¡Hola a todos!

Déjenme dedicarles un feliz año nuevo a todos los que lean esto. Espero que la hayan pasado genial junto a sus seres queridos, sé que es un poco tarde para esto.

Quería decírselos antes, pero me tomó tiempo escribir este capítulo, es el más largo de todos. Creo.

Debo decirles que necesitaba contarles la historia completa de Sabik, en vez de resumirla en simples palabras. Espero que disfruten de este capítulo.

¡Gracias por leer!

El poder de Sabik había aumentado considerablemente, los guerreros se encontraban en un gran aprieto. El Rey se encontraba atacando sin coherencia a cualquier cosa que veía en movimiento. Luego de tanta energía desperdiciada, lamentablemente, pudo dar con un blanco: Gohan. Luego del impacto, cayó a un hoyo cerca del bosque. Se lo oía gemir suavemente de dolor, pero no estaba herido de gravedad.

Sabik se acercó a él y comenzó a tomar de su energía, mientras reía de manera aterradora. Goku estaba enfureciéndose ante la situación, pero sabía que no lograría hacer nada. Aún así no podía dejar a su hijo solo.

— ¡Gohan!—Gritó Trunks al ver la escena.

—Maldito ¡Deja a mi hijo!—Exclamó Goku acercándose a él para golpearlo de manera impulsiva.

Él ya no iba a retroceder, pero algo hizo que se detuviera. Una pequeña esfera de poder dirigida hacia Sabik los interrumpió. El Rey dejó a Gohan, mostrando un perfil más calmado, y dirigió toda su atención a aquella personita que le había atacado débilmente.

— ¡Deja en paz al hermano de Goten!— Ordenó el pequeño Trunks.

— ¿Un niño, de veras? Que pérdida de tiempo, ¿Por qué no vas a jugar con tus juguetes antes de que te haga ir a llorar con tu mami?—Sabik había dejado a un lado a Gohan, para encargarse rápidamente del niño.

La tensión entre ambos estaba latente entre el silencio, se clavaron las miradas viendo quién se rendía primero. Sabik estaba alerta por si algún aliado del niño deseaba ayudarlo, pero éstos se percataron de un pequeño detalle que él no sabía. El niño no retrocedió y la paciencia del Rey se agotaba, por ello, lanzó una ráfaga de energía directa al pequeño Trunks, estaba destinada a matarlo. El niño se había quedado paralizado, simplemente, la tensión no le permitía mover ni un músculo.

De repente, a su lado, sintió a una figura brillante pasar rápidamente. Se ubicó delante de él y respondió al ataque, logrando anularlo. Sabik se mostró enojado al saber de quién se trataba.

— ¡No toques al enano!—Exclamó.

— ¿Señorita Eri?—Nombró el niño mirándola con alegría.

— ¿Eridani? Al fin das la cara—El rey Sabik la miró con una sonrisa burlona—. Disfrutaré el destruirte primero.

Al terminar de pronunciar esas palabras, comenzó a atacarla. Ella se protegía, tratando de que no le haga daño.

Todos quedaron viéndola, el niño corrió a ubicarse cerca de su padre Vegeta. Él estaba al lado de su versión adulta, quién estaba admirando con asombro en lo que Eri se había convertido. Goku se acercó a ellos sin perder de vista lo que sucedía en los cielos, traía a Gohan consigo. Estaba un poco débil, como le había sucedido a Vegeta unos momentos antes, pero él no deseaba recostarse en el suelo. Pronto, él noto algo que comenzó a inquietarse y no tardó mucho en contárselo a los demás.

—Está logrando romper la guardia— Exclamó con un tono débil en su voz, a penas se logró oír lo que decía.

— ¿Qué?— Vegeta miró tratando de encontrar la problemática que señaló Gohan, y efectivamente ella estaba comenzando a ceder—Tienes razón, ella está perdiendo su fortaleza.

—Pero no lo entiendo ¿Cuál es el problema?—Cuestionó el pequeño confundido. El adulto bajó un poco su rostro, sintiendo algo de coraje y tristeza al saber la respuesta.

—Verás, hace unos momentos Vegeta logró causarle mucho daño a ese sujeto. Pero él no soporto la cercanía de la derrota y absorbió a su compañero. Quizá desea hacer lo mismo con ella—Respondió Goku con seriedad, frunció el seño al notar que Eri estaba más débil.

— ¿Y no pueden hacer algo para evitarlo?—Cuestionó nuevamente.

