Finalmente, llegaron a una isla desértica. Ambos quedaron enfrentados, Trunks estaba muy concentrado esperando a que ella hiciera algún movimiento. Eri estaba calmada, pero le inquietaba un poco la actitud del muchacho.
— ¿No te relajas ni un momento? Sólo vamos a entrenar, no será de vida o muerte— Comentó Eri dando un paso atrás.
Él no le respondió.
Con seguridad, Trunks se lanzó hacía Eri dando inicio a la pelea. Aunque sus puños iban con rapidez, ella lograba esquivarlos sin demostrar dificultad alguna. Al esquivar un ataque, Eri quedó un poco agachada, dejando al descubierto un punto débil de Trunks en su abdomen. No lo dudo y contraatacó con un puñetazo en aquel sitio. Él no pudo esquivarlo y quedó un poco aturdido. Nuevamente, Eri le dio una patada que hizo que Trunks se estrellara contra un acantilado de la isla.
— ¿Te relajas ahora? No creo que eso sea todo lo que tengas, vamos Saiyajin—Exclamó sabiendo que él solo estaba aturdido.
Trunks se puso de pie nuevamente, no había sufrido daño alguno. Eri se había asegurado de que sus ataques no lo lastimaran. Él se había captado de esto.
—No se lo toma enserio ¿Porqué?— Dijo para sí, pero ella logró escucharlo.
— ¿Debería hacerlo? Esto es simplemente un entrenamiento, no tiene porqué ser algo serio— Respondió algo sonriente.
Ella estaba calmada, Trunks no podía entenderlo. Luego de la amenaza que le había hecho en el parque, Eri no deseaba matarlo para cumplir su misión rápidamente.
—Estás pensativo, ¿Qué es lo que te está costando entender, Saiyajin?— Cuestionó cruzándose de brazos.
—No logro entenderlo, usted me dijo en el parque que debía matarme para cumplir con su objetivo. Pero ahora que estamos llevando a cabo una pelea, no intenta matarme ¿Porqué?
Eri se mostró algo seria luego de escuchar sus palabras. Estaba cuestionándose a sí misma, pero finalmente se decidió a contarle su verdad. De repente se desvaneció en el aire, volviendo a aparecer detrás de Trunks.
—Yo no soy quien desea matarte, sólo estoy siguiendo órdenes que no tengo intenciones de quebrar. Un saiyajin tan extraño como tú no podrá solo con el poder que se esconde por encima de mí. Entiéndelo— Susurró.
— ¿Saiyajin extraño? ¿Un poder por encima de ti? No, no lo comprendo— Repetía mientras giraba su cabeza para dirigirle la mirada— ¿Hay alguien más fuerte que tú?
—Hay dos seres más fuertes que yo. Preocúpate por ellos, no por mí. A mí me cuesta considerarte como un verdadero Saiyajin, pero no creas que me caes bien simplemente por eso— Susurró con algo de firmeza alejándose de él.
—Claro que no, señorita— Trunks también se alejo de ella sonriendo con confianza.
—Vaya, hasta que por fin te relajas Saiyajin— Comentó posando sus manos sobre su cadera.
—Así es, debo aprovechar esta oportunidad. Adelante, atáqueme con todo lo que tenga— Pidió preparándose para la batalla.
—Ya estamos hablando el mismo idioma.
Trunks había entendido lo que ella estaba planeando y no dudó en seguirle la corriente. Ella no era la amenaza, sino sus colegas que él aún no conocía. Eri no deseaba matarlo, pero tampoco salvarle la vida. Para hacer algo por él, decidió darle una pequeña demostración de sus capacidades para saber a lo que se enfrentaría más adelante. Un Saiyajin se vuelve más fuerte luego de cada batalla, ella lo tenía en cuenta.
Con una sonrisa, Eri lo atacó. Ella se lanzó hacia él, pero en la mitad de camino desapareció y retomó su ataque golpeándolo desde atrás, lanzándolo a unos pocos metros de ella. Trunks rápidamente se recuperó y saltó hacia Eri. Elevó su brazo para golpearla, ella volvió a hacer el mismo truco pero Trunks no cayó dos veces y logró reaccionar, golpeándola en su rostro antes de que ella lo hiciera. Su caída paró al chocarse con una gran roca, lentamente se levantó y lo miró.
