo tiempo que lo pegaba más a mí, rodeando su cuello con mis brazos. Labios que mordí sorprendido cuando sentí uno de sus dedos, húmedo y resbaladizo probablemente de un lubricante que había sacado de a saber dónde, introduciéndose lentamente en mi interior.

-Joder…

-El dolor se pasará pronto, te lo prometo. –asentí con la cabeza, centrándome en sus labios, en aquellos suaves y lentos besos que me hacían olvidar un poco el dolor de aquella preparación.

-Aunque te dolería menos si te pones boca abajo…-susurró contra mi boca antes de separarse un poco para mirarme, con inquietud.

Fue al tercer dedo cuando el miedo llenó mi mente. ¿Aquello iba a doler tanto? Si apenas podía aguantar tres dedos,¿ como iba a recibir el miembro de Marco en su interior? Negué firmemente mientras arañaba su espalda, intentado centrarme en otra cosa que no fuese aquel ardor.

-Quiero verte…

Pero fue entonces, con un movimiento rápido por parte de Marco, que ví las estrellas. Solté un alto y ronco gemido cuando el moreno alcanzó un delicioso punto en mi interior.

-Oh, DIOS, MARCO. –el muchacho repitió el movimiento con sus dedos, haciéndome poner los ojos en blanco y gemir incontrolablemente.

-Creo que ya estás listo. –enfoqué a aduras penas su rostro mientras se inclinaba contra mí, empezando a penetrarme lentamente. Intenté relajarme para que el dolor disminuyese, pero no pude evitar fruncir el ceño y que de mi boca escapase un leve siseo de dolor.

-Bésame. –le ordené, agarrándole con un poco de fuerza del pelo, obligándole a acercar su rostro al mío. Necesitaba sus labios con desesperación. El moreno esperó a que me acostumbrase a la intromisión, dejando suaves besos intercalados con mordidas en mis labios para así distraerme. Respiré hondo, relajándome, queriendo disfrutar de aquella experiencia a pesar del dolor.

-Voy a moverme un poco, ¿vale? Si te duele mucho detenme.-asentí con la cabeza, centrándome en marcar su cuello con mordidas y chupetones que tardarían días en desaparecer mientras tironeaba de su pelo a cada estocada que daba en mi interior.

Poco a poco, el ardor se fue mitigando, dando paso a una sensación placentera, haciéndome estremecer en los brazos del pecoso, el cual jadeaba en mi oreja.

-Ah, Jean…Eres tan caliente…Me encantas joder. Tu boca, tu cuerpo, tú…Hm…-gemí, estremeciéndome ante las palabras de Marco, el cual se las había ingeniado para alcanzar ese maravilloso y alucinante punto de mi interior que me volvía loco.

-Más, Marco…Ah, joder.-no podía controlarme, arañaba, mordía y besaba cuanto podía, jadeando lleno de placer. El moreno comenzó a embestirme con mayor fuerza, golpeando en mi interior una y otra vez, haciéndome sollozar de placer. Me veía cerca de acabar, la presión y el calor invadiendo la parte inferior de mi estómago, por lo que solté una de mis manos de la espalda pecosa y la bajé hasta mi entrepierna. Pero claro, Don "soy un puto Dios griego en la cama con cara de mojigato fuera de ella" no me lo permitió. Apartó mi mano y envolvió mi palpitante erección con la suya, empezando a masturbarme con rapidez, haciéndome poner los ojos en blanco.

-Mírame Jean.-abrí los ojos que no me había dado cuenta de que había cerrado con fuerza a causa del placer que el moreno me daba.- Quiero verte mientras te corres.- un ronco y largo gemido de escapó de mis labios cuando el orgasmo me golpeó, siguiéndome Marco a las pocas estocadas. Jadeé mientras intentaba recuperar la respiración bajo el cuerpo del moreno, el cual se había echado sobre mí tras el orgasmo.

-Marco, no me dejas respirar.-un gruñido ininteligible salió de su boca, la cual estaba oculta en mi cuello.-Ni se te ocurra dormirte sobre mí o te castro y ya no podrías volver a follarme nunca más. Quita.-el profesor soltó una risita ahogada y se incorporó con los brazos a ambos lados de mi cabeza, antes de salir lentamente de mí, lo que hizo que me mordiese el labio inferior que éste besó antes de tumbarse a mi lado.

-¿Siempre estás así de gruñón tras el sexo?-me preguntó, antes de taparnos con una sábana y rodear mi cintura con su brazo. Fruncí el ceño y me giré dándole la espalda antes de gruñirle.

-Vete a la mierda.-le repliqué indignado, aunque las caricias que comenzó a darme en el pecho me ponían difícil enfadarme con él.

-Oh vamos, era una broma Jean.

-Y no puedo saber si estoy gruñón siempre si esta ha sido mi primera vez…-confesé con algo de vergüenza y reproche.

-¿Enserio?-Marco sonaba sorprendido tras de mí. Sentí como me envolvía entre sus brazos, haciendo que me acurrucase contra su pecho.-Solo ha sido una broma Jean. Has estado genial. –me alabó mientras dejaba un suave beso en mi nuca, haciéndome estremecer.

-Además…-empezó a decir, mientras me obligaba a girarme para así poder tenerme frente a él.- me ha encantado ser tu primera vez.- me dijo con una suave sonrisa que me hizo derretir. Santurrón bobalicón. ¿Quién podría enfadarse con él?

-Y a mí que tú lo fueses. –le respondí, abrazándome más a él, con el sueño empezando a vencerme. Bostecé contra su pecho y sentí los labios de Marco posándose en mi frente.

-Descansa un poco Jean.-asentí mientras cerraba los ojos y me dejaba llevar por el sueño y el calor de los brazos del pecoso.

-Buenas noches Marco.

-Buenas noches Jean.


N/A: He aquí, EL SEXO. ¡Viva! Sí, porque solo una boba como yo sabe compensar su ausencia con escenas subiditas de tono. Espero que os haya gustado, y nos leemos en el siguiente capítulo, ¡chau!