—No—Respondió Trunks sin rodeos mientras dirigía su mirada al pequeño curioso—. Si lo golpeamos o lanzamos algún poder, él lo absorberá y se hará más poderoso. Es… muy humillante quedarme aquí sin hacer nada— Su tono de voz calmo se tornó más agresivo en las últimas palabras, dejando en evidencia su enojo al apretar sus puños fuertemente.

Todos quedaron en un silencio algo incómodo por unos segundos. Vegeta elevó su mirada para poder observar cómo estaba Eri, pero al desviarla un poco pudo ver con claridad cómo dos figuras conocidas se acercaban a la escena. Vegeta no pudo contener su asombro.

— ¿Q-Qué hacen ellas aquí?— Exclamó Vegeta dirigiendo su mirada con sorpresa hacía el lugar.

— ¿Quiénes?—Preguntó Goku al verlo y desvió su mirada hacía donde él observaba y pudo contemplarlas.

— ¡Hola!—Saludó Bulma con la mano sonriente mientras aterrizaba con cautela.

— ¿Qué hacen aquí? —Cuestionó Goku curioso recibiendo a Milk en sus brazos.

— Vinimos con Eri, lo que sucedió fue que el niño Trunks salió volando hasta aquí y lo hemos acompañado para asegurarnos de que este bien— Respondió Milk con un tono de voz muy dulce.

—Muy bien, pero manténganse alejadas—Exclamó Goku mientras bajaba con delicadeza a su mujer en el suelo—. Ese sujeto es peligroso.

—Vaya, está en problemas—Agregó ella preocupada, el adulto Trunks la escuchó y bajo un poco su mirada.

—Si, pero en estas condiciones no podemos hacer nada— Explicó Goku con seriedad.

Todos quedaron mirando a Eri cubrirse débilmente de los golpes de su padre Sabik, con el coraje corriendo por su alma. La verdad era que no podían hacer nada, no sabían cómo. Trunks se sentía culpable, ya que se había confiado de la fuerza bruta para la batalla pero Eri debía haberlos ayudado desde un principio. Jamás habían enfrentado a un Gyneano, desconocían completamente si tenían un punto débil o simplemente eran invencibles.

A sus ojos, ya no podían hacer nada.

La tensión en la escena se quebró en la desesperación al ver que, finalmente, Sabik pudo romper la guardia de Eri. Sin sentir compasión por su hija, la golpeó con todas sus fuerzas reunidas en una patada, que la dejó en lo más profundo de un hoyo en la arena.

— ¡Señorita Eri!—Gritó el niño preocupado, pero Bulma lo detuvo posando una mano en su hombro y, con sus ojos cerrados, negó suavemente con su cabeza. Él se resignó con un suspiro, bajando su mirada al suelo.

—Ahora verás— Sabik tenía un tono amenazante en su voz, Eri comenzó a elevarse con un brillo que llegaba a ser casi rojo, parecido al color del rey original—. Eridani, por fin me serás útil ¡Bastarda!— Con un grito que resonó en los cielos, comenzó a absorber la energía de ella.

—No… Déjame—Ordenó débilmente, con la voz entrecortada. Ella comenzaba a perder su color, su brillo. En su rostro hacía muecas de dolor y disgusto, trataba inútilmente de librarse de Sabik. Él sólo reía, diciendo lo fuerte que sería.

—Ahora sí, seré invencible. La raza Gyneana será la más fuerte ¡Y yo seré el único que lo disfrutaré!—Exclamaba con profundo placer en sus palabras, ignorando las débiles palabras de ella.

Trunks miró con asombro la maniobra de Sabik. Él no podía comprender sus acciones, pero parecía que él se tomó la frase ''el fin justifica los medios'' muy al pie de la letra. El adulto Trunks no podía soportar ver a Eri en ese estado, ya se había estado guardando el enojo que le provocaba el no poder hacer nada y dejar todo en manos de la suerte. Verla sufrir por culpa de su propio padre fue la gota que terminó rebalsando el vaso.

No lo pensó. No lo dudó. Tomó su espada y saltó a ayudarla.

— ¡Déjela!—Gritó empuñando su espada impulsivamente, con el hierro de su espada logró cortar la transferencia de energía. Aun así, Eri estaba en condiciones deplorables.