—Buen movimiento, Saiyajin— Con un pequeño raspón en su mejilla.
—Y eso no es todo lo que tengo.
Trunks se adelantó a atacarla. Lanzó dos puñetazos hacia su rostro, ella logró bloquearlos con sus brazos y, sin querer, dejó un punto débil en su abdomen. Él no dudó y la golpeó allí, tal y como le había hecho antes. Así, Eri quedó aturdida y él pudo seguir dándole golpes sin que ella logre cubrirse. Ella se quedó inmóvil tratando de recuperarse, Trunks aprovechó ese instante para lanzarle un ataque desde los aires.
— ¡Burning Attack!
Gritó luego de hacer unos movimientos rápidos con sus brazos, Eri vio una onda de poder dirigirse hacia ella pero enseguida respondió al ataque con su propia energía. Su forma humana limitaba su poder y no lograba devolver el ataque.
— ¡Demonios! Me ordenaron que no mostrara mi verdadera forma. Debo limitarme, no podré ganarle— Exclamaba con una voz un poco entrecortada por lo tanto que le costaba mantener su ataque.
Por la magnitud del poder que se estaba emanando, Eri comenzó a hundirse en la isla. No pudo resistir al ataque y la energía contenida hizo que la isla volara en pedazos. Ella cayó al agua, casi sin fuerzas como para nadar o volver para mantenerse a flote.
— ¡Señorita Eri!— Gritó Trunks.
Él se apresuró y se sumergió en el mar, la tomó y salió volando. La recostó en la orilla y la observó un poco extrañado.
—Está… Pálida. Señorita— Zamarreándola un poco.
Cómo veía que no despertaba, iba aumentando de a poco la velocidad de las sacudidas y, aunque no lo notaba, a Eri le estaba molestando.
— ¡Ya basta, estoy bien!— Gritó un poco harta— Sólo me enfríe, estoy recuperándome.
—Lo lamento— Un poco apenado.
Ambos quedaron en silencio. Trunks observaba tranquilamente el mar mientras esperaba que ella hiciera algún movimiento, Eri se había quedado recostada con los ojos cerrados. Luego de unos minutos, ella abrió los ojos y se puso de pie, tambaleándose.
— ¿Qué haces, Eridani? Vuelve inmediatamente a la nave ¡Ahora!— Ordenó una voz masculina furiosa, sólo ella podía escucharla.
Resignada, ella se elevó un poco sobre el mar. Ubicándose, su cabello comenzó a elevarse y a brillar de una manera intensa en un tono rosado. Trunks la miró perplejo, sus heridas comenzaron a tomar un brillo semejante al de su cabello e increíblemente se estaban sanando.
— ¿Pero qué?— Exclamó con sorpresa.
—Por favor, ten esto en cuenta. Adiós, Saiyajin— Susurró desvaneciéndose en el aire.
Trunks pasó de la sorpresa al enfado. Ahora, lo único que le preocupaba es que esa criatura a la cual debía enfrentarse podía sanar sus heridas. Si bien ella no había dado una buena batalla cuerpo a cuerpo, quizá lo recompensara con sus habilidades. Trunks comenzó a preocuparse.
Él decidió volver con su madre y contarle todo lo que había sucedido. Se apresuró a llegar a su hogar, habían pasado varias horas desde que se marchó y pensó que su madre podría estar preocupada. Volando llegó en cuestión de minutos.
Mientras tanto, en una nave cercana a la órbita terrestre, se encontraba Eri delante de una criatura con forma masculina en una tonalidad bastante cercana al color rojo, estaba enfadado. Ella simplemente se posó en la ventana que daba una vista única de la Tierra, con sus brazos cruzados.
— ¿Qué ha sido eso Eridani?— Exclamó furiosa la criatura.
—Una batalla de entrenamiento, padre— Respondió de mala gana sin voltear a mirarlo.
—No te quieras hacer la lista conmigo. Ellos son Saiyajines, ¿Acaso debo recordártelo? ¡Ellos acabaron con tu madre! Y quisieron hacer lo mismo con nuestro planeta— Dando un golpe fuerte en su silla.
