Luego de despedirse de Milk, Bulma se dirigió hacia donde se había ocultado Eri. Pudo observar que ella estaba con la cabeza baja, sus ojos cerrado y con una expresión de enojo en su rostro mientras se apoyaba en el árbol con sus brazos cruzados. Ella se acercó a la joven con una sonrisa para no alterarla aún más.
— ¿Qué te sucedió Eri? — Preguntó confundida.
—No me pasa nada, estoy bien—Respondió con un tono para nada convencedor.
— ¿Segura? Porque pasarte de estar feliz a enojada en poco tiempo, además de que no había motivos—Explicó acercándose preocupada.
—Si, es solo que… no importa, de todos modos ya me iré de aquí cuando él regrese—Exclamó volteando su mirada hacia un costado, mostrándose un poco resignada.
—Ya veo—Expresó Bulma, dedicándole una mirada algo pícara—, creo que ya sé lo que está sucediendo aquí.
Mientras Eri le dirigía una mirada extrañada a Bulma, los muchachos ya habían llegando a destino. Rápidamente bajaron de la máquina del tiempo y el adulto Trunks la volvió una cápsula, guardándola en su contenedor. Sin perder tiempo, el pequeño corrió a buscar el Radar del Dragón y poner manos a la obra. Tan solo tardó unos minutos en volver con los guerreros.
— ¡Ya lo tengo! —Exclamó con alegría corriendo hacía ellos.
—Un momento jovencito ¿A dónde crees que irás? — Se escuchó venir desde la puerta en un tono algo aterrador.
—Yo, bueno, los iba a acompañar, mamá— Tartamudeó el niño con temor dirigiéndole la mirada a su furiosa madre.
— ¡¿Cómo es posible que te fueras de la nada, sabes lo preocupada que estuve?! — Regaño tomando el radar y jalándolo de la capucha— Ustedes sigan su camino, yo me encargaré de este pequeño travieso—Agregó molesta, entregándole el radar a su hijo del futuro.
—Vaya, si que da miedo cuando se enoja— Exclamó Goku mientras observaba a Bulma retirarse arrastrando al pequeño al interior de la casa.
—Así es— Afirmó el muchacho
Pronto comenzaron a planear el viaje, irían a buscar las esferas del dragón para poder reconstruir rápidamente el planeta en el futuro alternativo. Rezaban para que Shen Long no diera una negativa ante su deseo. Vegeta decidió quedarse en casa, quería estirar un poco luego de viajar en un lugar tan pequeño y con varias personas dentro. Todos estaban preparados para comenzar su búsqueda, hasta que una voz del cielo los interrumpió.
—Goku ¿Estás ahí? —Dijo aquella voz.
— ¿Supremo Kaiosama? — Nombró Goku apenas lo reconoció.
—Si, soy yo. Debes volver conmigo, recuerda que Krillin debe regresar a su hogar—Recordó el Supremo Kaiosama.
—Tienes razón, rayos, yo quería ir a buscar las esferas. Pero un trato es un trato— Exclamó alejándose un poco de sus amigos mientras estiraba sus brazos en el aire.
—Entonces ¿Ya te irás? —Expresó Gohan algo sorprendido.
—Así es, fue divertido regresar por unos días, les deseo buena suerte—Saludó con una gran sonrisa en su rostro, tan animado como siempre.
—Adiós señor Goku, gracias por todo su apoyo— Saludó Trunks con una sonrisa.
Goku saludó con su mano a los muchachos antes de irse, mostrándose relajado y alegre como siempre. Poco a poco se desvanecía en el aire, mientras a su lado iba apareciendo aquel amigo que había dado su vida para que él pudiera regresar. Todos se alegraron de verlo y no dudaron darle una cálida bienvenida antes de emprender el viaje.
Krillin decidió ayudarlos. Pronto comenzaron a buscar en mares profundos, océanos, montañas nevadas, bellos y pacíficos valles, zonas rurales y demás lugares en donde el radar indicaba que había una esfera del Dragón. Tan solo les tomo unas horas en encontrar las siete, se mantenían tan relucientes y brillantes como siempre habían estado. Se apresuraron para llegar a la Capsule Corporation y así poder invocar al gran e imponente Dragón.
Posaron suavemente las siete esferas del Dragón sobre el césped, Gohan hizo los honores de llamar a Shen Long. Todos se asomaron a ver a la magnífica criatura hacer presencia.
—Ustedes me han despertado, díganme ¿Cuál es su deseo? —Exclamó el Dragón, todos animaron con gestos afirmativos a Trunks para que hable.