Ella comenzó a caer, Trunks la tomó en brazos y suavemente la posó en el suelo, quedándose a su lado dándole apoyo a su cabeza. Si bien es peligroso que alguien haga contacto físico con un Gyneano, Eri estaba ''apagada'': era fría al tacto, había perdido su brillo y su color particular. Parecía haberse quedado inconsciente, que se había desmayado.

— ¡Eres un mocoso!—Exclamó Sabik furioso.

— ¡Y usted es un desgraciado ¿Cómo puede hacerle esto a su propia gente?!— Respondió Trunks molesto.

— ¡Así es, ella es su hija, debe protegerla como lo haría un buen padre!— Agregó Milk, quien estaba al lado de Goku y Gohan.

El Rey Sabik bajó la mirada al escuchar esos comentarios, apretando fuertemente sus puños. Hasta que no pudo guardar la verdad para sí, y la compartió con un grito que dejó sin habla a todos.

— ¡Yo no soy su padre!—Reveló mirando a Milk, pero pronto desvió su mirada hacía Eri mostrándose algo triste— Ella… No es mi hija.

Sabik comenzó a recordar aquella lejana historia, todos habían quedado impactados al saberlo y tenía la obligación de contársela a los demás. Él alzó la mirada al cielo y comenzó a contar su verdad.

''Les contaré lo que sé.

Hace aproximadamente trescientos veinte años, mis padres me obligaron a casarme con una bella mujer. Ella era la hija de un amigo de la infancia de mi papá y admito que me cautivó desde la primera vez que la vi. Su nombre, Lesath, me parecía hermoso… y no dude en darle el sí cuando nos casamos. Pensé que sería muy feliz con ella, pero a los meses comenzamos a discutir.

No recuerdo muy bien porqué ella se había enojado conmigo, pero la discusión fue tan grave que Lesath desapareció por un año gyneano. Serían doce años terrestres. Enteros. No puedo explicarles cuánto la extrañé en todo ese tiempo, yo sólo deseaba que regresara. Reconocía que había sido un tonto con ella y merecía más de mi parte. Estaba dispuesto a corregir mis errores si ella estaba dispuesta a perdonarlos.

Un día de primavera, cerca del mediodía, Lesath regresó. Recuerdo que me sentí casi tan nervioso como la primera vez que la vi, pero ahora lo único que logré hacer, antes de dedicarle un saludo, fue correr hacía ella con alegría y abrasarla. Ese día le juré que jamás la dejaría ir de nuevo. Ella se mostraba contenta de verme, y recuerdo que aquella noche fue mágica. Tenerla junto a mí en mi cama, y no soñar que estaba allí, me hacía muy feliz.

Luego, hace trescientos años atrás, nació ella. Eridani fue como un ángel que le dio más brillo a nuestro matrimonio. Se parecía mucho a ella, era idéntica a su madre. Cuando Eridani cumplió un año, ella me pidió llevarla hacía el Planeta Plant para visitar a los Tsufur y así que nuestra hija aprendiera de ellos. Yo quise acompañarla, pero Lesath me dijo que deseaba ir sola. Acepté de mala gana, pero ella debía tener su espacio, no debía alterarme. Pero comencé a preocuparme, se había mostrado algo tensa y nerviosa al decirme que iría sola.

Ella me estaba mintiendo. Sé reconocer cuando alguien me miente.

Imploré el perdón de nuestra estrella por mi desconfianza y decidí seguirla. Lesath jamás se enteró que yo estaba allí. Para mi suerte, se dirigió al Planeta Plant, tal y como me había dicho, eso me calmó un poco y me hizo pensar que quizá me estaba preocupando en vano. Pero… cuando me estaba a punto de ir, vi a alguien llegar. Era un Saiyajin. Ella se enfrió al propósito para poder abrazarlo, no hizo lo mismo con la bebé porque era arriesgado para su salud. Pero tan sólo aquella escena me permitió darme cuenta de lo que pasó ese año que no estuvo. No sé porqué ella se había enamorado de un Saiyajin y tuvo un hijo con él, logró engañarme para que pensara que era mía.

Volví en silencio a nuestro planeta, pero con la ira devorándome por dentro. Me sentía como un idiota al confiar en ella. Yo hubiera dado mi vida para su felicidad y Lesath sólo se fue para hacerle ojitos a un patético y bestial Saiyajin.