—Lo sé, y jamás los perdonaré. Pero… —Mirando a la Tierra— Ese Saiyajin es algo extraño ¿No lo crees?
— ¿Extraño? Por supuesto, pero eso no impide que los genes Saiyajines corran por su maldita sangre—Mirándola a punto de perder su paciencia.
—No lo creo, su carácter es un poco más pasivo al de un Saiyajin de raza pura. Además, si es un Saiyajin ¿Porqué no tiene cabello y ojos negros? Agregando que no se transformó en un Super Saiyajin, ya sabes, el tipo con el cabello amarillo brillante— Mirando a su padre algo seria—. No puedo tomarlo en serio.
—Quizás en una especie de híbrido Saiyajin— Comentó otra figura masculina que se acercaba a ambos.
— ¿Híbrido?— Repitió Eri.
—Eridani, tú has estado leyendo en ese lugar llamado biblioteca, deberías saber que en ese planeta habitan unos seres a los que denominan humanos. Son algo parecidos a los Saiyajines y es posible que se formaran vínculos afectivos con ellos, creando híbridos mitad humanos y mitad Saiyajines— Explicó.
—Entonces, ¿él es hijo del Saiyajin que fue enviado a la Tierra antes de que el Planeta Vegita explotara?— Preguntó Eri dirigiéndole la mirada.
—Es probable—Respondió.
—Ya veo…
—Entonces no hay dudas, debemos matarlo. Híbrido o no, posee genes de esa raza guerrera y no descansaré hasta vengar la muerte de mi esposa— Exclamó el padre de Eri.
Eri cerró sus ojos y lanzó un suspiro un poco angustiada.
— ¿Qué sucede hija?—Mirándola— ¿Acaso tú no deseas lo mismo?
—Claro que sí, pero prefiero atacar a las raíces, no a las hojas caídas—Respondió yéndose de brazos cruzados a su alcoba en la nave.
Mientras ocurría esto, Trunks llegó a su hogar. Bulma lo había estado esperando y salió con gran alegría al verlo regresar. Antes de abrazarlo, observó su expresión. Apretaba sus puños con fuerza, estaba enfadado.
—Dime Trunks ¿Qué sucedió?—Cuestionó preocupada.
—Estoy seguro que sus habilidades son extraordinarias, pero ella no mostró una buena batalla cuerpo a cuerpo—Contestó, bajando su mirada y cerrando los ojos—. Pero lo peor es que son capaces de sanarse a sí mismos en cuestión de segundos.
—No puede ser, pero ¿Cómo sabes esto?—Mirando cómo Trunks iba para adentro, buscando algo.
—Sonará extraño, pero la Señorita Eri me lo mostró. Aún no sé porqué, pero esas criaturas vienen tras de mí para erradicar a la raza guerrera de los Saiyajin. Ella no desea hacerlo, sólo está obedeciendo órdenes—Explicó.
— ¿Órdenes de quién? Quizá se trate de alguien más poderoso que ella— Pensativa.
—Son dos, madre— Volteándose a verla, Bulma se sorprendió— La señorita nombró la existencia de dos seres más poderosos que ella, y agregó que yo solo no podría contra ellos. Se dirigió a mí como un Saiyajin extraño— Recordando.
—Bueno eso puede deberse al color de tus ojos y cabello pero… —Quedó pensativa por un momento y luego se abalanzó sobre él feliz— Eso quiere decir que ella va a ayudarnos— Mirándolo con un brillo en los ojos de esperanza—, si ambos juntan fuerzas estoy segura de que podrán derrotarlo.
—No lo hará.
— ¿Qué, porqué no?— Cuestionó una Bulma decepcionada.
—Por alguna razón, ella aún no ha aceptado ayudarnos. Quizá se deba a que no desea traicionar a los suyos, es comprensible. Pero al menos me ha ayudado a entender la situación— Explicó, parando su andar repentinamente al llegar a una puerta que Bulma reconoció inmediatamente.
—Quieres decir que tú… — Balbuceó.
—Así es, madre— Abriendo la puerta.
Al abrirla se pudo contemplar a la máquina de tiempo en el centro de la habitación, con un pequeño brillo que entraba desde una ventana pequeña.
—Tendré que ir por ayuda.