—Deseo la reconstrucción del Planeta Tierra de mi línea temporal— Pidió con una expresión seria en su rostro. Shen Long no produjo respuesta alguna ante su deseo, dejándolos en silencio por unos momentos hasta que por fin decidió pronunciar una palabra.
—Veré que puedo hacer, las líneas temporales no están bajo mi poder y no puedo acceder a ellas. Deberé pedirle ayuda a la Kaioshin del Tiempo— Explicó dejando a todos sin palabras, sólo esperaban lo mejor.
Con esperanzas, todos observaban al magnífico dragón esperando su respuesta final. Mirando sus gestos en detalles, podían observarlo algo nervioso y pronto comenzó a sudar, lo que podía llegar a resultar cómico. Pronto comenzaron a sentir una presencia en el lugar. Era algo muy extraño para todos, hasta que algo comenzó a aparecer a un lado del jardín.
— ¡¿Quién estuvo viajando en el tiempo?! —Replicó aquella presencia furiosa. Parecía una niña, puesto que era algo bajita de altura. Buscó con su mirada al culpable y pudo ver que Trunks estaba algo nervioso, puesto que él sabía que estaba en problemas— ¡¿Sabes que controlar el tiempo es un delito?! Ahora deberé denunciarte a la Patrulla Galáctica para que te lleven—Agregó acercándose a él de manera amenazante.
—Lo siento, pero yo no lo he hecho por gusto —Trató de excusarse.
—Eso es cierto, si él no hubiese viajado en el tiempo todos estaríamos muertos— Agregó Gohan, defendiéndolo.
—Así es, además el planeta estaría bajo el control de unos malvados androides— Continuó Krillin—, aunque en este tiempo no sean así—Agregó rápidamente por lo bajo.
—Bueno… En eso tienen razón—Exclamó la niña, mostrándose pensativa—, como la Kaioshin del tiempo puedo ver todo lo que sucede aquí, me había olvidado de ese pequeño detalle—Mientras ella pensaba, se escuchó el canto de un ave única, quién sobrevolaba los aires esperanto a la muchacha.
—To…ki…To…ki—Repetía una y otra vez.
—Muy bien, por lo que veo fue un buen manejo del tiempo por eso lo dejaré pasar por alto—Al escuchar esas palabras, todos se pusieron muy contentos.
—Muchas gracias, señorita Kaioshin—Agradeció Trunks sonriente.
—Pero apenas llegues a tu tiempo debes entregarle la máquina a tu madre para que la destruya ¿De acuerdo? —Agregó seriamente—Controlar el tiempo no es una broma, y si ese objeto cae en manos equivocadas puede provocar mucho daño.
Pronto las sonrisas se convirtieron en tristeza, todos sabían que la Kaioshin del tiempo tenía razón. Cell había logrado poner sus manos en la máquina del tiempo y lo único que había conseguido era poner en peligro la existencia del planeta Tierra. Ninguno tuvo algo contradictorio qué decir.
—Muy bien, así lo haré—Aceptó Trunks sabiendo que no le quedaba otra opción.
—Confiaré en tu palabra. Shen Long, puedes hacer tu trabajo— Exclamó la Kaioshin sonriéndole al Dragón.
Los ojos de Shen Long comenzaron a brillar intensamente en una tonalidad roja, todos estaban esperando ansiosos que pronunciara las palabras que todos deseaban oír.
—Ya He cumplido sus deseos, ahora procedo a volver a mi descanso—Exclamó mientras cesaba el brillar de sus ojos.
—Muy bien, yo también procedo a retirarme ¡Toki-Toki, vámonos! —Continuó la Kaioshin sonriente, mientras se retiraba.
— ¿Qué? ¡Espere! ¿Y el segundo deseo? —Exclamó un Gohan confundido, mientras observaba al Dragón desvanecerse.
—Supongo que ese deseo consumió su poder, dijo que no era nada fácil lo que había deseado—Respondió Trunks, con la vista en alto.
Aceptando su teoría, elevaron su mirada, observando cómo las esferas del Dragón volvían a perderse en el mundo.
Mientras tanto, en el futuro alternativo la Tierra se restauró por completo. La Capsule Corporation volvió a edificarse sin previo aviso, lo que llamó repentinamente la atención de Eri y Bulma. Al ver el hecho, la mujer sonrió con felicidad olvidándose momentáneamente del problema con la joven.
—Oh, ¡Qué maravilla! —Exclamó exaltada— Han podido cumplir nuestro deseo.
— ¿Qué? —Eri estaba sorprendida, aún había algo en esta historia que no comprendía.