Cuando regresó en la noche, le pedí que dejara a Eridani en su cuna y que viniera a hablar conmigo. Los Gyneanos y Saiyajines jamás se llevaron bien, eran polos opuestos que jamás debían cruzarse. Yo le aclaré esto a ella, pero Lesath insistió que si no fuera por Brecum (como llamó al saiyajin) ella hubiese muerto en aquel planeta, y que quizá los Saiyajines no eran las bestias que nosotros creíamos. Pero yo me rehusé a creerlo y decidimos que criaríamos a Eridani como si fuera nuestra hija, que jamás le contaríamos esto a nadie. Al principio ella se negó, pero no tuvo otra opción al saber que Brecum había muerto en una misión. Yo jamás la acepté en mi familia, luego de saber la verdad sobre Eridani no quise nombrarla nunca más como mi hija, diciéndolo con orgullo como hacía antes. Simplemente no lo era. Lesath era una gran madre para la niña, siempre estaba con ella y jugaban juntas. Eran inseparables. Pero en realidad, ella quería que Eridani fuera quién declarara la paz en ambos reinos.

Por esa tonta idea, me pidió que valláramos al Planeta Vegeta cuando su hija cumplió los doscientos dieciséis años. Lesath y yo fuimos a reunirnos con el Rey Vegeta, ella le propuso un pacto de paz entre ambas razas a través de un matrimonio entre un guerrero Saiyajin y la princesa Gyneana. Increíblemente él aceptó. Yo, por otro lado, no deseaba que ambas razas se llevaran bien. Era como admitir mi derrota ante una mujer infiel y una bestia sanguinaria que sólo quería poder y riquezas. No podía aceptar, fue por ello que tomé medidas extremas.

Con cordialidad pedí permiso para retirarme al sanitario, aunque no lo necesito, y comencé yo mismo un ataque sorpresa contra ellos. Tal y como pensé, los guardias comenzaron a perseguirme y me dirigí a la sala nuevamente para retirar a Lesath de allí.

— ¿Qué sucede, Sabik?— Recuerdo que me preguntó cuando tomé su mano y la obligué a levantarse.

—Estos seres primitivos que sólo se dedican a la guerra comenzaron a atacarme de la nada— Expliqué mirando con seriedad al Rey Vegeta, quién estaba indignado por mis palabras.

— ¡No permitiré que hable así de mi gente!— Había dicho enfadado.

Luego comencé a correr con ella hacía nuestra nave para poder irnos de allí. Recuerdo que todos los guerreros Saiyajin estaban disparándolos con sus inútiles poderes, y uno iba directamente a Lesath. Yo aproveché la ocasión, me di vuelta para mirarla fijamente a los ojos y le dije 'dulces sueños, querida', antes de dispararle yo mismo.

Yo la maté, y los culpé a ustedes para que la rivalidad entre ambas razas continuara y poder demostrar que los Gyneanos somos más fuertes que unas bestias amantes de la violencia y del vandalismo. Eridani jamás lo supo, pero no era necesario, ella me odia de todas maneras''.

Cuando el Rey Sabik terminó de contar su historia dejó a todos en silencio. No solo le había mentido a su familia, sino a su propia gente y a otra raza con la que podrían haber hecho una nueva relación de paz. Ahora, todos le odiaban más que antes.

—Ese hombre es un demonio—Exclamo Gohan con enojo.

—Así es, no podemos permitir que se salga con la suya— Agregó Goku indignado.

—Yo sabía que los Gyneanos estaban mintiendo, maldito ¡Jamás te lo perdonaremos, insecto!—Exclamó Vegeta molesto.

Él príncipe Saiyajin sabía que su padre deseaba hacer una alianza con los Gyneanos para combatir a Freezer, pero un conflicto había hecho que la mala relación entre ambas razas llegara a puntos críticos. Si ambas razas se hubieran aliado en contra del Emperador, estaba seguro que hubieran acabo con su mandado y así salvarse de la extinción. Vegeta no pudo contener el coraje que le provocó enterarse de eso.

—Mi planeta, mi raza, mi orgullo, todo por un maldito inútil—Balbuceó comenzando a enfadarse.

—Tranquilo Vegeta— Exclamó Bulma tratando de calmarlo.

El adulto Trunks miró a Sabik con odio, luego desvió su mirada a Eri que estaba poco a poco recuperándose. Sólo debía tener paciencia, pero tiempo era lo que les faltaba. Necesitaba que ella despertara para saber cómo vencer al tirano. Ahora más que nunca, no sólo por la raza Saiyajin, sino también por los Gyneanos.