Pronto su mente comenzó a poblarse de preguntas y cuestiones ¿Quién o qué cumple deseos?, ¿A dónde fue Trunks a buscar ayuda exactamente?, ¿Porqué apareció gente que había muerto, según la historia que le contó Sabik? Su curiosidad había despertado, pero no estaba muy segura de preguntarle a Bulma, prefería callar.
—Ven, ¿Quieres pasar? —Invitó la mujer sonriente, abriendo la puerta de la casa lentamente.
—De acuerdo— Aceptó Eri, sabiendo que debía aclarar sus dudas, ignorando sus inseguridades.
Bulma invito a la muchacha a pasar a la sala de estar, mientras ella prepara algo para merendar. Eri comenzó a probar los sillones, nunca se había sentido tan cómoda, parecía una niña curiosa mientras se movía del lugar y pegaba unos saltitos. Bulma regresó con una bandeja llena de bocaditos y té, mirándola un poco divertida. Había muchas cosas que Eri no sabía acerca del mundo humano, apenas conocía lo que era un parque y una biblioteca.
— ¿Nunca te has sentado en un sillón? —Cuestionó divertida, mientras dejaba la merienda en la mesita de té.
—No en uno tan cómodo—Respondió dejando de pegar saltitos, sentándose en un lugar bajando la mirada un poco avergonzada.
—No te preocupes, lo entiendo—Agregó sentándose y tomando una taza de té—. Ahora, respóndeme una pregunta ¿Por qué ese cambio tan radical en tu humor? — Volvió a cuestionar, esta vez con una expresión de picardía en su rostro, lo que incomodó a la muchacha.
—Nada en especial, sólo deseaba ser amable con él, eso es todo—Respondió desviando su mirada hacia un costado para evitar ponerse nerviosa.
— ¿Amable? Fuiste demasiado amable con él—Continuó Bulma algo divertida, apenando un poco a la muchacha.
—Bueno, eso fue lo que leí en libros acerca de sus costumbres— Frunciendo el ceño, algo molesta, pero luego volvió a pensar las cosas—. Además… Él ha hecho cosas más importantes por mí y realmente quiero agradecerle por eso— Bajando un poco su mirada con una sonrisa en su rostro pero luego volvió a elevar su mirada, mostrándose seria como antes.
—Sabes, reconocería esa mirada en donde sea— Bulma se mostraba un poco feliz ante sus palabras y, sin titubear, explicó su causa—. Estás enamorada, se te nota y mucho, a pesar de que quieras negarlo—Continuó cómplice, Eri se puso nerviosa y rápidamente se levantó de su asiento para retirarse.
— ¡Claro que no! Ese Saiyajin no me gusta, lo siento señora pero yo procedo a retirarme—Abriendo la puerta principal, Bulma sabía que había dado en el blanco.
—No te pongas así, realmente siento que tú harías muy feliz a mi hijo—Exclamó tratando de calmarla mientras se acerca a ella con una sonrisa—, y él no se perderá la oportunidad de estar con una muchacha como tú, pero… él es algo tímido, no debes ir muy rápido con él— Le aconsejo algo divertida, lo cual apenó a Eri aún más.
—Yo no deseo nada con él, señora —Volvió a negar en vano, antes de salir al patio nuevamente.
—Él necesita una alegría en su vida, ha pasado por muchos momentos difíciles en su vida pero ha podido superarlos. Ahora, que todo está volviendo a la normalidad, necesita a una persona especial en su vida ¿No lo crees, no lo harías por él? — Agregó Bulma desde la puerta, frenando el andar de Eri.
— ¿Momentos difíciles? —Repitió en voz baja, dándose la vuelta— ¿Una persona especial en su vida? ¿Una alegría?
—Si decides quedarte puedo explicarte todo lo que él ha hecho en estos años, quizá puedas comprenderlo mejor—Ofreció Bulma sonriente, sabiendo que era la única manera de que ella la escuchara.
Eri aceptó escuchar lo que ella tenía que decirle, atendiendo a cada dificultad y logro que Trunks tuvo a lo largo de su vida. Pronto, la muchacha comprendió que efectivamente era un Saiyajin diferente, no era como los que había conocido antes. Se vio maravillada por sus hazañas: su viaje en el tiempo, su victoria ante los temibles androides, la batalla ganada contra el mismísimo emperador y su padre. Pronto comenzó a verlo de manera diferente, a tenerle aún más respeto y admiración. Le costaba creer que ese hombre tan poderoso del que hablaba Bulma sea el mismo que siempre había estado a su lado, que le había salvado la vida y que sin duda, se convirtió en su héroe.
